sábado, 22 de octubre de 2011

La envidia (I)

EL TIEMPO SUSTRAE LA VERDAD A LA ENVIDIA Y LA DISCORDIA.-NICOLÁS POUSSIN.-BARROCO

Me parece que este pecado capital tiene realmente la importancia suficiente como para que se haya incluido dentro de la catalogación de los ‘pecados mortales’, que ‘matan’ el alma.

Pero hay que evitar simplismos o banalidades. Cuando hay personas que al padecerla son capaces de desear el mal a otras personas porque ambicionan poseer algo que los otros tienen y que el envidioso ambiciona (bienes, cualidades, éxitos,…) es porque se le debe aplicar, ciertamente igual que a los otros seis pecados capitales, una atención especial que conduzca a quien la sufra hacia unas vías de análisis personal y caminos a seguir que reconduzcan su conducta personal y una fuerza férrea para arrancar esa lacra de su vida. Dice el Libro de la Sabiduría: ‘No iré con el que de envidia se consume, porque la envidia no tiene nada que ver con la sabiduría’. (Sab. 6, 23).

LA ENVIDIA.-ANGELO BRONZINO.-RENACIMIENTO

Para Santo Tomás, la característica básica de la envidia es ‘la tristeza del bien ajeno’, de donde se puede deducir lo mal que debe pasarlo quien sienta envidia de algo o de alguien porque él ni lo tiene ni lo puede alcanzar. ¿Vale la pena pasarlo tan mal? En una línea parecida, nos dice San Basilio: ‘Es la envidia un pesar, un resentimiento de la felicidad y prosperidad del prójimo. De aquí que nunca falte al envidioso ni tristeza ni molestia. ¿Está fértil el campo del prójimo? ¿Su casa abunda en comodidades de vida? ¿No le faltan ni los esparcimientos del alma? Pues todas estas cosas son alimento de la enfermedad y aumento de dolor para el envidioso. De aquí que este no se diferencia del hombre desarmado, que por todos es herido’. (San Basilio. Homilía sobre la envidia).

LA ENVIDIA.-EL BOSCO.-GÓTICO

¿Cómo se manifiesta? Pienso que de tantas maneras como personas ambicionan algo ajeno. Podría ocurrir, por ejemplo, que en el lugar de trabajo haya algún compañero o compañera que destaque por su eficiencia, por su dedicación y valía que conlleve el logro de unos éxitos que le conduzcan a unos triunfos tales que le conduzcan a escalar puestos en la Empresa. Y, claro, le gustaría ser como él, tener sus triunfos, sus logros, pero por la circunstancia que fuere, no puede o no sabe, pero eso le produce una desazón capaz de despertar sentimientos de odio. Vistas así las cosas, eso es fatal. Un auténtico calvario.

¿No sería más sencillo aceptarse como es, hacer lo que buenamente puede y plantearse unos objetivos en su vida profesional, social o familiar adaptados a sus verdaderas capacidades, a sus auténticas posibilidades, haciendo al máximo lo que honradamente pueda? No está obligado a más.

Cuando alguien consigue un cargo con mayor remuneración, aunque también con mayor responsabilidad, pueden venir los siguientes planteamientos a cargo de las personas conflictivas o envidiosas: ¿Por qué él y no yo? ¿Qué tiene mejor que yo no tenga? ¿Quién se habrá creído que es?

Claro. A partir de ahí vienen una cadena de pensamientos y actitudes sin fin con efecto de bola de nieve: a medida que va rodando, más grande se hace y no se sabe cuál de todas es peor, porque transforma la vida en un auténtico infierno. Pero, eso sí, procura que nadie pueda vislumbrar sus auténticos pensamientos. Y si alguien lo intuye y se lo hace ver con la mayor de las delicadezas, lo niega rotundamente y hasta él mismo se puede creer que no es envidioso. ¿Cómo va a ser capaz de envidiar a nadie?

Esto no es ninguna novedad. La Historia está plagada de hechos que han pasado a la posteridad como paradigma de la envidia. Y la Sagrada Escritura, en cuanto a Historia del pueblo elegido por Dios para llevar a efecto sus planes redentores de la Humanidad, también ofrece estos hechos desde los primeros tiempos de la actividad humana en nuestro planeta.

En el Génesis se nos narra el asesinato de Abel, hijo de Adán y de Eva, a manos de su hermano Caín. (Gen.4, 1-12). El telón de fondo, la envidia.

JOSÉ VENDIDO POR SUS HERMANOS.-KONSTANTIN FLAVITSKY.-S. XIX

Más adelante, entre los doce hijos de Jacob, también aparece este lastre con su hermano José y lo intentan solucionar vendiendo a su hermano, a quien envidian visceralmente, a unos mercaderes que se dirigen a Egipto, aun a costa de producir a su padre el dolor por la supuesta tragedia de que una fiera lo había matado. Y tuvieron la canallada de presentarle la túnica de José, hijo preferido de Jacob, con la sangre de un cabrito que ellos mataron, haciéndola pasar ante su padre como que la sangre era de su hermano. (Gen. 37, 12-36).

SAÚL INTENTA ATRAVESAR A DAVID

¿Seguimos? ¿Hablamos de la envidia que tuvo el rey Saúl con David después que éste venciese a Goliat? ‘Y las mujeres cantaban a coro: Saúl mató a mil; David a diez mil. Saúl se irritó mucho y, muy airado por estas palabras, decía: A David le dan diez mil y a mí me dan mil; ya sólo le falta ser rey. Y a partir de aquel día, Saúl miró a David con malos ojos’ (1Sam. 18, 7-9). Esto ya era demasiado. Tanto, que llegó al extremo de intentar matarlo. ‘Al día siguiente el mal espíritu enviado por Dios entró en Saúl y empezó a delirar por toda la casa. David estaba tocando el arpa como otros días. Saúl, que tenía la lanza en la mano, la blandió pensando: “Clavaré a David contra la pared”. Pero David lo esquivó por dos veces’. (1Sam. 18, 10-11). Naturalmente, esto provocó que David huyese para conservar la vida.

