domingo, 25 de junio de 2017

Dolor,...enfermedad,...¿por qué? (IV)

JOB CON SU ESPOSA Y SUS AMIGOS.-WILLIAM BLAKE.-NEOCLASICISMO
      No es muy difícil encontrar enfermos, especialmente si su enfermedad presenta tintes de alguna gravedad, que en su preocupación creen que no se les hace suficiente caso, que quienes lo atienden no presentan una preocupación constante con él y les parece  que están abandonados a sus suerte.
     
Esta preocupación del enfermo ha existido siempre en mayor o menos grado. El enfermo, cuando la mejora o curación no llega pronto, aun sabiendo que todo proceso curativo conlleva un tiempo prudencial, se encuentra desamparado, solo ante su dolor y su malestar, a pesar de que quien lo cuida está en permanente atención con él  dándole ánimos permanentemente.        Tenemos un Libro al que podemos acudir para encontrar la reacción y entereza de un enfermo ante los distintos tipos de males que se le presentan entre desgracias familiares, sociales y enfermedades  diversas. Como dije al final e la entrada anterior, voy a intentar echar un vistazo, necesariamente breve, al Antiguo Testamento de la Biblia y comentar casos a partir de sus citas. En ellos podremos ver conmovedoras angustias o íntimas rebeldías  ante lo que pueda creer que Dios los ha abandonado o que les ha enviado 'aquello' como castigo. Carecen de la necesaria imparcialidad para analizar su situación y darse cuenta de que Dios ni se lo ha enviado ni desea que lo tenga.
     
JOB Y  AMIGOS.-G. DORÉ.-REALISMO
Podemos encontrar algunos casos, pero el paradigma más claro es el Libro de Job. Sí. Ya sé que es un caso muy socorrido y conocido, pero es que aquí se pueden analizar  al detalle muchas formas  de respuesta ante la adversidad manifestada a través de sus desgracias familiares y de sus enfermedades.                                                
Pero no voy a entrar en ello. Solamente deseo mencionarlo superficialmente porque hay muchos escritos, desde libros hasta sucintos artículos que lo tratan con mucha más profundidad de lo que pueda hacerlo yo.                                                               No obstante y con la necesaria brevedad, sí deseo resaltar unos valores que aunque pueden estar muy claros, deseo destacarlos. Hoy ya no se habla de valores personales ni tampoco de la relación de las personas con su Creador, con su Dios. Y sin embargo en el caso de Job, que puede ser el de cualquiera de nosotros porque nadie estamos libres de sufrir algún contratiempo de salud, pienso que debe resaltarse  su respuesta ante la adversidad como consecuencia de la claridad de ideas que tiene Job sobre Dios y su actuación.
JOB.-Leon Joseph Florentin.-S. XIX - XX
      Cuando le comunican todas las desgracias y pérdidas de vidas humanas, entre ellas las de todos sus hijos e hijas, siervos y animales, dejándolo en la más triste miseria, fue esta su reacción: 'Job se levantó, rasgó sus vestiduras, rasuró su cabeza y echándose en tierra, adoró, diciendo: -Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a ella. Yavé me lo dio y Yavé me lo quitó. ¡Sea bendito el nombre de Yavé! En todo esto no pecó Job ni atribuyó a Dios toda su insipiencia'. (Job,1, 20-22).
      En su entereza acepta lo que cree que es una prueba  de Dios y nos presenta una puerta cerrada a cal y canto a cualquier tipo de desesperación, dejando permanentemente abierta la puerta de su alma y su conciencia a la fe y la esperanza inquebrantables en su Dios.
   
