viernes, 7 de septiembre de 2012

Credo (VII).-Padeció bajo el poder de Poncio Pilato (IV)

BURLAS A CRISTO.-Ivan Nicoláyevich Kramskói.-S.XIX

Sí. La elección había sido hecha. Para satisfacción de los que perseguían ese fin que veían cubierto su objetivo: el representante del César romano no veía culpa alguna en el ¿reo? que le llevaron los jerifaltes judíos. Entonces, ¿qué hacer?

Lo primero sería soltar al tal Barrabás con el fin de ver si conseguía aplacar la plebe. Pero fue inútil. No solamente no consiguió nada, ‘sino que el tumulto crecía cada vez más’ (Mt. 27, 24), y volvió a insistir. ‘Por tercera vez les dijo: ¿Qué mal ha hecho? Yo no encuentro en Él nada digno de muerte; le corregiré y le soltaré’. (Lc. 23, 22). 

BARRABÁS.-JAMES TISSOT.-S. XIX.

Ese ‘le corregiré’ plantea un interrogante: ¿De qué lo tenía que corregir? Hoy, en pleno siglo XXI, ignoro si hay alguien capaz da dar una respuesta a esa pregunta. Personalmente, por muchas vueltas que le dé, no encuentro el motivo del castigo. Pero lo que sí nos cuentan los Evangelios es el castigo que le dio: ‘Tomó entonces Pilato a Jesús y mandó azotarle’. (Jn. 19, 1). Entramos en uno de los pasajes más crueles e ignominiosos de la Pasión de Cristo: la flagelación.

Podré parecer cualquier cosa que se les ocurra a ustedes. Incluso cruel. Pero créanme que no es así. La flagelación, así como la crucifixión me repelen por su crueldad, por su bestialidad. Pero el auténtico valor del sacrificio de Jesucristo para salvarNOS, para redimirNOS a todos y cada uno de nosotros, con nombre y apellidos, seamos como seamos, tengamos las ideas que tengamos, sea cual fuere nuestra situación, profesión y circunstancias, tiene que pasar por ahí. Y nosotros, con nuestro YO, con lo más íntimo que tengamos, meternos en esos momentos crísticos que libremente aceptó por nuestro bien.

Personalmente he intentado hacerlo. Y cuando pienso en lo que una vez leí a un autor, del que ya no recuerdo su nombre por los años transcurridos (‘Cada vez que pecamos estamos haciendo realidad nuevamente la Pasión y Muerte del Redentor’), se conturba todo mi ser. Me siento casi traidor a ese Dios y Hombre que nació y sufrió para salvarme precisamente de mis pecados. Como a todos. Pero también experimento la necesidad de reacción para estar incondicionalmente a su lado y vivir lo que diariamente me regala: su Gracia y su Amistad.

Pues bien. La flagelación, históricamente considerada, consistía en un castigo corporal, realmente era una  tortura, en la que se golpeaba el cuerpo del reo con flagelos. En Roma era una acción legal que precedía a las ejecuciones. Tal vez Pilatos pretendió satisfacer con ella a los que le acusaban para luego soltarlo según se desprende del texto lucano citado antes, pero lo cierto es que lo ordenó.

El flagelo romano solía tener una empuñadura con tres tiras de cuero de unos 50 centímetros cada una de ellas, al final de las cuales había una o dos bolitas de plomo que al pegar en la piel del reo podían arrancarle pequeños trozos de carne, con lo cual el sufrimiento era mayor.  

 FLAGELACIÓN DE XTO.-Nicola Grassi.-ROCOCÓ

 Hay dos versiones, al menos las que yo he leído, sobre la postura de Jesús en la flagelación. Una, atado a una columna baja, en cuyo caso el reo está doblado ofreciendo la espalda. Otra atado con los brazos en alto para que no pueda esconder ninguna parte de su cuerpo a los golpes y para que en caso de desvanecimiento no caer al suelo. Realmente eso no importa. Lo importante es lo que tuvo que sufrir por nosotros y las consecuencias de esos latigazos (podíamos decir que cada uno valía por tres debido a las tres tiras de cuero) posteriormente cuando se dirigía al Gólgota y luego en la cruz.

Mudo testigo puede ser la Santa Síndone de Turín. Pero nunca un mudo pudo hablar tanto y tan fuerte. Cualquiera de las fotografías que hay en Internet pueden darnos luz sobre ese tema, así como la abundante y documentadísima literatura existente, alguna de las cuales explican cada una de las marcas en autorizados y serios estudios.

FLAGELACIÓN DE XTO. B.-WILLIAM BOUGUEREAU.-PRERRAFAELISMO

‘Y los soldados, tejiendo una corona de espinas se la pusieron en la cabeza, le pusieron un manto de púrpura y, acercándose a Él, le decían: -Salve, rey de los judíos. Y le daban de bofetadas’. (Jn. 19, 2-3). ‘Y le herían en la cabeza con una caña, y le escupían e hincando la rodilla, le hacían reverencias’. (Mc. 15, 19). No habían terminado. Para ellos no había sido suficiente aplicar la orden del gobernador romano. Por su cuenta vinieron también las burlas aderezadas con el infame casquete de pinchos que le pusieron como ‘corona’ de su realeza.

