viernes, 6 de septiembre de 2013

Creo en la Santa Iglesia Católica (II)

PENTECOSTÉS.-ALVISE DAL FRISO.-MANIERISMO
Continúo la entrada anterior con  una cita apoyando lo último expuesto. Fíjense:
 ‘Es cosa normal que, en medio de este mundo tan agitado, la Iglesia del Señor, edificada sobre la piedra de los Apóstoles, permanezca estable y se mantenga firme sobre esta base inquebrantable contra los furiosos asaltos de la mar (cfr. Mt.16, 18). 
SAN AMBROSIO.-MATTHIAS STOM.-BARROCO 
Está rodeada por las olas, pero no se bambolea, y aunque los elementos de este mundo retumban con un inmenso clamor, ella, sin embargo, ofrece a los que se fatigan la gran seguridad de un puerto de salvación’. (San Ambrosio. Carta 2, 1-2). No olvidemos que este santo vivió en el siglo IV. ¿Se dan cuenta que a lo largo de los siglos podemos ver una línea constante de verse combatida, perseguida, precisamente por proclamar las Bienaventuranzas, la justicia, la solidaridad, el Mandamiento Nuevo que nos dio Jesús y tantas y tantas cosas y valores que ayudan a ser mejores en los aspectos material y espiritual de la persona? El Espíritu Santo de Pentecostés es el mismo de hoy.
Una de las cosas que me ayudó mucho, como digo más abajo, fue el descubrimiento de que no podíamos separar Pentecostés de la Pascua de Resurrección y de la Ascensión.
ASCENSIÓN DE XTO.-DELLA ROBBIA.-RENACIMIENTO 
Forman un todo en el nacimiento de aquella primitiva Iglesia y de la nuestra de hoy de la que somos continuadores a golpes de Espíritu Santo que nos empuja a ello cuando nos entregamos a Él y le abrimos la puerta del corazón. Y no nos dejará mientras no lo dejemos nosotros, porque siempre está infatigablemente a nuestro lado renovándonos interior y exteriormente para seguir siendo sus testigos en los ambientes en los que nos desenvolvemos.
¡Cómo nos va a dejar! De la misma manera que animó la joven comunidad que comenzaba a formarse anima las distintas comunidades actuales.  ¿Cómo podemos ver si no, las distintas JMJ desde la última en Brasil hasta la primera iniciada por Pablo VI y que impulsó, si no recuerdo mal, el beato Juan Pablo II? París, Roma, Toronto, Colonia, SídneyMadrid y últimamente en Río de Janeiro, en la que vimos disfrutar y vibrar al Papa Francisco con los jóvenes de todo el mundo, es una clara demostración de la presencia del Espíritu impulsando la Iglesia.
En el fondo de todo está Él, inspirando a quien quiere y cuando quiere, porque la Iglesia fundada por Jesucristo es también su Iglesia. Y la del Padre. 
EL PAPA FRANCISCO EN LA JMJ DE RÍO
Es la Iglesia de un solo Dios en esencia y Trino en Personas. Es una de las cosas fenomenales de nuestra Iglesia: “Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia, y el Espíritu es la verdad; alejarse de la Iglesia significa rechazar al Espíritu” (SAN IRENEO.-Tratado contra las herejías, 3,24,).

