lunes, 28 de noviembre de 2016

El ¿fin del mundo? (I)

      Sí, amigos. He puesto entre interrogantes el título de esta entrada, pero no porque no crea en ello, que sí que creo y, además, por convencimiento y en profundidad, sino porque después de leer y meditar bastante tiempo en ese tema me da la impresión que esa expresión no es totalmente correcta. Eso me ha llevado a leer todavía más y a investigar lo que otras personas muchísimo más doctas que yo, piensan sobre este tema. y especialmente a bucear en el contenido de la Palabra de Dios contenida en la Biblia.
      En principio pensaba que con una entrada tendría suficiente espacio para tratar el tema, pero no es así. Pienso que voy a necesitar algo más porque, entre otras cosas, me veo en la necesidad de comenzar con una especie de recordatorio de lo que la Historia Bíblica nos relata en el primero de sus libros, el Génesis, si bien esta parte histórica va a ser necesariamente breve.
CREACIÓN DE ADÁN.-MIGUEL ÁNGEL BUONARROTTI.-RENACIMIENTO
      Al empezar a leer y a tomar notas sobre el tema, me iba dando cuenta de que realmente todo forma parte de un conjunto de relatos históricos relacionados entre sí, como corresponde a la Historia de la Salvación que, como probablemente todos conocemos, comenzaron con la Creación y todavía no ha terminado. Siempre hemos tenido estos hechos ante nosotros, pero por las circunstancias que fueren no nos hemos dado cuenta de ello. En el momento que Dios considere oportuno, todos estos hechos culminarán con la resurrección final de cuantos hemos vivido en este mundo mediante la llamada que Dios nos hizo a la vida, para ser vivida en este planeta llamado Tierra, y pasaremos a vivir nuevamente en una nueva vida completamente diferente en el Reino de Dios si hemos seguido sus mandatos y hemos cumplido su voluntad, o por el contrario, si hemos rechazado a Dios en el mundo actual, para recoger la cosecha de lo que sembramos: el castigo eterno.
      Todo ello culminará como he dicho anteriormente con la resurrección de la carne de todos nosotros y la entrada definitiva en cuerpo (glorioso y resucitado) y alma, con todas sus potencias perfectas y sin limitaciones en el Reino prometido.

      Bueno, pues...comencemos. El punto de partida que he tomado, y sinceramente creo que no hay otro, es el de la Creación, ese magno plan que Dios concibe con una impresionante visión de conjunto y dirigida realmente a un ser, el auténtico destinatario de la Creación, que es el Ser Humano. Así lo forma y le marca un trabajo o actividad para su realización y disfrute: 'Así que el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén para que lo cultivara y guardara'. (Gn. 2, 13).
      Y el hombre inició su andadura bajo la complacida mirada de Dios y  adornado con los dones preternaturales que su Creador le otorgó: la inmortalidad, la sabiduría, la ausencia del dolor y de la enfermedad y un considerable etcétera. Así vemos que 'el hombre fue poniendo nombre a todos los ganados, a todas las aves del cielo y a todas las bestias salvajes, pero no encontró una ayuda adecuada para sí'. (Gn. 2, 20).
CREACIÓN DE EVA.-MIGUEL ANGEL BUONARROTTI.-RENACIMIENTO
      Siempre pendiente del hombre, Dios no podía permanecer impasible ante ese descubrimiento de Adán y 'entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un letargo y mientras dormía le sacó una costilla y llenó el hueco con carne. Después, de la costilla que había sacado al hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. Entonces éste exclamó: -Ahora sí. Esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne; por eso se llamará varona, porque del varón ha sido sacada'. (Gn. 2, 21-23).
      Parecía que la obra de Dios estaba finalizada, pero no fue así, porque Él no se contenta entregando unos dones solamente. Desea el esfuerzo personal, el buen uso de lo que habían recibido así como la colaboración con Él. Para ello les sometió a una prueba de acatamiento de lo que deseaba de ellos: 'Y dio al hombre este mandato: -Puedes comer de todos los árboles del huerto, pero no comas del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque si comes de él morirás sin remedio'. (Gn. 2, 16-17).
TENTACIÓN Y CAÍDA.-TINTORETTO.-MANIERISMO
      Empezó a funcionar bien, pero 'la serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que había hecho el Señor Dios. Fue y dijo a la mujer: -¿Así que Dios os ha dicho que no comáis de ninguno de los árboles del huerto? La mujer respondió a la serpiente: -¡No! Podemos comer de los frutos de los árboles del huerto; sólo nos ha prohibido, bajo pena de muerte, comer o tocar el fruto del árbol que está en centro del huerto. -¡No moriréis! Lo que pasa es que Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal'. (Gn. 3, 1-5).
      He preferido poner todo el proceso porque posiblemente lo emplearé en la siguiente entrada para establecer unas comparaciones que nos mostrarán la actuación y la relación del Creador con su criatura el género humano a lo largo de los siglos. Si sabemos tener ojos para verlo y corazón para sentirlo veremos que es preciosa. El resto de la historia me parece que es sobradamente conocido y, de momento, lo voy a obviar. Si luego lo necesitara ya volvería nuevamente a él.
MUJER DEL APOCALIPSIS
      Con el protoevangelio contenido en el Génesis ya da a entender que el ser humano, a pesar de la desobediencia, no queda abandonado a sus propias fuerzas únicamente: 'Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente: -Por haber hecho eso serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón'. (Gn. 3, 14-15). Ya conocemos que Dios continúa estando con él y ha ido preparándolo para un camino de muchos siglos de andadura, conocido como Historia de la Salvación, que culminará con la vida y obra de Jesús de Nazaret.
      Continuaremos analizando este tema en sucesivas entradas.
     Que Dios Creador y la Mujer que dio a luz al Salvador de la Humanidad, nos den su bendición y protección.
NACIMIENTO DE CRISTO

viernes, 4 de noviembre de 2016

¿Cielo? ¿Reino? ¿Universo? (y V)