CORONACIÓN DE ESPINAS.-Maerten van Heemskerck.-RENACIMIENTO

Pero la Historia continúa. ‘Otra vez salió fuera Pilato y les dijo: -Aquí os le traigo para que veáis que no hallo en Él ningún crimen. Salió, pues, Jesús fuera con la corona de espinas y el manto de púrpura, y Pilato les dijo: Ahí tenéis al hombre’. Todo inútil. Les estorbaba, porque ‘cuando le vieron los príncipes de los sacerdotes y sus satélites, gritaron diciendo: -¡Crucifícale! ¡Crucifícale!’ (Jn. 19, 6).

CRUCIFÍCALO.-Ivan Glazunov.-S. XX - XXI

No obstante tenemos en estos acontecimientos algunos hechos muy significativos. Juan sigue su relato mostrándonos la actitud del gobernador. ‘¿De dónde eres tú? Jesús no le dio respuesta alguna. Díjole entonces Pilato: -¿A mí no me respondes? ¿No sabes que tengo poder para soltarte o crucificarte? Respondióle Jesús: -No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto; por esto los que me han entregado a ti tienen mayor pecado’. (Jn. 19, 9-11).

ANTE PILATOS 3.-JAMES TISSOT.-S. XIX

 

 

¿En qué quedamos? ¿Tenía o no tenía poder para soltarlo sin castigo ni condena? Ahí hay una incongruencia personal de Pilato. Dentro de la situación que vivía no supo manejarla y su autoridad como gobernador quedaba en entredicho. 

ECCE HOMO.-

TIÉPOLO.-BARROCO


 De alguna manera pienso que el miedo había hecho mella en él, porque cuando los judíos mostraron todas las argucias que habían podido para convencerlo por ejemplo, cuando le dijeron: ‘-Si sueltas a ese, no eres amigo del César; todo el que se hace rey va contra el César’. (Jn, 19, 12), eso le superó.


 Ahí Pilato se ‘arrugó’. Era demasiado. Una cosa era intentar salvar un inocente y otra ver peligrar su puesto, tanto militar como político. Y su cobardía hizo acto de presencia: ‘Tomó agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre diciendo: -Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veréis’. (Mt. 27, 24). 

 PILATOS SE LAVA LAS MANOS.-Hans Holbein el Viejo.-GÓTICO

‘Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron pues a Jesús, que llevando su cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota’. (Jn.19, 16-17). A partir de ese instante en que se confirma la pena de muerte, Jesús de Nazaret ya no era nadie. Ni nada. Civilmente ya no tenía ningún derecho. Era un reo de muerte condenado al suplicio reservado a los peores criminales. Empezaba a caminar a su final. La Humanidad comenzaba a caminar hacia una nueva vida. Se gestaba su Redención.

Que Jesús Paciente y Redentor y su santísima Madre la Virgen de los Dolores nos bendigan.

martes, 21 de agosto de 2012

Credo (VII).-Padeció bajo el poder de Poncio Pilato (III)

JESÚS ANTE HERODES.-MIGUEL CABRERA.-BARROCO NOVOHISPANO, MÉXICO

 Ya de vuelta de los Ejercicios Espirituales hechos junto con mi esposa y un grupito de laicos y de religiosas en Valladolid, me incorporo a mis tareas cotidianas. Han sido unos Ejercicios densos, profundos y llevados de forma magistral por el sacerdote del Carmelo descalzo Fray Eduardo, sobre San Juan de la Cruz. Personalmente les puedo decir que he descubierto facetas de este santo inéditas para mí y totalmente útiles para cualquiera que desea el seguimiento del Salvador. En cuanto finalicemos las entradas que quedan del Credo, compartiré con ustedes algunas experiencias vividas. Mientras tanto, sigamos teniendo presentes estos aspectos del sufrimiento de Jesús cuando recemos este oración. Veamos:

El padecimiento no había concluido. Incluso podríamos decir que lo que había pasado hasta ahora era un ‘botón de muestra’, porque a partir de este momento venía el padecimiento, incluso cruento, de Nuestro Señor. Fue el padecimiento más vil y canalla que podía imaginarse…con un inocente. En la entrada anterior decía que era la hora de las tinieblas, pero debo decir que también empezaba la hora de la Luz. Pero ahí aún no hemos llegado.

Jerusalén, como ciudad del Imperio romano, tenía una guarnición de soldados de la ocupación militar y al frente de ella estaba el quinto procurador enviado por el César : Poncio Pilato. Los judíos estaban acostumbrados a ellos y dentro de lo que cabe estar a buenas con Roma les iba relativamente bien y tenían una cierta libertad, ya que les permitían seguir con sus leyes y el Sanedrín, órgano supremo judío, funcionaba bien a excepción de dictar penas de muerte, reservadas a Roma, especialmente si los delitos eran políticos.

En este punto nos encontramos en el inicuo proceso a Jesús. El Sanedrín no lo podía condenar a muerte. Tenía que llevarlo ante Pilato y conseguir, como fuera, su condena. 

ANTE PILATOS.-JAMES TISSOT.-S. XIX

 ‘Cuando se hizo de día, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron la decisión de matar a Jesús. Lo llevaron atado y se lo entregaron a Pilato, el gobernador’. (Mt. 27, 1-2).

