sábado, 10 de agosto de 2013

Creo en el Espíritu Santo (y II)

PENTECOSTÉS.-DOMENICO PIOLA.-BARROCO
Cumplo con mi palabra empeñada en la entrada anterior de finalizar este tema con esta segunda parte de la entrada. Ciertamente he tenido algún que otro problema, porque ¡hay tantas cosas que decir y desde tantos ángulos! He seguido apoyándome en la Sagrada Escritura, pero también me he inclinado por la opinión valiosísima y muy acertada de los Padres de la Iglesia. En ellos hay una fuente inmensa de aprendizaje para nuestra vida, después del Evangelio. Pero aún así, he tenido que recortar mucho. En fin. No les canso más. Comencemos.
Un amigo mío, sacerdote, me dijo en una ocasión: ‘La mejor prueba de que Dios está presente en la Iglesia es que si las personas que la formamos no la hemos destruido con nuestro comportamiento como pecadores que somos, es que el Espíritu de Dios está ahí constantemente’. 
JESÚS DA A PEDRO LAS LLAVES DEL REINO.-JEAN AUGUSTE INGRES.-NEOCLASICISMO
Y así es, porque en definitiva, ¿quién está llevando la Iglesia adelante desde hace XXI siglos a pesar de los intentos de Satanás para imponer su reinado en el mundo? ‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella’ (Mt. 16, 18-19).
 Cuando en la homilía de una Eucaristía el sacerdote celebrante nos  explica la Palabra, ¿quién abre nuestro entendimiento y nuestro corazón para captar lo que se nos dice? ¿Quién personaliza y actualiza la Palabra de Dios en nosotros cuando leemos algo de la Biblia que nos ‘dice’ algo para nuestra vida? No tengamos la menor duda de que el Espíritu Santo es nada menos que la Memoria viva de la Iglesia, según dice San Juan: ‘El Paráclito, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recordéis lo que Yo os he enseñado y os lo explicará todo’ (Jn. 14, 26).
Me parece que todos hemos oído hablar de los carismas, esos dones o gracias que Dios nos da a cada uno para realizar la función concreta a la que nos quiere destinar para dar fruto en la Iglesia, según la vocación que tiene o para la misión que Dios le encomienda. Es lo que se ha venido llamando ‘la gracia de estado’. Lógicamente no iguales para todos y de eso nos habla San Pablo de forma magistral: ‘Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común, porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas.
DONES DEL ESPÍRITU SANTO
Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad. Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu’.(I Cor. 12, 4-13).
La Patrística tiene páginas grandiosas sobre muchísimos temas. En el tema que mencionamos nos dice uno de los Padres: ‘Recuerda, pues, que has recibido el sello del Espíritu, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, espíritu de santo temor, y conserva lo que has recibido. Dios Padre te ha sellado, Cristo el Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón, como prenda suya, el Espíritu Santo, como te enseña el Apóstol’. (San Ambrosio. ‘Tratado sobre los misterios’).
 
PENTECOSTÉS AYER Y HOY. Y SIEMPRE
Siempre bajo la acción del Espíritu, pero cuidado. Ese regalo divino hemos de saber administrarlo. No olvidemos que están destinados para actuar según los signos de los tiempos y para bien y edificación de la Iglesia de Jesucristo. Nunca debemos presumir o envanecernos de ellos. Al contrario. Hay que ejercerlos desde la gratitud y la humildad. El autor real de ellos es el mismo Dios que nos transforma en sus colaboradores, en los nuevos apóstoles que lo siguen en el siglo XXI, como antaño hicieron Santiago, Mateo, Juan o cualquiera de los Doce. Desde el silencio, pero con la mayor eficacia que podamos empleando lo mejor de nosotros mismos, pero sabiendo que es el Espíritu Santo quien nos está impulsando y asistiendo en cada momento: ‘Todas estas cosas las obra el único y mismo Espíritu, que distribuye a cada uno según quiere’. (I Cor. 12, 11).
Es este sentido viene muy bien lo que dijo una persona: ‘Por Él, los corazones son elevados hacia lo alto, los débiles son llevados de la mano, los que ya van progresando llegan a la perfección; iluminando a los que están limpios de toda mancha, los hace espirituales por la comunión con Él’. 
SAN BASILIO MAGNO
Esa persona era, nada menos, que San Basilio de Cesárea, llamado San Basilio Magno, arzobispo y Padre de la Iglesia griega, en su obra De Spiritu Sancto, en la que reflexiona sobre la Sagrada Escritura y la Tradición cristiana de los primeros tiempos. Esa acción del Espíritu en nosotros me parece que nadie somos capaces de llegar a su auténtico significado por nosotros mismos. Pero sí con su ayuda.
Nosotros somos a los nuevos discípulos de Emaús que cuando nos detenemos a oír, pensar o meditar las Escrituras podemos entender el mensaje que contiene para cada uno de nosotros, gracias a la acción del Espíritu divino en cada uno. Pero es necesario abrirnos a su acción. Hay un precioso versículo en el Apocalipsis que es muy conocido. Quizá por eso no le damos el valor real que tiene, pero su mensaje no tiene desperdicio: ‘Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo’. (Ap. 3, 20). Es el Espíritu Santo quien nos impulsa a meditar el mensaje que conlleva y nos invita a dejarnos llevar, a recrearnos en el momento de ‘la cena que recrea y enamora’, como dice  San Juan de Cruz.