      No sé si a los Santos Padres de la Iglesia les ocurrió algo parecido, aunque obviamente fue en otro tiempo y en otras circunstancias, pero llegaron a conclusiones muy interesante. Fíjense:
      'Los hombres, pues, verán a Dios y vivirán, ya que esta visión los hará inmortales, al hacer que lleguen hasta la posesión de Dios. Esto, como dije antes, lo anunciaban ya los profetas de un modo velado, a saber, que verán a Dios los que son portadores de su Espíritu y esperan continuamente su venida. Como dice Moisés en el Deuteronomio, aquel día veremos que puede Dios  hablar a un hombre y seguir éste con vida'. (SAN IRENEO. Tratado sobre las herejías, 4, 20.)
      Y así es. El cielo es fundamentalmente ver y estar con Dios y hacer de nuestra adoración un acto perfecto de oración. Ciertamente que mientras permanezcamos aquí, tenemos la Santa Misa, el Sacrificio por excelencia, pero ¿sabemos realmente qué es y lo que allí se realiza? ¿Sabemos qué estamos haciendo cuando decimos 'Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo...'? Pienso que no, porque si se conociera, además de temblar de emoción y agradecimiento, no pasarían las persona a comulgar sin guardar el ayuno eucarístico que la Iglesia propone, por ejemplo, o pasar mucha parte de la Santa Misa hablando con el vecino o vecina del banco donde estamos sentados.
ADORACIÓN DEL NOMBRE DE DIOS.-GOYA.-NEOCLASICISMO
      Scott Hahn, profesor de Teología y Escritura en la Universidad Franciscana de Steubenville, en Ohío, EEUU, tiene lo que podríamos llamar una definición del cielo en el título de uno de sus libros: 'La cena del Cordero. La Misa, el Cielo en la tierra'. Un título acertadísimo desde mi punto de vista. A lo largo de su contenido va explicando la Santa Misa desde el Evangelio y desde el Apocalipsis, ambos de San Juan. Como les he comentado en diversas ocasiones, he leído, estudiado y orado en muchos libros, pero en éste sobre la Santa Misa, precisamente por su sencillez y profundidad, se han llenado muchas de las lagunas que tenía. 
      ¿Qué podríamos decir de este pensamiento? 'Debemos pensar y meditar que hemos renunciado al mundo y que, mientras vivimos en él, somos como extranjeros y peregrinos. Deseamos con ardor aquel día en que se nos asignará nuestro propio domicilio, en que se nos restituirá al Paraíso y al Reino,...El que está lejos de su patria es natural que tenga prisa por volver a ella. Para nosotros nuestra patria es el paraíso. Allí nos espera un gran número de seres queridos, allí nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos, seguros ya de su suerte, pero solícitos aún de la nuestra'. (SAN CIPRIANO. Tratado sobre la muerte).
SANTO, SANTO, SANTO
      San Juan Crisóstomo ahonda todavía más en un aspecto del cielo verdaderamente importante y trascendente. Fijémonos lo que dice: 'Y por encima de todo ello, el trato y goce sempiterno de Cristo, de los ángeles,...todos perpetuamente en un sentir común, sin temor a Satanás ni a las acechanzas del demonio ni a las amenazas del infierno o de la muerte'. (SAN JUAN CRISÓSTOMO. Epístola a Teodoro).
      Anteriormente he comentado que Jesús, a lo largo de su vida pública, hace varias menciones a la vida futura en su Reino, pero en el Apocalipsis se va manifestando a través de las visiones de Juan algo de lo que será el Reino y cómo estarán los que hayan permanecidos fieles a Dios. 'Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar no existía ya. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo del lado de Dios, ataviada como una esposa que se engalana para su esposo'. (Ap. 21, 1-2). Es impresionante. No sé cómo quedaría Juan al contemplar aquella visión, pero estoy convencido que la realidad de lo que nosotros contemplaremos si abrimos de par en par las puertas de nuestra vida y de nuestra alma a Jesucristo, será mucho mayor, porque 'ni ojo vio ni  oído oyó, lo que Dios tiene preparado a los que le aman'. (I Cor. 2, 9).

      En cuanto a nosotros pienso que no estaremos de brazos cruzados, porque solamente adorando a Dios y venerando a su Santísima Madre la Virgen, ya tendremos actividades, pero eso sí: nuestra adoración ya será perfecta. Infinitamente mayor que nuestra adoración a Dios en la actualidad. Y más cosas que dice Dios: 'Ya no tendrán hambre, ni tendrán ya más sed, ni caerá sobre ellos el sol ni ardor alguno, porque el Cordero, que está en medio del trono, los apacentará y los guiará a las fuentes de agua de vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos'. (Ap. 7, 16-17).
      Analizando los Evangelios, los mensajes de de Jesús, el Apocalipsis, entiendo las ganas de morir que tenía Santa Teresa de Jesús, según manifiesta en un poema: 'Vivo sin vivir en mí,y de tal manera espero, que muero porque no muero'.

