domingo, 25 de marzo de 2012

La pereza (II)

DULCE PEREZA.-RUPERT BUNNY.-S. XIX

Retomando el tema iniciado en la entrada anterior, y tal como les decía al finalizar, me parece muy interesante tratar aunque sea de forma sencilla y clara la pereza espiritual. ¡Ah! ¿Pero existe ese tipo de pereza? Pues sí. Y es más frecuente de lo que nos podamos imaginar. ¿Cuántas personas podrá haber que, creyendo que ya saben mucho de la vida, se permiten el lujo de decir que eso de ‘ir a Misa’, o ‘eso de rezar el Rosario’, por ejemplo, es una pérdida de tiempo?

Son cosas, dicen, ya superadas en los tiempos que vivimos y, además de no hacerles caso (o despreciarlas), pueden llegar incluso a combatirlas, no solamente verbalmente a nivel personal, sino incluso a nivel social. ¿Cómo se entiende, si no, la profanación de capillas en alguna Universidad o los ataques ideológicos o verbales en público al Santo Padre?

¿Cómo se pueden entender las calumnias lanzadas en público en algunas manifestaciones callejeras a la Iglesia Católica y la justificación, so capa de progresismo baratero, del aborto libre? No. El alejamiento de la criatura de su Creador trae estas consecuencias. Dios no es negociable ni se puede jugar con Él. Él es como es: Inmutable, Misericordioso, todo Amor,…pero también infinitamente Justo.

¿Recuerdan lo que dice en el Éxodo? Veamos: ‘No tendrás otros dios fuera de mí. No te harás escultura, ni imagen alguna de nada de lo que hay arriba en el cielo, o aquí abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas, ni les darás culto, porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la maldad de los que me aborrecen en sus hijos hasta la tercera y cuarta generación, pero soy misericordioso por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos’. (Ex. 20, 3-6).

¿Qué podemos decir ante la Palabra del Señor de los Señores? Su Palabra es rabiosamente actual como en los tiempos del Éxodo israelita y va dirigida a todo el género humano. En las distintas apariciones de Nuestra Señora y Madre en Lourdes, Fátima y tantos lugares de nuestro planeta, no cesa de recomendar que recemos. Y el mismo Jesucristo recomendó a la Santa María Faustina Kowalska el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia pidiendo al Padre que la tenga con nosotros.

JESÚS MISERICORDIOSO

¿Y qué tiene que ver esto con la pereza espiritual? Pues exactamente lo que decía al principio: los cristianos bautizados tibios o gélidos que consideran que rezar o cualquier relación con Dios es una pérdida de tiempo, están haciendo gala de la posesión de la acedía en grado superlativo.

En la medida que permitamos que la acedía entre en nuestro interior, la pereza espiritual que conlleva contribuirá a alejarnos de ese Padre que tenemos en el cielo. El Catecismo de la Iglesia Católica, en su punto 2094, dice entre otras cosas: ‘Se puede pecar contra el amor de Dios de diversas maneras…La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino’. Tétrico, ¿no creen?

La acedía nos conduce a ser tibios, a enfriar nuestra relación con Dios. Eso es precisamente lo que no desea Dios de nosotros. ¿Recuerdan lo que dice el Apocalipsis? ‘Conozco tus obras y no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero eres solo tibio; ni caliente ni frío. Por eso voy a vomitarte de mi boca’. (Ap. 3, 15-16). Este mensaje apocalíptico sigue también vigente.

Es también el Catecismo de la Iglesia Católica quien en el tema de las tentaciones en la oración, también nos advierte para nuestro bien: ‘Otra tentación a la que abre la puerta la presunción, es la acedía. Los Padres espirituales entienden por ella una forma de aspereza o desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón. “El espíritu está pronto pero la carne es débil”. (Mt. 26, 41)’. (C.I.C. 2733).

Y esto es grave. Ya sé que nadie, o muy pocos, no desean hablar de la muerte, pero está ahí. Nadie la puede evitar y cada uno tenemos nuestro propio momento. Eso significa que cuando estemos en presencia de Dios, que ya no habrá engaños ni razonamientos falsos, veremos nuestra vida, nuestras acciones y omisiones, pero…ya no habrá vuelta atrás. Como dijo San Juan de la Cruz, “En el atardecer de la vida, seremos juzgados sobre el amor”.

Así las cosas, todos deberemos plantearnos nuestra situación personal en cuanto a la acedía se refiere y, entre otras cosas, tener en cuanta los efectos perniciosos que pueda tener para cada uno. Por ejemplo, si una de las cosas a tener en cuenta en este tipo de pereza espiritual es que alguien reconoce que va por un camino equivocado, que se desespere y eso le haga ver una falsa solución como es el ‘ya no hay nada que hacer’. Esa especie de desesperación le impediría ser objetivo y pensar en la Paternidad de Dios para cada persona, ya que Dios no desea la muerte o pérdida del pecador, sino su conversión y restablecimiento de las relaciones mutuas entre Él y la persona que sea.

‘Venid y discutamos –dice el Señor-, aunque vuestros pecados sean como escarlata, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como púrpura, quedarán como la lana’. (Is. 1, 18). Pero no se queda ahí. Más adelante todavía clarifica más su misericordia con el pecador: ‘Soy yo, y sólo yo, quien por mi cuenta borro tus culpas, y dejo de recordar tus pecados’. (Is. 43, 25).

Pero es que después, cuando Jesucristo comienza su predicación, rompe los esquemas de muchas personas de su tiempo enseñándoles a llamar ‘PADRE’ a Yavéh. Y Él mismo, en su agonía en Getsemaní, es el primero en esos momentos crudos y trascendentes, ante lo que se le viene encima, clama con toda su ternura y confianza de Hombre: ‘¡Abba, Padre! Todo te es posible. Aparta de mí esta copa de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú’. (Mc. 14, 36).

AGONÍA EN GETSEMANÍ.-ANDREA MANTEGNA.-RENACIMIENTO

Una vez vencida la muerte y Él resucitado y glorioso, casi a punto de volver a su Reino, no quiso dejarnos abandonados. No era su estilo. Se apareció a sus discípulos y les encargó una misión fundamental, que tiene mucho que ver con nosotros. ‘Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengáis, Dios se los retendrá’. (Jn. 20, 22-23). Esa es la gran solución para nosotros, pecadores de todos los tiempos: el Sacramento de la Reconciliación. Ahí cobra sentido de actualidad la cita anterior de Isaías 1, 18.