Varias veces lo he nombrado, porque es uno de mis maestros de oración y espiritualidad. Él captó como nadie ese momento en su ‘Cántico Espiritual’: ‘la noche sosegada, / en par de los levantes de la aurora, / la música callada, / la soledad sonora, / la cena que recrea y enamora’. 
SAN JUAN DE LA CRUZ.-IMAGEN DE BULTO REDONDO
Los últimos Ejercicios Espirituales que hice giraron en torno a San Juan de la Cruz. Fueron una auténtica gozada. Fray Eduardo Sanz, carmelita descalzo que los impartió, supo acercarnos y no poco a la figura de este santo y de su obra. De vez en cuando entro en su blog y renuevo aquellos inolvidables momentos.  Y no me cabe ninguna duda que es el Espíritu quien me impulsa a profundizar en mi  espiritualidad, como a cualquiera que desee seguir ese sendero.
Aquí convendría comentar  el concepto de espiritualidad, porque tiene mucho que ver con el Espíritu Santo. 
PENTECOSTÉS.-JOSÉ SEGRELLES.-S. XIX - XX
Un domingo de Pentecostés lo explicaba el sacerdote y personalmente me aclaró muchísimo en qué consistía, porque realmente no es un proceso de interiorización de la Palabra, sino un compromiso que adquirimos con el mismo Espíritu que conforma unas actitudes en nuestra persona y nos conducen a un compromiso serio, formal, hondo, con la Tercera Persona Trinitaria, o sea, con Dios. '¿Vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu, si es que de verdad el espíritu de Dios habita en vosotros’ (Rom. 8, 9), dice San Pablo. Cuando escribe a los gálatas, se expresa de forma parecida: ‘Si vivimos del espíritu, andemos también según el espíritu’. (Gal. 5, 25).
‘El Espíritu Santo se apareció bajo la forma de paloma y de fuego; porque a todos los que llena, los hace sencillos y los anima a obrar; los hace sencillos con la pureza, y los anima con la emulación; pues a Dios no puede serle grata la sencillez sin celo, ni el celo sin sencillez’. (San Gregorio Magno. ‘Homilía 30 sobre los Evangelios’). ¡Cuántas cosas se podrían evitar si fuésemos ‘sencillos como palomas’! (Mt. 10, 16) . ¿Acaso podemos creer que los que dicen trabajar por la Iglesia y buscan interiormente satisfacer su propio ego y hacer ver a todos ‘lo mucho que saben’ actúan realmente con la sencillez de las palomas? ¿Realmente es acción del Espíritu divino o…del espíritu del maligno que obra a través de ellos? 
 
Es decir, que para nosotros los cristianos, vivir y andar según el Espíritu tiene la equivalencia de vivir en Cristo, como también indica Pablo en esa cita tan conocida: ‘Y ya no vivo yo. Es Cristo quien vive en mí’. (Gal. 2, 20). Vida espiritual, por tanto, significa vivir la vida, nuestra propia realidad humana, de forma auténtica y profunda según los impulsos que el Espíritu Santo nos vaya transmitiendo en cada momento. Eso es aspirar a seguir un camino de santidad y perfección haciendo realidad el mandato del mismo Jesús: ‘Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto’ (Mt. 5, 48). 
Y no tengamos miedo a ser perfectos por si acaso cuando ya nos creemos que lo somos Dios nos llama a su presencia. Perfectos solamente hay Tres Personas y son Divinas, formando Un Solo Dios Verdadero. A nosotros, pobrecitos mortales, podremos alcanzar cotas de perfección muy altas, como algunos Santos los hicieron, pero no por ellos, sino por los impulsos del Espíritu de quien eran dóciles aprendices: ‘El Espíritu Santo ejerce una acción especial en todos los hombres que son puros en sus intenciones y afectos’. (San Basilio. ‘Comentario sobre Isaías’) 

El Espíritu Santo en quien creemos y manifestamos al rezar el Credo, está manteniéndonos en medios de las dificultades de la vida cotidiana ahora y siempre. 
SIMEÓN EN EL TEMPLO.-REMBRANT.-BARROCO
Hay un personaje bíblico que podríamos señalar como paradigma de esto: ‘Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor’. (Lc. 2, 25-26) Su esperanza era su vida. Creía en aquello que el Espíritu le había revelado. Y tuvo su premio.

No nos quepa duda que cuando alabamos, glorificamos o adoramos a Dios, cuando somos capaces de admirarnos ante las maravillas de la Creación o de darle gracias por el pino o el roble que vemos desde nuestra ventana, lo hacemos por la acción del Espíritu. Hubo un momento  concreto que el mismo Jesús así lo sintió en su estado de ánimo y así lo expresó: ‘En aquel momento, el Espíritu Santo llenó de alegría a Jesús, que dijo: -Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos. Sí, Padre, así te ha parecido bien’ (Lc. 10,21).
JESÚS EN ORACIÓN.-DEL PARSON.-S. XX
¿Cómo se sentiría nuestro Redentor que magnificó así su agradecimiento al Padre? 

Hay que esforzarse para conocer más el Espíritu Divino. ¿Y cómo podemos hacerlo? De la misma manera que un niño va conociendo las personas que le rodean y al tratarlas distingue, poco a poco quienes son sus abuelos, sus hermanos o sus padres, así nosotros por el trato frecuente con el Espíritu a través de la oración, del coloquio del alma con su Santificador,  sabremos conocerlo, amarlo, sentirlo,…adorarlo. El ofrecimiento de nuestra sencillez, de nuestra docilidad reconociéndonos criaturas suyas, allanará mucho el camino. Iremos cubriendo nuestra propia ‘subida al monte Carmelo’.
SUBIDA AL MONTE CARMELO

Así podremos lograr lo que dice San Juan de la Cruz en el preámbulo de esta obra suya: ‘Trata de como podrá una alma disponerse para llegar en breve a la divina unión. Da avisos y doctrina así a los principiantes como a los aprovechados, muy provechosa, para que sepan desembarazarse de todo lo temporal, y no embarazarse con lo espiritual, y quedar en la suma desnudez y libertad de espíritu, cual se requiere para la divina unión, compuesta por el padre fray Juan de la Cruz, carmelita descalzo’. 

Hay trabajo, ¿verdad? Y para todos. Es cuestión de poner nuestra disponibilidad en manos de Dios y pedirle confiada y esperanzadamente que nos llene de su Espíritu en la medida que Él considere conveniente. Y lanzarnos sin miedo a hacerlo presente con naturalidad en nuestros ambientes. Su ayuda no nos faltará. 

En definitiva: ¿Creo en el Espíritu Santo? ¡Pues claro que sí! Él es quien a pesar de las minusvalías y las limitaciones físicas que tengo me inunda de alegría, de ganas de vivir, de buen humor y de entrega total a Dios sabiendo que es Él quien actúa a través de mí. Y eso hace que  me sienta útil, instrumento suyo a pesar de mis pecados y mis equivocaciones, a pesar de mi nada porque Él es el TODO, el ABSOLUTO, el ETERNO. Bendito y alabado sea. 