Sí, amigos. La envidia es un tema muy serio. Tanto, que por envidia hay personas que comprometen su salvación eterna con palabras como ‘Aunque me condene…’ y a continuación expresan lo que las corroe. Triste, ¿verdad? Personalmente estoy convencido de que quien adopte esa actitud no calibra suficientemente el alcance y significado de ese deseo y hasta es posible que con el tiempo y la Gracia de Dios rectifique. Pero no deja de ser lamentable.

Y es que la envidia es una fábrica de resentimientos y de actitudes negativas ante la vida y ante los demás en continua producción. Pero especialmente ante Dios. Y todo en conjunto es un manantial inagotable de amargura personal que no deja vivir en paz a nadie, pudiendo llegar en algunos casos a destruirlo como persona normal.

ENVIDIA.-LUCA SIGNORELLI.-RENACIMIENTO

Pienso que para los cristianos, entre los que me incluyo, si llegáramos a advertir estos sentimientos por mínimos que fueren, debemos acudir al Crucificado y ponernos ante Él con nuestra nada, con nuestros pecados y miserias humanas pidiéndole, incluso desesperadamente, como en ocasiones hace el salmista, el don que habitualmente pedimos al rezar el Padre Nuestro: ‘No nos dejes caer en la tentación. Y líbranos del mal’.

No olvidemos que la envidia, como pecado, es diabólica. Y este nefasto personaje para nuestra vida de Gracia, para nuestra paz espiritual, siempre está dispuesto y a punto para arrebatar a Dios alguno de sus hijos. Y para ello suscita, además de sentimientos de envidia, lo se puede derivar de ella: difamación, mentiras, descrédito de los demás,…

La Biblia, que como hemos visto en los pasajes anteriormente expuestos, nos hace ver casos concretos motivados por la envidia, también nos advierte contra ella. Así podemos ver: ‘El corazón apacible es vida del cuerpo; pero la envidia es la carcoma de los huesos’ (Prov. 14, 30). Continúa más adelante:’Cruel es el furor, impetuosa la ira, pero ¿quién puede aguantar la ira? (Prov. 27, 4)

ENVIDIA.-JACOB MATHAM.-RENACIMIENTO

Pues sí. Ya ven. La envidia es feroz y por eso precisamente la Palabra nos advierte del cariz destructor que encierra. Suele empezar por cosas pequeñas y puede llegar a extremos insospechados como hemos visto en el caso del rey Saúl y cómo San Pablo nos advierte también refiriéndose a este tipo de personas: ‘Y por haber rechazado el verdadero conocimiento de Dios, Dios los ha dejado a merced de su depravada mente, que los impulsa a hacer lo que no deben. Están llenos de injusticia, malicia, codicia y perversidad; son envidiosos, homicidas, camorristas, mentirosos, malintencionados, chismosos, calumniadores, impíos, insolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, rebeldes a sus padres, inconsiderados, desleales, desamorados y despiadados’. (Rom. 1, 28-31).

Antes comentaba que el envidioso niega que sea así. No lo reconoce o no lo quiere reconocer. Pero a Dios no lo va a engañar. Un cristiano inmaduro nunca reconocerá su situación, y, por tanto, no podrá reconciliarse con Él ni tampoco pedirle ayuda para salir de ese pozo sin fondo. ‘Portémonos con dignidad, como quien vive en pleno día. Nada de comilonas y borracheras; nada de lujuria y libertinaje; nada de envidias y rivalidades’. (Rom. 13, 13).

¡Caramba! ¿Tan ciegos podemos llegar a ser que pensemos que podemos engañar a nuestro Creador? ¡Si Él nos ha engendrado! ‘Así dice el Señor que te hizo, el que te formó en seno materno y te auxilia’. (Is. 44, 2). El salmista incide en lo mismo: ‘Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el vientre de mi madre’ (Sal. 139(138), 13). Está clarísimo, ¿verdad? Y un Ser que nos ha formado y nos ha destinado a servirle y adorarle, que solamente desea nuestro bien, ¿dejará de conocernos? ¿Valdrá la pena que nos pulamos en actitudes y actos para hacernos, con su ayuda, semejantes a Él dentro de nuestras limitaciones humanas? Y obviamente, la envidia, como pecado, sesga esa trayectoria hacia nuestro Padre común.

En ese magistral canto al Amor que San Pablo hace en la primera de sus cartas a los fieles de Corinto, superconocidísima por todos y, posiblemente, también meditadísima, nos hace ver la realidad de la envidia dentro de todos los aspectos a los que se refiere: ‘El amor…no tiene envidia…Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta’ (1Cor. 13, 4-7). O sea, que la envidia es la antítesis del amor. Se opone a él. Y si Dios es Amor…está claro ¿no? Se opone al mismo Dios.

En la próxima entrada acabaremos de desgranar este pecado capital y veremos el antídoto contra su veneno.

Que Jesucristo y Nuestra Señora de Kazán nos bendigan a todos.


domingo, 2 de octubre de 2011

Avaricia (y II)

EL CAMBISTA Y SU MUJER.-QUENTIN MESSYS.-RENACIMIENTO

El avaro es una persona poco o nada comunicativa incapaz de considerarse solidaria con nadie ni con nada como hemos visto en el caso de Judas en la entrada anterior. Nada de lo que pueda ocurrir a los demás le afecta ni le llama la atención. Vive como pobre para morir siendo rico. El dramaturgo francés Molière captó genialmente la figura de este personaje en su comedia ’El avaro’, en la que nos muestra al personaje principal capaz de vender su alma por dinero.

¿Significa esto que no se debe tener dinero ahorrado para cubrir las necesidades personales y familiares? ¡No, por favor! No se trata de eso. El ahorro es necesario. Casi imprescindible. Fíjense en este pensamiento: ‘No prohíbe Cristo enriquecerse, sino hacerse esclavo de las riquezas: quiere que usemos lo necesario, pero no que guardemos avariciosamente. Es propio del que sirve el guardar las cosas, y propio del señor el darlas’. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Catena Aurea, vol VI, p. 315). Quien esto dice, Padre de la Iglesia, tiene clara su objetividad del tema.

