domingo, 26 de junio de 2011

La soberbia (I)

MESA DE LOS PECADOS CAPITALES.-Hieronymus Bosch.-GÓTICO


‘La soberbia no es grandeza, sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano’.

¡Buf! Casi nada. Cuando San Agustín de Hipona lanzó esa especie de definición de la soberbia, no se anduvo con tonterías. Aunque parezca ser algo intrascendente, a poco que profundicemos en ella podremos apreciar la realidad contenida en ella.

Para que se pronunciase de esa manera debió presenciar algún o algunos casos concretos que de alguna manera impactaron en su sensibilidad. Y eso, en sus circunstancias, es fácilmente comprensible.

Iniciamos, como han podido ver, un repaso por los pecados capitales y también, ¡pues claro que sí!, por las virtudes que se les oponen. Es más agradable tratar de las virtudes, pero ¡qué le vamos a hacer! El pecado está ahí y no es ajeno a ninguno de nosotros, por mucho que nos empeñemos en combatirlo. Solamente con la ayuda de la Gracia lo podremos hacer, así como con una vida de oración, de acción, de servicio a los demás, de entrega al Altísimo,…

Me da la impresión que alguno de estos temas (o tal vez todos) tendré que partirlos en dos entradas como he hecho en anteriores ocasiones con otros temas, pero pienso que será más fácil de leer y de concentrarnos en ellos. Empecemos pues.

Si alguno ha tenido (o soportado) la experiencia de convivir con alguna persona soberbia, sabrá que es muy desagradable y, en ocasiones, desesperante.

Si hace dos entradas tocábamos el tema del pecado en general, pienso que ir tratando cada uno de los pecados capitales (también llamados mortales, tal como me enseñaron en mi niñez), puede ser muy conveniente, entre otras razones porque, por desgracia, TODOS ELLOS están de rabiosa actualidad en esta sociedad hedonista y consumista en la que nos hallamos inmersos.

La soberbia se caracteriza precisamente por no soportar ni tolerar que dependemos del sumo Hacedor. Lo peor que tiene el soberbio es que niega a Dios y proclama a los cuatro vientos la autonomía del hombre y su soberanía sobre todo y sobre todos. El soberbio es capaz, con sus actitudes, de distorsionar la realidad de las cosas y crear una imagen deformada y desproporcionada de sí mismo.

Su orgullo es un choque frontal con la humildad del Redentor como conocemos por el Evangelio:
‘Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón’. (Mt. 11, 29). Cierra estúpidamente sus ojos y oídos ante cualquiera de las virtudes y cualidades que tenemos las personas, aun sabiendo que lo está haciendo mal, con tal de no reconocer sus fallos y defectos de los que algún día, más o menos lejano, Dios le pedirá cuentas por no haberlos puesto a rendir ‘intereses’, como dice la parábola de los talentos. Al final, caen en la hipocresía, la jactancia o la vanidad.

Como punto de partida tomo este hecho incuestionable: cada persona, cuando es concebida en el vientre materno, es portadora de genes del padre y de la madre. Desde este ejemplo, que solamente es eso, podríamos decir que el ser humano, al ser criatura de Dios, hecho por Él a imagen y semejanza Suya, podremos suponer que algo llevaremos de nuestro Creador, ¿no?
‘Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; y los creó varón y hembra’. (Gen. 1, 26-27).

CREACIÓN DE ADÁN Y EVA.-EL BOSCO.-GÓTICO

A imagen suya nos creó. Casi nada. Es nuestro Padre. Y eso pienso que significa que cuantas cualidades tengamos, cuantos carismas podamos poseer, nos vienen de Él. Se los debemos a Él, como los hijos llevamos algo de los padres. Pues si Dios nos crea, si Dios es nuestro Padre, ¿dejaremos de tener algo suyo en nosotros? ¡Claro que sí!

Bueno, pues pienso que en el momento que descubramos aquellas facultades, dones, carismas o lo que sea y lo potenciemos y encaminemos al bien común, estaremos proyectándonos al exterior de nosotros mismos. Como hizo esa persona genial, trascendente y profunda llamada Jesús de Nazaret .