Que el Espíritu Santo y la Madre, Nuestra Señora de la Paz, nos guíen, iluminen y bendigan.

jueves, 25 de julio de 2013

Creo en el Espíritu Santo (I)

ESPÍRITU SANTO.-Corrado Giaquinto.-ROCOCÓ
Eso decimos cada vez que rezamos el Credo. Y es cierto que creemos en Él, pero ¿qué sabemos de Él?
El día 31 de mayo de 2009 publicaba una entrada en la que decía: ‘Ignoro si Vds. son observadores o no, pero ¿se han dado cuenta que al rezar el Credo, cuando nombramos al Espíritu Santo decimos ‘Creo en el Espíritu Santo’ y ya no decimos nada más de Él? A continuación pasamos a ‘Creo en la Santa Iglesia Católica, etc...’. Si nos damos cuenta, al principio de esa oración se nombra al Padre, Primera Persona de la Santísima Trinidad, diciendo algo de Él aunque sea un poco. Se nombra a Jesucristo, Segunda Persona de la Trinidad, que tomó nuestra carne mortal y recordamos muy brevemente esa gesta inmensa, infinita, de la Redención….’
Al empezar a escribir esta entrada me ha venido a la cabeza el mismo interrogante, porque a pesar de los cuatro años transcurridos continuamos prácticamente igual: Creemos que el Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Sabemos que Jesús ‘fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo’. (Estas son también palabras del Credo).
ESPÍRITU SANTO CONSOLADOR.-MICHAEL DUDASH.-S.XX
Antes del Cónclave que debía realizarse para la elección de nuevo Papa, por la renuncia de Benedicto XVI,  todo el mundo tenía sus ‘candidatos’. La prensa de todo tipo hacía sus estudios sobre la personalidad de los papables y, como es habitual, nadie acertó. ¿Por qué? Muy sencillo. La gran mayoría obviaba un factor fundamental y básico en ese y en todos los Cónclaves habidos y por haber. Se tenía en cuenta la preparación y cualidades de los cardenales, pero ¿cuántos hablaron del Espíritu Santo, auténtico protagonista de todos los Cónclaves?
Todo el mundo sabe que al comienzo de todos ellos se entona el ‘Veni creator Spiritus’. Con este canto se invoca al Espíritu Santo para que esté presente en todos. 
CÓNCLAVE ELECCIÓN PAPA FRANCISCO
Todos ellos tienen la grave responsabilidad de elegir el nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y los ilumine, pero a la hora de la verdad, nadie, o muy pocos, lo colocan en sus escritos periodísticos o en sus comentarios. Es como si no existiera o nada dependiera de Él. Y es lo contrario. TODO depende de Él.  
Cuando el hoy Papa Francisco hacía su aparición en la logia de las bendiciones de San Pedro del Vaticano, caían por los suelos todas las especulaciones. ¿Cómo era posible? ¿Quién era el nuevo Papa? También muy sencillo: precisamente el elegido por el Espíritu Santo, Tercera persona de la Santísima Trinidad, que ‘procede del Padre y del Hijo, y que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas’. (También son palabras del Credo), había demostrado quién era el auténtico protagonista de los Cónclaves.
Les confieso que cuando esto sucedió e impartió su primera bendición ‘Urbi et orbe’, no pude menos que dar gracias al Altísimo por este nuevo y perenne regalo que hacía a su Iglesia, como cada vez que elige a quien sabe que es el que en ese momento debe llevar el timón de la Barca de Pedro. 
EL PAPA FRANCISCO EN  LA LOGIA DE LAS BENDICIONES 
Después…los hechos de Francisco han demostrado, una vez más, que el Espíritu no se equivoca y sabe lo que quiere y a quien quiere en cada momento. Aunque humanamente no lo podamos entender. Ni falta que nos hace. Nuestra fe debe ser la respuesta personal de cada uno con la esperanza puesta en Aquel para ‘quien no hay nada imposible’. (Lc. 1, 37). Para eso son virtudes que, junto con el amor, forman el trípode que Dios nos da para, entre otras cosas, nuestra perfección y su mejor seguimiento.
Pero también debemos tener en cuenta otras muchas cosas del Espíritu divino, entre ellas que desde el principio del Libro de los libros, La Biblia, que contiene la Palabra de Dios, está presente de muy diversa maneras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, bien sea por su acción al principio: ‘La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas’ (Gen. 1, 2), bien sea por boca de los profetas cuando dicen ‘Después de esto yo derramaré mi espíritu sobre todo hombre. Vuestro hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, y vuestros jóvenes, visiones. Y hasta sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días’. (Jl, 3, 1-2). También Ezequiel refiere: ‘Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que viváis según mis mandamientos, observando y guardando mis leyes’. (Ez. 36, 27).