A lo largo del tema iremos viendo otras ¿cosas? también fenomenales. No nos quedemos, pues con un Pentecostés como una festividad litúrgica aislada conmemorando solamente a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. En el transcurso de una homilía dominical auténticamente genial, descubrí la relación de esta festividad con la Pascua de Resurrección y la Ascensión de Jesucristo. Es un todo dentro de la riqueza de la Liturgia de la Iglesia Católica.
Tan bien hizo Jesús la fundación de la Iglesia, que aquella incipiente comunidad no quiso que se terminara. No la planificó solamente para este mundo, sino que la proyectó también para su continuidad en el Reino de su Padre. Nosotros somos aquí, lo mismo que Pedro y los primeros cristianos, la Iglesia Militante. Nos formamos, tenemos una relación con Dios a través de la oración y de los Sacramentos, damos la cara por el Maestro cuando hace falta, trabajamos por la Iglesia como obra de Jesucristo y por Él mismo, según los carismas y los talentos que nos ha dado a cada uno,…
Pero cuando morimos esto no se acaba. Si hemos cumplido con Dios como corresponde, Dios cumple con nosotros otorgándonos un puesto en la Iglesia Triunfante en el mismo Paraíso que Cristo prometió a Dimas, el buen ladrón, en el suplicio del Calvario: 'En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso'. (Lc.23, 43). 
JESÚS RECIBE EL ALMA DE UN JUSTO
Y también nos lo aseguró cuando dijo: ‘Venid, benditos de mi Padre…’ (Mt. 25, 31-46). Él quiere, desea fervientemente nuestra salvación y no dudó en encarnarse para lograr ese objetivo. Tanto es así, que a quienes han muerto pero tienen alguna imperfección que purificar, les permite hacerlo en el Purgatorio para luego ir con Él a la Gloria. Es lo que la Iglesia llama ‘la Iglesia Purgante’. Todos juntos formamos la Comunión de los Santos con nuestras oraciones, sacrificios e intercesiones ante Dios.
‘Sucede que algunos mueren sin haber podido satisfacer totalmente la penitencia debida por sus pecados, de los que ya se han arrepentido. No es congruente con la divina justicia que no satisfagan… Así pues, padecen esta pena después de la muerte, pero no en el infierno, en el cual padecen los hombres por sus pecados mortales, ya que sus pecados mortales han sido perdonados por la penitencia… Es necesario, pues, admitir que existen penas temporales y purgatorias después de esta vida y antes del juicio final’ (SANTO TOMÁS, De rationibus fidei). Así nos lo explica este Santo de la Iglesia.
En este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en su punto 1030: ‘Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo’.
PURGATORIO.-LA VIRGEN INTERCEDE POR ESAS ALMAS.-AUTOR DESCONOCIDO
¿Cómo podemos tener la certeza de esto? ¡Hombre! En primer lugar porque el mismo Jesús nos lo dijo a lo largo de su predicación en sus tres años de vida pública como está recogido en los Evangelios. En el párrafo anterior ya he puesto una cita que por sí sola nos lo dice, pero hay otros muchos fragmentos que lo corroboran. Tanto es así, que San Pablo animaba a la Iglesia de Corinto de esta manera: ‘…está escrito: Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por el corazón del hombre, las cosas que preparó Dios para los que le aman. A nosotros, en cambio, Dios nos lo reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, incluso las profundidades de Dios.’ (I Cor. 2, 6-10).  Y como hemos visto en la cita de Sto. Tomás y del Catecismo Católico, la Iglesia lo ratifica.
Siguiendo con la Iglesia, vemos que Jesucristo, al enviar por todo el mundo a predicar el Evangelio a toda criatura (Mc. 16, 15), hace ver que si bien es universal, como veremos más adelante, debe tener una estructura en cada parte dentro de la unidad y de la autoridad del Papa. San Pablo saluda a los cristianos de Corinto de esta manera: ‘Pablo, llamado por voluntad de Dios a ser apóstol de Cristo Jesús, y el hermano Sóstenes, a la Iglesia de Dios que está en Corinto’ (I Cor. 1, 1-3). 
Está manifestando una sola comunidad de creyentes, una sola Iglesia (la Iglesia de Dios) localizada en aquella parte del mundo, es decir, también hay unas comunidades locales, en este caso la que está en Corinto. ‘Las iglesias de las ciudades y de los pueblos, aun siendo muchas, son una única Iglesia. Porque Cristo, perfecto e indivisible, es único en todas ellas’. (ORÍGENES. Homilía para el tiempo pascual).
ORÍGENES.-ICONO MODERNO
Y la presenta como una comunidad de creyentes con un solo cuerpo: Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo.  Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo: judíos y griegos, esclavos y hombres libres, y todos hemos bebido de un mismo Espíritu’. (1 Cor 12, 12-13). Y como dijo Jesús a sus discípulos: ‘Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí como yo estoy unido a Él (al Padre), produce mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada’. (Jn. 15, 5). Jesucristo, fundador de la Iglesia, es su cabeza. Nosotros, miembros de su cuerpo. El Espíritu Santo, el impulso de Dios que nos anima a trabajar, codo con codo, con Dios.
En esta comunidad de creyentes, dentro de nuestra relación con la Trinidad Santísima, le damos el culto de adoración que merece, lo cual también nos convierte en una comunidad litúrgica. ‘En la Liturgia de la Iglesia, la bendición divina es plenamente revelada y comunicada: el Padre es reconocido y adorado como la fuente y el fin de todas las bendiciones de la Creación y de la Salvación; en su Verbo, encarnado, muerto y resucitado por nosotros, nos colma de sus bendiciones y por él derrama en nuestros corazones el don que contiene todos los dones: el Espíritu Santo’. (Catecismo de la Iglesia Católica. Segunda Parte. Primera sección. Núm. 1082).
Es el Espíritu Divino quien nos hace comprender el mensaje de la Palabra, que juntamente a la Eucaristía, son alimento de la Iglesia: La Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf. DV 21).  En la sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza (cf. DV 24), porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13). «En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos» (DV 21).’ (Catecismo de la Iglesia Católica. Puntos 103 y 104).
Esto es lo que nos hace decir que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Siendo cada uno de nosotros unas individualidades con nuestras propias características, nos sentimos unidos a Él mediante la oración, pero especialmente mediante la Eucaristía. Y también Jesús se une  ahí con nosotros. Ese momento es uno de los que se hace realidad lo que dijo el Maestro: ‘Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él’. (Jn. 14, 23). No se puede evitar en la acción de gracias después de recibir el Cuerpo de Cristo, de agradecerle el gesto de morar en nosotros. De estar en nuestro interior. De morar en nosotros en ese abrazo de intimidad  mística con el Verbo de Dios.
LA SANTÍSIMA TRINIDAD
No es cuestión de un momento pasajero. No. Jesús nos lo dijo: ‘Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él’. (Jn. 6, 56). Y esto es realidad cada vez que nos acercamos al altar a recibirle o cuando le recibimos en el lecho del dolor en las enfermedades. Permanecemos unidos a Él como Él lo está con nosotros. (Jn. 15, 4). Discúlpenme, pero permítanme que  les aporte un testimonio familiar en este sentido. En lo referente al dolor en el lecho de la enfermedad soy testigo directo en las dos operaciones de columna que he tenido y, últimamente, cuando mi esposa fue arrollada por un coche el año 2009. Estuvo gravísima. El equipo médico nos advirtió que no contásemos con ella. Entre otras graves lesiones en la cabeza y otras partes del cuerpo, tenía una hemorragia subdural en el cerebro que no tenía operación. O la absorbía por sí misma o se iba con el Padre.  Lo comuniqué a nuestros amigos sacerdotes, a cuantos habíamos compartido actividades en la Iglesia Diocesana y la encomendamos a la oración de la Iglesia Universal.
A pesar de estar inconsciente casi 24 horas, pedí la Unción  de Enfermos para ella. Cuarenta minutos después de recibirla comenzó a reconocernos y cuatro días después había pasado el peligro. Todos los días recibía la Comunión y la oración habitual familiar y de todos cuantos nos conocían era para ella. 
MI ESPOSA POCO DESPUÉS DEL ATROPELLO
Jesús respondió. ¡Vaya si respondió! Recibió mucho más que el ciento por uno. Hoy continúa en sus labores parroquiales dentro de sus limitaciones, pero ahí está y ahí estamos todos dando una respuesta agradecida a Dios y a la Virgen a quien nos encomendamos todos. Cuando llega uno de esos momentos fuertes en la vida, la fe nos hace confiarnos mucho más a Dios y nos permite unirnos más a la Cruz de Jesucristo. De ese episodio de nuestra vida hay muchas más cosas para contar en las que se vio clarísimamente la mano de Jesús. Tal vez lo relate en alguna otra ocasión.
Cuando rezamos el Credo, decimos: ‘Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica’. Pues bien. Esas son las cuatro notas dominantes de la Iglesia fundada por el Salvador que la caracterizan. De todas ellas vamos a tratar un poquito, una a una, pero antes terminamos aquí esta segunda entrada sobre la Iglesia y seguiremos con ellas en la próxima entrada.