AVARICIA.-JACOB MATHAM.-S. XVI - XVII

Es bueno que las personas busquemos una cierta riqueza exterior en proporción a la necesidad que tengamos en nuestra condición social. El pecado se dará en el exceso de la medida y en las actitudes de desentendernos de los que padecen auténtica necesidad. Hago referencia a esas situaciones en las que el dinero hace embrutecer a las personas hasta el extremo de malvivir y de no auxiliar con él a nuestros semejantes en la medida de nuestras posibilidades. Que no nos impida SER PERSONAS conscientes de nuestra solidaridad, incluso a costa de alguna renuncia por nuestra parte. ‘Dichoso el rico que es hallado sin tacha y que no se afana tras el oro. ¿Quién es éste para que lo felicitemos? Porque ha hecho maravillas en su pueblo’ (Eclo. 31, 8-9). Ya ven que la misma Escritura va en apoyo de quienes saben utilizar sus caudales.

Si las personas tendemos a ayudarnos mutuamente en cuantos problemas o necesidades vayan surgiendo, desarrollando así el sentido de la solidaridad, necesariamente dependeremos unos de otros. Cáritas y otras Organizaciones son un claro ejemplo de ello a través de las personas que las hacen funcionar y de cuantos colaboran en ellas a través de sus donativos monetarios, alimenticios, de ropa o atendiendo a llamadas concretas para solucionar casos verdaderamente sangrantes.

Pero el avaro solamente magnifica ‘su’ dinero, porque si se dedica a atender a los demás va perdiendo capital. Y eso, aunque no lo sepa o no lo quiera admitir, lo embrutece. Por tanto es un pecado contra la caridad y la justicia. Contra Dios en definitiva, puesto que Él es la Caridad, el Amor, en grado infinito. Y el avaro está ninguneando al Supremo Hacedor para erigirse en adorador de su propio dios: el dinero.

LA MUERTE.-VALDÉS LEAL.-BARROCO

Y todo ¿para qué? Es indiscutible que lo mismo que todos hemos nacido desnudos, desnudos moriremos en el sentido de que nada de ese tipo de capital nos llevaremos a la presencia de Dios cuando nos reclame ante Él. Y entonces, ¿qué le presentaremos? ¿Los arcones llenos de monedas o nuestras cuentas bancarias rebosantes de inútiles ahorros con los que acaso no hayamos ayudado a quienes están viviendo momentos angustiosos y trágicos tanto ellos como sus familias, con tal de acumular la fortuna personal? Absurdo, ¿no les parece?

Pero no centremos solamente en el dinero la avaricia. También existen avaros de posesión de libros (que luego no leen), de aparatitos informáticos siempre a la última tecnología que realmente no los necesitan así, pudiendo arreglarse con otros inferiores. Su codicia les lleva a querer tener el mejor coche, el mejor reloj o el mejor lo que sea. Presumen y se jactan de tener lo último ante quien sea, sencillamente porque ellos no lo tienen y, tal vez, no lo pueden tener, con lo cual la humillación ajena también hace acto de presencia. Santo Tomás de Aquino dijo que la avaricia ‘es un pecado contra Dios, al igual que todos los pecados mortales, en lo que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales’. Realmente lo verdaderamente importante no consiste en tener, especialmente si se emplea bien la cabeza, sino en saber usarlo correctamente y para el bien.

Jesucristo, el Logos, la Palabra, dice en el Evangelio: ‘Nadie puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá al otro o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero’ (Mt. 6, 24). Y no se queda ahí. También dice: ‘Aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío’ (Lc. 14, 33)

Desde la avaricia pueden surgir situaciones, igualmente malas o peores quizá, como es el robo, el fraude o la estafa, situaciones todas de codicia que no conducen a nada decente, ya que pueden llevar al perjurio y al endurecimiento del corazón. Carlos Dickens, novelista inglés del siglo XIX, escribió una novela, ‘Cuento de Navidad’. En la que trata de un hombre avaricioso, miserable en grado superlativo, que se enfrenta a tres espíritus (de las Navidades pasadas, de las presentes y de las futuras) a través de los cuales ve el enfoque de su vida. El novelista enfoca desde el punto positivo la situación y el avaro protagonista rehará su vida empleando el dinero para el bien de forma generosa. Y encuentra la felicidad verdadera en la ayuda al prójimo.

No conozco a nadie que no se haya sentido feliz leyendo este relato, especialmente por su desenlace referido a la capacidad de reacción positiva del protagonista. Siempre se está a tiempo de volver a empezar o de dar marcha atrás en nuestras conductas erróneas. Personalmente lo he releído siete u ocho veces. Me ha hecho ver, como a otros que lo conocen, que si la avaricia es un pecado, tiene una solución con fuerza de voluntad y la ayuda divina, de salir de esa situación absurda y darse a los demás. Dios siempre está esperando a todos en el Sacramento de la Reconciliación.

‘Si estáis inclinados a la avaricia, pensad con frecuencia en la locura de ese pecado, que nos hace esclavos de lo que ha sido creado para servirnos; pensad que al morir, en todo caso, será menester perderlo todo, dejándoselo a quien, tal vez, lo malversará o se servirá de ello para su ruina y perdición’. (SAN FRANCISCO DE SALES, Introducción a la vida devota)

Cuando dejemos este mundo solamente podremos llevarnos los frutos de nuestras buenas obras, de nuestra oración, de nuestros sacrificios y de todas las respuestas que hayamos dado a la pregunta del Creador: ‘¿Qué es lo que has hecho? La sangre de tu hermano me grita desde la tierra’. (Gen.4, 10). Pienso que a nadie nos gustaría enfrentarnos a esa pregunta con respuestas negativas y con las manos vacías en ese momento verdaderamente trascendental.

MESA CON CARCOMA

¿Qué sentido tiene el atesoramiento absurdo y sin sentido de caudales, algunos adquiridos quizá de forma ilícita? Nuestro Maestro hace referencia varias veces al tema de la avaricia. También nos dice: ‘No acumuléis tesoros en esta tierra, donde la polilla y la carcoma echan a perder las cosas y donde los ladrones socavan y roban. Acumulad mejor tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la carcoma echan a perder las cosas y donde los ladrones no socavan ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón’. (Mt. 6, 19-21).

Y para nosotros, discípulos suyos, la elección pienso que no es dudosa. Nuestros caudales, la oración, el servicio y la ayuda a los demás, la entrega personal en el trabajo por la Iglesia, la colaboración en Parroquias o entidades diocesanas, no son alimento de carcoma alguna.