 No finaliza todo ahí. Vienen las enfermedades manifestadas en hediondas úlceras: 'Mi carne está cubierta de gusanos y de escamas terrosas, mi piel se arruga y se deshace, mis días corrieron más rápidos que la lanzadera'. (Job, 7, 5-6).                                                                    SATANÁS LLENA DE ÚLCERAS A JOB.-WILLIAM BLAKE.-NEOCLASICISMO                       Debió tener picor (prurito) por todo el cuerpo: 'Salió Satán de la presencia de Yavé e hirió a Job con una ulceración maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Se rascaba con un tejón y estaba sentado sobre ceniza'. (Job, 2, 7-8). Apenas notamos los efectos de la picadura de un mosquito, aparte de rascarnos con desesperación, andamos buscando con la mayor rapidez un antihistamínico que nos calme el picor cuanto antes.
      Alguna otra cosa debió notar en su piel cuando nos relata: 'Ennegrecida se va desprendiendo mi piel y mis huesos queman por el ardor'. (Job, 30, 30).
 JOB CON SU ESPOSA Y SUS AMIGOS .-Gerard Seghers  1591.-BARROCO
      A mi parecer, lo más importante de su comportamiento es la forma de sobrellevar todas sus enfermedades: Conservó su fidelidad a Dios y confió absolutamente en Él. Como cabía esperar, la respuesta de Yavé también se mostró propicia hacia su siervo: 'Yavé restableció a Job en su estado, después de haber rogado por sus amigos, y acrecentó Yavé hasta el duplo de cuanto poseyera. [...] Yavé bendijo las postrimerías de Job más que sus principios'. (Job, 42, 7-17).
 JOB CON SU ESPOSA Y SUS AMIGOS.-WILLIAM-BLAKE.-NEOCLASICISMO
      No es éste el único caso que podemos ver. Baruc, el profeta, también nos muestra el contenido de la oración ante la enfermedad del que la padece: 'Escucha, Señor, nuestra oración y nuestra plegaria por amor de ti; líbranos y danos gracia en presencia de los que nos han traído al destierro para que toda la tierra conozca que tú eres el Señor, Dios nuestro; que tu  nombre es invocado sobre Israel y sobre su linaje. Señor, mira desde tu santa casa y piensa en nosotros; inclina, Señor, tu oído y escucha. Abre tus ojos y mira que no proclaman la gloria y la justicia del Señor los muertos que están en el hades, cuyo espíritu abandonó sus entrañas. Sólo el alma entristecida por la grandeza de los males que padece, que camina encorvado y débil, apagados los ojos y el alma hambrienta, pueden, Señor, pregonar tu gloria y tu justicia'. (Baruc, 2, 14-18).
 LIBRO DE JOB.-ILUSTRACIÓN

      Que Nuestra Señora de la Esperanza, de Calasparra, nos bendiga a todos.

sábado, 20 de mayo de 2017

Dolor...,enfermedad..., ¿por qué? (III)

      En varias ocasiones he intentado analizar el tema que nos ocupa. A nadie nos gusta sufrir y el dolor, en su sentido amplio, es un sufrimiento muy molesto. Cuando llama a la puerta de nuestros sentidos y empezamos a notarlo nos falta tiempo para pensar qué medicamentos podemos tener que nos lo pueda quitar. Y si es algo mucho más serio nos planteamos la necesidad de marchar al servicio de urgencias del hospital que nos corresponda o, en todo caso, al más cercano, para que nos den un remedio que nos solucione cuanto antes el problema que nos acucia.
      Pero ¿qué pasa cuando ese dolor se manifiesta como consecuencia de una enfermedad que padecemos, más o menos importante, pero que al tener el dolor como una de sus manifestaciones en mayor o menor grado, nos ocasiona unas molestias tan desagradables que queremos evitarlas cuanto antes?
      Todo esto es muy humano, muy nuestro, y el sentido de autoprotección que todos tenemos nos impulsa a conservar el bienestar que teníamos. Y nos damos cuenta de ese otro aspecto que incide en esa lucha constante y sin cuartel contra el dolor, el sufrimiento o la enfermedad: acabamos dándonos cuenta que no podemos deshacernos del todo de esas molestias. Y a veces nos enfadamos o, peor aún, nos desesperamos y nos sentimos impotentes.
     
Es necesario un enfoque que , por lo menos, nos haga ver e intentar comprender, el aspecto positivo que pueda tener el sufrimiento que nos ocasiona  la enfermedad o el dolor.
      La Medicina ha luchado durante muchísimos siglos atrás buscando formas y remedios para curar, suavizar o aminorar el sufrimiento y el dolor. Y sigue haciéndolo sin descanso mediante la investigación. Poco a poco han ido lográndose avances en muchos casos (los calmantes para el dolor, la anestesia para la cirugía y muchas cosas más) pero no podemos estacionarnos en ese punto.
      Como enfermos pienso que también tenemos algo que decir, o mejor aún, ALGO QUE HACER. Si somos cristianos y nos sentimos parte integrante de la Iglesia hemos de ver qué  actitud nos corresponde a cada uno de nosotros.