Que Jesús de Nazaret, Fundador de la Iglesia  y su Madre  Nuestra Señora de Siluva nos bendigan y ayuden. 

sábado, 24 de agosto de 2013

Creo en la Santa Iglesia Católica (I)

JESÚS DA LAS LLAVES A PEDRO.-PERUGINO.-RENACIMIENTO
Pues…esta vez el título de la entrada lo he puesto en forma afirmativa. Claramente afirmativa. Como muchos de los cristianos de a pie que a diario andamos por las calles de nuestras respectivas ciudades con nuestros problemas y nuestras pequeñas (o grandes) cruces a cuestas. Pero, ¿todos los cristianos estamos convencidos de creer en ella? Tal vez usted sí y, además, a conciencia. No obstante hay muchas personas, cristianos que se autodefinen como católicos, que dicen ‘creer en Dios, pero no en la Iglesia’. ¿Lo han oído eso alguna vez?
Créanme. Personalmente sí que lo he oído. Desgraciadamente, muchas más veces de lo que me hubiese gustado. Las argumentaciones de estas personas (insisto en que me refiero a las personas que lo decían delante de mí y de otras personas) eran paupérrimas. No había consistencia alguna en sus planteamientos. En mi interior sentía la tristeza de oír las erróneas conclusiones a las que llegaban, porque estaban planteando una ausencia de experiencia eclesial por una parte y por otra una ignorancia de los Evangelios y de la persona de Jesús de Nazaret.
BASÍLICA DE SAN PEDRO, EN EL VATICANO
Daban a entender en el primer caso que no les interesaba conocer la Iglesia porque su doctrina, (fundamentada en la doctrina de Jesucristo contenida en los Evangelios), era un serio obstáculo para su concepción de la vida y del tipo de sociedad que les interesaba vivir. En cuanto al segundo, estaba claro que su concepto de Dios y del Redentor, lo tenían definido según les convenía a ellos. Se habían fabricado un dios a su medida que no tenía nada que ver con Quien había venido a redimir el género humano a instancias del Padre y apoyado en todo momento por el Espíritu Santo.
Por supuesto que aquí hay tema para muchísimo espacio, pero tampoco se trata ni de escribir ningún libro ni tampoco, eso menos todavía, de criticar o juzgar esas personas.
JESUCRISTO DA LAS LLAVES A PEDRO.-PIERRE BERGAIGNE.-BARROCO
 No es de mi competencia, si bien me ha servido como un hecho, que desdichadamente se da, para entrar en este punto del Credo que comentamos. Sin embargo, por la importancia que tiene según creo, le voy a dedicar varias entradas, no muy largas para no hacerlo pesado.
En primer lugar, ¿de dónde procede el nacimiento de la Iglesia Católica? De los evangelistas que vivieron el día a día con Jesús, Mateo y Juan, solamente el primero lo menciona.  Debió tener una vivencia tan íntima que en su Evangelio nos lo dejó explícitamente claro: Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Él les dijo: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo’. (Mt. 16, 13-20).
Lo primero que todos debemos tener claro es que el mismísimo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, quiso hacerlo así y así lo hizo. Con una base humana, los Apóstoles y discípulos que le seguían, y con un ‘primus inter pares’, es decir un primero (Pedro) entre sus iguales (el resto de Apóstoles). 
DOCE AMIGOS DE JESÚS
Sobre esa roca se fundamenta la base humana de la Iglesia Católica con la primacía de Pedro, por designación directa del Redentor, como primer Vicario del Maestro. O sea, que fue, como lo nombramos hoy, el primer Papa de la Historia de la Iglesia. Permítanme que insista: Así lo quiso el Fundador de nuestra Iglesia Católica para entonces y para los siglos venideros, como estamos viendo ahora y cuyo testigo de que así ha sido con el paso del tiempo es la HISTORIA UNIVERSAL DE LA HUMANIDAD desde el año uno, siglo primero después de Jesucristo. ‘Nada hizo Él ni padeció que no fuera por nuestra salvación, para que todo lo bueno que hay en la cabeza lo posea también el cuerpo’. (San León Magno. Sermón 15, sobre la Pasión).
Los distintos sucesores de Pedro, los Papas, hasta llegar al actual Francisco, y de los Apóstoles, los Obispos de las distintas Diócesis del mundo, hasta llegar al que cada uno tenga en su Diócesis respectiva, son los encargados de cumplir con el deseo y la misión que Jesús encomendó. Y ellos y nosotros sabemos que para ello tenemos la promesa de la Cabeza de la Iglesia de ayudarnos a todos: ‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta el fin del mundo’. (Mt. 28, 16-20).
PENTECOSTÉS.-GIOVANNI LANFRANCO.-BARROCO
Digamos que esto es el principio histórico que se ha ido desarrollando. Pero es necesario decir también que el nacimiento de la Iglesia como tal, su puesta en marcha, está en el día de Pentecostés, cincuenta días después de la Pascua de Resurrección: Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente un ruido del cielo, como de viento impetuoso, llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron como lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos de todas las naciones que hay bajo el cielo.
 Al oír el ruido, la multitud se reunió y se quedó estupefacta, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Fuera de sí todos por aquella maravilla, decían: "¿No son galileos todos los que hablan? Pues, ¿cómo nosotros los oímos cada uno en nuestra lengua materna?’. (Act. 2, 1-6).
Naturalmente que ustedes conocen este fragmento de los Hechos. ¿Cuántas veces lo habremos meditado y lo habremos recordado? ¿Y no hemos sentido un poquito de sana envidia por no estar allí en esos instantes? Pues no, no estábamos allí en ‘esos’ instantes, pero estamos ‘aquí’ también en esos instantes, porque el mismo Espíritu de Dios que los llenó a ‘ellos’, también hoy nos llena a ‘nosotros’ cada momento. No me detengo en esto porque las dos últimas entradas hemos hablado de Él. Pero es así y cada uno de los que están abiertos a su acción, podría contar múltiples experiencias y vivencias personales en este sentido.
MISA SOLEMNE EN LA CATEDRAL DE SAN SALVADOR
Precisamente porque el Espíritu actualiza aquel Pentecostés en el Papa, la Jerarquía, sacerdotes y religiosos y religiosas aquí y ahora, y porque también lo hace con cada uno de los laicos bautizados, cabe hacer una consideración. La palabra ’Iglesia’ puede encerrar un concepto más o menos abstracto, pero de alguna manera hay que llamar a ese conjunto de personas que aceptan seguir a Jesucristo reunidos en una comunidad. Sin embargo el concepto ‘Iglesia’ encierra en sí mismo un concepto mucho más claro, mucho más útil, mucho más práctico, mucho más…revelador. Un concepto que para muchas personas, especialmente para aquellos que nombraba al principio que dicen no creer en ella pero sí en Dios, si se dieran cuenta de este pequeño ‘detalle’ tal vez creerían en la Iglesia. No podemos olvidar que el sentido auténtico de la Iglesia es que somos todos y cada uno de nosotros, los que la componemos, las piedras VIVAS que componemos esa Iglesia Universal que Jesús quiso fundar sobre una de esas piedras: Pedro. Y la Iglesia será lo que nosotros, con nuestra actuación y trabajo cumpliendo con la voluntad de Dios, la construyamos, conservemos y prestigiemos día a Día.
‘Tu es Petrus et super hanc petram ædificabo ecclesiam meam  et Portae inferi no prævalebunt adversus eam’. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. 
JESÚS ENTREGA LAS LLAVES DE LA IGLESIA A PEDRO.-MASTER OF THE LEGEND OF THE HOLY PRIOR, c. 1470.-RENACIMIENTO
Disculpen el latín anterior, pero me lo hicieron aprender así cuando estudiaba el Bachillerato. Es un pequeño homenaje a aquel sacerdote-profesor que tuve. Continúo. Si aquella roca, aquella ‘piedra’, era un hombre, el resto de las piedras para formar este magno edificio somos todos los que hemos recibido el Sacramento del Bautismo. Si esas personas a las que me refiero no creen en la Iglesia y están bautizados, no están creyendo en ellos mismos y se están echando piedras a su propio tejado. Y cada uno de nosotros, ellos también, tenemos nuestra propia responsabilidad en nuestra pertenencia y permanencia en la Iglesia de Jesucristo.
Pero sí que deseo destacar también  un detalle, aparentemente insignificante en el primitivo Pentecostés que nos relatan los Hechos de los Apóstoles: ‘Estaban todos juntos’, es decir, estaban unidos. Y unidos siguieron cumpliendo el encargo del Maestro. Si hacemos una mirada introspectiva a nuestro cristianismo, ¿podemos decir que sentimos la misma unión que tenían ellos? Me da la impresión que eso ya es más complicado, ¿verdad? Por mi triste experiencia vivida a lo largo de más de cincuenta años trabajando por la Iglesia en las Parroquias y en varias Diócesis, ocupando en ocasiones cargos diocesanos, he visto muchas cosas, pero jamás he permitido que hicieran mella en mi cristianismo, aunque momentos de desánimo y tristezas…algunas hubo. A fin de cuentas, la Iglesia si se mantiene en su puesto, a pesar de las persecuciones que ha sufrido y vergonzosamente aun continúan hoy en distintos lugares del planeta, no es por las personas que la formamos.
NUESTRA SEÑORA DE LA ISLA DEL PRÍNCIPE EDUARDO
Dejemos momentáneamente aquí esta entrada que continuaremos próximamente. Que Nuestro Señor Jesucristo resucitado y triunfante y su excelsa Madre, Reina de la Creación, nos bendigan. 