Entre el juicio religioso ante el Sanedrín y esta conducción medió un tiempo. ¿Dónde estaba Jesús? ¿Cómo lo tenían y cómo lo trataban? Jamás he encontrado a nadie que escriba sobre estos momentos silenciosos pero de sufrimiento psíquico, moral y, tal vez, también físico. Pero había una persona que, es fácil suponerlo o deducirlo, había seguido todo el proceso: quien había facilitado su detención y, por extensión, su juicio.

Cuando empezó a vislumbrar cómo se iban desarrollando los acontecimientos se daba cuenta que aquello no correspondía a un simple arresto, que tal vez pensó que sería eso. Una detención, un aviso serio, incluso con prisión y que lo soltarían. Pero no. Veía que el objetivo era la muerte de su maestro. El arrepentimiento comenzó a hacer mella en él.

 ‘Mientras tanto, Judas, el traidor, al ver que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y los ancianos diciendo: -He pecado entregando a un inocente. Ellos replicaron: -¿A nosotros qué? ¡Allá tú! Él arrojó en el templo las monedas, se marchó y se ahorcó’. (Mt. 27, 3-5).

  REMORDIMIENTO DE JUDAS.-REMBRANDT.-BARROCO

No se acordó en esos momentos de la misericordia que tantas y tantas veces vio en Jesús. Si a tantos extraños perdonó, ¿no lo hubiese perdonado también a él si el arrepentimiento que sentía le hubiera impulsado a pedírselo a gritos al Salvador? Teniendo en cuenta que Dios no quiere la muerte del pecador, sino su conversión, no dudo que se lo hubiera dado. Pero en esos momentos tan duros, el horror que sentía por su fallo no le permitió ser objetivo. Y tuvo el final que nos cuenta San Mateo.

Pero el proceso de Jesús seguía su curso. El trayecto desde la casa de Caifás, donde estaba reunido el Sanedrín, hasta su nuevo destino, no sería un paseo precisamente. 

 ANTE PILATOS.-JAMES TISSOT.-S. XIX

‘Después condujeron a Jesús desde la casa de Caifás hasta el palacio del gobernador. Era muy temprano. Los judíos no entraron en el palacio para no contraer impureza legal, y poder celebrar así la cena de pascua. Pilato por su parte, salió a donde estaban ellos y les preguntó: -¿De qué acusáis a este hombre? Ellos le contestaron: -Si no fuese un criminal no te lo habríamos entregado. Pilato les dijo: .Lleváoslo y juzgadlo según vuestra ley. Los judíos replicaron: -A nosotros no nos está permitido condenar a muerte a nadie. (Jn. 18, 28-31).

Pilato se encontraba ante un caso aparentemente sencillo y le llevó por los cauces habituales a los que estaba acostumbrado. Al principio fue un interrogatorio rutinario: ‘Pilato volvió a entrar en su palacio. Llamó a Jesús y le interrogó: -¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le contestó: -¿Dices eso por ti mismo o te la han dicho otros de mí? Pilato replicó: ¿Acaso soy yo judío?...¿Qué es lo que has hecho? Jesús le explicó: -Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis seguidores hubieran luchado para impedir que yo cayese en manos de los judíos. Pero no. Mi reino no es de este mundo. Pilato insistió: - Entonces, ¿eres rey? Jesús le respondió: -Sí. Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar testimonio de la verdad. Precisamente para eso nací y para eso vine al mundo. Todo el que pertenece a la verdad, oye mi voz. Pilato preguntó: ¿Y qué es la verdad?...Salió de nuevo y dijo a los judíos: -No encuentro delito alguno en este hombre’. (Jn. 19, 33-38).

He omitido algunas cosas que pueden leerse en la cita anotada en aras de la brevedad, pero aparte de que este diálogo da mucho de sí, no es el momento de dedicarle todo el espacio que merece. Deseo ceñirme a lo necesario para el comentario del Credo. Sin embargo sí hay algunas cosas que merecen ser tenidas en cuenta.

A lo largo de este diálogo podemos ver (leyendo toda la perícopa aun más) que Pilato se va dando cuenta que ese caso no era tan sencillo como había pensado en un principio. Las respuestas del reo a sus preguntas no corresponden a un delincuente de la época. El hecho la pregunta del principio de si era rey así lo hace suponer. Pero la respuesta de Jesús a través de otro interrogante, lo debió descolocar, porque al responderle da la impresión de que no sabía qué contestarle.

 ¿QUÉ ES LA VERDAD?.-JAMES TISSOT.-S. XIX

No obstante, eso de ‘mi reino no es de este mundo’, para su formación política y militar significaba que ante él había un auténtico rey (en el sentido terrenal, tal como se entendía en la época) o un loco, lo cual parecía descartado por la sensatez de las respuestas del Salvador. Y ya, al decir que había nacido ‘para dar testimonio de la verdad’, podía haber creído que estaba ante algún filósofo de aquella tierra, como de los que tanto abundaban en Roma.

Por un momento pensó que el juicio había terminado y así lo dijo a los judíos, pero estos lo que querían era su condena por el sistema que fuese. Así que con fuerza le dijeron: ‘Va soliviantando al pueblo con su predicación por toda Judea desde Galilea, donde empezó, hasta aquí. Al oír esto, Pilato preguntó su Jesús era Galileo. Y al cerciorarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo envió, aprovechando que también Herodes estaba en Jerusalén por aquellos días’. (Lc. 22, 5-7). ¡Qué descanso para el gobernador romano. Se lo enviaba al rey, sí, pero no se sacudía el problema de encima como todos sabemos.