Que Jesucristo Redentor y Nuestra Señora de Walsingham nos bendigan y protejan.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Avaricia (I)


EL AVARO.-MARIANO FORTUNY.-ECLECTICISMO ESPAÑOL.

Los demás hombres son dueños de su fortuna; el avaro es esclavo de la suya’
(Décimo Junio Juvenal. Poeta romano de finales del siglo I y comienzos del siglo II).

Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos’ (Miguel de Unamuno. Filósofo español del S. XX)

Como punto de arranque para tratar este pecado capital me han venido como anillo al dedo los pensamientos o máximas de estos dos personajes que vivieron en siglos tan distantes el uno del otro, y que demuestran que en sus tiempos respectivos la avaricia ya causaba estragos entre las personas de sus tiempos. Por extensión, podremos decir que también en las de todos los tiempos.

AVARO.-CAPITEL ROMÁNICO

Ambos rebosan acierto y veracidad sea cual fuere el punto de vista del que los queramos ver o analizar y a través de ellos podemos observar dos tipos diferentes de avaricia: la material y la intelectual. Normalmente solemos referirnos a la de tipo material en lo que a dinero y riquezas se refiere y que iremos viendo a lo largo de esta entrada y de la siguiente, pero aunque sea de pasada, también quiero nombrar a la de este otro tipo.

No sé si alguno de los que lean estas líneas habrá tenido esta experiencia o conocerá casos concretos sobre la misma. Personalmente la he vivido y padecido. Cuando la informática comenzaba a caminar con paso firme y decidido en todos los ámbitos sociales (industria, comercio, centros docentes,…) en mi lugar de trabajo recibimos un PC. No teníamos ninguna noción sobre el funcionamiento del mismo pero sí vino acompañado de unas instrucciones concretas: había que informatizar la burocracia oficial, los documentos, las notas de los alumnos, etc.

Ciertamente no sabíamos qué hacer. Recurrimos a compañeros y amigos con conocimientos en este campo y a excepción de alguno que nos enseñó algo elemental y básico sobre su funcionamiento, otros, la mayoría, se limitaban a explicar algo verbalmente o lo hacían ellos en el PC sin explicar nada, marchándose con las excusas más peregrinas que imaginarse pueden. Alguno había que nos remitía a libros informáticos y alguno más a decir que no sabían ‘eso’ cómo hacerlo, cuando en su oficina trabajaban con ordenador.

¿Por qué?, me preguntaba yo. Al final tuvimos que pedir los permisos pertinentes a nuestros superiores para acudir a cursos de formación sobre este tema. Con ellos y los amigos y padres de algunos alumnos que se armaban de paciencia y generosidad para explicarnos las dudas fuimos saliendo del paso. La práctica y los apuntes que iba tomando de cuanto me explicaban hicieron el resto.

Vengo a decir lo de este Padre de la Iglesia: ‘Quien es esclavo de las riquezas, las guarda como esclavo; pero quien sacude el yugo de su esclavitud, las distribuye como señor’ (SAN JERONIMO. Catena Aurea). Aun hoy sigo sin entender también esa carencia de ‘enseñar al que no sabe’, de ‘gratis lo recibisteis, dadlo gratis’. Estas circunstancias y condicionantes marcaron un reto que cuando me llegó el momento de la jubilación me matriculé en la Universidad en unos cursos durante siete años para aprender a manejarme en este terreno. Fue como un desafío personal contra mí mismo. Y lo conseguí con cierta holgura.

SAN JERÓNIMO.-GHIRLANDAIO.-RENACIMIENTO

Incluso en esos casos bastante más sencillos en los que se juntan amigos a comer y la anfitriona prepara algún plato exquisito que invita a ‘chuparse los dedos’, y alguna de sus amigas le pide la receta, he oído, en distintas ocasiones la misma respuesta: ‘Esto es secreto de familia que pasa de padres a hijos. No te la puedo dar’. Pues será así, pero para mí es francamente incomprensible.

AVARICIA.-PIETER BRUEGHEL, EL VIEJO.-RENACIMIENTO

Vistos estos casos, mínimos y tal vez sin importancia según nos parezca a cada uno, vamos a ir ahondando en este pecado capital.

Mirando a nuestro alrededor, no es necesario forzar mucho la vista para darnos cuenta de que nuestra sociedad invita e impulsa a un consumismo feroz a cuantos pertenecemos a ella. Se planifica todo cuidadosamente para crearnos necesidades que realmente no tenemos, pero es el campo de avituallamiento de los amasadores de fortunas que no se contentan con sacar unos beneficios legítimos, sino que acumulan dinero para tener un estatus social con altas cotas de poder y de decisión, prescindiendo de todo lo que no sea ellos mismos.

En el Antiguo Testamento se recoge: ‘El hombre mezquino es detestable, aparta el rostro y desprecia a los demás. El mezquino no se contenta con lo suyo, la codicia malsana seca el alma. El avaro hasta con el pan es cicatero, y en su mesa todo es escasez’, (Eclesiástico, 14, 3-10). De esta cita solamente he puesto tres versículos para no hacerlo largo, pero leyendo toda ella se puede ver lo que dice de este tipo de personas.

MUERTE DE ANANÍAS Y SAFIRA.-MASACCIO.-RENACIMIENTO

San Pablo es especialmente fuerte cuando dice: ‘Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores tendrán parte en el reino de Dios’. (I Cor. 6, 10). Es conocido el caso de Ananías y de su esposa Safira que quisieron engañar, no a los apóstoles sino al Espíritu Santo, y tuvieron su castigo como se recoge en Hechos 5, 1-11. No pongo el texto por su extensión, pero sí pongo la cita por si desean releerlo.

JUDAS RECIBE LAS MONEDAS DE PLATA.-DUCCIO DI BUONINSEGNA.-GÓTICO

Así aparecieron en distintas épocas personas a las que se les calificaba como ‘avaros’ porque almacenaban dinero solamente por el ¿placer? de tenerlo sin disfrutarlo, para su atesoramiento, ya que no lo gastaban en nada y, en algunos casos, ni para comer lo necesario, capaces de llevar el atesoramiento de dinero a situaciones verdaderamente grotescas convirtiendo lo que realmente es un medio, en un fin en sí mismo. Es prácticamente imposible que un avaro haga alguna de las obras de misericordia, porque para vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, etc, tendría que bajar el nivel de su ‘bolsillo’ y eso es impensable que lo haga.