      Pienso que vale la pena sufrir un poco en este mundo. A fin de cuentas el dolor es una manera de unirnos a los dolores de Cristo en la Pasión y en la Cruz. La recompensa lo merece. Jesucristo no nos dejará solos en ningún momento y la intercesión de nuestra Madre la Virgen ante Dios es muy poderosa.
      Finalizo con un párrafo del libro 'La cena del Cordero. La Misa, el cielo en la tierra', de Scott Hahn: 
      'Fuimos hechos como criaturas en la tierra, pero fuimos hechos para el cielo, nada menos. Fuimos hechos en el tiempo, como Adán y Eva, pero no para permanecer en un paraíso terrenal, sino para ser llevados a la vida eterna de Dios mismo. Ahora, el cielo ha sido desvelado para nosotros con la muerte y resurrección de Jesucristo. Ahora, se da la Comunión para la que Dios nos ha creado. Ahora, el cielo toca la tierra y te espera. Jesucristo mismo te dice: 'mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta , entraré a él  y comeré con él, y él conmigo'. (Ap. 3, 20).

      La puerta se abre ahora a la cena nupcial del Cordero'.
      Que Nuestra Señora de la Consolación y su divino Hijo nos bendigan y acompañen siempre.

sábado, 15 de octubre de 2016

¿Cielo? ¿Reino? ¿Universo? (IV)

      El cielo. Realmente es difícil hablar de algo que se desconoce en la práctica pero del que solamente se puede hablar desde la Fe, la Esperanza y el Amor, precisamente las tres virtudes teologales. Solamente con el empleo de imágenes, comparaciones o expresiones habituales de nuestro vocabulario podemos hacer referencias a él. 
      Confieso que he leído muchas cosas de autores clásicos y modernos y algunas de ellas, además de aumentar mi admiración por el cariño que nos tiene el buen Dios, hasta el extremo de desear que disfrutemos ese cielo, ese reino suyo, cuando pasemos 'a la otra orilla', como algunos autores llaman al momento de nuestra muerte en este mundo donde nuestro Padre común nos ha colocado para que le conozcamos y colaboremos con Él en esa nueva Creación que cada día nace con el nuevo sol de cada amanecer.
      Este panorama abierto a mi contemplación me hace pensar que verdaderamente todas las dificultades que encontramos en nuestros problemas, salud, disgustos y todo lo que queramos, sin olvidar la parte positiva de la alegría, el buen humor, el cariño de nuestra familia y de nuestros amigos, nos hace mucho más llevadero el camino que a diario recorremos.
      Si en él tenemos el detalle de dirigirnos a Jesús cuando damos, por ejemplo, un beso a nuestra esposa, hijos o nietas, siendo capaces de decirle: '¿Has visto, Jesús,el regalo que me has hecho  con esta esposa, con estos hijos o con estas nietas? Cada vez me convenzo más de que todo esto lo tenías previsto desde tu eternidad y formaba parte de tus designios creadores para todos nosotros. Somos regalos tuyos para nuestros semejantes. Gracias por el detalle, Jesús'.
      Imagino entonces la sonrisa de Dios para cada unos de nosotros y en la posible respuesta que nos daría: 'John, Rafael, Rosario, Lourdes, Luisa, Pedro...eso no es absolutamente nada en comparación con lo que os tengo preparado a cada uno de vosotros cuando entréis en la 'Cena del Cordero', cuando toméis posesión del Reino,...'.
CORONACIÓN DE LA VIRGEN.-MICHELE GIAMBONO.-GÓTICO INTERNACIONAL
      Tenemos expresiones preciosas en los Evangelios, dichas por Jesucristo cuando ha querido hacer alguna referencia sobre el cielo. Por ejemplo: 'En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no fuera así, os lo habría dicho; porque voy a prepararos el lugar'. (Jn. 14, 2).
EL BUEN LADRÓN EN EL PARAÍSO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Y aún tenemos otro magnífico ejemplo. Pongámonos en el lugar y seamos testigos del hecho. Jesús está clavado en la cruz entre dos malhechores. Mientras uno le increpaba el otro se dirigió a Él en estos términos: 'Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino'. Aun en medio de su tormento el Mesías lo miró, admirado de su fe. 'Jesús le dijo: Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso'. (Lc. 23,42-43).
      ¿Qué puede significar ésto?Personalmente me parece que podemos deducir que NADIE está abandonado a su propia suerte por muy pecador que haya podido ser en su vida mortal. Si abre su corazón a Dios, si se acoge a su misericordia, podría ocurrirle lo que al buen ladrón. Benedicto XVI así lo expresó el 17 de agosto de 2010: 'Con este término cielo queremos afirmar que Dios se hizo cercano a nosotros, no nos abandona ni siquiera en y más allá de la muerte sino que tiene un lugar para nosotros y nos dona la eternidad'.
      Esto es un tema que está presente desde los primeros tiempos del cristianismo, como se puede comprobar en los escritos de la época. San Pablo, cautivo ya, se dirige a los filipenses y les dice, entre otras cosas, su ansia de Dios. Quiere estar ya con su Señor. 'Deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor'. (Fil. 1, 23). La muerte le tiene sin cuidado. La recompensa es lo que desea y lo manifiesta de esta manera: 'He combatido el buen combate, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. Sólo me falta recibir la corona de salvación que aquel día me entregará el Señor, justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su venida gloriosa'. (2Tim. 4, 7-8).
      Este anhelo de Pablo no es exclusivamente suyo. La Iglesia tiene una riquísima Historia forjada con todos sus hijos bautizados, algunos de los cuales han hecho descubrimientos a través de sus estudios, de su oración y de otros medios, que posteriormente han dejado escritos. Nosotros somos destinatarios de esos escritos, de esos pensamientos, que a su vez nos han enriquecido y nos han permitido hacer nuevos descubrimientos, no solamente en lo referente al cielo, sino en todo lo que atañe a la Iglesia misma e incluso al mismo Dios, y su importancia y actuación en la vida de cada uno de nosotros, porque el Espíritu sopla donde quiere, a quien quiere y como quiere.
      Que nuestra Madre y Señora la Virgen nos bendiga e interceda por nosotros.