      San Pablo nos ofrece una pista: 'Ahora me alegro de padecer por vosotros y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su Cuerpo que es la Iglesia'. (Col. 1, 24). Tanta importancia da a los sufrimientos de nuestro cuerpo, que en la primera carta a los cristianos de Corinto les dice: '¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?' (1Cor. 6, 15). El sufrimiento y dolor de nuestros cuerpos lo eleva a los padecimientos sufridos por el mismo Jesús de Nazaret, verdadero Dios y verdadero hombre.
     
      Esto le puede plantear esta duda a cualquier persona: ¿Significa ésto que Jesucristo no nos acabó de redimir totalmente? El recordado Papa San Juan Pablo II nos lo explica en su Carta Apostólica 'Salvifici Doloris' de esta manera:
      '¿Esto quiere decir que la redención realizada por Cristo no es completa? No. Esto significa únicamente que redención obrada en virtud de amor satisfactorio permanece constantemente abierta a todo amor que se expresa en el sufrimiento humano. [...] Cristo ha obrado la redención completamente y hasta el final, pero al mismo tiempo no la ha cerrado. [...] Cristo se ha abierto desde el comienzo, y constantemente se abre, a cada sufrimiento humano. Sí, parece que forma parte de la esencia misma del  sufrimiento redentor de Cristo el hecho de que haya de ser completado sin cesar'. (San Juan Pablo II. Carta Apostólica 'Salvifici Doloris'. Capítulo V: Partícipes en los sufrimientos de Cristo, núm. 24).
     
Leída esta opinión del Papa la podemos encontrar lógica y realmente lo es, pero también resulta lógico que cualquier persona que está atravesando el principio de una enfermedad del tipo que fuere, pero que inevitablemente le va a producir dolor, fiebre o malestar generalizado, lo impulsa a tomar la decisión de acudir a un médico o a la farmacia más cercana para que le aconsejen y vendan el medicamento que combata o aminore sus sufrimientos cuanto antes, como comentaba al principio.
      En el Antiguo Testamento bíblico podemos encontrar ya este tipo de situaciones, pero mejor lo dejamos para la próxima entrada.

     Que Nuestra Señora la Virgen de Loreto interceda por nosotros, por nuestras familias y por la paz mundial.

miércoles, 12 de abril de 2017

Dolor…, enfermedad…, ¿por qué? (II)


UNCIÓN DE ENFERMOS.-ROGIER VAN DER WEYDEN.-GÓTICO
      La voz de los altavoces reclamando la presencia de los familiares de la señora atropellada lo sacaron de aquellos pensamientos y marchó, acompañado de su hija, hacia donde había un médico, que les dijo: '-Está muy grave. Hay que trasladarla al Hospital General porque allí está la Unidad de Neurocirugía. Ya les dirán lo que proceda cuando la reconozca el Equipo de neurocirujanos de guardia'.
      Cuando salieron a coger el coche se tropezaron con el hijo y su esposa que llegaban entonces de la ciudad  donde vivían y marcharon de inmediato al Hospital General.
      Allí, largos momentos de espera e incertidumbre. A su yerno, al ser médico, se le permitió entrar a verla y al salir transmitió a la familia la impresión de sus compañeros: 'Está gravísima. No contéis con ella'. El marido era un manojo de oraciones, en muchos casos deslavazadas. Por su cabeza pasaban escenas de muchos años atrás, cuando siendo estudiantes se hicieron novios, que fueron interrumpidas al oír que reclamaban su presencia por megafonía. Una joven doctora explicó que la iban a subir a planta. Iba sedada y seguía inconsciente.
      En la habitación, junto al control de enfermería, estaba únicamente ella como enferma. Alrededor de las ocho de la tarde su marido se dirigió a una de las enfermeras de guardia preguntando por el capellán del hospital y solicitó que en cuanto pudiera acudiese a la habitación para administrarle el Sacramento de la Unción de los Enfermos. En esos momentos consideró que era lo más importante y adecuado para ella. Si Jesucristo siempre había estado presente en su matrimonio en muchísimas circunstancias, también quería hacerlo presente en estos momentos de dolor e incertidumbre, porque también tenía algo que decir en esta ocasión como en tantas otras de su vida en común. Las enfermeras le indicaron que cualquier cosa que considerase importante, por mínima que fuese, debía comunicársela.
      El teléfono móvil del marido no tenía descanso, pues llamó a todos sus amigos sacerdotes comunicándoles lo ocurrido y pidiéndoles que rezasen e incluso que ofreciesen Misas por ella. También llamó a la familia y a los amigos más allegados pidiendo oración. Mucha oración.         A las ocho de la mañana del día siguiente, festividad de la Inmaculada Concepción de la Virgen, (dato muy significativo), se presentó en la habitación el capellán del hospital y le administró el Sacramento solicitado. El silencio, la oración, la tensa espera , continuaban allí, pero a las ocho horas y veinticinco minutos fue roto el silencio y la oración por una débil voz procedente del lecho de la habitación preguntando: '¿Qué haces tú aquí? ¿Dónde estoy? Esto no es mi habitación. ¿Estoy en un hospital? ¡Ah! ¿Es por el accidente?'
      Tras darle una respuesta tranquilizadora, el marido marchó al control de enfermería. Había cuatro enfermeras preparando medicación para otros pacientes y otra señora esperando en el mostrador. No esperó a que preguntasen nada. Confuso como estaba les dijo: 'Mi mujer se ha despertado y ha preguntado  qué está haciendo aquí...' No pudo terminar de hablar. Tres enfermeras marcharon inmediatamente a la habitación con un semblante en sus caras de asombro e incredulidad. La encontraron hablando débilmente con su hija pero cuanto decía se podía considerar absolutamente coherente. Las tres hablaron con ella e incluso le gastaron alguna broma y mientras una de ellas se quedó en la habitación, las otras dos marcharon.
     