PROFETA EZEQUIEL.-VISIÓN.-FRANCISCO COLLANTES.-BARROCO 
Así es. Desgraciadamente todavía es un gran desconocido. En una homilía dominical, el sacerdote dijo entre otras cosas, que cuando en un funeral rociaba con agua bendita el féretro con el difunto, era porque hacía presentes las palabras de San Pablo: ‘¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habéis recibido de Dios y que habita en vosotros?’ (I Cor. 6,19).  Explicaba que el difunto estaba bautizado, había recibido el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, Dios había hecho morada en él,…Ahora que iba camino del Padre, era lógico que se le aspergiese con el hisopo.
Aunque Dios sea Trinitario, esto es, tiene tres Personas, pero solamente hay un Dios verdadero, eso no obsta que a cada una de las Personas se le atribuya una función. Así, el Padre se ha dicho que es Creador; el Hijo, Redentor; el Espíritu Santo, Santificador. Es una manera de expresarnos según el vocabulario y las estructuras lingüísticas de cada lengua, pero todas ellas son humanas y, por tanto, insuficientes, cortas, limitadas. Por ejemplo.
Acabo de decir que el Espíritu Santo es Santificador, pero realmente nuestra santificación es una obra de la Trinidad Santísima.
El beato Juan Pablo II exponía: ‘La primera fuente a la que podemos dirigirnos es un texto joaneo contenido en el «discurso de despedida» de Cristo el día antes de la pasión y muerte en cruz. Jesús habla de la venida del Espíritu Santo en conexión con la propia «partida», anunciando su venida (o descenso) sobre los Apóstoles. «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy os lo enviaré» (Jn 16, 7).
El contenido de este texto puede parecer paradójico. Jesús, que tiene que subrayar: «Pero yo os digo la verdad», presenta la propia «partida» (y por tanto la pasión y muerte en cruz) como algo bueno: «Os conviene que yo me vaya ... ». Pero enseguida explica en qué consiste el valor de su muerte: por ser una muerte redentora, constituye la condición para que se cumpla el plan salvífico de Dios que tendrá su coronación en la venida del Espíritu
Santo; constituye por ello la condición de todo lo que, con esta venida, se verificará para los Apóstoles y para la Iglesia futura a medida que, acogiendo el Espíritu, los hombres reciban la nueva vida. La venida del Espíritu y todo lo que de ella se derivará en el mundo serán fruto de la redención de Cristo’. (Catequesis 26 de abril de 1989)
Constantemente Jesucristo va haciendo presente el Espíritu Santo en su predicación dándolo a conocer, especialmente a sus discípulos. Pero ellos todavía no lo entendían. Eso sería a partir de Pentecostés. La presencia del Espíritu Santo también está presente, de forma más o menos velada, en el Antiguo Testamento, como he dicho anteriormente.
No me resisto a citar un pasaje en el que lo podemos comprobar. Imaginémonos la situación: José, hijo de Jacob, ha sido vendido por sus hermanos. Está en prisión. El Faraón tiene un sueño con unas vacas gordas y otras flacas. No entiende su significado. Sus sacerdotes y adivinos no consiguen averiguar nada y su agitación aumenta. Su copero mayor le habla de José, Faraón ordena que vaya a su presencia y el joven hebreo no solamente interpreta su sueño, aclarándole que ‘No soy yo, sino Dios, quien dará al faraón una respuesta favorable’, sino que le aconseja lo que debe hacer para solucionarlo. La respuesta del mandatario egipcio no se hace esperar, y fijémonos en ella, en el ‘pequeño’ detalle de su respuesta: ‘¿Dónde vamos a encontrar un hombre como éste en quien esté el espíritu de Dios?’ (Gen. 41, 1-43).
JOSÉ INTERPRETA LOS SUEÑOS DE FARAÓN.-REGINALD ARTHUR.-S. XIX
 Efectivamente. ¿Dónde vamos a encontrar Alguien que esté cuidando de nosotros, dándonos a conocer sutil y delicadamente cuanto debemos hacer cada día, morando en nosotros cuando por nuestra parte nos abrimos a Él? Pero esa es la cuestión. Muchísima gente de hoy no se lo acaba de creer. O incluso persigue o ridiculiza esas creencias. ¡Qué pena! La humanidad está tan materializada que no deja resquicio alguno para la espiritualidad. No se detiene ningún momento para pensar un poquito en ese Dios que saben que está ahí, pero lo consideran cosas de niños o ‘de beatos’.
Dejo aquí esta primera parte, si no, sería demasiado extenso, ya que hablar del Espíritu Santo sería como para no acabar nunca. Pero les doy mi palabra que en la próxima entrada lo termino. Al menos, por ahora. Más adelante…Dios dirá.
Que la Santísima Trinidad y nuestra Madre, la Virgen de Oñate, nos bendigan