Ahora, tal vez más que nunca, ante los tiempos que estamos viviendo, es necesaria la oración de intercesión por la Humanidad. No tiene sentido la acedía, la pereza espiritual para dirigirnos a nuestro Padre Celestial, como hizo Abraham en su día ante Sodoma (Gen. 18, 16-33), porque a poco que nos fijemos en los signos de los tiempos, cuanto está pasando en el mundo ¿podríamos interpretarlos como avisos de Dios para que nos espabilemos y nos reconciliemos con Él quienes lo necesiten? Con echar un vistazo al Apocalipsis de San Juan debiera ser más que suficiente, ¿no les parece?

ABRAHAM INTERCEDIENDO POR SODOMA

¿Casos de acedía en la Sagrada Escritura? ¡Claro que los hay! Cuando María, la hermana de Marta y de Lázaro, ‘se presentó con un frasco de perfume muy caro, casi medio litro de nardo puro y ungió con él los pies de Jesús’, Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo iba a traicionar, protestó diciendo: ¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para repartirlo entre los pobres?’ (Jn. 12, 1-8). Realmente a Judas no le importaban los pobres, según se desprende de lo que sigue en el relato evangélico. En él hace acto de presencia su acedía, su fastidio y enfado por el gesto de amor de María hacia el Maestro y probablemente que no pudiese manejar él ese dinero.

En el A.T. también existen casos, por ejemplo el de Esaú despreciando, o al menos, menospreciando los derechos de la primogenitura. (Gén. 25, 29-34). He puesto solamente dos casos para no alargarme demasiado, pero existen más, y en todos ellos se presenta la acedía como oposición a la caridad o al amor a Dios.

ESAÚ VENDE SU PRIMOGENITURA A JACOB.-HENDRICK TER BRUGGHEN.-S. XVII

Realmente es triste contemplar cuántos cristianos (al menos están bautizados), en lo referente a sus deberes con Jesucristo y la Iglesia que fundó para nuestro bien, ignoran la existencia de unas prácticas cristianas, de un Decálogo en que se encierra una Ley Moral que todos llevamos impresa en nuestro interior, la necesidad de comunicación con el Supremo Hacedor a través de la oración, de la meditación de la Lectio Divina,…

Y en muchas ocasiones consideran que todo eso es una pérdida de tiempo que no lleva a ninguna parte. Pero cuando tienen una necesidad, un problema, una enfermedad por ejemplo, acuden a Él y se atreven a pedirle cosas a cambio de otras: ‘Si Tú me solucionas esto yo a cambio te prometo …, o daré limosna a …’ Por favor. Seamos serios. Con Dios no se juega. Él nos quiere muchísimo más que todo eso y si nos conviene nos lo da gratuitamente. Solamente nos pide que le queramos. Que le tengamos en cuenta.

¿Cuánta soledad podrá encontrar Jesús en el Sagrario sin que nadie acuda a visitarle? ¿Cuántas personas acuden a la Misa dominical y no se molestan en una mínima genuflexión ante el Sagrario o en arrodillarse en el momento de la Consagración? ¡Y es el momento clave en que la Palabra con la que se creó el universo, la Persona que murió tras amarga y cruenta Pasión para resucitar después, se hace presente realmente ante nosotros! ¿Ignorancia? ¿Desidia? ¿Pereza? No sé, pero como mínimo, pienso que es una falta de consideración con el Señor.


Pienso que eso no le gustará nada en absoluto a Dios. Y hay que buscar un remedio a esas actitudes. Un modo de vencerlas. Y ese remedio es una virtud llamada diligencia. De ella hablaremos la próxima entrada y pondremos punto final a este tema.

Que Jesucristo, realmente presente en todos los Sagrarios del mundo, y su excelsa Madre Ntra. Sra.de Einsiedeln, nos guarden y bendigan.


miércoles, 7 de marzo de 2012

La pereza (I)

OCIOSIDAD Y VIDA DISIPADA.-WILLIAM HOGARTH.-S. XVIII

Todos estamos acostumbrados a oír hablar de la pereza. Incluso es posible que en algunas ocasiones nos hayamos encontrado con un estado de ánimo en el no teníamos un ápice de ganas para hacer algo que debíamos. Y nos sentábamos tranquilamente esperando un no sé qué.

Hasta que en ese marco de ociosidad abúlica oíamos, sin pretenderlo, una vocecita interior a la que llamamos conciencia, que nos lo ponía muy crudo: ‘Muchacho, muchacha, ¡qué bien estás!, ¿verdad? Pero ¿y ese trabajo que te está esperando? ¿Y ese tema que debes estudiar y prepararlo como tú sabes que puedes y DEBES hacer? ¡Venga! ¡Arriba! ¡Levántate y sacude esa pereza que te está dominando! ¡Demuestra que tú puedes más que tu pereza!’.

Y sí. A veces (otras no, y eso entra dentro de nuestra condición humana), le hacemos caso. Sacudimos esa galbana que amodorra nuestro espíritu, nuestra capacidad de respuesta ante el deber y nos ponemos mano a la obra.

Si esto nos pasa en ocasiones aisladas y no hacemos caso de esa tendencia, no pasa nada porque estaríamos en el campo de la tentación y mientras no caigamos en ella debemos estar tranquilos. Pero si esto se presenta con frecuencia y nos dejamos llevar de esa tendencia a la holgazanería, hasta el extremo de entorpecer nuestra actividad habitual, llegando incluso a perjudicar a otras personas por nuestra pasividad, podríamos llegar al pecado. Incluso al mortal, porque estaríamos faltando a la caridad.

Es obvio que en nuestro quehacer cotidiano pueden presentarse las mil y una situaciones que nos pueden invitar a la dejadez, negligencia, desidia, desinterés, flojedad de espíritu o llamémosle como queramos, pero que en definitiva no beneficia absolutamente en nada nuestra vida cristiana. Y, en definitiva, es ésta la que nos debe preocupar.