    Unos diez minutos después aparecieron tres doctores neurocirujanos que tras hacerle unas preguntas pidieron a los familiares que salieran de la habitación para quedarse solos con ella. Unos minutos más tarde salieron y uno de ellos se dirigió al marido para decirle que había experimentado una mejoría. Iban a modificarle el tratamiento y le harían nuevas pruebas radiológicas y analíticas. Le sonrió dándole en el hombro unas palmadas de ánimo y marchó.
      Tal vez el preámbulo de esta entrada haya sido algo extenso, pero es rigurosamente cierto. Lo he elegido para que sirva como punto de apoyo el tema que voy a tratar: el sentido de la enfermedad y el dolor. Es algo que está ahí a diario y difícilmente, de alguna u otra forma, todos los mortales estamos sujetos a él de una manera o de otra desde la más temprana edad.
RAMÓN Y CAJAL CON UN GRUPO DE MÉDICOS
      Nuestro organismo ha atravesado a lo largo de la Historia por circunstancias que muchísimas veces han llamado la atención y la curiosidad de personas que se han sentido atraídas por sus manifestaciones y que han dado lugar a numerosos descubrimientos que, con el paso del tiempo, han dado lugar a la ciencia médica.
      Por supuesto no voy a entrar en esta ciencia porque no soy médico, pero sí quisiera analizar y comentar las distintas actitudes humanas que se dan entre nosotros cuando nos encontramos inmersos en alguna enfermedad, tanto a nivel humano como a nivel cristiano.
      Ya lo iremos viendo poco a poco.

      Que Nuestra Señora la Virgen del Remedio y su Hijo nos bendigan y asistan a todos.

viernes, 3 de marzo de 2017

Dolor…, enfermedad…, ¿por qué? (I)

      Una soleada mañana de cualquier día. Un hombre arrastra lentamente el carro de la compra en una Gran Superficie. Suena su teléfono: '-¿Es don Fulano de Tal? -Sí. ¿Quién es? -Soy una agente de la Guardia Civil. Un coche acaba de atropellar a su esposa frente a su casa. Venga en  cuanto pueda. -Voy allá de inmediato.'
      En unos pocos segundos se había producido como un cataclismo en el interior de aquella persona. Abordó a una empleada de aquel comercio: 'Acaba de decirme la Guardia Civil que un coche ha atropellado a mi esposa...' No lo dejó terminar: 'Márchese en seguida con su mujer y no se preocupe de nada'. Salió rápidamente. El coche arrancó y encontró la puerta de salida ya abierta. Mentalmente dio las gracias a quien la abrió y mientras conducía iba pensando: '¿Por qué, Señor? ¿Qué ha ocurrido? ¿Es así como me han dicho? No lo sé, pero ahora más que nunca confío en Ti. Te encomiendo a mi mujer. Sé que para Ti no hay nada imposible'.