domingo, 7 de julio de 2013

Vendrá a juzgarnos…(y II)

JUICIO FINAL.-JEAN COUSIN EL JOVEN.-RENACIMIENTO
Dejamos la entrada anterior con el profeta Isaías. Seguimos con él. Sigue diciendo Dios por medio del profeta: ‘Si obedecéis y hacéis el bien, comeréis los frutos de la tierra, si os resistís y sois rebeldes, os devorará la espada. Lo ha dicho el Señor’ (Is.1, 19). En definitiva, San Juan recoge esto en su primera carta: ‘Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por Él. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados’. (1Jn. 4, 8-10). ¿No es esto un canto al Amor de Dios hacia nosotros?
JUICIO UNIVERSAL.-FRA ANGELICO.-RENACIMIENTO
 Del Amor (así, con mayúscula) viene necesariamente todo bien. Si se cumple, la voluntad y los planes de Dios son fiel reflejo en nosotros, que nadie dude que nada habrá que temer a ese juicio personal que tendremos al finalizar nuestra existencia.  El amor será quien marcará nuestro destino. Como dice San Juan de la Cruz, ‘Al atardecer de tu vida te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición’.
 Es así de sencillo, pero en muchos casos, cuesta. Nos cuesta mantener la fidelidad a Dios y surgen ocasiones en las que hablamos más de la cuenta, por ejemplo, enjuiciando a otras personas. Sin darnos cuenta pasamos a emitir juicios sobre la actuación de alguien que conocemos diciendo lo que ha hecho bien o mal. 
JUICIO FINAL.-Bernaert van Orley.-RENACIMIENTO
¿Tenemos algún derecho a ello? Podremos, en cualquier caso, juzgar hechos, situaciones problemas,…pero nunca a las personas. Con ello no haríamos otra cosa que faltar a la caridad. Y a eso no tenemos derecho.
Cuando nos reconocemos pecadores de algo, no nos gusta que se airee y se conozca. Pasaríamos mucha vergüenza, ¿verdad? Pero que no nos quepa duda alguna que cuando muramos y vayamos a presencia del Todopoderoso, además de encontrarnos con Él también nos encontraremos, como decía más arriba, todos nuestros hechos, pensamientos, palabras ofensivas pronunciadas, omisiones que tuvimos cuando debiendo hacer algo no quisimos por comodidad u otra circunstancia. Todo estará al descubierto. Luego recibiremos lo que, según la justicia divina, ya inapelable, la recompensa merecida por nuestros actos y actitudes: el Reino de Dios si le hemos sido fieles o el castigo eterno reservado a quienes han servido al Mal, a las tinieblas.
 Jesús, en la cruz, cuando Dimas le pide que se acuerde de él cuando llegue a su Reino, no tiene ningún problema, a pesar del tremendo suplicio, los dolores y las angustias que padecía, en darle su respuesta ante ese arrepentimiento del último momento: ‘Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso’. (Lc. 23, 43).
JESÚS Y DIMAS, EL BUEN LADRÓN.-TIZIANO.-RENACIMIENTO 
Y eso es un consuelo para todos. Jesús siempre está al quite ante el verdadero arrepentimiento de cualquier pecador y su cambio de vida. Nadie le gana en generosidad ni en misericordia.
Pero tengamos claro todos que si nadie le gana en misericordia, tampoco le gana nadie en justicia. Él es infinitamente justo y nadie le puede engañar. Con Él no sirven subterfugios  ni engaños. Lo conoce todo. Lo sabe todo. Y con Él nadie puede jugar ni tomárselo a la ligera. Lleva las de perder. Seguro. Pero la banalización de estas realidades eternas es excesivamente frecuente en nuestros días. ¡Cuántas personas conozco que ante la idea de ser juzgadas después de su muerte trivializan esta realidad! ‘Yo como soy de buenos sentimientos, no mato ni robo a nadie y voy a Misa muchos domingos, ¿qué miedo voy a tener? Iré al cielo’. Con estas y otras palabras, pero con idéntico significado e intención, se autojustifican o, al menos, lo intentan.
Es inútil. No es suficiente. Eso es lo que creen que hacen, pero ¿cuál es la realidad? ¿Y las omisiones? ¿Y los juicios temerarios? ¿Y los muchos otros pecados, mortales o veniales, que existen? En un pueblecito donde residí unos años, solían acudir al Sacramento de la Reconciliación una vez al año. Cuando salían del templo solían decir que ‘ya habían cumplido con la Parroquia’. Y ya se despedían hasta el año siguiente. Cada uno puede sacar sus propias conclusiones, pero es un tema con la suficiente seriedad como para no tomárselo a broma.
Otros piensan en divertirse y vivir bien pensando que ya tendrán tiempo de arrepentirse y confesarse. ¿Es que conocen el momento y la hora que les va a tocar?
JUICIO FINAL.-WILLIAM BLAKE.-NEOCLASICISMO
 Estarán cayendo en la actitud del rico que pensó destruir sus graneros y construir otros más grandes. No pensaba en la muerte, pero ya hemos visto su insensatez, en palabras de Cristo, porque le había llegado su hora.  De verdad que Dios nos quiere con locura, pero no lo tomemos a la ligera. Dios aguanta lo indecible, pero cuando le parece llama ante Él a la persona que quiere, hombre o mujer, niño o niña, joven o anciano, y para esa persona comienza su juicio particular
 ‘Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos’, dice el Credo. Pero, ¿es esa la idea de Dios? Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: ‘El Hijo no ha venido para juzgar, sino para salvar y para dar la vida que hay en Él. Es por el rechazo de la Gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo; es retribuido según sus obras y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor’. (Cat. de la Iglesia Católica, punto número 679).
 Claro, que…precisamente porque Dios es justo, tiene una vía intermedia. Está clarísimo que Dios no desea perder a nadie.
PURGATORIO.-HERMANOS LIMBOURG.-GÓTICO INTERNACIONAL
 Quiere la salvación de todos. Y hay muchísimos casos de cristianos que habiendo intentado seguir los planes del Creador en sus vidas, tienen alguna mancha (por llamarlo de alguna manera) que impide la entrada en la Gloria pero no justifica tampoco la condenación eterna. Su destino es el Purgatorio. Una vez purificada su alma irá a gozar de la plenitud de Dios en su Reino. Ya sé que se cuestiona la existencia del Purgatorio, pero me ciño a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Y, personalmente, lo creo.
‘Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo’. (Catecismo de la Iglesia Católica. Punto número 1030)
Aunque no está todo concluido. Al final de los tiempos vendrá el Juicio Universal. El de todos. ‘La resurrección de todos los muertos, de los justos y de los pecadores, precederá al juicio final. Esta será la hora en la que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación’. (Catecismo de la Iglesia Católica. Punto número 1038).
JUICIO FINAL .-TRÍPTICO.-FRA ANGÉLICO.-RENACIMIENTO
Aquí tiene la lógica explicación evangélica del momento, enseñada por el mismo Jesucristo: ‘Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de gloria, que es suyo. Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los cabritos. y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, y tomad posesión del reino que ha sido preparado para vosotros desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber. Fui forastero y me recibisteis en vuestra casa. Anduve sin ropas y me vestisteis. Estuve enfermo y me visitasteis. Estuve en la cárcel y me visitasteis.»
            Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos?  ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?  El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicisteis con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicisteis a mí.»
Dirá después a los que estén a la izquierda: «¡Malditos, alejaos de mí, id al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! Porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber;  era forastero y no me recibisteis en vuestra casa; estaba sin ropa y no me vestisteis; estuve enfermo y encarcelado y no me visitasteis.»
JUICIO FINAL.-Joos van Cleve .-RENACIMIENTO
Estos preguntarán también: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?» El Rey les responderá: «En verdad os digo: siempre que no lo hicisteis con alguno de estos más pequeños, dejasteis de hacérmelo a mí.»  Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna’. (Mt. 25, 31-46)
Lo conocen, ¿verdad? Es irrefutable. Es Palabra de Dios.
Que Jesús, triunfante y glorioso, y su Madre, la Virgen del Carmen, patrona de la almas del Purgatorio y de los marinos, cuya Novena estamos realizando, nos bendigan y asistan constantemente.



sábado, 22 de junio de 2013

Vendrá a juzgarnos…(I)

JUICIO FINAL.-STEFAN LOCHNER.-GÓTICO INTERNACIONAL


Caramba. Tal como suena el título de la entrada parece que la cosa no vaya con nosotros. ¿Juzgarnos? ¿A nosotros? ¿A mí en concreto? Nos ponemos a pensar y es probable que recordemos que cuando  nos preparábamos para recibir la Primera Comunión nos hablaban de ese Juicio y de lo que venía después. Pero, ¿ahora? ¿En el siglo XXI?

Pues sí, amigos. En estos tiempos con la tecnología que tenemos, con los avances científicos, algunos de los cuales parece que quieren hacerle la competencia a Dios como si la Humanidad quisiera trascender a su Creador, existe la tendencia de prescindir de Él como si fuera un concepto trasnochado y pasado de moda. Y eso es muy peligroso.