LA PEREZA.-JACOB MATHAM.-S. XVI - XVII

Pero ¿qué es ser perezoso? Bueno. Estoy seguro que cada uno de ustedes daría una definición y, además, certera, porque todos conocemos algún que otro caso. El Libro de los Proverbios nos hace una fotografía muy clara de los resultados de la vida del perezoso: ‘Pasé junto al campo del perezoso y junto a la viña del insensato. Y todo eran cardos y ortigas que cubrían su suelo, la cerca de piedra estaba derruida. Al ver aquello me puse a pensar; contemplé y saqué esta lección: duermes un rato, un rato te amodorras, cruzas los brazos y a descansar; y te viene la miseria como un ladrón, y la indigencia como un salteador’. (Prov. 24, 30-34).

Ciertamente que todos tenemos unas obligaciones inherentes a nuestro ‘ser humano’. Como componentes de una sociedad, de una familia, de una profesión y de cada una de las facetas de nuestra existencia, tenemos unos deberes, unos derechos, unas obligaciones que nos comprometen a desarrollarlos y además lo mejor que podamos y sepamos.

Dentro de estos aspectos nos tropezamos con que debemos estar al día en todas las facetas del campo en el que nos desarrollemos, y eso implica bien la realización de cursos posgrado o de perfeccionamiento, bien la lectura de libros o artículos de revistas especializadas en la materia en la que trabajemos.

LA PEREZA.-EL BOSCO.-GÓTICO

Esto parece lógico en el ambiente profesional, pero es que en la familia, por ejemplo, también cabe decir lo mismo, porque para educar unos hijos, para el trato con el cónyuge respectivo, ¿seguro que lo sabemos todo? ¿Todo lo conocemos y lo aplicamos? Y si nos referimos desde el punto de vista cristiano que es el que mayor nos compromete a nosotros, entramos en el aspecto de la profundización en la fe personal como respuesta a lo que Dios espera de nosotros como ejemplos vivos para otras personas, a pesar de los defectos y fallos que podamos tener, ya que en definitiva es la trayectoria de la vida lo realmente importante.

Fallos, incluso pecados, todos tenemos porque no somos ángeles precisamente y si como dice el Libro de los Proverbios ‘el justo, aunque siete veces caiga, se levanta otras tantas’ (Prov. 24, 16), está claro que lo importante es levantarse. Y en eso se suelen fijar mucho las personas de nuestros ambientes.

PEREGRINO A LA PUERTA DE LA OCIOSIDAD.-
EDWARD BURNE JONES.-PRERRAFAELISMO

¿A dónde voy a parar? A que todos debemos ‘ser perfectos como nuestro Padre Celestial’ (Mt. 5, 48) en todos los aspectos personales y conseguirlo nos puede suponer algún sacrificio o renunciar a algo. Y no siempre estamos dispuestos. Cuando renunciamos a nuestro deber en lo que compete a la sociedad que pertenecemos, a lo concerniente a nuestro trabajo o familia, como anteriormente citaba, podemos entrar en el campo de la pereza. Y ese ya es un terreno peligroso, pues según el grado de nuestra inhibición, podríamos caer en la levedad o gravedad de ese pecado capital.

Pero es que caer en la pereza puede conllevar la aparición de unos efectos secundarios. Como una especie de efectos que podrían aparecer y complicar aún más nuestra vida cristiana. Por ejemplo, la ociosidad, que impele a huir de todo lo que suponga trabajo, esfuerzo y sacrificio. Solamente se siente apego y cariño por la comodidad, que en principio está bien, pero no lo es todo.

También puede impulsar a que nuestras conversaciones deriven al terreno del chismorreo, a querer enterarnos de la vida y milagros de otras personas, incluso dando la opinión de lo que ‘TIENEN que hacer y de cómo TIENEN que hacerlo’, como si fuesen sabios perfectos. ¿No estarían faltando (o pecando) contra la caridad?

¿Qué decir de esas personas que por una personalidad lacia, débil, tienen frecuentes variaciones de carácter que les llevan a querer hacer alguna cosa, a emprender un proyecto, para después abandonarlo al aparecer los primeros problemas o dificultades que toda obra conlleva, por su falta de decisión o pereza para buscar las posibles soluciones que puedan existir? Pero claro, eso supone trabajo, dedicación, esfuerzo, competencia, valentía y decisión,…a lo que les cuesta llevar lo mejor de sí mismos, de nuestros valores humanos y cristianos de los que todos somos portadores para ponerlo al servicio de la empresa.

Ante el esfuerzo que debe hacerse ante cualquier trabajo se impone la holgazanería o la negligencia que vienen a estropear la conducta de cualquier persona. ‘Otro extremo contrario es el de los regalados, que, so color de discreción, hurtan el cuerpo a los trabajos, el cual, aunque en todo género de personas es muy dañoso, mucho más lo es en los que comienzan, porque (…) siendo aún nuevo y mozo comienza a tratarse y regalarse como viejo’. (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA. Tratado de la oración y meditación). También tiene mucho tino y conocimiento de este tipo de personas, ¿no?

Me parece que todos estaremos de acuerdo en que la vida que tenemos y desarrollamos exige un esfuerzo diario y una capacidad de superación permanente ante cualquier circunstancia u ocasión para actuar según proceda en cada caso.

JOVEN DECADENTE.-
RAMÓN CASAS.-MODERNISMO

Tendremos que analizar, razonar lo más conveniente para inmediatamente poner manos a la obra sin dejar espacio a la molicie. Si no se es capaz de asumir este reto, este costo de nuestro trabajo, si voluntariamente dejamos de conocer el camino a seguir para conseguir llegar a la meta que en teoría se busca, acaso estaríamos transformando la vida en un vacío que sin darnos cuenta nos podría impulsar a una angustia que ahogaría nuestras expectativas.

¿Y en la vida espiritual? También. También se da. En muchísimas ocasiones estamos tan embebidos en nuestros quehaceres mundanos que apenas nos damos cuenta que nuestra relación con Dios está ausente o ínfimamente valorada. ‘Es que Dios nada tiene que ver con este asunto que estoy llevando’, dirían algunas personas. Pero San Pablo tiene la respuesta precisa: ‘Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna cosa, hacedlo todo para gloria de Dios’. (I Cor. 10, 31). Eso, para el cristiano, es irrefutable.