      Cuando llegó al lugar había una enorme muchedumbre y mucha Policía. Uno de los Agentes le indicó dónde podía aparcar y se dirigió de inmediato donde su mujer yacía en el suelo con un charco de sangre bajo su cabeza. Un hombre joven, con unas gasas en las manos, le sostenía la cabeza taponando la enorme herida que tenía. Pensó que sería algún sanitario por la profesionalidad con que hacía las cosas y marchó con los Agentes que lo reclamaban para averiguar quién era ella, dirección y un sinfín de burocracia que en esos momentos odió sin límites porque le impedía estar junto a ella.
      Una potente sirena se oía y la ambulancia que llegó se detuvo prácticamente junto a ella. Bajaron una doctora y dos enfermeros portando una camilla. El marido preguntó a la doctora a qué hospital iban a llevarla y le contestó escuetamente 'al más cercano'. Antes de partir buscó al hombre joven que atendió a su esposa mientras estuvo en el suelo, pero no lo vio. Preguntó por él a algunos conocidos que había y contestaron que no lo sabían. No lo habían visto marcharse. A quienes preguntó, nadie lo había visto marcharse ni tampoco nadie lo había visto nunca, pero lo cierto es que no estaba y no le pudo agradecer su comportamiento y buen hacer con su esposa.
      Subió al coche para seguir la ambulancia y mientras conducía iba pensando muchas cosas. ¿Cómo era posible que nadie le hubiera visto marchar? Necesariamente tuvo que atravesar aquel cordón más o menos circular que rodeaba la escena mirando la actuación de la Policía y de los sanitarios. ¿Habría desaparecido? Esta idea la desechó, pero unos días más tarde que pudo hablar con varias personas que lo vieron llegar pidiendo paso con voz recia diciendo que era médico, se lo volvieron a asegurar al marido, ya que no le quitaron el ojo de encima al llamarles la atención la oportunidad de su llegada y los movimientos precisos y seguros con que colocó de lado en un momento a la persona accidentada, sacó de su bolsillo el paquete de gasas y las colocó en el occipital que sangraba mucho.
      La teoría de la desaparición empezó a tomar fuerza, pero en ese caso, ¿quién era? Dejó esos pensamientos porque tenía que avisar a sus hijos y comunicarles lo ocurrido. Y su mujer, ¿cómo estaría? Sabía que bien atendida, pero él no podía estar con ella para cogerla de la mano por lo menos, porque aparte de ese gesto de calor y ánimo, poco más podía hacer.
        Cuando llegó a urgencias del hospital su hija ya había llegado. Le informó que la habían entrado con mucha rapidez para hacerle radiografías y la sacarían cuando acabasen. Poco después salió en la camilla y él se le acercó: '¿-Cómo te encuentras?', le dijo. '-¿Quién eres?' respondió. '-Soy tu marido'. '-¿Mi marido? ¿Yo tengo marido?' le dijo. Acercándose y poniendo su cara frente a los ojos abiertos de ella,le habló: '-Mírame. Yo soy tu marido'. Alargó su mano buscando su cara. Él la tomó pero la respuesta que le dio lo dejó helado: '-No veo nada. Lo veo todo negro'. En su interior, un pensamiento atravesó su cerebro y su alma: '¡Dios mío! Me la han dejado ciega...'.
      Tal vez el preámbulo de esta entrada, que finalizaré en la próxima, haya sido algo extenso, pero es rigurosamente cierto todo cuanto he expuesto, pues conozco ese caso. Lo he elegido para que sirva como punto de apoyo y de partida al tema que voy a tratar: el sentido cristiano de la enfermedad y del dolor. Al menos lo voy a intentar, ya que en ese campo tengo una larga experiencia. Es algo que está ahí, a diario y que difícilmente, de alguna u otra forma, todos los mortales estamos sujetos a ellos desde la edad más temprana.
 LA LECCIÓN DE ANATOMÍA DEL DOCTOR NICOLAES TULP.-REMBRANDT.-BARROCO
      Nuestro organismo ha atravesado a lo largo de la historia por circunstancias que muchísimas veces han llamado la atención y la curiosidad de las personas que se han sentido atraídas por sus manifestaciones y que han dado lugar a numerosos descubrimientos que, con el paso del tiempo, han dado lugar a la ciencia médica.
       Por supuesto no voy a entrar en esta ciencia porque no soy médico, pero sí quisiera analizar y comentar las distintas actitudes humanas que se dan entre nosotros cuando nos encontramos inmersos en alguna enfermedad, tanto a nivel humano como a nivel cristiano.
      Ya lo iremos viendo poco a poco.
      Que Nuestra Señora de Eunate y su Hijo nos bendigan a todos.
 