 ‘Herodes se alegró mucho de ver a Jesús, porque hacía bastante tiempo deseaba conocerlo…Le hizo muchas preguntas pero Jesús no le respondió absolutamente nada. 

 ANTE HERODES.-LUDOVICO CIGOLI.-MANIERISMO

Estaban también allí los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley acusándolo con vehemencia. Herodes, secundado por sus soldados, lo despreció, se rió de él, le puso un vestido de color llamativo y se lo devolvió a Pilato’. (Lc. 23, 8-11). Nuevo paseo de Jesús. Nuevas burlas de Jesús. Nuevas humillaciones para Jesús.

Pilato se vio nuevamente con el problema. No veía la forma de quitárselo de encima. Lo intentó de nuevo con los judíos a ver si esta vez, ofreciendo algo a cambio terminaba con aquel espinoso asunto. ‘Pilato convocó a los jefes de los sacerdotes, a los dirigentes y al pueblo, y les dijo: Me habéis traído a este hombre acusándolo de alborotar al pueblo; lo he interrogado delante de vosotros y no lo he encontrado culpable de ninguna de las acusaciones que le hacéis; y tampoco Herodes, pues ha vuelto a mandarlo aquí. Es evidente que no ha hecho nada que merezca la muerte. Por tanto, después de castigarlo, lo soltaré’. (Lc. 23, 13-17).

¿Castigarlo? ¿No decía que era inocente de lo que le acusaban? ¿No decía que Herodes tampoco lo encontraba culpable? ¿Lo castigaba porque No encuentro delito alguno en este hombre’? La presión que soportaba por los judíos era notoria. Sabía que era odio puro y duro lo que salía de la boca de sus acusadores. Tal vez eso le impidió ser objetivo y actuar con imparcialidad y autoridad, porque de haberlo querido, como gobernador y con el ejército a sus órdenes, lo hubiese podido liberar sin ningún escrúpulo. Entonces sí que hubiera sido justo.

 ‘Estaba aún en el tribunal cuando su mujer le mandó a decir: ‘No te metas con ese justo, porque esta noche he tenido pesadillas horribles por su causa’ (Mt. 27, 19).

 PILATOS Y SU MUJER.-JAMES TISSOT.-S. XIX

  ¡Lo que le faltaba! Su propia mujer, con la natural intuición femenina, le estaba avisando más allá de lo que ni ella ni él podían imaginar. Pero no lo supo ver. Pero lo intentó y hasta es posible que honradamente: ‘Por la fiesta, solía el gobernador conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Así que, viéndolos reunidos, les preguntó Pilato: -¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Mesías?’ (Mt. 27, 15-17). ‘Y en medio de un gran clamor, gritaban: -¡No, a ese no! ¡Deja en libertad a Barrabás! (El tal Barrabás era un bandido)’ (Jn 18, 40).

La suerte estaba echada. Que Jesús, Siervo de Yavéh y su Madre Nuestra Señora de la Soledad de Oaxaca, nos bendigan a todos




jueves, 2 de agosto de 2012

Credo (VI).-Padeció bajo el poder de Poncio Pilato (II)

PASIÓN DE XTO.-HANS MEMLING.-RENACIMIENTO

Padeció…Pues sí. A partir de la traición de Judas, con quien había compartido todo, con quien es posible que hubiese tenido confidencias y detalles, empezaba el proceso de aquella Redención que, pudiendo ser de otra forma menos cruenta, incluso incruenta, fue de esa manera porque el Amor divino es así. Se da entero y sin condiciones ni ‘rebajas’. El ser humano es demasiado grande a los ojos de Dios para que anduviese con cicaterías, por mucho que eso le cueste entender a no pocas personas.

Acaso sería eso lo que vino a la mente de Jesús cuando después de aquella mínima vacilación Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa de amargura’, vino la reacción que nos salvó a todas las personas de todos los tiempos: ‘pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú’.

 AGONIA EN GETSEMANÍ.-RON DICIANNI.-S. XX

Es esta una de las partes más densas del Credo. El tema de la Pasión, así como la crucifixión, la agonía en la Cruz, la muerte y las circunstancias que rodearon todos estos hechos, son motivos de reflexión, de meditación personal, más que de escribir. Aunque yo lo haga, es a sabiendas de que me quedo corto. Que la auténtica riqueza es la que saquemos ustedes y yo a nivel personal y el diálogo que establezcamos con Él comunicándole los sentimientos que podamos sentir, incluso desde el silencio de una meditación. Tal vez Él lo agradezca. Tal vez se sienta agradecido por nuestra sensibilidad. No lo sé. Pero sí sé que el hecho de que le mostremos nuestra solidaridad con estos momentos de su vida como Salvador, como si estuviésemos en aquel tiempo y en aquel lugar, no serán vanos. La mujer Verónica que limpió su rostro movida por la compasión que sentía, acaso fuera la primera persona que obtuvo el premio de Jesús al grabarle su Rostro en el paño que recibió la sangre y suciedad de su cara.