Soy de la opinión de que San Juan de la Cruz se refiere a esto cuando dice: ‘El alma que ama a Dios de veras no deja por pereza de hacer lo que puede para encontrar al Hijo de Dios, su Amado. Y después que ha hecho todo lo que puede, no se queda satisfecha y piensa que no ha hecho nada’. (Cántico Espiritual).

INCUNABLE DEL CÁNTICO ESPIRITUAL

Es que un cristiano que desee esa unión íntima con el Creador, siempre le parece poco cuanto haga para hacer Su voluntad. Y en ese sentido la pereza no tiene cabida en nuestra relación con Él.

Toda nuestra existencia debe estar envuelta en la relación con nuestro Creador. Él nos ha dado unos talentos, unos dones, unos carismas, con los que desarrollamos nuestra actividad personal y con ellos debemos aprovechar nuestra actividad, del tipo que sea, para mayor gloria Suya y para que su Reino se haga presente a través de nosotros con nuestro propio testimonio. Con palabras, también, pero cuando sean necesarias. Nuestra vida y actuaciones diversas deben ser espejos a través de los cuales reflejemos el rostro de Dios.

¿Recuerdan la actitud del siervo miedoso y pusilánime cuando rinde cuentas a su señor del talento que le encomendó? San Mateo nos dice la respuesta de su señor cuando le pide cuentas:

PARÁBOLA DE LOS TALENTOS.-LUCAS VAN DOETECHUM.-S. XVI

‘Respondióle su amo: Siervo malo y haragán. Con que sabías que yo quiero cosechar donde no sembré y recoger donde no esparcí? Pues debías haber entregado mi dinero a los banqueros para que a mi vuelta recibiese lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez, porque al que tiene, se le dará y abundará; pero a quien no tiene aun lo que tiene se le quitará y a ese siervo inútil echadle a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes’. (Mt. 25, 26-30).

San Beda el Venerable, Doctor de la Iglesia del siglo VIII, dice en este sentido: ‘Colocar el talento en un sudario es lo mismo que sepultar lo dones recibidos bajo la capa de la pereza’. (Catena Áurea).

De momento vamos a dejar aquí el tema porque la próxima entrada seguiré con éste, apenas iniciado, que tiene mucho que ver con otro tipo de pereza: la espiritual.
Que Jesús, para cuya vivencia de su Pasión y muerte nos estamos preparando en este tiempo de Cuaresma, y nuestra Señora de los Ángeles nos bendigan

jueves, 16 de febrero de 2012

La ira (II)

DIOS Y JOB.-WILLIAM BLAKE.-NEOCLASICISMO

Continuando con este tema para finalizarlo, vamos a seguir analizándolo con el fin de sacar cada uno nuestras propias conclusiones.

No podemos evitar que, como personas, tengamos unos sentimientos y unos patrones de conducta producto de la educación que hemos recibido en el hogar de nuestra familia primero y en los ambientes que hemos ido frecuentando en la sociedad después, pero nuestros propios valores deben conducirnos a analizar lo más objetivamente posible cualquier situación, aunque en nuestro interior estén en ebullición situaciones, pensamientos o deseos pugnando por dominar nuestro ‘yo’.

Esto, referido a la ira, que surge de súbito cuando menos lo esperamos, es sumamente peligroso porque puede producir un descontrol del autodominio que nos conduzca a la impaciencia, a no admitir el punto de vista de los demás, incluso cuando intuyamos que puedan tener razón, por lo que estaremos alimentando sentimientos que favorecen la aparición de la ira como pecado. En el Libro de los Proverbios aparece esta sentencia: ‘El necio da rienda suelta a toda su ira, mas el sabio al fin la sosiega’. (Prov. 29, 11).

No olvidemos que con la ira atentamos contra nuestro prójimo, a quien como norma fundamental hemos de respetar en todo, sin que ello quiera decir que necesariamente hemos de compartir sus tesis, pensamientos o criterios. Ahora bien. En cuanto que podamos ser nosotros los que recibamos la ofensa o ira de los demás, especialmente si es injustamente, hemos de procurar mantener la calma y la serenidad por dos razones: Una, porque hemos de procurar desmontar los criterios erróneos de quienes nos acosan o difaman con argumentos de peso y, a ser posible, irrefutables. Y para eso es necesario tener la cabeza fría aunque el corazón arda por todas partes. Otra razón, porque al permanecer serenos, además de no ponernos a la altura del hipotético iracundo y evitando nuestro propio ridículo, estaremos desarmando los probables argumentos que esgriman contra nosotros.

Las Sagradas Escrituras nos han propuesto siempre a Job como un modelo de justicia, rectitud y…paciencia (¿le recuerdan?). Hombre temeroso de Dios al que honraba continuamente, motivó los celos de Satán.

JOB TENTADO POR SATÁN.-WILLIAM BLAKE.-.NEOCLASICISMO

En un diálogo con Dios, le pide autorización para tentarle y, a pesar de todas las desgracias, Job mantiene su fidelidad a Yavé. En una segunda prueba, más dura todavía y añadida a la anterior, nuestro personaje sigue con su fidelidad, a pesar de cuanto Satán hizo para apartarle del Creador. (Job. Capítulo 1 y del 2, 1-10). Al final del Libro, Dios recompensa a Job: ‘Yavé restableció a Job en su estado, después de haber rogado por sus amigos, y acrecentó Yavé hasta el duplo todo cuanto antes poseyera’. (Job, 42, 7-17).

Pero ahora me viene a la cabeza el pasaje de Jesucristo ante el Sumo Sacerdote. Veamos la situación. A Jesús lo han detenido en Getsemaní y lo conducen a presencia del pontífice, que le pregunta sobre su doctrina y sus discípulos.