 

lunes, 23 de enero de 2017

El ¿fin del mundo? (y III)

DANIEL EXPLICA A NABUCODONOSOR SU SUEÑO
      Es éste un tema que atrae la atención de mucha gente porque, a pesar de saber de antemano que no van a conocer jamás lo que solamente conoce Dios, les hace rebuscar, leer o cualquier otra cosa que pueda hacer referencia a este final. Como saben que la mayor fuente de información la pueden tener en las Sagradas Escrituras, buscan en ellas cuanto pueda hacer alguna referencia a este tema y lo desgranan, lo razonan y lo investigan hasta donde puedan llegar.
      En el capítulo 2 del Libro de Daniel, a partir del sueño que tiene el rey Nabucodonosor y que Dios le revela su significado  por medio de Daniel, hay quien encuentra una referencia al fin de los tiempos. Y el relato existente entre  Jesús y sus discípulos, recogido por San Lucas, también es suficientemente explícito: 'Cuando venga el Hijo del hombre sucederá lo mismo que en tiempos de Noé. Hasta que Noé entró en el arca, la gente comía, bebía y se casaba. Pero vino el diluvio y acabó con todos'. (Lc. 17, 26-27).

      Noé estuvo avisando mucho tiempo de la voluntad de Dios y nadie le hacía caso. A poco que dediquemos un poco de tiempo y analicemos cuanto está ocurriendo hoy en el mundo, vemos que existe una similitud manifiesta: casi nadie hace caso de Dios. No se acaban de creer que cuando Él quiera puede permitir cualquier cosa que haga desaparecer de este planeta muchas cosas. Si esto ocurriera, pasaría lo mismo que con Noé. Entonces, cuando ya no tuviera solución, quizá se acordarían de Él, pero ya sería tarde y no tendría solución de ningún tipo. 
      En definitiva, pienso que el mensaje que se nos transmite a través de la Palabra, no es sino que debemos vivir cumpliendo la voluntad de Dios y cuando llegue el momento, verdaderamente trascendente de nuestra vida, como es nuestra propia muerte, que estemos preparados para presentarnos ante el Señor y darle cuenta del empleo que hemos hecho de los talentos que nos entregó cuando nacimos. Con toda propiedad podríamos decir que ese momento sería el fin del mundo para cada uno a nivel personal.
     
      Pero es el 'otro' fin del mundo al que atrae a muchos. Entre otras cosas decía en la primera entrada sobre este tema que 'después de leer y meditar bastante tiempo en ello me da la impresión que esa expresión no es totalmente correcta'. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que nadie conoce si esa expresión corresponde a una destrucción absoluta de este planeta y su desaparición del universo, si hace referencia al fin de la manera de vivir que tenemos ahora porque ya habrá puesto 'las ovejas a un lado y los cabritos a otro' (Mt. 25, 33) y dará a los de cada grupo lo que hayan merecido por el estilo de vida que adoptaron, o, en definitiva, se volverá al estado de perfección de Adán y Eva cuando fueron creados.
      Lo verdaderamente cierto son las afirmaciones que Jesús hizo a sus apóstoles: 'Cuidad de que nadie os engañe. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo "Yo soy el Mesías", y engañarán a muchos'. (Mt.24, 4). No descubro ninguna cosa que no sea de dominio público, pues han surgido grupos que se han autoproclamado 'la auténtica iglesia' y otras cosas por el estilo. 
     
'Oiréis hablar de guerras y rumores de guerra. No os alarméis. Todo esto tiene que ocurrir, pero aún no habrá llegado el fin'. (Mt. 24, 6).
TABLILLA PALEOCRISTIANA CON EL ASESINATO DE ABEL POR SU HERMANO CAÍN.
¿No estamos viendo continuamente las guerras que asolan partes de nuestro mundo y el terrorismo, del tipo que sea y venga de donde venga, que olvida en su totalidad el 'No matarás', el sagrado respeto a la vida que Dios proclamó en el Sinaí y entregó a Moisés en tablas de piedra para todo el mundo, abarcando tanto los muertos por ataques indiscriminados en comercios, centros de enseñanza o camiones bomba en plena calle, como el asesinato de criaturas inocentes que son abortados desde el vientre materno? ¿No estamos viendo cómo una parte de la Humanidad va abriendo caminos de autodestrucción para toda ella con estos actos, de los cuales dará cuenta a Dios?
      'Y todo esto será el comienzo de la gran tribulación. Entonces os entregarán a la tortura y os matarán y todos los pueblos os odiarán por causa de minombre'. (Mt. 24, 8-9). En las noticias de todos los días publicadas en los diarios escritos o en las imágenes de los televisores no cesan de informar de estos acontecimientos que diariamente ocurren y la tortura y asesinato de cristianos que mueren por su fe y de otras personas que mueren por el 'delito' de ir a comprar el pan para su familia a un comercio y encontrarse allí con un enloquecido disparando indiscriminadamente para matar personas inocentes.
     
'Pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará. Esta buena noticia del reino se anunciará en el mundo entero, como testimonio para todas las naciones. Entonces vendrá el fin'. (Mt. 24, 13-14). Es muy difícil. Pero apoyados en Dios, en su Gracia, todo es posible, porque 'para Dios no hay nada imposible'. (Lc. 1, 37).
      Teniendo en cuenta estas y otras palabras de Jesucristo, ¿qué más da que ese final sea llamado 'fin del mundo', 'fin de los tiempos', la resurrección de los muertos', 'el día del juicio' o cualquiera de los nombres  que las Sagradas Escrituras emplean para referirse a una misma cosa que no es otra sino el triunfo total y absoluto de Dios sobre el Mal, sobre  Satanás, 'que fue arrojado al estanque de fuego y azufre, donde se encuentra también la bestia y el falso profeta y donde serán atormentados noche y día por los siglos de los siglos'. (Ap. 20, 10).
      Y esto, ¿tardará mucho? Bueno, pues ¡qué más da! Lo cierto y real es que sucederá y casi con toda probabilidad cada uno es posible que muera (con lo cual habrá llegado para él o para ella su juicio particular) antes de que suceda el final anunciado por Jesús. San Pedro, quizá recordando ésto escribió este consejo o advertencia: 'No es que el Señor se retrase en cumplir su promesa como algunos creen; simplemente tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que alguno se pierda, sino que todos se conviertan. PERO EL DÍA DEL SEÑOR LLEGARÁ COMO UN LADRÓN. Y ese día los cielos se derrumbarán con estrépito, los elementos del mundo se desintegrarán presa del fuego y la tierra y todo lo que se haya hecho en ella quedará al descubierto'. (2Pe. 3, 9-10).

      Sí. Cuantos nos hayamos empeñado en mantener nuestra fidelidad hacia Quien nos llamó a la vida, superando cuantas dificultades y tentaciones haya sufrido con su ayuda, con la Eucaristía, y los otros Sacramentos, estaremos donde 'ya no habrá nada maldito. Será la ciudad del trono de Dios y del Cordero, en la que sus servidores le rendirán culto, contemplarán su rostro y llevarán su nombre escrito en la frente. Ya no habrá noche; ya no necesitarán luz de lámparas ni la luz del sol; el Señor Dios alumbrará a sus moradores, que reinarán por los siglos de los siglos'. (Ap. 22, 3-5).
      Que el Cordero y Nuestra Señora de Soufanieh nos bendigan.
NUESTRA SEÑORA DE SOUFANIEH, SIRIA.-ICONO

martes, 3 de enero de 2017

El ¿fin del mundo? (II)

      La Palabra de Dios es un pozo sin fondo. Cuanto más nos adentramos en ella mayores descubrimientos hacemos. Esto lo saben muy bien aquellas personas que ante los diferentes planteamientos sobre algún tema concreto de la Biblia hubo discusiones y al final el Espíritu Santo dio la luz suficiente para que se llegara a una conclusión veraz.
      Lo cierto es que el ser humano, aunque quiera buscar mil y una justificaciones; aunque se haga los planteamientos más disparatados; aunque lea, estudie o investigue en los libros que considere convenientes o visite los lugares más inverosímiles, jamás se queda totalmente satisfecho con las conclusiones a las que llega sobre el fin del mundo. En el fondo de su fuero interno sabe que jamás llegará al conocimiento del día, lugar y año que ocurrirá semejante acontecimiento.
      Hay personas de determinadas confesiones religiosas, no católicas, que vaticinaron el día, mes y año del fin del mundo y se prepararon para vivir este acontecimiento. Como era de esperar no ocurrió nada de lo que esperaban y todavía lo siguen esperando.                                         A los Apóstoles también les rondaba esta idea por la cabeza y no perdían la ocasión de comentarlo con el Maestro, y así 'estaba sentado en el monte de los Olivos, cuando se le acercaron los discípulos en privado y le dijeron: -Dinos cuándo ocurrirá esto, y cuál será la señal de tu venida y el fin de este mundo. Jesús les respondió: -Cuidad de que nadie os engañe. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo 'yo soy el Mesías', y engañarán a muchos. Oiréis hablar de guerras y de rumores de guerra. No os alarméis. Todo esto tiene que ocurrir, pero aún no habrá llegado el fin'. (Mt. 24, 3-14).