 Pero debo hacerlo aun reconociendo mis enormes limitaciones. Tengo una enorme deuda de agradecimiento con Él, como tantos otros hombres y mujeres del mundo, y esta es una forma de manifestarlo, aunque no la única. Intentaré seguir los acontecimientos desde Getsemaní hasta la condena a muerte siguiendo los Evangelios. El Arte, como siempre, es un apoyo didáctico y visual muy útil y valioso. Vayamos pues, partiendo de la lectura de San Mateo, capítulo 26, versículos 36 a 56..

DISCÍPULOS DORMIDOS EN GETSEMANÍ.-ALEXANDRE BIDA.-ROMANTICISMO

Sobrepuesto a su horror, Jesús acude a llamar a sus apóstoles y los encuentra dormidos. El sentimiento de soledad  continúa teniéndolo, pero ya no hay tiempo para nada. Suben a por Él con Judas al frente. ‘Aún estaba hablando cuando llegó Judas, uno de los doce, y con él una gran turba armada de espadas y garrotes, enviadas por los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo’ (Mt. 26, 47).

 Pronto llegaron donde estaba Jesús. Sus amigos se pusieron en guardia, pero acaso con algo de miedo. Después del beso delator ‘se adelantaron y echaron las manos sobre Jesús apoderándose de Él’. 

 JUDAS Y LA MULTITUD VAN A PRENDER A JESÚS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX

Ante este hecho surgió el Pedro resolutivo. El Pedro amigo hasta las últimas consecuencias de Jesús. El Pedro que intentó defender a su Maestro con una espada que quién sabe de dónde sacó. ‘Uno de los que estaban con Jesús extendió la mano y, sacando la espada, hirió a un siervo del pontífice, cortándole una oreja.’ No miró las consecuencias de su acto. Él, todo corazón, solamente vio que debía defender a su amigo y se empleó fondo, pero no contaba con la reacción del defendido:

‘Jesús entonces le dijo: Vuelve tu espada a su vaina, pues quien toma la espada, a espada morirá. ¿O crees que no puedo rogar a mi Padre, que me enviaría luego doce legiones de ángeles? ¿Cómo van a cumplirse las Escrituras de que así conviene que sea?’ Estas palabras las oyó Pedro y también quienes estaban allí. No eran momentos idóneos para analizar lo que acababa de decir, pero nosotros, a poco que nos demos cuenta, sacaremos la conclusión de que quien eso decía no podía ser otro que el Hijo de Dios. ¿Por quién si no mandaría el Padre doce legiones de ángeles?

PRENDIMIENTO DE XTO.-UGOLINO DI NERIO.-GÓTICO
 San Lucas aporta un detalle muy propio de Jesucristo. A pesar del intenso dramatismo del momento que estaba viviendo, ‘Tomando Jesús la palabra, le dijo: Basta ya. Dejad; y tocando la oreja, le curó’. (Lc. 22, 51). Resulta extrañísimo que no se cite la reacción de Malco, (así parece que se llamaba el criado del pontífice), ni tampoco de nadie de los que le prendieron. Tampoco de Judas. Pero ahí quedaba este hecho, acaso anecdótico, pero sujeto a nuestra consideración o meditación.

BESO DE JUDAS.-JEAN BOURDICHON, c1500.-RENACIMIENTO
El pasaje del prendimiento finaliza con una mención muy significativa referida a los discípulos: ‘Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron’. (Mt. 26, 56b). Es cierto que Jesús, según nos cuenta San Juan, dice a sus captores: ‘Si me buscáis a mí, dejad ir a estos’. (Jn. 18, 8), pero el hecho es que marcharon dejando a su Maestro solo ante todo. Nosotros podremos pensar que era mejor así, para que luego continuasen la predicación del Reino, pero ellos no conocían su futuro. Jesús quedaba sólo aunque Pedro, a cierta distancia, fuese siguiendo aquella comitiva (Mt. 26, 58).

Judas también quedaba solo ante sí mismo y ante su conciencia, que no lo dejaría en paz ningún instante. Aparecerían los remordimientos y ¿qué hacer? ¿Se acogería a los fariseos? ¿A los sacerdotes y escribas quizás? 

 JUDAS Y SU CONCIENCIA.- NIKOLAJ GE .-S. XIX

Eso había que descartarlo. Ahora ya no lo necesitaban. Miró de nuevo la comitiva, ya algo alejada de donde estaba, pero la figura de su Maestro sí que la veía destacando sobre el resto de aquella turba que él había conducido al lugar exacto. Destino del grupo: casa de Anás.

No permaneció allí mucho tiempo, porque este personaje, suegro de Caifás, Sumo Sacerdote ese año, ya que acaso resolvería mejor esa ‘situación’ que les había llegado, de una manera más ‘legal’. No en vano ‘había aconsejado con anterioridad a los judíos: Conviene que un hombre muera por el pueblo’ (Jn. 18, 14). Mientras tanto, allí ‘se juntaron todos los príncipes de los sacerdotes, los ancianos y los escribas’ (Mc. 14, 53).

 ‘Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era amigo del pontífice y habló a la portera e introdujo a Pedro. La portera dijo a Pedro: -¿Eres tú acaso de los discípulos de este hombre? Él le dijo: -No soy  (Jn. 18, 15-18). 