Nuestro aprendizaje del Catecismo nos llevó a conocer las Postrimerías de la vida que son para todos. Para cada cosa en concreto. La primera de todas, la muerte, de la que nadie nos vamos a escapar y de la que hablaremos algún día, si Dios quiere. Y después de ella, ¿qué? 
 LAS POSTRIMERÍAS.-JUAN VALDÉS LEAL.-BARROCO
Jesús nos dijo en varias ocasiones, directa o indirectamente, ‘algo’ sobre este tema. ‘La vida no depende de las riquezas’. (Lc. 12, 15) Esto es una cosa que hoy n o le hacemos caso. Al contrario. Vamos atesorando y todo parece que va en esa dirección. Los valores humanos y los espirituales se intenta desterrarlos de nuestra sociedad.

Un hombre rico tuvo una cosecha abundante y empezó a pensar qué haría con todo  eso. ‘Ya sé lo que voy a hacer, derribaré mis graneros, construiré otros más grandes, almacenaré en ellos todas mis cosechas y mis bienes, y me diré: -Ahora ya tienes almacenado para muchos años; descansa, come, bebe y pásalo bien. Pero Dios le dijo: -¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién va a ser todo lo que has acaparado? Así le suceda a quien atesora para sí en lugar de hacerse rico ante Dios’ (Lc. 12, 15-21).

Esta es una de las ocasiones en las que Jesús aprovecha una situación previa planteada para darnos un aviso. 
 Ese rico ‘previsor’ se presentaría ante Dios esa noche y, según cuentan algunos que les ha pasado, ven lo que ha sido su vida hasta en los detalles más ínfimos. Y se encuentran solos.
 PARÁBOLA DEL HOMBRE RICO.-REMBRANDT.-BARROCO
 Se dan cuenta que no hay marcha atrás. En algunos casos la misericordia divina les ha permitido volver y han dado a su vida un giro radical. Han enmendado sus actitudes en justo agradecimiento al detalle que Dios, Uno y Trino, ha tenido con ellos.

PARÁBOLA DEL RICO EPULÓN Y LÁZARO.-GUSTAVE MOREAU.-SIMBOLISMO
Pero no acabamos de ver que ‘eso’ vaya con nosotros. Jesús insiste con más y más ejemplos. ‘Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino y todos los días celebraba espléndidos banquetes.

Y había también un pobre llamado Lázaro…que deseaba saciar su hambre con lo que tiraban de la mesa del rico…Un día el pobre murió y fue llevado al seno de Abraham. También murió el rico y fue sepultado. Y en el abismo, cuando se hallaba entre torturas, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro en su seno. Y gritó: -Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje en agua la yema de su dedo y refresque mi lengua, porque no soporto estas llamas. Abraham respondió: -Recuerda, hijo, que ya recibiste tus bienes durante la vida, y Lázaro, en cambio, males. Ahora él está consolado y tú atormentado…’

Cuando vio que no había nada que hacer pidió que mandase a Lázaro a su casa para avisar a su familia que enmendasen sus vidas. La respuesta que recibió de Abraham también estaba clara y no admitía discusión alguna: ‘Ya tienen a Moisés y a los profetas. ¡Que los escuchen! 
 RICO EPULÓN EN EL INFIERNO.-JAMES TISSOT.-S.XIX - XX
Él insistió: -No, padre Abraham, si se les presenta un muerto se convertirán. Entonces Abraham le dijo: -Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco harán caso aunque resucite un muerto.’ (Lc. 16, 19-31).

Patético si se quiere, pero real. Eso es lo que tenemos. Jesús llama ‘insensato’ al rico que hizo planes para muchos años. ¿Cuántos insensatos existen hoy en el mundo? ¿Alguien puede saber el momento de presentarse ante Dios en lo que es conocido como el ‘juicio particular’ de cada persona? ¿Va a ir con sus manos llenas o vacías? ¿Qué será lo que oirá de parte de Dios, ya para toda una eternidad, como en el caso del rico que veía la necesidad de Lázaro y no se preocupaba de su hambre?

En este último caso nos encontramos con algo más claro. Abraham responde a la petición del rico que mande al pobre Lázaro que tienen a Moisés y a los profetas que decían las cosas con claridad meridiana, pero ¿y hoy? Amigos…Hoy tenemos Alguien superior a Moisés y a los profetas. Es el mismo Dios, hecho hombre en la persona de Jesús de Nazaret, quien nos ha marcado una pauta de vida y nos ha dejado, como en todos los tiempos ha hecho, una libertad para ser rectamente usada.

En nombre de ella se cometen las mayores barbaridades y aberraciones, porque esa libertad tiene unos límites establecidos en la Ley Natural, Ley de Derecho Divino establecida en el Sinaí, para los hombres y mujeres de todos los tiempos. El ‘No matarás’ obliga a todos y para todos los casos. Pero hay quien se empeña en hablar de ‘muerte digna’ a la eutanasia, como si la muerte fuese digna o indigna. La muerte es lo que es y es para todos. Como he dicho anteriormente, hablaremos de ella.

El grito absurdo de esas mujeres ‘nosotras parimos, nosotras decidimos’, plantea una falsa premisa referente a su libertad, porque la vida del ser que puedan llevar en su interior es innegociable y tiene derecho a vivir. Dios es el Señor de la Vida y a Él pertenece disponer de ella. Pero prescindimos del Creador y queremos hacer lo que queramos en nombre de una falsa idea de la libertad. ¿Estarán llamando luego a Jesús para que envíe al inocente que abortaron con la yema mojada de su dedito para aliviarles su sufrimiento?

JUICIO FINAL.-PIETER POURBUS.-RENACIMIENTO
El ‘no codiciarás los bienes ajenos’ del Decálogo, supone respetar lo que no es nuestro, pero algunos, podridos de dinero y corrupción, no se detienen ante nada ni nadie y consiguen riquezas por medios ilícitos. Hay quien con engaños se ha quedado con los ahorros de ancianos y de personas humildes que, con sacrificios sin cuento, habían conseguido tener algo de dinero recogido para su vejez o para algunas necesidades imprevistas.

