
Sí. Ha venido a vernos. A compartir su precioso tiempo y su Magisterio con nosotros. Incluso a despertar nuestras conciencias, acaso aletargadas, para retomar el espíritu del Evangelio, doctrina fiel de nuestro Salvador Jesucristo, para hacerlo presente en nuestras personas y en nuestra sociedad a pesar de las dificultades y de la concepción que hoy se tiene de la forma de vivir.
Es cierto que he interrumpido, momentáneamente, la dinámica de las Bienaventuranzas que retomaré inmediatamente que finalice este tema por la actualidad que tiene, pero he sentido vivos deseos de compartir con ustedes estas reflexiones que me he hecho a nivel personal por una parte y a nivel familiar por otra, porque el mensaje del Pedro de hoy, sucesor del primer Pedro amigo de Cristo, Vicario del Salvador en este mundo, nos afecta a todos, ya que el mensaje que nos envía en sus homilías, en sus intervenciones, con sus actitudes, van dirigidos a la Humanidad, a la Iglesia, a nosotros sin excepción, que somos piedras vivas de ese templo también vivo que es la Iglesia.

De antemano les pido disculpas por algunas fotografías que acompañan esta entrada. Las he obtenido directamente de la retransmisión por TV de este magnífico evento. Me hubiese gustado muchísimo estar en Santiago de Compostela y en Barcelona, pero mis limitaciones físicas no me lo permiten.
Si Su Santidad manifiesta sus preocupaciones por la aparición de un laicismo radical y por la secularización de una sociedad a la que no llega, o no quiere recibir, el mensaje de Jesucristo a través de la Iglesia que fundó, da igual que lo diga en España, en Perú, México, Francia, Finlandia o el país que sea, porque eso es una realidad que se está dando en todo el mundo.

Y eso, en general, las personas de este siglo no lo valoramos lo suficiente. A pesar de haberlo advertido, de haber querido quedarse real y verdaderamente entre nosotros a través de la Eucaristía, hay muchas personas, tal vez demasiadas, que bien lo ignora o bien lo combaten. Lo que ocurre es que, como nos cuenta San Pablo cuando refiere su conversión, ‘duro te es dar coces contra el aguijón’. (Hch. 26,14). No caen en la cuenta que ir en contra de Dios supone llevar todas las de perder, aunque, al menos en este mundo, las apariencias les engañen como engañaron a Saulo de Tarso. Pero a cuantos permanezcamos en la fidelidad al Maestro, nos quedará la recompensa de la Vida verdadera plenificando la felicidad a la que todos aspiramos.

‘La Europa de las ciencia y de las tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes’.
Ya ven. No cabe la autocontemplación o la autocomplacencia. Es necesaria una amplitud de horizontes que nos conduzcan a todos a una apertura hacia los demás, sean del país y de la cultura que fueren, desde el prisma de ese anciano Evangelio que permanece jovencísimo y actual, capaz de dar respuesta a las personas y a las sociedades y capaz también de hacer vibrar nuestros espíritus.

Estamos tan acostumbrados a la rutina diaria que tanto nos envuelve que apenas tenemos tiempo para dedicarlo a lo verdaderamente trascendente. Incluso en los ambientes coloquiales, cuando se quiere reafirmar algún hecho que se ha realizado, surge con una facilidad pasmosa la expresión ‘te lo juro’, circunstancia que he podido constatar personalmente en distintas ocasiones.

Aunque hay muchas cosas dichas por el Papa, a cuál mejor y más útil, anotaré algunas frases, pero créanme que apenas voy a comentar algo de ellas porque están bastante claras y porque el mensaje que incluyen tiene la riqueza suficiente para que cada persona analice cómo le puede afectar personalmente o socialmente. Veamos:
‘Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. (Hch, 4, 33). En efecto, en el punto de partida de todo lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo no se halla una gesta o un proyecto humano, sino Dios, que declara a Jesús justo y santo frente a la sentencia del tribunal humano que le condenó por blasfemo y subversivo; Dios, que ha arrancado a Jesucristo de la muerte; Dios, que hará justicia a todos los injustamente humillados por la historia. Para los discípulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opción, sino parte esencial de su ser’. (Homilía en la Catedral de Santiago de Compostela).

Más adelante y en la misma línea, da otro gran paso dirigido a quien corresponda: ‘Al proponer este nuevo modo de relacionarse en la comunidad, basado en la lógica del amor y del servicio, Jesús se dirige también a los ‘jefes de los pueblos’, porque donde no hay entrega por los demás surgen formas de prepotencia y explotación que no dejan espacio para una auténtica promoción humana e integral’.
¿Se dan cuenta de la enorme actualidad de lo que dice Su Santidad? ‘Jesús se dirige también a los jefes de los pueblos’. Hoy todos los pueblos tienen sus jefes, sus dirigentes, y Jesús de Nazaret sigue hablándoles a través del Evangelio, sean católicos o no, porque el Mensaje de Cristo es universal.

‘Dios existe y nos ha dado la vida’. A todos. Sin excepción. Se piense como se piense, se crea en lo que se crea, solamente hay una realidad: la existencia de Dios, señor de la vida y de su final natural. Nadie puede disponer de ella sino Él. Su Autor. Lo contrario sería como negar que nuestro sol existe. Solamente hemos de querer verlo. Y S.S. lo ha expresado con una claridad meridiana.
‘Dejadme que proclame desde aquí la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riqueza originarios, por la marginación o la muerte infligidas a los más débiles y pobres. No se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por quién es su Padre’. No necesita comentario. Habla muy claro.
Lo dejo aquí esta semana. La próxima, Dios mediante, la dedicaré a su estancia en Barcelona donde consagró la Basílica de la Sagrada Familia.

Que Dios, Padre, Redentor y Santificador nuestro y Nuestra. Señora de Bystrica, Reina de los Apóstoles, nos bendigan y acompañen siempre.
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