JESÚS ANTE ANÁS.-JOSÉ MADRAZO Y AGUDO.- NEOCLASICISMO

 Volviendo a Jesús, le encontramos soportando la lluvia de preguntas para ver en qué lo podían sorprender, incluso con algunos que levantaban falsos testimonios en su contra, para poder condenarlo a muerte. ‘El pontífice preguntó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su doctrina. Jesús le respondió: -Yo públicamente he hablado al mundo; siempre enseñé en las sinagogas y en el templo, adonde concurren todos los judíos; nada hablé en secreto. ¿Qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído qué es lo que yo les he dicho. Diciendo esto Jesús, uno de los alguaciles, que estaba a su lado, le dio una bofetada, diciendo: -¿Así respondes al pontífice? Jesús le contestó: Si hablé mal, muéstrame en qué, y si bien, ¿por qué me pegas? (Jn. 18, 19-23).

Las preguntas se sucedían y los silencios de Jesucristo, también. Pero se presentaron dos testigos que dieron un giro a la situación: ‘Este ha dicho: Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días edificarlo. Levantándose el pontífice, le dijo: -¿Nada respondes? ¿Qué dices a lo que estos testifican contra ti? Pero Jesús callaba y el pontífice le dijo: -Te conjuro por el Dios vivo, di si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios.’

 Esto ya era demasiado para Jesús. Ponerlo en actitud de juramento invocando a su mismo Padre suponía que sus silencios se terminaban. 

 JESÚS ANTE EL SUMO SACERDOTE .- DUCCIO DI BUONINSEGNA.-GÓTICO

El que era la Verdad misma tuvo que responder: ‘Díjole Jesús: -Tú lo has dicho. Y yo os digo que un día veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo. Entonces el pontífice rasgó sus vestiduras diciendo: -Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? Ellos respondieron: -Reo es de muerte. Entonces empezaron a escupirle ene. Rostro y a darle puñetazos, y otros le herían en la cara, diciendo: -Profetízanos, Cristo. ¿Quién es el que te hirió? (Mt. 26, 60-68). El Siervo de Yavéh empezaba a ser maltratado.

Pedro, llevando a cuestas su fidelidad al Maestro, esperaba acontecimientos en el Patio del la casa del pontífice. Es de suponer que su interior sería un manojo de nervios, de miedo, de un pesimismo que luchaba contra una esperanza que se empeñaba en tener, aun sabiendo que la realidad era otra. Había sido testigo de muchas insidias y trampas contra Jesús y de todas había salido bien, pero ¿y ahora? Ya lo tenían, y todo porque uno de los que había compartido, como él, tantas cosas lo había… No pudo continuar sus pensamientos. Una mano le había cogido suavemente por el hombro para verle el rostro, y al momento le dijo: ‘Tú también estabas con el Nazareno, con Jesús. Él lo negó diciendo: -Ni sé ni entiendo lo que tú dices. Salió fuera al vestíbulo y cantó el gallo’. (Mc. 14, 67-68)

Sus palabras salieron de su boca precipitadamente. Había sido tan repentino que no había tenido tiempo de madurar una respuesta. Ni tampoco estaba para eso. Eran momentos cruciales, inusuales y la angustia por su amigo era cada vez mayor.

 NEGACIONES DE PEDRO.-CARL BLOCH.-REALISMO

 ‘Transcurrida cosa de una hora, otro insistió diciendo: -En verdad que éste estaba con Él, porque es galileo. Dijo Pedro: -Hombre, no sé lo que dices. Al instante, hablando aún él, cantó el gallo. Vuelto el Señor, miró a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra del Señor, cuando le dijo: -Antes que el gallo cante hoy me negarás tres veces; y saliendo fuera, lloró amargamente’. (Lc. 22, 59-62).  Jesucristo, aun estando sufriendo por Él mismo, también sufría por los suyos. Pedro estaba allí y había ocurrido todo lo que le dijo. Y ese también era parte de su sufrimiento.

¿Qué hubiéramos hecho nosotros en su lugar? Probablemente lo mismo. O peor todavía. Eso entra dentro de la interioridad personal de cada uno. Pero este pasaje marcaría a Pedro para toda su vida. Es probable que no olvidase jamás. Y ¡quién sabe! si con el paso del tiempo, en algún momento de intimidad, no se confiaría a la Madre contándole su debilidad. Es algo de fantasía, ciertamente, esta suposición, pero no es solamente mía. También Giovanni Francesco Barbieri,  pintor del Barroco, más conocido como Il Guercino, lo vio así en este cuadro.

SAN PEDRO LLORA ANTE LA VIRGEN.-IL GUERCINO.-BARROCO
Mientras tanto, los príncipes de los sacerdotes, los fariseos y cuantos no soportaban la presencia de Jesús, pensaban que ya lo tenían en sus manos, pero como no tenían autoridad legal para matarlo según sus propósitos, tenían que llevarlo a presencia del procurador romano, por entonces Poncio Pilato, para que él dictara la sentencia condenatoria. Y allí se dirigieron. Era la hora de las tinieblas.

Y contra ellas nos debemos defender. El próximo lunes día 6 salimos mi esposa y yo a Valladolid, hermosa ciudad española, a una tanda de Ejercicios Espirituales. Falta nos hacen. A todos. El Maligno siempre está a punto y nosotros debemos estarlo también para combatirlo. Hasta la vuelta, si Dios quiere.