sábado, 10 de agosto de 2013

Creo en el Espíritu Santo (y II)

PENTECOSTÉS.-DOMENICO PIOLA.-BARROCO
Cumplo con mi palabra empeñada en la entrada anterior de finalizar este tema con esta segunda parte de la entrada. Ciertamente he tenido algún que otro problema, porque ¡hay tantas cosas que decir y desde tantos ángulos! He seguido apoyándome en la Sagrada Escritura, pero también me he inclinado por la opinión valiosísima y muy acertada de los Padres de la Iglesia. En ellos hay una fuente inmensa de aprendizaje para nuestra vida, después del Evangelio. Pero aún así, he tenido que recortar mucho. En fin. No les canso más. Comencemos.
Un amigo mío, sacerdote, me dijo en una ocasión: ‘La mejor prueba de que Dios está presente en la Iglesia es que si las personas que la formamos no la hemos destruido con nuestro comportamiento como pecadores que somos, es que el Espíritu de Dios está ahí constantemente’. 
JESÚS DA A PEDRO LAS LLAVES DEL REINO.-JEAN AUGUSTE INGRES.-NEOCLASICISMO
Y así es, porque en definitiva, ¿quién está llevando la Iglesia adelante desde hace XXI siglos a pesar de los intentos de Satanás para imponer su reinado en el mundo? ‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella’ (Mt. 16, 18-19).
 Cuando en la homilía de una Eucaristía el sacerdote celebrante nos  explica la Palabra, ¿quién abre nuestro entendimiento y nuestro corazón para captar lo que se nos dice? ¿Quién personaliza y actualiza la Palabra de Dios en nosotros cuando leemos algo de la Biblia que nos ‘dice’ algo para nuestra vida? No tengamos la menor duda de que el Espíritu Santo es nada menos que la Memoria viva de la Iglesia, según dice San Juan: ‘El Paráclito, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recordéis lo que Yo os he enseñado y os lo explicará todo’ (Jn. 14, 26).
Me parece que todos hemos oído hablar de los carismas, esos dones o gracias que Dios nos da a cada uno para realizar la función concreta a la que nos quiere destinar para dar fruto en la Iglesia, según la vocación que tiene o para la misión que Dios le encomienda. Es lo que se ha venido llamando ‘la gracia de estado’. Lógicamente no iguales para todos y de eso nos habla San Pablo de forma magistral: ‘Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común, porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas.
DONES DEL ESPÍRITU SANTO
Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad. Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu’.(I Cor. 12, 4-13).
La Patrística tiene páginas grandiosas sobre muchísimos temas. En el tema que mencionamos nos dice uno de los Padres: ‘Recuerda, pues, que has recibido el sello del Espíritu, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, espíritu de santo temor, y conserva lo que has recibido. Dios Padre te ha sellado, Cristo el Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón, como prenda suya, el Espíritu Santo, como te enseña el Apóstol’. (San Ambrosio. ‘Tratado sobre los misterios’).
 