¿No es cierto que la avaricia es la principal protagonista del principio de la Pasión de Jesucristo? Fijémonos para finalizar este primera parte en estas citas: ‘Entonces uno de los doce, el llamado Judas Iscariote, fue a ver al jefe de los sacerdotes, y les dijo “¿Qué me dais si os lo entrego?” Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando ocasión para entregarlo’. (Mt. 26, 14-16). ‘Entró Satanás en Judas, no violentamente, sino encontrando abierta una puerta; entró por medio de la avaricia’.(TITO BOSTRENSE. Catena Aurea).

Que el Espíritu de Dios nos asista y Nuestra Señora de Belén de Huaraz interceda por todos nosotros y por la Humanidad.

martes, 30 de agosto de 2011

La humildad de María de Nazaret (y II)

GHIRLANDAIO.-RENACIMIENTO

María ya ha aceptado la misión que Yavéh le ha encomendado. El ángel se ha retirado y todo vuelve a la normalidad. ¿Normalidad? ¿Todo? Creo que no. O, al menos, para una persona: Ella. Precisamente, Ella.

Físicamente sola, ¿cuál era en ese momento su estado de ánimo? ¿Lloró? Es probable. Y tal vez lo hiciera con una mezcla de felicidad y de preocupación, básicamente por sus padres y por José. ¿Cómo les iba a contar la maravilla que había vivido? ¿Cómo se lo tomarían? ¿La creerían o pensarían que había perdido la cabeza? Cuando le vino la serenidad, le llegó el momento de la reflexión.

Los Salmos acudieron en su ayuda: ‘Yavéh sostiene a los humildes’. (Sal 147, 6). ‘El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?… (Sal 27,1).- ‘Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo’. (Sal. 114, 7).

Tal vez la consolaron y tal vez encontró en estas palabras la voz de su Señor que le hablaba en su corazón. Pero era un ser humano y la inquietud la tenía y la sentía. ‘Adonai. ¿Qué hago?’

Y entre todos los mensajes que le llegaban de los Salmos le llegó la luz: ‘E Isabel, tu parienta, también ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de la que era estéril’. ‘¡Isabel también espera un niño!’ Los sentimientos de empatía y solidaridad la inundaron. ‘Hablaré con mis padres y marcharé a Ain Karin para ayudarla’. Y se puso en camino.

Bueno. Si no sucedió así, pudo ser algo parecido. Lo importante es el olvido de ella misma y de su problema para servir a su parienta. Siendo Madre del Salvador y a pesar de la grandeza de su elección, marcha a ocuparse del servicio a los demás en el anonimato de una caravana. ¿Es esto humildad o no?

María hizo un recorrido de unos ciento cincuenta kilómetros, desde Nazaret a esa pequeña ciudad, Ain-Karim, en Judá, situada a unos tres kilómetros de Jerusalén. Su viaje duró alrededor de cuatro o cinco días. En el trayecto tuvo tiempo de ir madurando los sucesos ocurridos, lo que le contaría a su prima durante esos meses que iba a estar con ella,..

ALONSO CANO.-BARROCO

Al final llegó, pero no se esperaba el recibimiento. Lucas nos hace el relato:

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (S. Lucas 1, 42-45)


El Espíritu del Señor también estuvo trabajando con Isabel. ¿Cómo iba a figurarse semejante visita? Nada sabía de lo acaecido a su joven prima. A la madre del futuro Juan, también asistida por Yavéh que le explicó, como solamente Él sabe hacerlo, lo ocurrido, le parece increíble esta visita que ya trascendía los límites de la mera cortesía. La ‘madre de su Señor’ estaba ante ella y llegaba para ayudarla en su embarazo. Viene a servir, no a ser servida.

La bienvenida que le da también trasciende la simple cortesía. Está rebosante de felicidad. Se abrazan. ¿Podemos imaginarnos el momento? Pienso que no, porque podremos imaginar dos mujeres compartiendo el cariño emanado de sus lazos familiares, unidas también en la felicidad de sus dos embarazos en los que Dios ha intervenido de forma especialísima, pero los auténticos sentimientos que pasaban por el corazón y el alma de esas dos futuras madres directamente elegidas por la Santísima Trinidad para llevar adelante sus planes, precisamente por la humildad que emanaba de sus personalidades, precisamente por su fe, se nos escapa. Quedaron en la intimidad de ambas.

Isabel, desde su asombro, admiración y sencillez, rompe el silencio emocionado de las dos con su saludo de bienvenida: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc. 1, 42-45)

EL ENCUENTRO EN LA IGLESIA DE LA VISITACIÓN

María, todavía con los ojos húmedos por la emoción y mientras oye sorprendida el saludo, que va mucho más allá de unas simples palabras de bienvenida porque intuye que Dios también ha hablado a su prima, calla. Pero sólo momentáneamente.

Es precisamente su humildad de saberse nada ante el Supremo Hacedor que la ha elegido, la que la impulsa a expandir el agradecimiento que lleva y vive en su interior. Es como si ella quisiera quitar la importancia que tiene su embarazo, pero lo que realmente le sale al contestar al saludo de bienvenida de Isabel es, quizá, el himno más hermoso que pueda contener la Historia de la Salvación. Y exclama:

‘Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre’. (Lc. 1, 46-55)

Después, ¿volverían a abrazarse? Es lo más probable. Luego…la cotidianidad del quehacer diario. Y María, humilde, mujer del pueblo, anawin, madre del Salvador de Israel y del mundo entero, cosería, iría a la fuente a por agua, fregaría,…como si nada estuviese pasando. Y entre trabajo y trabajo momentos íntimos y solidarios de diálogos, comunicaciones e intercambios de experiencias y de planes de futuro, de oración personal y en común,…Entre risas y alguna lágrima furtiva que en determinados momentos brotaría desde su emoción y ternura en esos momentos de acompañamiento mutuo.

Pero me parece que el Magníficat merece una atención especial. No se trata de hacer un estudio pormenorizado del mismo. Francamente, no me siento capaz. Pero sí deseo comentar alguna cosa que me ha llamado la atención y, posiblemente, tenga cabida en esta entrada.