JESÚS ANTE ANÁS Y CAIFÁS.-GIOTTO DI BONDONE.-GÓTICO

Él le responde con absoluta normalidad, aunque acaso no respondiera a lo que esperaban que dijese para poder cogerle en contradicción o en algo peor, según ellos. Pero en cuanto termina de hablar, sin más, ‘uno de los alguaciles, que estaba a su lado, le dio una bofetada diciendo: ¿Así respondes al pontífice?’ La situación debió ser tensa, y para Jesús tremendamente complicada, porque como Dios que era hubiese podido hacer lo que hubiese querido ante esa injusticia cometida contra Él, pero es de ver y de admirar su serenidad con la que tal vez desarmó y acaso avergonzó dejando sin argumentos al alguacil, con su serena respuesta: ‘Si hablé mal, muéstrame en qué, y si bien, ¿por qué me pegas?’ (Jn. 18, 19-24).

Ya ven. Sabemos que no sirvió para nada porque una vez que lo tenían iban a por todas con tal de quitárselo de encima, pero tal vez nuestro Maestro quiso transmitirnos una especie de lección o de camino a seguir en nuestro comportamiento como seguidores suyos. Es el autocontrol ante situaciones que puedan perjudicarnos.

Un proceso iracundo es capaz de impedirnos actuar de forma serena, sensata y también de producir verdaderos estragos en la conducta de las personas y detrás de este pecado no olvidemos que anda el diablo sembrando discordias y enemistades. Conozco casos en comunidades de vecinos, o entre compañeros de trabajo que a causa de la aparición de la ira en alguna circunstancia, hoy se encuentran viviendo en una enemistad permanente, lo cual es un constante malvivir que nos lleva a la creación de un malestar continuo que, sin pretenderlo, puede derivar en agriar la convivencia familiar.

LA IRA.-JACOB MATHAM.- S. XVI - XVII

‘Tened todos un mismo sentir, sed compasivos, fraternales, misericordiosos, humildes, no devolviendo mal por mal ni ultraje por ultraje; al contrario, bendiciendo, que para esto hemos sido llamados, para ser herederos de la bendición’. (1 Pe. 3, 8-9). Caramba. ¡Si todos tuviésemos estos sentimientos y actuásemos según ellos, otro gallo le cantaría a la humanidad!

Pero de cualquier manera, en la medida que cada uno de nosotros hagamos lo imposible para poder dominar este pecado, estaremos haciendo realidad la recomendación del Primer Papa. ¿Cómo? Pues aunque no haya receta alguna, sí existen recomendaciones que la pedagogía familiar enseña a aplicar a los niños. Por ejemplo: antes de hablar pensar lo que vamos a decir y cuando vayamos a hacerlo, exponerlo lentamente, con tranquilidad. Mientras hablan los demás, ir pensando nosotros en lo que dicen para ir sacando nuestras conclusiones. También suele dar buen resultado hablar sentado teniendo la espalda apoyada en el respaldo de la silla, ya que al estar cómodos, podremos relajarnos mejor y la hipotética agresividad que pudiéramos tener quedará disminuida a la vez que daremos la sensación a nuestros oyentes que controlamos la situación.

Lógicamente existen más métodos o ´trucos´, qué duda cabe, pero imagino que ustedes también conocerán otros e incluso más y mejor que yo, pero vamos a seguir con el tema.

Pienso que también sería conveniente tratar el tema contrario a la ira. Ante alguna situación estresante, ¿alguno de ustedes ha oído expresiones como ‘¡qué paciencia hay que tener!’, ‘Señor, dame paciencia porque no sé lo que le hago’ o alguna otra parecida? Supongo que sí y hasta es probable que alguno las haya dicho, si no así como las he escrito, tal vez de forma parecida, pero en definitiva, vienen a significar lo mismo.

PACIENTIA OR PATIENCE.-REPRESENTACIÓN RENACENTISTA DE LA PACIENCIA

En el quehacer diario de cada uno nos podemos encontrar que al tratar a cualquier persona, incluso algún miembro de la propia familia, su comportamiento nos puede parecer tan absurdo que nos saca de nuestras casillas. Y la válvula de escape la encontramos en este tipo de expresiones.

Pues bien. En el caso de las personas iracundas puede ocurrir lo mismo, porque la paciencia es precisamente la virtud que se opone a la ira cuando ésta es pecado. ¿Qué es y qué supone, entonces, ser pacientes?

La paciencia supone tener capacidad para soportar, sufrir o padecer algo sin que nuestro estado de ánimo se altere. Y esto no es fácil, porque nuestra condición humana es como es y no siempre podemos controlarnos. Pero sí podemos prepararnos, entrenarnos como cualquier deportista hace con el deporte que practica, para intentar conseguirlo.

LA PACIENCIA.-CAPITEL ROMÁNICO CON ESCENAS DEL LIBRO DE JOB

Lean atentamente: ‘¡Oh, paciencia, cómo quisiera exaltarte por ser reina de todas las cosas…! ¡Tú eres corona cotidiana y madre de los mártires; tú eres el muro de la fe, fruto de la esperanza, amiga de la caridad…! Feliz, eternamente feliz, es quien siempre te tenga consigo’. (SAN ZENÓN. Obras). No cabe duda que este santo estaba inspirado cuando esto escribió, pero tenía toda la razón, ¿no creen? Otra cosa es el camino a seguir hasta llegar donde él dice.

Otro Padre de la Iglesia culmina lo anterior: ‘De la misma manera que la victoria atestigua el valor del soldado en la batalla, así se pone de manifiesto la santidad de quien sufre los trabajos y las tentaciones con paciencia inquebrantable’. (SAN CIRILO. Catena Aurea).

SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA.-ICONO

En nuestra condición de cristianos podemos tenerlo más ‘fácil’, por decirlo de alguna manera, ya que contamos con medios que nos pueden ayudar muchísimo a cuanto nos dicen los autores de las citas anteriores, como son la oración, los sacramentos, la Gracia de Dios, que al impulsarnos a la perfección de nuestro cristianismo ya nos ayudan a conseguir las Virtudes y los Dones del Espíritu Santo, en la medida que Él considere que nos los puede dar. Pero lo que está claro es que solos no vamos a estar en esa lucha continua si así se lo pedimos. ¿No es el Espíritu Divino quien impulsa la Iglesia? Pues si somos Iglesia en virtud del Bautismo somos destinatarios de su actuación. Y eso siempre es un estímulo.