domingo, 25 de septiembre de 2016

¿Cielo? ¿Reino? ¿Universo? (III)

SAN AGUSTÍN PREDICANDO ANTE EL OBISPO VALERIO
      'Ya no habrá enemigo y no perecerá ningún amigo. Allí Dios será alabado. Aquí Dios también es alabado, pero aquí lo es por hombres sumergidos en preocupaciones. Allí por hombres que viven en paz; aquí por mortales. Allí por seres definitivamente vivos; aquí en esperanza. Allí en realidad; aquí de camino, allí en la patria'. (San Agustín, sermón 256).
      He querido comenzar la entrada con esta forma de explicación del cielo que tuvo San Agustín. ¿Lo expondría, aproximadamente como lo interpretó el autor de este cuadro? De cualquier manera la imaginación es libre y nosotros podemos hacernos también una composición de lugar personal.
      Según el fragmento expuesto compara la forma tan distinta de vivir nuestra relación con Dios en el aquí y ahora del tiempo y el lugar donde nos ha tocado vivir y la forma tan diferente de desarrollar nuestra existencia junto a Él, viéndole cara a cara, contemplándole tal cual es.
      Para llegar  esta conclusión  y dar semejante opinión, San Agustín debió pasar muchos momentos de oración y de meditación. Doy por supuesto que la Gracia de Dios estuvo ayudándole porque el Espíritu del Todopoderoso se derrama, ayer y hoy, (y siempre) sobre quienes lo buscan con verdadera entrega y devoción.
BAUTISMO DE SAN AGUSTÍN.-Louis de Boullogne, Le jeune.-1654 - 1733
      El mismo Espíritu que iluminó a San Agustín de Hipona iluminó a los Patriarcas, a los Profetas y a cuantas personas manifestaron sus pensamientos en las Escrituras. 'Así dice el Señor al pueblo de Israel: Buscadme y viviréis'. (Am. 5, 4). Así de simple...y de costoso. Buscar al Señor para hacer su voluntad, colaborar en sus planes y permanecer en constante escucha a su voz, como el jovencísimo Samuel. Durante la noche oyó que lo llamaban y marchó junto a Elí pensando que era él quien lo necesitaba. Tras varios de estos momentos y no siendo él quien llamaba al muchacho, llegó a la conclusión que era Dios quien llamaba a Samuel, y así se lo dijo al muchacho. Cuando la volvió a oír, la respuesta fue muy clara: 'Habla, Señor, que tu siervo escucha'. (1 Sam. 3, 10). Esa es otra de las tareas que nos corresponden a los cristianos: permanecer a la escucha de Dios. Buscarlo, siempre, pero sabiendo escuchar y discernir lo que desea de nosotros.
      Ganar el cielo es tarea de toda una vida y a lo largo de ella incorporar a nuestra personalidad, a nuestro carácter, cuanto vayamos descubriendo, de tal manera que quien nos vea a nosotros sea capaz de acordarse de Dios. Incluso de 'verlo' a través de nosotros.
      En entradas anteriores hemos visto que existen citas del Antiguo Testamento que aunque no hablen expresamente del cielo o del Reino de Dios (de eso se encargará posteriormente Jesucristo), sí que hace referencia a unos aspectos que lo nombran indirectamente o de otra manera. En el Libro de la Sabiduría podemos ver que en el fondo de algunas citas sí que hace referencia a lo que espera el ser humano después de esta vida. 
        'Pero las almas de los justos están en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará. Los insensatos piensan que están muertos, su tránsito les parece una desgracia, y su salida de entre nosotros, un desastre, pero ellos están en paz. Aunque a juicio de los hombres han sufrido un castigo, su esperanza estaba llena de inmortalidad y por una leve corrección recibirán grandes bienes. Porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de Él.' (Sab. 3, 1-5).
      No cita en absoluto el cielo, pero sí la recompensa que el Creador les concederá después de esta vida.  En el mismo capítulo podemos leer como un resumen a lo dicho anteriormente: 'Los que ponen en Él su confianza comprenderán  la verdad, y los fieles permanecerán junto a Él en el amor, pues la gracia y la misericordia son para sus elegidos'. (Sab. 3, 9). Realmente este Libro no tiene ningún desperdicio. Se pueden encontrar en él muchas normas y pautas de vida que nos conduzcan al premio eterno que Dios tiene preparado a quienes hacen la opción de su vida por Él, con Él y en Él. Y teniendo en cuenta que a Dios nadie le gana en generosidad y que desea ardientemente tenernos junto a Él, no se detendrá en darnos solamente el ciento por uno, sino más. Muchísimo más. Siendo Dios infinito, el ciento por uno queda minimizado ante su misericordia y su amor.
      Esto queda resumido en este fragmento: 'Pero los justos que viven para siempre, el Señor les recompensará y el Altísimo cuidará de ellos'. (Sab. 5, 15). Todo consiste en dejarnos llevar por él, como veremos en diversos puntos del Nuevo Testamento. Jesús viene, vive entre nosotros y se encarga de darnos la gran esperanza en la vida eterna, en el Reino de su Padre, puesto que está destinado también para todos nosotros.