Al principio proclama una relación de las cosas que, inmerecidamente según ella cree, ha hecho Dios con su persona. Da a entender, a mi parecer, que no se considera merecedora de ello (‘porque ha mirado la humillación de su esclava’; ‘el Poderoso ha hecho obras grandes por mí’). Prevé que los que nazcan después en el transcurso de los siglos la felicitarán por esa elección hecha por Dios.

IGLESIA DE LA VISITACIÓN

La referencia que hace de la misericordia divina, aunque todos sepamos que es así, me llama la atención que ella lo diga en ese momento. Vamos a ver: ‘su misericordia llega a sus fieles de generación en generación’. Esta frase la enfoco desde dos puntos de vista. Por una parte puede hacer referencia a la Historia de su Pueblo. La presencia permanente que Yavéh ha tenido en él desde los comienzos patriarcales (Abraham, Isaac, etc.), pasado por el episodio de la liberación de Egipto, que de la esclavitud lo ha convertido en un pueblo libre y cultual, dotándole de una leyes específicas, hasta el momento que ella vive y que ‘sabe’ que es el de la plenitud de los tiempos, tantos siglos esperado por Israel.

Pero no puedo dejar de pensar en otro enfoque. El que se le puede dar en el siglo XXI, aunque también podría valer para los siglos XIX o XXIV. La misericordia de Dios es eterna. Es para siempre. Es la que está teniendo ahora, en este momento con nosotros que será idéntica a la que tendrá en el siglo XXXVI con las personas que entonces vivan. Y en este punto no deseo pasar por alto cosas que estoy presenciando y que estoy leyendo en la prensa diaria o en Internet. Viene a ser algo así como los signos de los tiempos.

ASPECTO DEL AERÓDROMO DE CUATRO VIENTOS EN LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD (UNOS DOS MILLONES DE PERSONAS)

No es ningún secreto para nadie que la Obra para la que su Hijo Jesús nació y murió está siendo contestada en todas las partes del mundo. Y combatida. Hace muy poco en España se ha celebrado la Jornada Mundial de la Juventud 2011. Su Santidad Benedicto XVI ha tenido la delicadeza y atención de venir a presidirla. Pero ha habido un movimiento de rechazo por un sector de la población, insignificante ciertamente, ínfimo si se quiere, pero al parecer manejado por alguien que tiene especial interés en prescindir, no ya del Papa solamente, sino de la misma Iglesia. Intentaron provocar a los jóvenes peregrinos. Frases groseras, insultos, burlas, provocaciones, amenazas,…de todo hubo.

EL PAPA VITOREADO POR LOS JÓVENES EN LA JMJ

Y los muchachos y muchachas han sabido responder con el Rosario en la mano. Rezando. Y en silencio. Ha sido un claro ejemplo de la madurez de la juventud sana de todos los países (México, Francia, Perú, Portugal, Colombia, Japón, Rusia y de tantas y tantas naciones de África, América, Asia y Europa) que cuando siguen a aquel Redentor que murió en la Cruz, tanto por ellos como por los que les increpaban, sabe, quiere y puede estar en el sitio que le corresponde.

¿Y qué tiene que ver esto con la humildad de la Virgen? Pues verán ustedes. Estoy convencido que María, Madre de Jesús de Nazaret, sigue actuando en todos estos acontecimiento y en otros de mayor envergadura para proteger la Iglesia, a todos cuantos pertenecemos a ella y a toda la Humanidad. ¿Qué sentido tienen todas las apariciones de Nuestra Señora en diferentes épocas y en distintos lugares transmitiendo los mensajes de su Hijo y los suyos propios? Zaragoza (España); Guadalupe (México); Lourdes (Francia) y Fátima (Portugal) acaso sean los más conocidos y antiguos, pero hoy continúan los mensajes en Akita, Japón; en La Salette, diócesis de Grenoble, Francia; en Medjugorje, Bosnia y Herzegovina; en Garabandal, en la provincia de Cantabria, norte de España.

La misma mujer del Magníficat tiene la misión de avisarnos de la necesidad de oración, sacrificios y penitencia para la salvación del mundo. Dios, al paso que vamos, podría enviar un castigo ejemplarizante a esa humanidad que lo ignora o ningunea. Y a Dios no se le puede tomar el pelo impunemente. Es cierto que su capacidad de perdón no tiene límites [‘Venid y entendámonos, dice Yavéh, aunque vuestros pecados fuesen como la grana, quedarían blancos como la nieve. Aunque fuese rojos como la púrpura, vendrían a ser como la lana blanca’. (Is. 1, 18)] como deja muy claro Jesús en la parábola del Hijo pródigo (Lc. 15, 11-32).

CASTIGO DE CORÉ, DATÁN Y ABIRÓN.-SANDRO BOTTICELLI.-RENACIMIENTO

Pero no es menos cierto que en ocasiones los pecados que cometían algunos pueblos requerían una respuesta clarificadora de Dios. Y así tenemos el caso de Babel (Gen. 11, 1-9); el castigo a Coré, Datán y Abirón y ‘otros doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, todos de los principales de la asamblea’ que se rebelaron contra Dios (Núm. 16, 1-35) En este pasaje podemos ver la intercesión de Moisés por todos ellos, pero el Creador no accedió.

El caso más conocido tal vez sea el de la destrucción de las ciudades de la Pentápolis situadas al sur de Canaán, formada por las ciudades de Sodoma, Gomorra, Adama, Seboim y Segor. En la destrucción de Sodoma (Gen. 18, 17 – 19, 29) es conocida la intercesión de Abraham. [‘¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Es que vas a borrarlos y no perdonarás a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro? Tú no puedes hacer tal cosa: dejar morir al justo con el malvado... El juez de la tierra ¿va a fallar una injusticia?’ (Gn 18,23-25)]. Es una clarísima oración de intercesión. Justamente lo que hace Nuestra Madre y Señora ante la Santísima Trinidad por nosotros, tanto por quienes los seguimos como por los que lo combaten inútilmente.