PENTECOSTÉS AYER Y HOY. Y SIEMPRE
Siempre bajo la acción del Espíritu, pero cuidado. Ese regalo divino hemos de saber administrarlo. No olvidemos que están destinados para actuar según los signos de los tiempos y para bien y edificación de la Iglesia de Jesucristo. Nunca debemos presumir o envanecernos de ellos. Al contrario. Hay que ejercerlos desde la gratitud y la humildad. El autor real de ellos es el mismo Dios que nos transforma en sus colaboradores, en los nuevos apóstoles que lo siguen en el siglo XXI, como antaño hicieron Santiago, Mateo, Juan o cualquiera de los Doce. Desde el silencio, pero con la mayor eficacia que podamos empleando lo mejor de nosotros mismos, pero sabiendo que es el Espíritu Santo quien nos está impulsando y asistiendo en cada momento: ‘Todas estas cosas las obra el único y mismo Espíritu, que distribuye a cada uno según quiere’. (I Cor. 12, 11).
Es este sentido viene muy bien lo que dijo una persona: ‘Por Él, los corazones son elevados hacia lo alto, los débiles son llevados de la mano, los que ya van progresando llegan a la perfección; iluminando a los que están limpios de toda mancha, los hace espirituales por la comunión con Él’. 
SAN BASILIO MAGNO
Esa persona era, nada menos, que San Basilio de Cesárea, llamado San Basilio Magno, arzobispo y Padre de la Iglesia griega, en su obra De Spiritu Sancto, en la que reflexiona sobre la Sagrada Escritura y la Tradición cristiana de los primeros tiempos. Esa acción del Espíritu en nosotros me parece que nadie somos capaces de llegar a su auténtico significado por nosotros mismos. Pero sí con su ayuda.
Nosotros somos a los nuevos discípulos de Emaús que cuando nos detenemos a oír, pensar o meditar las Escrituras podemos entender el mensaje que contiene para cada uno de nosotros, gracias a la acción del Espíritu divino en cada uno. Pero es necesario abrirnos a su acción. Hay un precioso versículo en el Apocalipsis que es muy conocido. Quizá por eso no le damos el valor real que tiene, pero su mensaje no tiene desperdicio: ‘Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo’. (Ap. 3, 20). Es el Espíritu Santo quien nos impulsa a meditar el mensaje que conlleva y nos invita a dejarnos llevar, a recrearnos en el momento de ‘la cena que recrea y enamora’, como dice  San Juan de Cruz.

Varias veces lo he nombrado, porque es uno de mis maestros de oración y espiritualidad. Él captó como nadie ese momento en su ‘Cántico Espiritual’: ‘la noche sosegada, / en par de los levantes de la aurora, / la música callada, / la soledad sonora, / la cena que recrea y enamora’. 
SAN JUAN DE LA CRUZ.-IMAGEN DE BULTO REDONDO
Los últimos Ejercicios Espirituales que hice giraron en torno a San Juan de la Cruz. Fueron una auténtica gozada. Fray Eduardo Sanz, carmelita descalzo que los impartió, supo acercarnos y no poco a la figura de este santo y de su obra. De vez en cuando entro en su blog y renuevo aquellos inolvidables momentos.  Y no me cabe ninguna duda que es el Espíritu quien me impulsa a profundizar en mi  espiritualidad, como a cualquiera que desee seguir ese sendero.
Aquí convendría comentar  el concepto de espiritualidad, porque tiene mucho que ver con el Espíritu Santo. 
PENTECOSTÉS.-JOSÉ SEGRELLES.-S. XIX - XX
Un domingo de Pentecostés lo explicaba el sacerdote y personalmente me aclaró muchísimo en qué consistía, porque realmente no es un proceso de interiorización de la Palabra, sino un compromiso que adquirimos con el mismo Espíritu que conforma unas actitudes en nuestra persona y nos conducen a un compromiso serio, formal, hondo, con la Tercera Persona Trinitaria, o sea, con Dios. '¿Vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu, si es que de verdad el espíritu de Dios habita en vosotros’ (Rom. 8, 9), dice San Pablo. Cuando escribe a los gálatas, se expresa de forma parecida: ‘Si vivimos del espíritu, andemos también según el espíritu’. (Gal. 5, 25).
‘El Espíritu Santo se apareció bajo la forma de paloma y de fuego; porque a todos los que llena, los hace sencillos y los anima a obrar; los hace sencillos con la pureza, y los anima con la emulación; pues a Dios no puede serle grata la sencillez sin celo, ni el celo sin sencillez’. (San Gregorio Magno. ‘Homilía 30 sobre los Evangelios’). ¡Cuántas cosas se podrían evitar si fuésemos ‘sencillos como palomas’! (Mt. 10, 16) . ¿Acaso podemos creer que los que dicen trabajar por la Iglesia y buscan interiormente satisfacer su propio ego y hacer ver a todos ‘lo mucho que saben’ actúan realmente con la sencillez de las palomas? ¿Realmente es acción del Espíritu divino o…del espíritu del maligno que obra a través de ellos? 
 
Es decir, que para nosotros los cristianos, vivir y andar según el Espíritu tiene la equivalencia de vivir en Cristo, como también indica Pablo en esa cita tan conocida: ‘Y ya no vivo yo. Es Cristo quien vive en mí’. (Gal. 2, 20). Vida espiritual, por tanto, significa vivir la vida, nuestra propia realidad humana, de forma auténtica y profunda según los impulsos que el Espíritu Santo nos vaya transmitiendo en cada momento. Eso es aspirar a seguir un camino de santidad y perfección haciendo realidad el mandato del mismo Jesús: ‘Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto’ (Mt. 5, 48). 
Y no tengamos miedo a ser perfectos por si acaso cuando ya nos creemos que lo somos Dios nos llama a su presencia. Perfectos solamente hay Tres Personas y son Divinas, formando Un Solo Dios Verdadero. A nosotros, pobrecitos mortales, podremos alcanzar cotas de perfección muy altas, como algunos Santos los hicieron, pero no por ellos, sino por los impulsos del Espíritu de quien eran dóciles aprendices: ‘El Espíritu Santo ejerce una acción especial en todos los hombres que son puros en sus intenciones y afectos’. (San Basilio. ‘Comentario sobre Isaías’) 

El Espíritu Santo en quien creemos y manifestamos al rezar el Credo, está manteniéndonos en medios de las dificultades de la vida cotidiana ahora y siempre. 
SIMEÓN EN EL TEMPLO.-REMBRANT.-BARROCO
Hay un personaje bíblico que podríamos señalar como paradigma de esto: ‘Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor’. (Lc. 2, 25-26) Su esperanza era su vida. Creía en aquello que el Espíritu le había revelado. Y tuvo su premio.

No nos quepa duda que cuando alabamos, glorificamos o adoramos a Dios, cuando somos capaces de admirarnos ante las maravillas de la Creación o de darle gracias por el pino o el roble que vemos desde nuestra ventana, lo hacemos por la acción del Espíritu. Hubo un momento  concreto que el mismo Jesús así lo sintió en su estado de ánimo y así lo expresó: ‘En aquel momento, el Espíritu Santo llenó de alegría a Jesús, que dijo: -Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos. Sí, Padre, así te ha parecido bien’ (Lc. 10,21).
JESÚS EN ORACIÓN.-DEL PARSON.-S. XX
¿Cómo se sentiría nuestro Redentor que magnificó así su agradecimiento al Padre? 