Ante la angustia o la ansiedad que una determinada situación puede provocar en nuestro interior. Ante la intransigencia o la tensión (cuando no ira) provocada, por ejemplo por alguna situación laboral o profesional que pueda derivar en situaciones más o menos graves, necesitaremos toda nuestra capacidad de aguante y serenidad para aguantar ‘el tipo’ y no dejarnos dominar por ella.

Pero eso supone intentar practicarla día a día, situación a situación, en cualquiera que sea el ambiente en el que nos desenvolvamos. Incluso, como cristianos, podríamos llegar a tener auténticos ejercicios de caridad y humildad con nuestros semejantes. A un plazo, más o menos largo, podríamos despertar la admiración ajena por el dominio de la situación y de nosotros mismos.

Ese ‘saber estar’ y ‘saber ser’, por la práctica de ‘esas cosas’ (como personalmente he oído que lo llamaban) que son los valores humanos, que nos conducen a llevar mucho mejor la vida familiar, el trato social en el que se incluye la relación con amigos, compañeros de trabajo o sencillamente con cualquier persona con la que nos podamos relacionar esporádicamente, por no citar los beneficios que supone saber escuchar a los demás, mantener la calma cuando vamos conduciendo y los problemas de la circulación nos animan a perder la serenidad, a hacer de la prudencia uno de los ejes de nuestra vida y un largo etcétera que, en definitiva, nos definirán como cristianos modélicos, dentro de esas limitaciones que todos tenemos.

VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS

Lo contrario sería caer en los brazos de la impaciencia, que es lo contrario. Tendríamos una ausencia de paz, el desasosiego que haría acto de presencia y nos conduciría a vivir en un enojo permanente que nos podría llevar, incluso, a la ira.

La paciencia nos lleva a superar la tristeza que nos pueda producir el sufrimiento ocasionado por cualquier enfermedad o adversidad. De esto nos podría hablar, y no poco, San Pablo. Un hombre activo y profundamente sumergido en la evangelización llevando por todo el mundo (en las condiciones viajeras de su época) la voz y doctrina de Jesucristo, ¿nos lo podemos imaginar cómo estaría al final de su vida cuando estaba preso en Roma?

SAN PABLO.-GIOTTO.-GÓTICO

No olvidemos que él era ‘fariseo e hijo de fariseos’ (Act. 23, 6) y que conocía las Escrituras, por lo que es perfectamente lógico que conociese lo que dice el Libro de los Proverbios: ‘Mejor que el fuerte es el paciente, y el que sabe dominarse vale más que el que conquista una ciudad’. (Prov. 16, 32), así como esta otra cita del Eclesiástico: ‘A muchos mató la tristeza y no hay utilidad en ella’. (Eclo. 30, 25). Es muy posible que le fuesen de gran ayuda y consuelo en su cautiverio.

San Agustín, dice refiriéndose a esta virtud: ‘La Paciencia es un don de Dios tan grande que en ella se manifiesta, incluso, la paciencia del que nos la da’. (SAN AGUSTÍN. De patientia).

En lo referente a esta virtud no puedo dejar de nombrar dos citas que me parecen básicas. Una es de esa santa y Doctora de la Iglesia que es Santa Teresa de Jesús: ‘Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa. Dios no se muda. La PACIENCIA todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta’.

La otra pertenece a San Pablo. Corresponde a ese gran canto que hace del Amor en su primera Carta a los cristianos de Corinto: ‘La caridad es paciente, es benigna,no es envidiosa,…no se irrita,no piensa mal,…’. (I Cor. 13, 4-7)

Si echamos un vistazo al santoral, podremos ver que cualquiera de ellos ha esparcido a manos llenas esta virtud cargando cada uno su respectiva cruz, como cada uno de nosotros cargamos la nuestra, personal e intransferible, (porque nadie puede cargar con la nuestra), y llevarla con la ayuda de ese Cireneo que todos tenemos: Jesús de Nazaret. Él llevó la suya camino del Calvario ¡y en qué condiciones! También participó de nuestra naturaleza: ‘Habéis sido rescatados de vuestro vano vivir, según la tradición de vuestros padres, no con plata y oro corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha.’ (I Pe. 1, 18-19) ¿Cómo nos va a negar su ayuda en los problemas que todos tenemos en las ocasiones más dispares que imaginarse puedan?

Para ejercitar la virtud de la paciencia, como todas las demás virtudes, hemos de ponernos en manos de Dios sin duda alguna, pero eso no significa que ante los problemas, las enfermedades, los dolores o lo que podamos tener, no deseemos que pase o termine cuanto antes o, al menos, que se alivie. Pero pienso que lo que sí se debe evitar es la queja estéril o el desánimo que no nos conducen a ninguna parte.

¿Me permiten una confidencia? A lo largo de mi vida he pasado por numerosa situaciones de salud e incluso en este momento estoy inmerso en una de ellas. ¿Saben qué me ayuda y me da una enorme moral y afán de superación? Meditar la Pasión de nuestro Redentor. Unirme a ella en la medida que Él lo acepte.

ECCE HOMO.-JÖRG PETEL.-BARROCO

‘Ahora me alegro por mis padecimientos por vosotros y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia’. (Col. 1, 24). Les aseguro que dentro de mis limitaciones físicas, soy inmensamente feliz gracias a Él y a la Madre que todos tenemos. Y lo mismo que hablo de mi propia experiencia estoy seguro que muchísimos de ustedes podrían contar montones de experiencia personales tremendamente enriquecedoras.

Sí. Él es la Fuerza y la Gracia, el Consuelo y el Ánimo para todos. ‘Venid a mí los que os encontréis cansados y agobiados que Yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera’. (Mt. 11, 28-30).

Con Él les dejo. Y con su Madre (y también de cada uno de nosotros), Nuestra Señora de la Soledad.

sábado, 28 de enero de 2012

LA IRA (I)

MARTIRIO DE SAN ESTEBAN.-REMBRANT HARMENSZ VAN RIJN.-BARROCO

Me parece que si yo les preguntase si en alguna ocasión se han enfadado o irritado contra algo o con alguien, me encontraría con un elevado índice de probabilidades de que me respondieran afirmativamente. Es más. Hasta es posible que alguno de ustedes (si no todos), me aseverasen que eso es algo que nos ocurre a TODOS.