DESTRUCCIÓN DE SODOMA Y GOMORRA.-JOHN MARTIN.-ROMANTICISMO

Y Ella, Señora del Universo y de la Creación entera, asume, además de la intercesión ante el Padre, la condición de Mensajera de su Hijo para pedirnos nuestra colaboración. Nos está comunicando que es necesaria nuestra oración de intercesión por los pecadores. Pienso que continúa haciendo honor a su humildad. Para que ‘su misericordia llegue a sus fieles de generación en generación’. No es cualquier cosa. Solamente con que leamos el Apocalipsis de San Juan y atemos cabos ante lo que estamos viendo en el mundo veremos la realidad que vivimos. Solamente con que en Internet, en el buscador que queramos, busquemos ‘mensajes marianos’ o ‘apariciones de la Virgen’, podremos encontrar mucho material para la meditación y la oración, tanto de petición como de intercesión. ¿Nos atreveremos a remedar la actitud de Abraham en una nueva intercesión ante Dios por los seres humanos de hoy? Santa María así nos lo pide. Su Hijo, también.

CORONACIÓN DE LA VIRGEN COMO REINA DEL UNIVERSO.-ANTONIO VIVARINI.-RENACIMIENTO


Y si ellos continúan siendo pertinaces, el Magníficat sigue dando respuesta a sus provocadoras y altivas actitudes: el Señor ‘dispersa a los soberbios de corazón y derriba del trono a los poderosos’. Y no hay vuelta de hoja. Pero también dice el canto de María:

‘Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre’. Con esas palabras finaliza el Magníficat. Dios es fiel a su Palabra, creadora de todo. Y si prometió su auxilio y su misericordia ‘de generación en generación’, todos estamos incluidos en la misma nave. Si oramos por los demás estamos orando por nosotros mismos. Como en un magno equipo en el que todos somos necesarios. La Virgen, Madre Humilde, nos ayudará, no lo dudemos.

Ante estos hechos históricos que conocemos por el evangelista san Lucas, caben dos opciones: Una, la de la Historia. ‘Aquello’ sucedió así y está recogido en las páginas de la Palabra de Dios. Otra, la nuestra personal. La de ustedes y la mía. La profundización en este pasaje evangélico desde la meditación, la lectura entre líneas, la oración,…y dejarnos llevar por el mismo Espíritu que atendió a María e Isabel y actualmente impulsa la Iglesia. Dejarnos llenar por la emoción del misterio y agradecer a Dios y a esa Mujer el regalo que nos ha hecho y hemos recibido y aceptado. Y que, humildemente, solicita nuestra colaboración para interceder ante el Padre por esta Humanidad doliente y desorientada.


Que Jesucristo y su Madre, Nuestra Señora de Medjugorje nos bendigan y protejan.

lunes, 15 de agosto de 2011

La humildad de María de Nazaret (I)

ANUNCIACIÓN.-PAOLO VERONÉS.-MANIERISMO

Hoy, día de la Asunción de la Virgen a los cielos, me parece el mejor día para poner esta entrada. Viene a ser como un humilde homenaje a nuestra Madre común. Son tantas las limitaciones que tenemos para demostrarle nuestro afecto y cariño que cualquier esfuerzo, por pequeño que sea, Ella sabrá acogerlo.
¡Felicidades, Madre!

Me parece un propósito desmesurado para mí escribir sobre este tema, porque si para los católicos hay alguien tan conocido además de Jesús de Nazaret, es su Madre, la Virgen. Pero como lo prometido es deuda, y como ya lo dije en la entrada anterior al hablar de la humildad, tenía que tratar de esta Virtud en la persona de María de Nazaret. Ella y su Hijo son su máximo y más perfecto exponente de toda la Humanidad.

¿Cómo crecería María junto a Joaquín y Ana, sus padres? ¿Qué educación recibiría? Pienso que sencilla, preparándose para la vida en la sociedad a la que pertenecía y centrada en el conocimiento de la Ley. Acaso con mucho mayor aprovechamiento que otras personas debido a su estado espiritual de
‘Llena de Gracia’, según el saludo del Ángel en la Anunciación, unos años más tarde.

EDUCACIÓN DE LA VIRGEN.-DANTE GABRIEL ROSETTI.-PRERRAFAELISMO

Nadie podía suponer, ni siquiera sus padres (ni ella misma tampoco), la Misión para la que iba destinada, pero a la que iba llegando poco a poco, cubriendo etapas educativas, físicas en la edad y espirituales en su alma, hasta llegar el momento en que Yavéh consideró que ya era
‘mayor de edad’ para asumir los planes que tenía para ella.

Posiblemente en esa misma educación iría forjando su humildad. Ella se vería y sabría hija del pueblo elegido, heredero de las promesas mesiánicas. Conocía muy bien que su pueblo esperaba la llegada de un salvador, de un libertador, y que cualquier mujer hebrea en el tiempo de la Historia, sería el medio necesario para hacerlo realidad.

Pero a pesar de saber eso todas las mujeres, aunque pensasen que cualquiera podría ser, ninguna creía que le podía tocar ese honor. Y María sería, casi con toda seguridad, una de ellas.

El momento, inevitablemente, llegó. Dios pensó que se había llegado a la plenitud de los tiempos y encargó a Gabriel la misión de dar la noticia a la mujer elegida. Veamos qué dice el Evangelio de Lucas.

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

‘En el mes sexto fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Entrando a ella le dijo: Dios te salve, llana de gracia, el Señor es contigo.

Ella se turbó al oír esas palabras y discurría qué podría significar aquella salutación. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado Gracia delante de Dios, y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre, Jesús. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos, y su reino no tendrá fin.

Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó y dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra y por eso el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios. E Isabel, tu parienta, también ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de la que era estéril, porque nada hay imposible para Dios.

ANUNCIACIÓN.-JAMES SEWARD.-S.XX

Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y se fue de ella el ángel’. (Lc. 1, 26-38).

A partir de ese texto lucano, vamos a ir analizando unas cosa que nos muestran la talla de esta Mujer, desde el prisma de su humildad.

En lo que se refiere a la Anunciación, se pueden ver algunos detalles que nos permiten ver su humildad. ¿Qué estaría haciendo en
ESE momento María? ¿Oraba? Algunos autores piensan que sí, y personalmente me inclino a pensar lo mismo, pero podría haber estado haciendo alguna otra cosa o actividad hogareña. Lo cierto es que ‘se turbó’. Se debió quedar descolocada, confusa, porque una aparición semejante ni sucede todos los días ni es habitual para nadie. Son permisiones divinas y ante ellas es el silencio, el desconcierto y de alguna manera, un temor reverente.