Hay que esforzarse para conocer más el Espíritu Divino. ¿Y cómo podemos hacerlo? De la misma manera que un niño va conociendo las personas que le rodean y al tratarlas distingue, poco a poco quienes son sus abuelos, sus hermanos o sus padres, así nosotros por el trato frecuente con el Espíritu a través de la oración, del coloquio del alma con su Santificador,  sabremos conocerlo, amarlo, sentirlo,…adorarlo. El ofrecimiento de nuestra sencillez, de nuestra docilidad reconociéndonos criaturas suyas, allanará mucho el camino. Iremos cubriendo nuestra propia ‘subida al monte Carmelo’.
SUBIDA AL MONTE CARMELO

Así podremos lograr lo que dice San Juan de la Cruz en el preámbulo de esta obra suya: ‘Trata de como podrá una alma disponerse para llegar en breve a la divina unión. Da avisos y doctrina así a los principiantes como a los aprovechados, muy provechosa, para que sepan desembarazarse de todo lo temporal, y no embarazarse con lo espiritual, y quedar en la suma desnudez y libertad de espíritu, cual se requiere para la divina unión, compuesta por el padre fray Juan de la Cruz, carmelita descalzo’. 

Hay trabajo, ¿verdad? Y para todos. Es cuestión de poner nuestra disponibilidad en manos de Dios y pedirle confiada y esperanzadamente que nos llene de su Espíritu en la medida que Él considere conveniente. Y lanzarnos sin miedo a hacerlo presente con naturalidad en nuestros ambientes. Su ayuda no nos faltará. 

En definitiva: ¿Creo en el Espíritu Santo? ¡Pues claro que sí! Él es quien a pesar de las minusvalías y las limitaciones físicas que tengo me inunda de alegría, de ganas de vivir, de buen humor y de entrega total a Dios sabiendo que es Él quien actúa a través de mí. Y eso hace que  me sienta útil, instrumento suyo a pesar de mis pecados y mis equivocaciones, a pesar de mi nada porque Él es el TODO, el ABSOLUTO, el ETERNO. Bendito y alabado sea. 

Que el Espíritu Santo y la Madre, Nuestra Señora de la Paz, nos guíen, iluminen y bendigan.

jueves, 25 de julio de 2013

Creo en el Espíritu Santo (I)