CONVERSIÓN DE SAN PABLO.-ANDREA SCHIAVONE.-RENACIMIENTO
Quizá alguno piense que me estoy poniendo apocalíptico y que exagero. Pienso que no, y la prensa diaria constantemente nos está contando casos concretos a diario. Las cosas son como son. Es innegable que Dios y la Iglesia han tenido y siguen teniendo persecuciones porque algunos se empeñan en que ‘molestan’ para los objetivos de sus vidas. Se les puede aplicar lo que el mismo Jesús dijo a Saulo, según le cuenta al rey Agripa cuando le refirió su conversión: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Es inútil que des coces contra el aguijón. Yo pregunté: -¿Quién eres, Señor?  Y el Señor respondió: -Yo soy Jesús, a quien tú persigues’ (Hech.26, 14-15). Pues…eso mismo es posible que algunos, incluso los que hoy orquestan una persecución a Jesucristo más o menos solapada, oigan cuando en sus oídos resuene la voz de Jesús al ser llamados a su presencia.

LA PARUSÍA.-MARTEN DE VOS.-MANIERISMO
No hay que jugarse la eternidad, que mal que le pese a quien sea, existe. Para lo bueno y para lo malo. Si creemos y esperamos en Jesucristo, esforzándonos en cumplir su voluntad, con todos nuestros fallos y errores, nada hemos de temer. Su misericordia es infinita. Si se va ‘de listo por la vida’ y le obvia en su existencia, corre el riesgo de no tener ocasión de cambiar el rumbo de la vida que lleva. Cierto es que Dios no se vuelve atrás de lo que dice, y cuando dijo por medio de Isaías que ‘aunque vuestros pecados sean como escarlata, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como púrpura, quedarán como la lana’. (Is.1, 18), lo cumple y lo cumplirá. Eso es Palabra de Dios y no tiene nada que añadir ni que quitar. 
La próxima entrada acabaremos este tema, si Dios quiere.

Que Jesucristo Glorioso y su Madre, Nuestra Señora de Beauraing, nos bendigan y protejan

domingo, 2 de junio de 2013

Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre

ASCENSIÓN DE JESUCRISTO.-SALVADOR DALÍ.-SURREALISMO 
¿Cuántas veces habremos celebrado los cristianos esta festividad? Recuerdo que desde mi infancia oí un refrán que decía: ‘Tres jueves hay en el año que relucen como el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el Día de la Ascensión’.  Eran unas festividades entrañables por los distintos contenidos que cada una encierra y continúan siéndolo. Pero ¡qué pena que estas dos últimas se haya trasladado su celebración a domingo! Parece, al menos para mí, que les falte algo…
Aunque en anteriores ocasiones las haya tocado de pasada, en el comentario del Credo que estamos haciendo tiene un lugar. Y muy importante, porque es posible que no nos hayamos detenido a profundizar en su significado. ¿Qué encierra la expresión ‘Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso?
SANTÍSIMA TRINIDAD Y LA VIRGEN.-MIGUEL CABRERA.-S.XVIII.-
ARTE COLONIAL
En el Credo está, ciertamente de forma muy sucinta, el proyecto de la Santísima Trinidad con la Humanidad y nuestra aceptación de todo cuanto en él se expone. Después de expresar que creemos y aceptamos al Padre como Creador, pasamos a enumerar los distintos momentos en que el Hijo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, asume nuestra naturaleza humana en la persona de Jesús de Nazaret, como Redentor y Salvador de todas las personas, y que a los largo de los siglos fue anunciado por los Profetas y recogido en las Escrituras, incluido que nacería de una Madre Virgen, la cual tuvo un especial protagonismo en la Redención, como todos conocemos. Él era, real y verdaderamente, la presencia de Dios en nuestro mundo, la Palabra Creadora con la que el universo fue creado. El Logos.
Pues bien. Cuando se cumple la plenitud de los tiempos y se hacen realidad todas la profecías anunciadas, se plenifica la Redención con la Resurrección de entre los muertos de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, venciendo a la muerte y, sobre todo, venciendo al padre de la mentira y del Mal y a sus ángeles rebeldes.
RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO .- 
AGNOLO BRONZINO.- RENACIMIENTO
Una vez cumplida la misión para la que había nacido, ya no tenía razón de ser su   estancia sobre nosotros. Pero como nos conocía y nos quería para Él no nos abandonó a nuestras fuerzas que, ciertamente, eran pocas. Preparó las cosas para continuar estando de forma distinta con nosotros, con cada uno de nosotros, dejándonos la Iglesia y los Sacramentos, especialmente la Eucaristía. Y de ese aspecto es el que voy a intentar comentar en esta entrada.
San Lucas, al final de su Evangelio, nos relata el momento: ‘Los llevó hasta cerca de Betania, y levantando sus manos, les bendijo, y mientras les bendecía se alejaba de ellos y era llevado al cielo. Ellos se postraron ante Él y se volvieron a Jerusalén con grande gozo. Y estaban de continuo en el templo bendiciendo a Dios’. (Lc. 24, 50-53).