INMACULADA.-FRANCISCO DE GOYA.-ROMANTICISMO
Que Cristo Paciente y su Madre María Inmaculada nos bendigan

sábado, 14 de julio de 2012

Credo (V).-Padeció bajo el poder de Poncio Pilato (I)

AGONÍA EN GETSEMANÍ.-TIÉPOLO.-BARROCO

Padeció… ¡Con qué ligereza solemos pronunciar esa palabra cuando rezamos el Credo! Hay ocasiones en las que el concepto que encierra una palabra se queda corto e insuficiente ante la magnitud del caso en el que la podamos emplear. Y esta es una de ellas. Ciertamente se puede aplicar a situaciones concretas en las que se ajusta el padecimiento de alguien con el significado que contiene o encierra en sí misma esta palabra (suele ser lo habitual), pero en el caso del Credo y referido a Cristo…me parece que no. Se queda corta.

Varias veces y en situaciones diferentes, (Ejercicios Espirituales, oración personal, retiros,…) he meditado la Pasión de Jesús de Nazaret. Francamente, todo se queda corto ante esos momentos terribles, horrorosos, por los que tuvo que pasar por Amor a todos y cada uno de nosotros.

Esa es la razón por la que al empezar a comentar esta parte del Credo, soy consciente de que me voy a quedar corto.

Siempre he querido, o al menos lo he intentado, meterme dentro del momento, dentro del escenario que he meditado. Dentro del personaje sujeto de la meditación. Y la Pasión, Muerte y Resurrección del Salvador no son una excepción. Unas veces no he conseguido nada. Otras me he visto enfrentado a mis propias limitaciones. Siempre he quedado con la impresión de quedarme corto ante tamaño sufrimiento, libremente aceptado por la salvación de la Humanidad. Inevitablemente, más pronto o más tarde, me venía a la cabeza una expresión tantas veces oída pero no por ello menos cierta: ‘Y todo esto por mí’.

He tenido que echar mano del Arte. En ningún otro sitio hubiese podido encontrar un apoyo tan fenomenal más que en el concepto que de cada momento han tenido, básicamente, los pintores. Van a ayudar mucho a enriquecer esta entrada y acaso a hacernos pensar un poquito. Empecemos.

Según hemos ido viendo y según nos relatan las Sagradas Escrituras, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad quiso hacerse hombre para redimir a todo el género humano. Así fue preparando los distintos momentos de la Historia de este planeta que el Creador nos regaló, hasta llegar ‘la plenitud de los tiempos’. Llegó el momento.

Sin embargo, para llegar al momento de los padecimientos de la Pasión de Cristo, es necesario retrotraernos a su vida pública para darnos cuenta cómo se fue gestando el odio que lo llevó a la Cruz. Él fue dando a conocer la actitud de Dios con respecto a la especie humana (‘Cierto es, y digno de ser por todos recibido, que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero’. 1Tim. 1, 15)

 SAN CIRILO DE JERUSALÉN, DOCTOR DE LA IGLESIA

 Cirilo de Jerusalén, uno de los Padres de la Iglesia dijo en su Catequesis: ‘Cristo por elección a su Pasión, feliz de su hazaña, sonriendo a la corona, encantado de salvar a la humanidad – y no avergonzándose de la Cruz porque salvaba la tierra entera. El hombre que abordaba el sufrimiento no era un hombre ordinario, sino un Dios hecho hombre’ (XIII, 6).
ENSEÑANDO A LOS DISCÍPULOS.-JAMES TISSOT.-S.XIX-XX
Pero no todo cayó bien, especialmente entre los poderosos. De eso era perfectamente consciente y así lo hacía saber a sus discípulos: ‘Comenzó a enseñarles cómo era preciso que el Hijo del hombre padeciese mucho, y que fuese  rechazado por los ancianos y por los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y que fuese muerto y resucitado después de tres días. Claramente les hablaba de esto’. (Mc. 8, 31). Se preocupaba de que ellos se fuesen acostumbrando a oír esto y que lo fuesen asimilando.

Esta persecución, más o menos solapada, por muy consciente que fuese, tenía que influir en su estado de ánimo y no sería nada extraño que, como hombre que era, acudiese a su padre, como cualquiera de nosotros a pedir fuerzas. ‘En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para planear el modo de acabar con Él’. (Mc. 3, 6). Este es uno de tantos ejemplos en este sentido, pero no podían tolerar tampoco que se atribuyese el poder de perdonar los pecados: ‘Estaban sentados allí algunos escribas, que pensaban entre sí: ¿Cómo habla así éste? Blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados  sino sólo Dios?’ (Mc. 2, 6-7). Era una acusación de blasfemia la que pasaba por sus cabezas. Cualquier situación, palabra o acción de Jesucristo pasaba por el tamiz de los juicios de todos esos personajes para ver en qué lo podían coger.

Aparecía en ocasiones como signo de contradicción entre quienes le oían proclamar la Buena Nueva, creando división entre ellos: ‘Había entre las muchedumbres gran cuchicheo acerca de Él. Los unos decían: Es bueno. Pero otros decían: No; seduce a las turbas. Sin embargo nadie hablaba libremente de Él por temor de los judíos’ (Jn. 7, 12-13).

Pero no siempre fue así. Al principio le oían, incluso en las distintas sinagogas, y se le aceptaba hasta el extremo que tanto los judíos como sus gerifaltes espirituales lo consideraban como un rabí o maestro. ‘Los fariseos, oyendo que había hecho enmudecer a los saduceos, se juntaron en torno a Él, y le preguntó uno de ellos, doctor, tentándole: Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley? Él le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’. (Mt. 22, 34-37).