El cómo sería (¿una luminosidad potentísima, sin cegar?, ¿una presencia en forma humana?) poco importa. Lo realmente importante es el contexto del mensaje y la actitud de la Virgen. Su turbación fue acompañada del pensamiento sobre el significado de aquello, ‘precisamente’ a ella.

ANUNCIACIÓN.-TINTORETTO.-
MANIERISMO


El
‘no temas, María’ la tranquilizaría, pero ‘has hallado gracia ante Dios’, tal vez fue demasiado para su sencillez. Y ahí ya hay un primer rasgo de su humildad. Ella, mujer llana de su pueblo, sin más pretensiones que ser buena hebrea y cumplir sus deberes con Yavéh, quedaría atónita precisamente porque el mismo Yavéh la saludaba a través del mensajero y la encontraba ‘llena de gracia’.

Pero con todo ello, no se ofusca con las palabras que le dirigen ni con su significado. Está ya en situación de
‘escucha’, porque lo que le han dicho no está finalizado. Debía haber algo más. Y lo hubo.

El núcleo del mensaje aparece:
‘concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre, Jesús.’ Eso suponía romper todos los esquemas y una vida, según los parámetros que ella tenía previstos. Ahora eran otros: los de Dios, que estaba pidiéndole su colaboración como mujer y como israelita. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos, y su reino no tendrá fin. ¿Significaba eso que el Salvador esperado iba a ser albergado en su vientre? Parecía evidente, pero faltaba algo más. Dentro de su turbación acertó a plantear su duda: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón?

INMACULADA CONCEPCIÓN.-ANÓNIMO.-
MUSEO DE HISTORIA REGIONAL DE CUZCO


Quedó ampliamente clara la forma:
El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra y por eso el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios. Pero eso no resolvía totalmente el problema para ella. ¿Qué pensarían sus padres? ¿Cómo se lo contaría a José y cómo se lo tomaría? Si la denunciaba, la respuesta legal era la lapidación. Acaso un pensamiento cruzó como un relámpago por su interior. ¿No iba a fiarse de semejante mensajero y de quien lo enviaba?

‘Sólo quien ama en verdad a Dios no se acuerda de sí mismo’. (San Gregorio Magno.- Homilía sobre los Evangelios n. 38)

Sí. No podía negarse y asumió la responsabilidad de ese misterio sin entender nada o casi nada y se fió. Se sabe insignificante ante su Dios que la ha elegido y esa determinación solamente podía llegar desde la sencillez de su humildad, de pequeña criatura humana, que se ponía al servicio del infinito misterio que supone ser Madre del Creador, toda su persona.

Cuanto había que decir por parte del mensajero, estaba dicho. Quedaba la espera de la respuesta que, dentro del respeto a la libertad humana, el mismo Dios estaba esperando también.
‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.’ Una respuesta magistral que encierra en sí misma varios aspectos.

Pienso que uno de ellos es la especial asistencia del Espíritu Santo a María, no para forzar su respuesta, sino para iluminarla en lo que significaba el mensaje para Dios y para su pueblo y, por extensión, para la Humanidad.

La petición que se le hace a María la formula el ángel, pero quien le hace la petición es el mismo Dios. Sin embargo María se fía del mensajero. No le dice que se cumpla en ella la voluntad de Dios, sino hágase en mí según tu palabra .Fíjense. Según la palabra dicha por el ángel, es decir, que cree firmemente en la fidelidad de cuanto le ha dicho. María, recibiendo al mensajero, ha recibido al mismo Dios que la ha elegido.

Unos años más tarde, será su Hijo Jesús dirigiéndose a los Apóstoles, quien refleje la actitud de su Madre en este momento crucial de la Historia de la Salvación:
‘Quien a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado’ (Mt. 10, 40).

Además, hay otra cosa determinante que demuestra plenamente su humildad. Está en la respuesta de María:
‘He aquí la ESCLAVA del Señor'. El esclavo, no es que estaba en lo más bajo de la sociedad. Es que ‘no estaba’. Un esclavo no era ‘nadie’. Si acaso, era ‘nada’. No tenía ningún derecho. Y María se veía así ante la petición divina. ¿Quién era ella para asumir la misión que se le encomendaba? Pero la asume. Por su fe y por su humildad. Y, de ahora en adelante, también en silencio.

He aquí, dice, la esclava del Señor. ¿Qué humildad es ésta tan alta que no se deja vencer de las honras ni se engrandece en la Gloria? Es escogida por Madre de Dios y se da el nombre de esclava. No es cosa grande ser humilde en el abatimiento, pero es muy grande y muy rara ser humilde en el honor’. (San Bernardo.-Homilía sobre la Virgen Madre).

Esa muchacha jovencísima tuvo la madurez suficiente para calibrar el alcance de lo que había aceptado. A partir de ese instante, iría haciendo nuevos descubrimientos y a cada uno de ellos le daría una respuesta con el silencio y guardándolo todo en su corazón, aunque quedaban cosas sin resolver: sus padres, José, los vecinos de Nazaret,…Y desde su fe en Dios, todo se fue solucionando.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Dogmática ‘Lumen Gentium’, dice sobre la Virgen:
‘Pero el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación la aceptación de la Madre predestinada, para que de esa manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida’. (Cap. VIII).

Sí. Contribuyó a la Vida, porque en ese instante
‘El que no cabe en todo el mundo, se encerró en las entrañas de una Virgen’ (San Juan Crisóstomo.- Catena Aurea, volumen 1)

En resumen:
‘Esta hermosa virtud, dice San Bernardo, fue la causa de que el Padre Eterno mirase a la Santísima Virgen con complacencia; y si la virginidad atrajo las miradas divinas, su humildad fue la causa de que concibiese en su seno al Hijo de Dios. Si la Santísima Virgen es la Reina de las Vírgenes, es también la Reina de los humildes’. (Santo Cura de Ars.- Sermón sobre la humildad).


Que Nuestra Señora de la Buena Esperanza y su Hijo nos bendigan a todos.