Y realmente es así. Incluso entre los niños pequeños hemos presenciado sus rabietas infantiles cuando sus padres les han contrariado (por su bien, aunque ellos no lo entiendan) en alguna petición o capricho. Esto parece propio de la naturaleza humana.

Incluso es posible que a más de uno podría ocurrirle que ante una situación injusta, ante la que se encuentra totalmente impotente, haya sacado ese genio que todos tenemos y haya pronunciado alguna que otra palabra altisonante (en España lo llamamos ‘tacos’) con las cuales parece que se libera y acaso encuentra un alivio o válvula de escape ante la impotencia que siente.

LA IRA.-PATRICK VARACHEZ.-CONTEMPORÁNEO

Conozco muy directamente personas que ante la Ley que legaliza esa lacra asesina del aborto han dicho, fuera de sí, las mayores barbaridades. Incluso cuando se leían las declaraciones de un determinado personaje político diciendo que un feto de trece semanas es
"Un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica", esos amigos míos (discúlpenme: yo, también) se exaltaban hasta llegar a rozar el insulto al ver su sectarismo y su carencia de los conocimientos más elementales de la ciencia que en cualquier escuelita, por pequeña que sea, se enseña como uno de los conocimientos básicos elementales.

Y es que resulta muy difícil contener el justo furor que produce el asesinato de seres indefensos o la incultura de semejantes entes que en lugar de ocupar un puesto en la política de una nación, acaso debieran volver a la escuela elemental primaria para no demostrar el bochornoso ridículo que hacen.

NIÑO ABORTADO, HACIA EL CIELO

Esta especie de preámbulo parece muy rebuscado, pero en realidad no es así. He partido de situaciones que he presenciado y de alguna manera he vivido y participado también en la indignación provocada por los hechos comentados. De alguna manera dan pie para introducirnos en el tema de ese otro pecado capital que es la ira.

¿Quiero decir entonces que los hechos comentados anteriormente son pecado? Pues no. No es eso precisamente lo que quiero decir. En principio, para que una acción sea pecado grave, deben darse tres condiciones: que la materia sea grave, que haya advertencia de esa gravedad por nuestra parte y que, siendo conscientes de esto, consintamos en hacerlo. Y la ira, como pecado, debe cumplir estas tres condiciones.

Entonces no confundamos la justa indignación que nos puede producir algo que esté en contra de la razón, con que ese sentimiento de indignación nos conduzca a un deseo desordenado de venganza, o de desearle el mal a quien nos produce la indignación, cosa totalmente en contra de la razón y del mandamiento divino del Amor.

¿Podremos decir, entonces, que existe un tipo de ‘ira’ bueno, que se mantiene dentro de los límites de la moderación que podría presidir cualquier conducta? Pienso que sí, y por lo que dice San Pablo, parece que así nos lo da a entender: ‘Si os enojáis, no pequéis, ni se ponga el sol sobre vuestro enojo. No deis entrada al diablo’. (Ef. 4, 26-27).

RUINAS DE ÉFESO

Distingue entre el enojo, que puede producir cualquier situación, y el pecado en que puede desembocar esa hipotética situación. Acaso el mismo sentido que tenemos de la justicia, de la rectitud, del bien, nos pueda impulsar en determinados momentos a perder el equilibrio emocional y conducirnos a la exageración de nuestros juicios y criterios.

Abundando en esto, San Agustín tiene algo que decir: ‘Quien se enfurece con causa no es culpable; porque si la ira no existiese, ni aprovecharía la doctrina ni los tribunales estarían constituidos, ni los crímenes se castigarían. Así, quien no se enfurece cuando hay causa para ello, peca: la paciencia imprudente fomenta los vicios, aumenta la negligencia e invita a obrar el mal, no solo a los malos sino también a los buenos’. (SAN AGUSTÍN. Sobre la Ciudad de Dios).

Pero no perdamos de vista lo que piensa Santo Tomás: ‘Si uno se encoleriza cuando debe, en la medida que debe, por lo que debe encolerizarse, etc., es entonces la ira un acto de virtud’. (SANTO TOMÁS. Sobre los Mandamientos).

SANTO TOMÁS DE AQUINO.-FRANCISCO HERRERA, EL JOVEN.-BARROCO

Ya ven. En principio podríamos decir que la ira no es mala y eso acaso nos condujese a pensar que todo está bien. Esto hay que matizarlo. La ira, en el sentido de enfado, de simple enojo, de irritación ante situaciones injustas o el furor que pueda producirnos, no es malo, SIEMPRE QUE no nos lleve a desear mal a nadie. No olvidemos que no somos quienes para juzgar a NADIE. Faltaríamos a la caridad. El Juez solamente es Uno y Trino. Para nosotros queda juzgar situaciones, problemas, cosas en general.

Hecha esta salvedad, aquí nos vamos a referir a la ira como pecado. Esa ira que nos impide ser nosotros mismos y caer en deseos de venganza, de desear mal a los demás, que nos impulsa al odio y al rencor. En una palabra: ser irracionales. Perder nuestra característica de personas ‘razonables’ capaces del autocontrol, del diálogo, del reconocimiento de nuestras propias limitaciones,…

La ira, así entendida, la ha perseguido la Sagrada Escritura desde siempre. El Génesis ya nos cuenta cómo vino el primer homicidio de la Historia. Caín y Abel hacen ofrendas a Dios. Los sacrificios de Abel eran gratos a Dios. Los de Caín, no.

CAÍN Y ABEL.-PEDRO PABLO RUBENS.-BARROCO

‘Se ENFURECIÓ Caín y andaba cabizbajo…’ (Gen. 4, 1-16). Dios le avisó que esa conducta no era correcta, pero al final se impuso la irracionalidad, el rencor, la envidia que roía el corazón del hermano de Abel. Y lo mató. A eso puede conducir el pecado de la ira.

Cuando el rey David ordenó matar a Urías para casarse con Betsabé, hizo brotar la cólera de Dios, porque se indignó contra David al ver tamaña injusticia, como hubiéramos hecho, posiblemente, nosotros. Natán fue el encargado de hacérselo ver con un ejemplo que se puede leer en 2Sam., cap. 11 completo y 12, 1-15. El mismo rey se indignó y lanzó la frase justa: ‘¡Vive Yavéh que el que tal hizo es digno de muerte! (2Sam., 12, 5).