Claro, que eso suponía chocar muchas veces con sus antagonistas, porque no consideraba suficiente  manifestar su interpretación de la Ley entre quienes le escuchaban, sino que muchos de ellos, generalmente del pueblo llano, estaban viendo claramente que esas enseñanzas e interpretaciones, además de manifestar unos aspectos nuevos para sus oyentes, palpaban que ‘les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus maestros de la ley’ (Mt. 7, 29).

Este conjunto de situaciones en las que manifestaba su autoridad moral dejando, incluso, en entredicho y sin argumentos a quienes le discutían, iban conformando poco a poco el caldo de cultivo de la animadversión que paulatinamente iba creciendo en sus conciencias y los conducía a buscar la perdición de Jesús, lo cual no significa que algunos de los fariseos, además de Nicodemo o José de Arimatea, mirasen con buenos ojos lo que decía: ‘Dijeron entonces algunos de los fariseos: No puede venir de Dios este hombre, pues no guarda el sábado. Otros decían: ¿Y cómo puede un hombre pecador hacer tales milagros? Y había desacuerdo entre ellos’. (Jn. 9, 16).
 
Más adelante continúa diciendo San Juan: ‘Otra vez se suscitó desacuerdo entre los judíos a propósito de estos razonamientos. Pues muchos de ellos decían: Está endemoniado, ha perdido el juicio; ¿Por qué le escucháis? Otros decían: Estas palabras no son de un endemoniado, ni el demonio puede abrir los ojos a los ciegos’. (Jn. 10, 19-21). Ya ven. No eran unánimes. Había entre ellos quien vislumbraba algo que podía venir de lo Alto. Con estos antecedentes no es raro que esperasen cualquier ocasión propicia para quitárselo de en medio, la cual se presentó en la persona de Judas Iscariote, a través de una traición valorada en treinta monedas de plata. Continuamos.

Después de la cena con la que celebraron la Pascua, marchó con los once restantes ‘a un lugar llamado Getsemaní’, (testigo directísimo de estos prolegómenos de su Pasión) y les dijo: Sentaos aquí mientras voy a orar un poco más allá. Llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo; comenzó a sentir tristeza y angustia, y les dijo: Siento una tristeza mortal; quedaos aquí y velad conmigo’. Con estas palabras ya podemos atisbar un poco los sentimientos que invadían su espíritu. Sabía lo que se le venía encima y, como hombre, le daba pavor.


Por eso ‘cayó rostro a tierra y estuvo orando así: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa de amargura; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú’. De esta escena, San Lucas nos la completa con un detalle estremecedor. ‘Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo estuvo confortando. Preso de la angustia, oraba más intensamente, y le entró un sudor que chorreaba hasta el suelo como si fueran gotas de sangre’ (Lc. 22, 43-44). ¿Cómo lo estaría pasando? ¿Realmente el ‘Padeció…’ del Credo es capaz de dar a entender toda la intensidad de este momento en Jesús de Nazaret? Y no era más que el comienzo.

AGONÍA DE JESÚS EN GETSEMANÍ.- James Tissot.-S. XIX - XX

El torrente Cedrón y el huerto de Getsemaní fueron testigos directos de estos hechos y de los que siguieron: ‘Judas, llevando consigo un destacamento de soldados romanos y los guardias puestos a su disposición por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, se dirigió a aquel lugar. Iban armados y equipados con linternas y antorchas’. (Jn. 18, 3).

PRENDIMIENTO DE CRISTO.-ALEXANDRE BIDA.-ROMANTICISMO
Realmente cuando rezamos el Credo no hay tiempo material para pensar estos detalles, pero ¡caramba! Por lo menos sí podemos tenerlos en cuenta, aunque sea mínimamente, ya que aún siguen más. ‘El que iba a entregarle les dio una señal, diciendo: Aquel a quien yo besare, ese es; prendedlo. Y al instante, acercándose a Jesús, dijo: Salve, Rabí. Y le besó. Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se adelantaron y echaron las manos sobre Jesús apoderándose de Él’. (Mt. 26, 48-50).

PRENDIMIENTO DE JESUS.-COSIMO ROSELLI.-RENACIMIENTO
Sí, amigos. El beso de la ignominia. ¿Cómo le sentaría al Maestro? ¿Qué sentiría en su interior? Generalmente el beso es un signo de cariño, de afecto mutuo, de alegre confianza,…pero ¿el de Judas? Ese tenía el sabor de la traición. Y Jesús lo aguantó y, casi con toda seguridad, perdonando a quien así obraba: ‘Amigo, ¿a qué vienes?’ (Mt. 26, 50) y San Lucas da más detalles: ‘Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? (Lc. 22, 48). Llamarlo ‘amigo’. ¿Amigo? Me parece que no es ése el concepto que nosotros tenemos de la amistad. Pero así se mostró la grandeza del Salvador.

En ese momento comenzaba la procesión del padecimiento. Del moral, del psíquico, del físico y de todo lo que queramos, referido a nuestra salvación personal a causa del infinito Amor que nos daba quien es el Amor de los Amores.



Que Él y Nuestra Señora de las Angustias nos bendigan.