ESPÍRITU SANTO.-Corrado Giaquinto.-ROCOCÓ
Eso decimos cada vez que rezamos el Credo. Y es cierto que creemos en Él, pero ¿qué sabemos de Él?
El día 31 de mayo de 2009 publicaba una entrada en la que decía: ‘Ignoro si Vds. son observadores o no, pero ¿se han dado cuenta que al rezar el Credo, cuando nombramos al Espíritu Santo decimos ‘Creo en el Espíritu Santo’ y ya no decimos nada más de Él? A continuación pasamos a ‘Creo en la Santa Iglesia Católica, etc...’. Si nos damos cuenta, al principio de esa oración se nombra al Padre, Primera Persona de la Santísima Trinidad, diciendo algo de Él aunque sea un poco. Se nombra a Jesucristo, Segunda Persona de la Trinidad, que tomó nuestra carne mortal y recordamos muy brevemente esa gesta inmensa, infinita, de la Redención….’
Al empezar a escribir esta entrada me ha venido a la cabeza el mismo interrogante, porque a pesar de los cuatro años transcurridos continuamos prácticamente igual: Creemos que el Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Sabemos que Jesús ‘fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo’. (Estas son también palabras del Credo).
ESPÍRITU SANTO CONSOLADOR.-MICHAEL DUDASH.-S.XX
Antes del Cónclave que debía realizarse para la elección de nuevo Papa, por la renuncia de Benedicto XVI,  todo el mundo tenía sus ‘candidatos’. La prensa de todo tipo hacía sus estudios sobre la personalidad de los papables y, como es habitual, nadie acertó. ¿Por qué? Muy sencillo. La gran mayoría obviaba un factor fundamental y básico en ese y en todos los Cónclaves habidos y por haber. Se tenía en cuenta la preparación y cualidades de los cardenales, pero ¿cuántos hablaron del Espíritu Santo, auténtico protagonista de todos los Cónclaves?
Todo el mundo sabe que al comienzo de todos ellos se entona el ‘Veni creator Spiritus’. Con este canto se invoca al Espíritu Santo para que esté presente en todos. 
CÓNCLAVE ELECCIÓN PAPA FRANCISCO
Todos ellos tienen la grave responsabilidad de elegir el nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y los ilumine, pero a la hora de la verdad, nadie, o muy pocos, lo colocan en sus escritos periodísticos o en sus comentarios. Es como si no existiera o nada dependiera de Él. Y es lo contrario. TODO depende de Él.  
Cuando el hoy Papa Francisco hacía su aparición en la logia de las bendiciones de San Pedro del Vaticano, caían por los suelos todas las especulaciones. ¿Cómo era posible? ¿Quién era el nuevo Papa? También muy sencillo: precisamente el elegido por el Espíritu Santo, Tercera persona de la Santísima Trinidad, que ‘procede del Padre y del Hijo, y que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas’. (También son palabras del Credo), había demostrado quién era el auténtico protagonista de los Cónclaves.
Les confieso que cuando esto sucedió e impartió su primera bendición ‘Urbi et orbe’, no pude menos que dar gracias al Altísimo por este nuevo y perenne regalo que hacía a su Iglesia, como cada vez que elige a quien sabe que es el que en ese momento debe llevar el timón de la Barca de Pedro. 
EL PAPA FRANCISCO EN  LA LOGIA DE LAS BENDICIONES 
Después…los hechos de Francisco han demostrado, una vez más, que el Espíritu no se equivoca y sabe lo que quiere y a quien quiere en cada momento. Aunque humanamente no lo podamos entender. Ni falta que nos hace. Nuestra fe debe ser la respuesta personal de cada uno con la esperanza puesta en Aquel para ‘quien no hay nada imposible’. (Lc. 1, 37). Para eso son virtudes que, junto con el amor, forman el trípode que Dios nos da para, entre otras cosas, nuestra perfección y su mejor seguimiento.
Pero también debemos tener en cuenta otras muchas cosas del Espíritu divino, entre ellas que desde el principio del Libro de los libros, La Biblia, que contiene la Palabra de Dios, está presente de muy diversa maneras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, bien sea por su acción al principio: ‘La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas’ (Gen. 1, 2), bien sea por boca de los profetas cuando dicen ‘Después de esto yo derramaré mi espíritu sobre todo hombre. Vuestro hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, y vuestros jóvenes, visiones. Y hasta sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días’. (Jl, 3, 1-2). También Ezequiel refiere: ‘Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que viváis según mis mandamientos, observando y guardando mis leyes’. (Ez. 36, 27).
PROFETA EZEQUIEL.-VISIÓN.-FRANCISCO COLLANTES.-BARROCO 
Así es. Desgraciadamente todavía es un gran desconocido. En una homilía dominical, el sacerdote dijo entre otras cosas, que cuando en un funeral rociaba con agua bendita el féretro con el difunto, era porque hacía presentes las palabras de San Pablo: ‘¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habéis recibido de Dios y que habita en vosotros?’ (I Cor. 6,19).  Explicaba que el difunto estaba bautizado, había recibido el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, Dios había hecho morada en él,…Ahora que iba camino del Padre, era lógico que se le aspergiese con el hisopo.
Aunque Dios sea Trinitario, esto es, tiene tres Personas, pero solamente hay un Dios verdadero, eso no obsta que a cada una de las Personas se le atribuya una función. Así, el Padre se ha dicho que es Creador; el Hijo, Redentor; el Espíritu Santo, Santificador. Es una manera de expresarnos según el vocabulario y las estructuras lingüísticas de cada lengua, pero todas ellas son humanas y, por tanto, insuficientes, cortas, limitadas. Por ejemplo.
Acabo de decir que el Espíritu Santo es Santificador, pero realmente nuestra santificación es una obra de la Trinidad Santísima.
El beato Juan Pablo II exponía: ‘La primera fuente a la que podemos dirigirnos es un texto joaneo contenido en el «discurso de despedida» de Cristo el día antes de la pasión y muerte en cruz. Jesús habla de la venida del Espíritu Santo en conexión con la propia «partida», anunciando su venida (o descenso) sobre los Apóstoles. «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy os lo enviaré» (Jn 16, 7).
El contenido de este texto puede parecer paradójico. Jesús, que tiene que subrayar: «Pero yo os digo la verdad», presenta la propia «partida» (y por tanto la pasión y muerte en cruz) como algo bueno: «Os conviene que yo me vaya ... ». Pero enseguida explica en qué consiste el valor de su muerte: por ser una muerte redentora, constituye la condición para que se cumpla el plan salvífico de Dios que tendrá su coronación en la venida del Espíritu
Santo; constituye por ello la condición de todo lo que, con esta venida, se verificará para los Apóstoles y para la Iglesia futura a medida que, acogiendo el Espíritu, los hombres reciban la nueva vida. La venida del Espíritu y todo lo que de ella se derivará en el mundo serán fruto de la redención de Cristo’. (Catequesis 26 de abril de 1989)
Constantemente Jesucristo va haciendo presente el Espíritu Santo en su predicación dándolo a conocer, especialmente a sus discípulos. Pero ellos todavía no lo entendían. Eso sería a partir de Pentecostés. La presencia del Espíritu Santo también está presente, de forma más o menos velada, en el Antiguo Testamento, como he dicho anteriormente.
No me resisto a citar un pasaje en el que lo podemos comprobar. Imaginémonos la situación: José, hijo de Jacob, ha sido vendido por sus hermanos. Está en prisión. El Faraón tiene un sueño con unas vacas gordas y otras flacas. No entiende su significado. Sus sacerdotes y adivinos no consiguen averiguar nada y su agitación aumenta. Su copero mayor le habla de José, Faraón ordena que vaya a su presencia y el joven hebreo no solamente interpreta su sueño, aclarándole que ‘No soy yo, sino Dios, quien dará al faraón una respuesta favorable’, sino que le aconseja lo que debe hacer para solucionarlo. La respuesta del mandatario egipcio no se hace esperar, y fijémonos en ella, en el ‘pequeño’ detalle de su respuesta: ‘¿Dónde vamos a encontrar un hombre como éste en quien esté el espíritu de Dios?’ (Gen. 41, 1-43).
JOSÉ INTERPRETA LOS SUEÑOS DE FARAÓN.-REGINALD ARTHUR.-S. XIX
 Efectivamente. ¿Dónde vamos a encontrar Alguien que esté cuidando de nosotros, dándonos a conocer sutil y delicadamente cuanto debemos hacer cada día, morando en nosotros cuando por nuestra parte nos abrimos a Él? Pero esa es la cuestión. Muchísima gente de hoy no se lo acaba de creer. O incluso persigue o ridiculiza esas creencias. ¡Qué pena! La humanidad está tan materializada que no deja resquicio alguno para la espiritualidad. No se detiene ningún momento para pensar un poquito en ese Dios que saben que está ahí, pero lo consideran cosas de niños o ‘de beatos’.
Dejo aquí esta primera parte, si no, sería demasiado extenso, ya que hablar del Espíritu Santo sería como para no acabar nunca. Pero les doy mi palabra que en la próxima entrada lo termino. Al menos, por ahora. Más adelante…Dios dirá.
Que la Santísima Trinidad y nuestra Madre, la Virgen de Oñate, nos bendigan



domingo, 7 de julio de 2013

Vendrá a juzgarnos…(y II)