      El cielo,...¿cómo será? No lo sabemos, pero tenemos en nuestro interior una sed infinita de poseerlo, de vivirlo, de disfrutarlo,...porque allí está el mismo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo esperando que nos sumerjamos en la Gracia divina para conseguirlo. Pero lo cierto es que a poco que nos paremos a meditar cómo podremos estar, lo estaremos deseando. 
      He comenzado la entrada con un texto de San Agustín. Permítanme que les deje con otro texto, pero ahora de San Gregorio Magno: 'Allí está la sociedad de los ciudadanos de la patria celestial; allí es donde todo es fiesta; allí está el descanso verdadero y seguro; allí es donde reinan la paz y la tranquilidad perpetuas'. (San Gregorio Magno.Homilía 30. Sobre los Evangelios).

       Que Nuestra Señora la Virgen, Auxilio de los Cristianos nos bendiga y ayude.

martes, 6 de septiembre de 2016

¿Cielo? ¿Reino? ¿Universo? (II)

      Sí, señoras y señores. El tema del cielo es, realmente, apasionante y cuando se trata este tema en alguna reunión formativa es una auténtica gozada escuchar las diversas opiniones, los argumentos planteados, las evidencias más contundentes,... Y curiosamente todos suelen coincidir en una opinión generalizada que en la entrada anterior mencioné: no tenemos palabras apropiadas para abordarlo como se debiera.
      Pero no hay más alternativa que emplear los conceptos y el vocabulario que poseemos y en ellos nos tenemos que centrar. No obstante lo dicho, sí que podemos apoyarnos en algo tan real y rico en contenido como son las Sagradas Escrituras. La Biblia contiene citas que nos pueden aclarar cosas, pero ¡cuidado! Eso no significa en modo alguno que lo digan todo. Las citas apropiadas pueden aportarnos una luz según el fragmento que empleemos en cada tema o aspecto que tratemos.
      La Tradición y los Santos Padres son de enorme utilidad. Forman parte del camino que la Iglesia ha recorrido a lo largo de los siglos para conocer los misterios de Dios y cuál es su voluntad con respecto a la Humanidad.                            'Como dice la Escritura, anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios ha preparado para los que le aman. Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios'. (1Cor, 2, 9-10). No sé cuántas veces habrá podido leer este fragmento de la Carta primera a los corintios cuantos lean estas líneas, pero desde los dieciséis años que tenía yo cuando comencé a leer el Nuevo Testamento con un poquito de interés y mucha seriedad, búsqueda y afán de saber, esta lectura me impactaba. Y lo sigue haciendo. Más aún. Cuando comencé a plantearme cómo iba a ser el Más Allá cuando muriese, leía, meditaba y le daba muchas vueltas a este fragmento. Lo veía como una posible respuesta a mis interrogantes.-
      Si una vida debía ser trascendente y se vivía como una respuesta a Dios desde nuestra existencia intentando vivir según su voluntad, necesariamente Dios iba a dar una respuesta más tarde o más temprano. Pero NADIE. Nadie puede imaginar realmente lo que Dios nos va a preparar a quienes hagamos por Él la opción de la vida. Y eso me daba serenidad, pero también preocupación por los fallos que pudiera tener.
      Con el paso de los años fui haciendo nuevos descubrimientos en la actitud de misericordia, de perdón, de generosidad, de ternura que Dios tiene con cada uno de nosotros. Hoy, unos cuarenta y cinco años después de aquellos comienzos, con mucha más madurez que entonces y abandonado completamente en sus manos y en los brazos e intercesión de la Santísima Virgen, su Madre (y también nuestra Madre), estoy mucho más centrado en mi vida cristiana, pero eso sí, sin bajar la guardia lo más mínimo, porque 'el diablo,vuestro enemigo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar'. (IPe. 5, 8).
      Discúlpenme, por favor, esta pequeña confidencia personal nacida de lo más hondo de mi fe cristiana. Han sido muchos años de búsqueda, muchas veces encontrando algo con ayuda de un sacerdote amigo o sin ayuda, pero siempre a través de la meditación de la Palabra. Otras veces, las menos, no sacaba sino aridez y alguna pequeña confusión, pero seguía adelante porque sabía que aquello no era el final ni tampoco lo definitivo. El Verbo divino me ha ayudado no pocas veces con la ayuda de fragmentos del Antiguo y del Nuevo Testamento, que también intentaré compartir con ustedes. Pero la aventura continúa hasta que llegue el momento de estar cara a cara con Dios y conocerlo todo tal como me lo enseñe Él directamente: 'Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido'. (1Cor. 13, 12).
      Les puedo asegurar que mis comienzos sobre e Cielo eran los mismos que los de mucha gente: un lugar. El problema vino luego cuando me planteé dónde podría estar. Hoy sonrío de aquello, pero hubo que pasarlo, porque dando un paso más vino el siguiente interrogante: Siendo Dios inmutable, por pura lógica no podía cambiar. Dios es 'EL-QUE-ES' por propia definición y así se lo dice a Moisés cuando éste le pregunta por su nombre. La respuesta queda muy clara: 'Yo soy el que soy. Explícaselo así a los israelitas: YO SOY me envía a vosotros'. (Ex. 3, 14). 
      Era y es el mismo Dios de la Creación, el mismo Dios del hombre neandertal, de las personas del siglo XV o de las del siglo XXI, entonces, ¿dónde podía caber tanta gente que cuando fuera redimida irían al Cielo, además de los que todavía tenían que nacer hasta la consumación de los siglos?
      Esto me agotaba. Era imposible. La respuesta vino por sí misma aunque fuera simplista: el 'lugar' no podía ser material. Pregunté y leí mucho y al final llegó la luz: era un 'estado'. Una forma de ser y existir distinta, inmaterial, espiritual,... Isaías, empleando la forma coloquial que tenía, escribe: 'Así dice el Señor: El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies. ¿Cómo pretendéis construirme una casa o un lugar para que yo viva en él?' (Is. 66, 1). Este fragmento podría ser considerado como básico para intentar entender un poquito que la morada de Dios no puede ser algo material, aunque el Hacedor esté empleando expresiones del vocabulario humano para que lo entendamos.