Hay varios puntos en los que me he detenido a meditar en distintas ocasiones. La Redención no tiene otro objetivo que recuperemos la oportunidad de estar con Dios. Él no se resigna a perdernos por la desobediencia de nuestros primeros padres. 
ASCENSIÓN DE JESÚS .- GAROFALO.-MANIERISMO
Nos quiere ver absoluta y totalmente felices. ¡Si nos creó para eso! De hecho, una de las primeras cosas que hace Jesús al resucitar es descender al Limbo de los Justos para anunciarles la liberación del estado en el que estaban y que gozasen plenamente de Dios, en el que habían creído y con quien habían colaborado.
Al ascender al cielo hace realidad la promesa hecha un tiempo antes: ‘En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así os lo diría, porque voy a prepararos el lugar. Cuando yo me haya ido y os haya preparado el lugar, de nuevo volveré y os tomaré conmigo para que donde yo estoy esteis también vosotros.’(Jn. 14, 2-3). Dicho con otras palabras, desea que todos participemos de su Vida en la auténtica Casa: su Reino, del que tanto habló y que tan pocos entendieron. Fue a partir de Pentecostés, al hacerse presente el Espíritu de Dios a la Virgen y a los discípulos, cuando comienzan a entender el mensaje del Maestro. 
San Pablo dice cuando escribe a los cristianos de Éfeso: ‘No ceso de dar gracias por vosotros y de hacer de vosotros memoria en mis oraciones para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo y Padre de la gloria os conceda espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, iluminando los ojos de vuestro corazón. Con esto entenderéis cuál es la esperanza a que os ha llamado, cuáles las riquezas y la gloria de la herencia otorgada a los santos y cuál la excelsa grandeza de su poder para con nosotros los creyentes, según la fuerza de su poderosa virtud, que Él ejerció en Cristo resucitándolo entre los muertos y sentándolo a su diestra en los cielos’. (Ef. 1, 16-20).
Pienso que no comprenderemos del todo nuestro papel en el mundo si solamente miramos y nos quedamos con la forma de vida que nuestra sociedad nos presenta. Parece que solamente desde el materialismo y el ‘tener’ o ‘poseer’ (cosas, objetos, dinero,…) vamos a encontrar nuestro camino de cara a un futuro. 
SAN AGUSTÍN Y SANTA. MÓNICA
Al nuestro. Craso error. Nuestro destino último, por mucho que se nos quiera apartar de ese camino, es Dios. ‘Nos hiciste para Ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti’. Conocen al autor de este pensamiento, ¿verdad? San  Agustín tardó en darse cuenta, pero cuando lo hizo encontró el auténtico Camino de su vida. Su madre, Santa Mónica, sabe lo que lloró y sufrió hasta que su hijo dio el vuelco. No importa el tiempo. Lo importante es que nos entreguemos a la Misericordia de Dios y nos empeñemos en dar el vuelco necesario. La paciencia de Dios es infinita. Su Misericordia, también.
El mismo Jesús durante su vida pública tuvo que luchar contra muchas concepciones sociales y de la interpretación de la Ley Mosaica en su tiempo. Pero lo hizo. Nosotros, dentro de nuestros límites, debemos seguir su ejemplo y pedir la acción del Espíritu en nosotros. Entre otras cosas, para eso se hizo presente en Pentecostés: ‘Recibiréis la virtud del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra’. (Act. 1, 8). Somos la esperanza de Jesucristo. Sus instrumentos. Sus colaboradores. Sus hermanos inmersos en la Iglesia por Él fundada y que tanto se ha perseguido siempre y también ahora.
Estas palabras suyas son las que han motivado a la Iglesia a adentrarse en la Historia con la bandera de la Palabra de Jesucristo, cumpliendo el encargo recibido. El Papa Francisco es ahora el timonel de la barca de Pedro. Nosotros, la tripulación. Cada generación hará realidad este encargo a golpes de Espíritu Divino que se encargará de que en cada tiempo, en cada etapa de la Historia, se conozcan los signos de los tiempos y la voluntad del Supremos Hacedor.
PENTECOSTÉS.-JUAN BAUTISTA MAÍNO.-BARROCO
 ‘Y las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia’ (Mt. 16, 18). ‘El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán’. (Mt. 24, 35)
Entonces, ¿hemos de vivir alejados de la sociedad, de cuanto nos rodea, de lo que queremos,..? ¡No, por favor! No es eso. Vamos a fijarnos en el relato que de la Ascensión de Jesús hacen los Hechos de los Apóstoles: ‘Diciendo esto y viéndole ellos, se elevó, y una nube le ocultó a sus ojos. Mientras estaban mirando al cielo, fija la vista en Él, que se iba, dos varones con hábitos blancos se les pusieron delante y les dijeron: -Varones galileos, ¿qué hacéis mirando al cielo? Ese Jesús que ha sido llevado de entre vosotros al cielo vendrá así como le habéis visto ir al cielo.. Entonces se volvieron del monte llamado Olivete a Jerusalén, que dista de allí el camino de un sábado’. (Act.1, 9-12).
ASCENSIÓN DE XTO.-HARRY ANDERSON.-S. XX
Si observamos el momento, realmente emocionante para ellos (y tal vez para nosotros si intentáramos ‘estar’ allí presenciándolo), solamente vivían el ‘ahora’. No lo olvidarían jamás ese instante, realmente trascendente y único. Pero el mensaje que recibieron de los mensajeros celestiales les sacó de su ensimismamiento. Se volvieron a Jerusalén. Poco a poco se fueron percatando que para ellos todo empezaba a partir de ahora. Volvieron a su realidad. ‘Estaban de continuo en el templo bendiciendo a Dios’, como hemos dicho antes. Pero eso fue el principio. Después…había que hacer realidad el encargo recibido: ‘Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra’. Y empezaron. Y con ellos empezó la Historia de la Iglesia que Jesucristo nos dejó en herencia para nuestro bien. Y que nosotros, al nacer y recibir el Bautismo, recibimos unas páginas para escribir en ellas una parte de esa Historia. Porque también somos herederos y destinatarios de aquel encargo que dio en su Ascensión.
Pero ese es nuestro camino. Jesucristo con su Ascensión nos está preparando la nuestra para ocupar la ‘morada’ que nos tiene destinada. Hemos de tener los pies en el suelo viendo la realidad que nos rodea y dar la respuesta que Él mismo hubiera dado, según los carismas o talentos que nos ha dado para ser sus testigos, sus ojos, sus manos, sus pies,…en el tiempo que vivimos aun con las limitaciones que tengamos. 
ASCENSIÓN DE CRISTO.-HERMANOS LIMBOURG.-GÓTICO INTERNACIONAL
Lo que no debemos permitir es que fracase en nosotros el sacrificio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Quien lo dio todo por cada uno de nosotros. Se trata de dar una respuesta, la nuestra, en la construcción del Reino de Dios.
Finalizo con las palabras del beato Juan Pablo II, que lo recogió muy bien: ‘El misterio de la Ascensión nos abre hoy el horizonte ideal desde el que se ha de enfocar este compromiso. Es, ante todo, el horizonte de la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado. Asciende al cielo como rey de amor y paz, fuente de salvación para la humanidad entera. Asciende ‘para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros, como hemos escuchado en la carta a los Hebreos (Heb. 9,24). La palabra de Dios nos invita a tener confianza: ‘es fiel quien hizo la promesa’ (Heb. 10, 23) .- (Juan Pablo II. 24 de mayo de 2001.-Homilía en la clausura del VI Consistorio Extraordinario).

Que Nuestro Señor Jesucristo, ya a la derecha del Padre, y su Madre Nuestra Señora de Eunate nos bendigan y protejan.