JUICIO FINAL.-JEAN COUSIN EL JOVEN.-RENACIMIENTO
Dejamos la entrada anterior con el profeta Isaías. Seguimos con él. Sigue diciendo Dios por medio del profeta: ‘Si obedecéis y hacéis el bien, comeréis los frutos de la tierra, si os resistís y sois rebeldes, os devorará la espada. Lo ha dicho el Señor’ (Is.1, 19). En definitiva, San Juan recoge esto en su primera carta: ‘Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por Él. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados’. (1Jn. 4, 8-10). ¿No es esto un canto al Amor de Dios hacia nosotros?
JUICIO UNIVERSAL.-FRA ANGELICO.-RENACIMIENTO
 Del Amor (así, con mayúscula) viene necesariamente todo bien. Si se cumple, la voluntad y los planes de Dios son fiel reflejo en nosotros, que nadie dude que nada habrá que temer a ese juicio personal que tendremos al finalizar nuestra existencia.  El amor será quien marcará nuestro destino. Como dice San Juan de la Cruz, ‘Al atardecer de tu vida te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición’.
 Es así de sencillo, pero en muchos casos, cuesta. Nos cuesta mantener la fidelidad a Dios y surgen ocasiones en las que hablamos más de la cuenta, por ejemplo, enjuiciando a otras personas. Sin darnos cuenta pasamos a emitir juicios sobre la actuación de alguien que conocemos diciendo lo que ha hecho bien o mal. 
JUICIO FINAL.-Bernaert van Orley.-RENACIMIENTO
¿Tenemos algún derecho a ello? Podremos, en cualquier caso, juzgar hechos, situaciones problemas,…pero nunca a las personas. Con ello no haríamos otra cosa que faltar a la caridad. Y a eso no tenemos derecho.
Cuando nos reconocemos pecadores de algo, no nos gusta que se airee y se conozca. Pasaríamos mucha vergüenza, ¿verdad? Pero que no nos quepa duda alguna que cuando muramos y vayamos a presencia del Todopoderoso, además de encontrarnos con Él también nos encontraremos, como decía más arriba, todos nuestros hechos, pensamientos, palabras ofensivas pronunciadas, omisiones que tuvimos cuando debiendo hacer algo no quisimos por comodidad u otra circunstancia. Todo estará al descubierto. Luego recibiremos lo que, según la justicia divina, ya inapelable, la recompensa merecida por nuestros actos y actitudes: el Reino de Dios si le hemos sido fieles o el castigo eterno reservado a quienes han servido al Mal, a las tinieblas.
 Jesús, en la cruz, cuando Dimas le pide que se acuerde de él cuando llegue a su Reino, no tiene ningún problema, a pesar del tremendo suplicio, los dolores y las angustias que padecía, en darle su respuesta ante ese arrepentimiento del último momento: ‘Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso’. (Lc. 23, 43).
JESÚS Y DIMAS, EL BUEN LADRÓN.-TIZIANO.-RENACIMIENTO 
Y eso es un consuelo para todos. Jesús siempre está al quite ante el verdadero arrepentimiento de cualquier pecador y su cambio de vida. Nadie le gana en generosidad ni en misericordia.
Pero tengamos claro todos que si nadie le gana en misericordia, tampoco le gana nadie en justicia. Él es infinitamente justo y nadie le puede engañar. Con Él no sirven subterfugios  ni engaños. Lo conoce todo. Lo sabe todo. Y con Él nadie puede jugar ni tomárselo a la ligera. Lleva las de perder. Seguro. Pero la banalización de estas realidades eternas es excesivamente frecuente en nuestros días. ¡Cuántas personas conozco que ante la idea de ser juzgadas después de su muerte trivializan esta realidad! ‘Yo como soy de buenos sentimientos, no mato ni robo a nadie y voy a Misa muchos domingos, ¿qué miedo voy a tener? Iré al cielo’. Con estas y otras palabras, pero con idéntico significado e intención, se autojustifican o, al menos, lo intentan.
Es inútil. No es suficiente. Eso es lo que creen que hacen, pero ¿cuál es la realidad? ¿Y las omisiones? ¿Y los juicios temerarios? ¿Y los muchos otros pecados, mortales o veniales, que existen? En un pueblecito donde residí unos años, solían acudir al Sacramento de la Reconciliación una vez al año. Cuando salían del templo solían decir que ‘ya habían cumplido con la Parroquia’. Y ya se despedían hasta el año siguiente. Cada uno puede sacar sus propias conclusiones, pero es un tema con la suficiente seriedad como para no tomárselo a broma.
Otros piensan en divertirse y vivir bien pensando que ya tendrán tiempo de arrepentirse y confesarse. ¿Es que conocen el momento y la hora que les va a tocar?
JUICIO FINAL.-WILLIAM BLAKE.-NEOCLASICISMO
 Estarán cayendo en la actitud del rico que pensó destruir sus graneros y construir otros más grandes. No pensaba en la muerte, pero ya hemos visto su insensatez, en palabras de Cristo, porque le había llegado su hora.  De verdad que Dios nos quiere con locura, pero no lo tomemos a la ligera. Dios aguanta lo indecible, pero cuando le parece llama ante Él a la persona que quiere, hombre o mujer, niño o niña, joven o anciano, y para esa persona comienza su juicio particular
 ‘Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos’, dice el Credo. Pero, ¿es esa la idea de Dios? Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: ‘El Hijo no ha venido para juzgar, sino para salvar y para dar la vida que hay en Él. Es por el rechazo de la Gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo; es retribuido según sus obras y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor’. (Cat. de la Iglesia Católica, punto número 679).
 Claro, que…precisamente porque Dios es justo, tiene una vía intermedia. Está clarísimo que Dios no desea perder a nadie.
PURGATORIO.-HERMANOS LIMBOURG.-GÓTICO INTERNACIONAL
 Quiere la salvación de todos. Y hay muchísimos casos de cristianos que habiendo intentado seguir los planes del Creador en sus vidas, tienen alguna mancha (por llamarlo de alguna manera) que impide la entrada en la Gloria pero no justifica tampoco la condenación eterna. Su destino es el Purgatorio. Una vez purificada su alma irá a gozar de la plenitud de Dios en su Reino. Ya sé que se cuestiona la existencia del Purgatorio, pero me ciño a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Y, personalmente, lo creo.
‘Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo’. (Catecismo de la Iglesia Católica. Punto número 1030)
Aunque no está todo concluido. Al final de los tiempos vendrá el Juicio Universal. El de todos. ‘La resurrección de todos los muertos, de los justos y de los pecadores, precederá al juicio final. Esta será la hora en la que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación’. (Catecismo de la Iglesia Católica. Punto número 1038).
JUICIO FINAL .-TRÍPTICO.-FRA ANGÉLICO.-RENACIMIENTO
Aquí tiene la lógica explicación evangélica del momento, enseñada por el mismo Jesucristo: ‘Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de gloria, que es suyo. Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los cabritos. y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, y tomad posesión del reino que ha sido preparado para vosotros desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber. Fui forastero y me recibisteis en vuestra casa. Anduve sin ropas y me vestisteis. Estuve enfermo y me visitasteis. Estuve en la cárcel y me visitasteis.»
            Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos?  ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?  El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicisteis con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicisteis a mí.»
Dirá después a los que estén a la izquierda: «¡Malditos, alejaos de mí, id al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! Porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber;  era forastero y no me recibisteis en vuestra casa; estaba sin ropa y no me vestisteis; estuve enfermo y encarcelado y no me visitasteis.»
JUICIO FINAL.-Joos van Cleve .-RENACIMIENTO
Estos preguntarán también: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?» El Rey les responderá: «En verdad os digo: siempre que no lo hicisteis con alguno de estos más pequeños, dejasteis de hacérmelo a mí.»  Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna’. (Mt. 25, 31-46)
Lo conocen, ¿verdad? Es irrefutable. Es Palabra de Dios.
Que Jesús, triunfante y glorioso, y su Madre, la Virgen del Carmen, patrona de la almas del Purgatorio y de los marinos, cuya Novena estamos realizando, nos bendigan y asistan constantemente.