      Cuando a Jesucristo le piden los discípulos que los enseñe a orar, va desgranando las frases del Padre Nuestro y lo comienza, como todos sabemos, con la expresión 'Padre nuestro, que estás en los cielos,...', pero lógicamente, pero no hace referencia un 'lugar' material tal como nosotros lo entendemos, sino a una forma o manera de 'estar', porque Dios puede estar donde le plazca, incluido el 'estar' dentro de nosotros mismos, en nuestro interior. ¿No lo tenemos en nuestro interior cuando lo recibimos en la Eucaristía? Así es y así lo creo por la fe, porque de otro modo no se podría entender que la Eternidad hiciese morada en nosotros.
      En la próxima entrada veremos algunos contenidos bíblicos que hacen referencia al Cielo.

       Que Nossa Senhora do Carmo Church nos proteja, bendiga e interceda por todos nosotros.

domingo, 21 de agosto de 2016

¿Cielo? ¿Reino? ¿Universo?

      Cada vez que me pongo a escribir sobre un tema veo una enorme muralla frente a mí. Este tema no es una excepción. Es evidente que con la palabra cielo se nombran, al menos, dos conceptos absolutamente diferentes, ya que como 'cielo' nos podemos referir al espacio sideral cruzado por asteroides y con varios sistemas solares, estrellas y muchas cosas más, por una parte. Por otra, también solemos referirnos  desde el aspecto religioso 'cielo', 'gloria', 'Reino de Dios', como palabras sinónimas para referirnos a un mismo concepto: aquello que los creyentes cristianos deseamos alcanzar cuando finalice nuestro paso por esta vida que actualmente vivimos.
      En lo que a mí respecta en este entrada, me voy a referir, como es fácil suponer, a este segundo aspecto, ya que el contenido de este blog no es la Astronomía, la Astronáutica o cualquier otro contenido que haga referencia a ningún aspecto de estos temas u otros relacionados con ellos. Deseo centrarme en el aspecto religioso y escatológico que tiene el cielo en el sentido que Jesucristo le dio y la Biblia contiene.
      Hace muchísimos años, en una catequesis para niños en la Parroquia donde se preparaban para recibir el Sacramento de la Eucaristía  por primera vez, con el fin de conocer el concepto que ellos tenían sobre el cielo les propuse un juego. Yo diría una palabra y ellos irían diciendo que significaba para ellos el concepto indicado. Según fueran hablando se anotaban en la pizarra  lo que ellos decían de forma resumida.     Realmente era un 'lluvia de ideas' (el brainstorming). Cuando ya se habían nombrado varias palabras llegó la palabra 'cielo'. Hubo de todo. Algunas cosas que dijeron y yo recuerdo, fueron 'el sitio donde vive Dios', 'es donde iremos cuando nos muramos', 'es lo que hay encima de nosotros y es de color azul',...Les aseguro que había muchas más, pero ni las recuerdo ni debo extenderme en lo que solamente pretende ser un ejemplo sacado de unos recuerdos.
      Lo cierto es que la mayoría hablaba de 'un sitio' al que 'queremos ir'. Incluso en personas adultas podemos encontrar que hay quien tiene el concepto de 'lugar', de 'sitio' de felicidad donde donde nos gustaría estar para gozar de una felicidad a la que todos aspiramos y que no es absoluta en este mundo conflictivo donde vivimos. Y ya que tenemos lo que podríamos llamar un pequeño preámbulo, vamos a comenzar a desmenuzar este tema desde el aspecto cristiano.
      En mi opinión es prácticamente imposible definir algún concepto que no conocemos. Con el cielo pasa eso exactamente. ¿Realmente lo conocemos? ¿Qué podemos decir de algo inabarcable que escapa de nuestros conocimientos por la finitud de los mismos? En muchos casos podemos recurrir a decir 'lo que no es', o sea, podemos decir que NO HAY sufrimiento ni dolor, no estaremos enfermos,no existirá la injusticia,... y siempre empleando palabras y nociones de nuestro vocabulario habitual, porque no conocemos las palabras que debieran corresponder.
      Pero aunque todo esto sea cierto, por todo lo que acabo de comentar, siempre nos quedaríamos cortos. Solamente centrándonos en Dios, su creador, podríamos acercarnos un poco más, pero siempre dentro de unos límites que nos superan en todo. Y entonces deberemos recurrir a la Palabra, a las Sagradas Escrituras para ver qué y cómo nos hablan sobre este tema.
      No obstante pienso que Dios SÍ DESEA que lo conozcamos. Más aún: que lo vivamos. Pero hay que descubrirlo. Y también al modo de llegar a él. Fijémonos en lo que dice Jesucristo: 'A una pregunta de los fariseos sobre cuándo iba a llegar el Reino de Dios respondió Jesús: -El Reino de Dios no vendrá de forma espectacular, ni se podrá decir "Está aquí o allí", porque el Reino de Dios está ya entre vosotros'. (Lc. 17, 20-21). Así de simple, pero...cuesta. Y no poco.
      La Biblia nos presenta fragmentos que hacen referencia al Reino, o si lo preferimos, al cielo, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. 
      En el A.T. hay citas que lo nombran indirectamente según el vocabulario de aquel tiempo. Uno de estos casos se encuentra en el Libro del profeta Daniel. Está hablando de tiempos de angustia y de la promesa de la resurrección, y dice: 'Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna,otros para la vergüenza, para el castigo eterno'. (Dan. 12, 2). No emplea la palabra cielo, ni gloria, ni nada parecido, pero sí, y muy claro, de la vida eterna.
RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS.-LUCA SIGNORELLI.-RENACIMIENTO
      El salmista también nos hace una descripción preciosa a través del descubrimiento que en un momento determinado ha hecho, quizá en un momento de oración o de otra forma. La belleza del contenido de su descripción es innegable: 'Pero yo estaré contigo siempre: tú me tomas de la mano, me conduces según tus planes y después me llenas de gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos? Si estoy contigo, ya no encuentro gusto en la tierra. Aunque todo mi ser se consuma, Dios es mi heredad y ni roca para siempre'. (Salmo 73(72), 23-26).
      Y evidentemente, el Autor de la existencia del Cielo es el mismo Dios, como dice el Génesis: 'Al principio creó Dios el cielo y la tierra'. (Gén. 1, 1). No obstante el sentido que tiene haberlo creado parece ser en este caso que hace referencia al universo, al espacio sideral, enorme e infinito.
      En próximas entradas iremos tratando más aspectos de este tema.
      Que Nuestra Señora de la Asunción, cuya Festividad hemos celebrado hace unos días, nos proteja y nos bendiga.