Si eso lo hacemos con naturalidad, con actitud de servicio, sabiéndonos instrumentos y colaboradores de nuestro Padre común, estaremos practicando una virtud, sea la humildad, la caridad o la que fuere.

Pero como nos creamos que los bienes que hemos recibido vienen exclusivamente de nosotros mismos, llegando a pensar incluso que somos portadores de unas cualidades de las que realmente carecemos y hacemos alarde de todo eso buscando la alabanza personal, la apariencia y el halago, buscando escalar puestos que tal vez merezcan otros mejor dotados o preparados que nosotros mismos…estamos listos.

Hay muchos autores cristianos que han expresado su opinión sobre los pecados capitales. En concreto sobre la soberbia vamos a ver aquí unos cuántos. Arrancamos con este:
‘Todo soberbio se mira a sí mismo, y se cree grande, pues se paga de sí. Pero quien se complace en sí mismo se complace en un hombre necio, porque él mismo es necio al poner su agrado en sí mismo’. (San Agustín. Comentario sobre el Salmo 122).

Ya ven. Habríamos empezado a caer en la soberbia y como no pusiéramos coto a todo eso y lo permitiéramos llegando incluso a creérnoslo nosotros mismos, al final estaríamos inmersos en un pozo excesivamente hondo. Nos resultaría muy difícil poder salir de ahí exclusivamente con nuestros propios medios.
CORONACIÓN DE LA VIRGEN.-ANTONIO VIVARINI.-RENACIMIENTO

Pero la salida es posible. Jamás se debe olvidar que tenemos un Padre y una Madre que siempre están dispuestos a caminar junto a nosotros y cuando clamamos a ellos le falta tiempo a la Madre para interceder por nosotros a esa Santísima Trinidad que nos ama con locura. Y el amor todo lo puede cuando nos volcamos y confiamos en Él.

Fíjense lo que dice Casiano:
‘No existe ninguna otra pasión como la soberbia, capaz de aniquilar las virtudes y despojar al hombre de toda justicia y santidad. Al modo de una enfermedad contagiosa que afecta a todo el organismo, y no se contenta con debilitar un solo miembro sino que corrompe el cuerpo entero, así esta pasión derriba a aquellos que están ya firmes en la cima de la virtud para deshacerse de ellos’ (Casiano.- Instituciones).

Es triste pero es así. Tanto, que las Sagradas Escrituras, en el Libro de los Proverbios concretamente, hablando de las excelencias de la Sabiduría, dice:
‘Temer a Dios es aborrecer el mal. La soberbia, la arrogancia, el mal camino, la boca perversa, las detesto’. (Prov. 8, 13). Y en toda ella, más o menos veladamente, va hablando Dios a su pueblo marcándole unas pautas que no siempre eran seguidas por ese pueblo 'de dura cerviz' (Ex. 32, 9) ya que era olvidadizo con la voluntad de Yavéh.
NUESTRO SEÑOR DE LOS MILAGROS

San Pablo también nos manifiesta en sus Cartas algo sobre la soberbia. Fijémonos:
‘El que quiera presumir, que lo haga en el Señor. Porque no es quien el que es aceptado como justo sino aquel a quien alaba el Señor’. (II Cor. 10, 17-18). Y en otra de sus cartas dice también: ‘Si alguno piensa que es algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo’. (Gal. 6, 3).

Estoy recordando una parábola que Jesús enseñó, la del fariseo y el publicano, que manifiesta con mucha claridad (y también intensidad, creo yo) su opinión sobre la soberbia. Es magnífica y sencilla a la vez. De fácil comprensión como todo cuanto Jesús exponía para su asimilación por sus amigos de todos los tiempos. Pero como hay que detenerse en ella y analizarla un poquito lo dejo para la siguiente entrada.


Que Nuestro Señor de los Milagros y Nuestra Señora de La Salette nos ayuden, protejan y bendigan.