      Jesucristo conocía muy bien las preocupaciones humanas sobre este tema y a lo largo de su vida pública fue dando bastantes detalles. Como había mucha claridad en cuanto decía, Mateo y Marcos recogieron uno de estos momentos y lo escribieron prácticamente igual en sus respectivos Evangelios:
     
      'En cuanto el día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre'. (Mt.24, 36 y Mc. 13, 32). Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora'. (Mt, 25, 13). Esto es irrefutable. Nada hay que decir porque nada se puede decir. ¿Quién como Dios?                           Decía al principio de la entrada anterior que la expresión 'fin del mundo' no me parecía adecuada- ¿Por qué? Bueno. Realmente es una opinión personal, pero tiene un fundamento: la Biblia. Verán ustedes. Ciertamente no he leído (y menos aún estudiado) toda la Biblia. Libros como el Levítico, por nombrar alguno, apenas lo he leído superficialmente. Pero sí he leído muchos del A.T. y todos los del N.T. La expresión 'fin del mundo' no aparece muchas veces ni tampoco es la única que se emplea para referirse a este acontecimiento, pues hay otras ('el día de Yavéh', 'el fin de los tiempos, etc.).

      Las últimas palabras que aparecen en el Evangelio de Mateo son pronunciadas por el mismo Jesús y dice así: 'Poneos, pues, en camino, haced discípulos a todos los pueblos y bautizadlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta EL FINAL DE ESTE MUNDO'. (Mt. 28, 19-20).
     
¿Qué significado encierra esta expresión? ¿La desaparición absoluta del planeta Tierra en el cual habitamos? Ni lo sé personalmente ni creo que el sentido que Jesucristo quiso darle a esta expresión sea conocida por alguien. Me atrevo a pensar que quizá pudiera referirse al final de la vida de este mundo, puesto que todos moriremos algún día, pero para nacer a otra vida que, según hayamos vivido ahora y según el caso que hayamos hecho a los planes de Dios y a lo que nos ha mandado hacer según el contenido de su Palabra en la Biblia y en las orientaciones de la Iglesia, tendremos otra vida infinitamente mejor como recompensa por haberlo tenido presente en nuestra vida (o sea, una vida eterna), o bien será una condenación, también eterna, por no haberlo tenido presente en nuestra vida actual. Ciertamente Dios es absolutamente misericordioso, pero también es infinitamente justo.
      Jesucristo en sus predicaciones nos lo fue exponiendo poco a poco (parábolas de los talentos, del rico epulón y Lázaro el mendigo y un largo etcétera) y además, iba explicando su significado a sus apóstoles y a quienes lo escuchaban. Ellos lo recogieron en sus escritos y nos lo transmitieron a nosotros y a cuantos han vivido antes que nosotros. Y también a los que vivirán después de nosotros.

      San Pablo, en su primera carta a los de Tesalónica lo expresa de esta manera: 'Sabéis muy bien que el día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche'. (I Tes. 5, 2). Y Jesucristo lo expuso de modo similar: 'Lo mismo vosotros estad preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre'. (Mt. 24, 44).
      Estoy firmemente convencido que todos estamos llamados a esta preparación a la que hace referencia, porque ninguno de nosotros conoce, como es obvio, el día, ni la hora, ni el lugar, ni las circunstancias, como decía al principio de esta entrada. De cuándo nos encontraremos en la presencia de Nuestro Señor dándole cuenta de cuanto hayamos hecho por Él cuando aún estábamos paseando por este hermoso planeta donde nos plantó para que germinásemos y nos fuéramos transformando en un hermoso ser de la Humanidad por Él creada que le presentemos, en ese preciso instante, los talentos con los que nos adornó cuando nos creó así como los intereses conseguidos para Él. 
      Que nuestro Padre Creador y Nuestra Señora de la Asunción nos bendigan a nosotros y a nuestras familias. 
 ASUNCIÓN DE LA VIRGEN.-Tilman Riemenschneider.-GÓTICO TARDÍO-RENACIMIENTO