domingo, 31 de julio de 2016

Los valores de las personas (y III)

ALEGORÍA DEL BUEN GOBIERNO.-AMBROGIO LORENZETTI.-GÓTICO
      De cualquier modo, estas maneras de enfocar la vida mediante actitudes que definan nuestra forma de ser, por las que definimos nuestra existencia, son los valores que hemos ido engarzando en nuestra existencia. Ellos tomarán un arraigo tan fuerte en ella que cuantos estén a nuestro alrededor nos apreciarán (o despreciarán) según el desarrollo de nuestro comportamiento. Son esos valores los que nos harán una persona fiable y convincente por nuestra honradez, sinceridad, ternura, amabilidad, empatía con los que sufren o tienen serios problemas, nuestro servicio a los demás, la humildad, la capacidad de saber disculpar (incluso perdonar), la responsabilidad ante nuestra profesión, ante la familia, ante las tareas que nos sean encomendadas,...
      Todo esto es lo que iremos manifestando en todos los campos. Según en el que estemos en cada momento los valores podrán ser considerados sociales, familiares, políticos, religiosos, morales,... pero en todos ellos habrá de existir una escala (la que siempre he oído  nombrar como escala de valores) que nos mostrará la prioridad de unos sobre otros.
      Es éste un tema apasionante en el mundo de hoy, cuando nos estamos dando cuenta que los valores brillan, precisamente, por su ausencia o por su escaso protagonismo. Parece que estamos viviendo según la ley del más fuerte, en el 'tanto tienes, tanto vales', en emplear la inteligencia  para acumular riqueza, en muchos casos ilícitamente conseguida, pensando que nadie se va a enterar de nada. Naturalmente cuando todo sale a la luz del día y la prensa informa a sus lectores como es su deber, vienen las caídas de muchos ídolos. Hace muchos, muchísimos años, (yo tendría alrededor de doce años), leí en un cómic una frase que jamás se me ha olvidado y siempre he tenido presente: 'Lo que no quieras que se sepa, no lo hagas'. A poco que nos detengamos a analizar un poco lo que encierra esta frase, veremos que es absolutamente cierta.
      Pienso que no debo terminar este tema sin nombrar los valores cristianos. Realmente no son una cosa del otro mundo, porque son prácticamente los mismos valores que he ido citando, pero con un enfoque que tiene en cuenta las actitudes que Jesucristo enseñó durante tres años de su vida pública con su Palabra y con su ejemplo.
FORTALEZA Y JUSTICIA.-TIÉPOLO.-ROCOCÓ
      Los cuatro evangelistas, además de relatar la vida, doctrina y milagros del Salvador, también lo hacen con aquellos episodios que más les han impactado. San Juan, lógicamente, no es ninguna excepción. Al final de la vida del Maestro les va diciendo palabras que ya tienen un cierto sabor de despedida. Y dice algo en su Evangelio que debió impactarle y que posiblemente meditó mucho en su significado: 'Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y os dará otro Abogado que estará con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis, porque permanece en vosotros y está en vosotros'. (Jn.14, 15-17).
PENTECOSTÉS
      Después de resucitar y de su Ascensión al Cielo, vino Pentecostés dando cumplimiento a lo que dijo. Tras más de dos mil años de historia de la Iglesia podemos comprobar que era cierto. Y sigue siendo cierto a pesar de las persecuciones y mártires de todos los tiempos, incluidos los del siglo XXI.
      No hace mucho tiempo (junio de 2016), los periódicos daban la noticia de que en España dos Iglesia habían sido quemadas. ¿Qué tipo de valores existen en las personas que realizan estos actos? Aunque tenga mi propia opinión, lo dejo a su criterio, pero como ejemplo me puede valer para plantear un interrogante: Quienes hayan hecho ésto, ¿dónde tienen sus valores personales? El valor que tiene el respeto a las creencias ajenas y a las personas que por convencimiento son y se declaran cristianos, ¿dónde está? Posiblemente se les llenará la boca proclamando su sistema de vida, su forma de entenderla y vivirla e incluso EXIGIRÁN que se les respete a ellos, pero ¿con qué autoridad y con qué crédito podrán hablar?
LAS VIRTUDES MORALES
      Querer tener unos valores positivos y edificantes es una tarea permanente. Siempre inacabada. Diariamente estamos recibiendo una  serie de experiencias, de informaciones, de ejemplos de personas, que pueden influir en nuestra forma de ser o bien podemos apartarlas de nosotros porque no se adaptan a la forma de entender la vida que cada uno tiene. Si estas experiencias son positivas y nos hacer progresar y crecer como personas, incluso como cristianos, serán válidas en la medida que nos impulsen al perfeccionamiento personal.
      Que a todos nos acompañen y bendigan Nuestra Señora de la Antigua y su Divino Hijo.

sábado, 9 de julio de 2016

Los valores de las personas (II)

PENSADOR.-MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI.-RENACIMIENTO
      Continuando con el tema de la entrada anterior, cabría preguntarse si los valores que las personas tenemos están ya en nosotros desde nuestro nacimiento o se van adquiriendo mediante la experiencia que vamos teniendo en los diferentes procesos educativos y sociales por los que tenemos que pasar. Soy consciente que puedo tener errores y que quizá alguno de los planteamientos que voy a ir haciendo pueden ser discutibles. Incluso erróneos. Pero lo que también tengo claro es que cuanto pueda decir tiene un fundamento en mi propia experiencia y que los he ido adquiriendo en cualquiera de mis etapas. Incluso ahora, con los setenta y seis años que llevo a cuestas,  continúo aprendiendo y recibiendo estímulos y experiencias que favorecen mi comportamiento en cualquiera de los ambientes en que diariamente me muevo.
      Todos los días recibimos experiencias, unas positivas y buenas, otras negativas y de dudosa bondad que no aceptamos porque no se amoldan a nuestra forma de ser y, consecuentemente, las desechamos. El lugar en el que sin duda alguna empezamos a adquirir los primeros elementos, que con el tiempo irán configurando nuestros criterios de elección de actitudes así como el aprendizaje de las formas de desarrollo en nuestra personalidad, es la familia.                                       En ese ambiente es donde empezamos a despertar al mundo que nos ha tocado vivir incluso (estoy convencido de ello) desde el vientre materno. Después iremos descubriendo la luz, las figuras que nos rodean identificando lo que significan, valorando a nuestro modo, por ejemplo, el sentido de la sonrisa y del llanto,...En ese ambiente la familia (padres y abuelos básicamente) tiene muchísimo que decir.
      El Concilio Vaticano II, en el Decreto 'Apostolicam Actuositatem', en su punto número 11 referido a la familia, dice: 'Los cónyuges cristianos son mutuamente para sí, para sus hijos y para los demás familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Ellos son para sus hijos los primeros predicadores y los primeros educadores; los forman con su palabra y con su ejemplo para la vida  cristiana y apostólica'.

      Y sí, es cierto, pero no solamente en estos campos, sino que los padres y la familia también siembran en ellos el germen de ser buenos y responsables ciudadanos y, con el ejemplo fundamentalmente, irán inculcando en sus hijos los valores humanos, cristianos, cívicos y de cualquier tipo que esté a su alcance. Y esto ocurre en todas las familias independientemente del credo, raza o ideología que profesen, porque los valores humanos son patrimonio de toda la humanidad.
      A medida que cumplimos años se amplían nuestros horizontes y vendrá la Escuela, los estudios secundarios y posteriormente, si procede, los superiores. Mediante la docencia de los profesionales de los distintos campos de la enseñanza, los profesores tienen mucho que decir. Pueden contribuir a formar mucho y bien a sus alumnos. A lo largo de mi larga vida profesional he conocido muchos compañeros que eran auténticos pozos de ciencia, pero su carencia o cortedad  de valores humanos dejaba incompleta su actuación.
       Personalmente pienso que es necesario que los hombres y mujeres que opten por la docencia no deben ser meros transmisores de conocimientos. Se debe tener presente que los alumnos son personas y que con los años pueden optar por seguir el ejemplo de sus profesores eligiendo, quizá, el camino de la docencia. O de otras profesiones, claro, pero evitando siempre en cualquier caso, caer en una rutina tediosa y estéril. El ejemplo recibido en las aulas puede ser determinante en la elección de su futura profesión. Sabrán ser PERSONAS que recogerán la antorcha de sus padres, abuelos, profesores, incluso de amigos, para iluminar la sociedad que les toque vivir e incluso transformarla, ¿por qué no?
MADONNA DELLA CANDELETTA.-CARLO CRIVELLI.-S. XV
      Que la Madonna de la Candeletta y su Divino Hijo nos bendigan.