NATÁN REPRENDE A DAVID SU PECADO

Y la respuesta de Dios le llegó a través del profeta: ‘Tú eres ese hombre’. Este ejemplo está referido a la indignación de Dios con David por su orden de matar a Urías. Es lo que anteriormente he nombrado como ‘ira buena’, en sentido de indignación.

En este sentido tenemos también la justa indignación de Jesús con los mercaderes del Templo. (Jn. 2, 13-18). Hace tiempo leí una frase que seleccioné por lo que encierra de positivo y que me ayudó mucho a entender esto del ‘genio’ que tenemos las personas. Aunque no recuerde de dónde ni de quién es, ya que es la frase en sí lo medité en su día, la transcribo: ‘Bíblicamente, la ira es una energía dada por Dios con la intención de ayudarnos a resolver problemas’. Si se dan cuenta, en su significado está contenido que en sí misma no es mala. Son nuestras actitudes la que transforman su contenido.

A partir de ahí podríamos hacer un retrato robot de la persona iracunda. En principio son poco o nada dialogantes y la tolerancia no suele figurar entre su vocabulario habitual. Cuando se encuentran en medio de un diálogo y éste desemboca en algún aspecto que no concuerda con su concepto del mismo, los gritos y la furia es muy posible que hagan acto de presencia a través de ellos. Si alguien desea restablecer la calma y desde la concordia pretende suavizar el clima de tensión, lo más probable es que se estrelle ante la actitud ciega y torpe del que se deja llevar por su ira absurda.

En esos momentos parece que todas las venas de su rostro, normalmente rojo por su actitud, están dispuestas a estallar. Todas las palabras que brotan de su garganta surgen atropelladas e incoherentes en ocasiones y las que se suelen entender muy claras son las que hacen referencia a los insultos que dedica a cuantos cree que puedan estar en contra de sus criterios o puntos de vista. Tampoco sería extraño que alguna mesa recibiese el puñetazo de rigor con el rubricarían su ‘actuación’. Pero lo peor de todo es que no se dan cuenta de lo que realmente están haciendo. Fíjense:

‘Cómo el hombre encolerizado jamás tiene por injusto su enojo, alimenta su ira con muchos falsos juicios. De lo dicho se infiere que vale más aprender a no enfadarse que intentar enfadarse con moderación y prudencia; y por si por imperfección o flaqueza nos sorprende la ira, más vale rechazarla al instante que entrar con ella en capitulaciones, pues por poco lugar que se les dé, se apodera de la plaza y hace como la serpiente, que donde entra la cabeza fácilmente entra todo el cuerpo’. (SAN FRANCISCO DE SALES. Introducción a la vida devota).

SAN FRANCISCO DE SALES, DOCTOR DE LA IGLESIA

Siempre existen algunas citas que hacen referencia a este tipo de personas. Por ejemplo, esta otra: ‘Cuando somos zarandeados por la ira, estamos faltos de lucidez en el juicio, de la imparcialidad en el discernimiento, de la justa medida indispensable para dirimir las diferencias’ (CASIANO. Instituciones). Parece que este pensamiento hace una clara referencia a este tipo de personas, ¿no creen?

Es triste. Muy triste este tipo de actuaciones por las personas que obran así. Si la pasión que se siente llevase a tomar actitudes de venganza deseando para los demás castigos inmerecidos mayores de los que en justicia le corresponderían, en contra de la caridad y sin moderación alguna, se podría convertir en el pecado de la ira.

LA IRA.-EL BOSCO.-GÓTICO

Ya que como cristianos hemos de estar en continuo crecimiento en la perfección de nuestra conducta, creo que es conveniente y necesario eludir todo aquello que nos pueda producir enojo o alguna alteración mayor que nos lleve al pecado, ya que cuando nos serenamos y analizamos objetivamente nuestra actuación, sentiríamos esa justa vergüenza que nos produce las actitudes tomadas. Y ¿para qué pasarlo mal? Es cierto que en ocasiones, tal vez muchas, sea inevitable, pero al menos vayamos con cuidado continuamente.

Ante esto tengamos en cuenta que no estamos solos.’No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza’. (2 Tim. 1, 7). Apoyados en la Gracia de Dios podremos superar las dificultades y vencer, no solamente la ira, sino cualquier situación o pecado.
En la próxima entrada finalizaremos este tema. Que nuestro Redentor y Nuestra Señora de Roncesvalles nos colmen de bendiciones.

miércoles, 11 de enero de 2012

La gula (y II)

EL GUSTO.-JAN BRUEGHEL DE VELOURS.-BARROCO

Pues como les dije vamos a terminar este tema de la gula y sus posibles soluciones, si bien aquí no se trata de dar recetas ni tampoco de tratar exhaustivamente de todos los remedios posibles.

Muchas. Muchísimas veces hemos oído hablar del ayuno. A muchas personas les repele porque no les gusta el sacrificio. Me parece que bastantes religiones lo aconsejan y practican, pero me voy a referir concretamente a la religión Católica que es la que más conozco por ser la mía.

Parto de una pregunta. ¿Qué tendrá el ayuno que hasta el mismísimo Jesucristo lo practicó? Y no solamente lo practicó, sino que quiso prepararse para el comienzo de su vida pública en la que iba a transmitir la voluntad del Padre y desarrollar la misión para la que había nacido y asumido nuestra naturaleza humana. Después de su bautismo marchó al desierto, a la soledad, al silencio, posiblemente, ¡quién sabe!, a preparar un esquema para su futura evangelización, a cuarenta días de ayuno riguroso al final de los cuales (¡claro!) sintió hambre.

‘El ayuno fortifica el espíritu, mortificando la carne y su sensualidad; eleva el alma a Dios; abate la concupiscencia, dando fuerzas para vencer y amortiguar sus pasiones, y dispone el corazón para que no busque otra cosa distinta de agradar a Dios en todo’. (San Francisco de Sales. Sermón sobre el ayuno).

Me parece que estaremos de acuerdo que ayunar supone siempre, de entrada, un sacrificio que nuestra condición humana no está dispuesta a aceptar. Pero yo me atrevería a decir que el ayuno es útil, necesario y provechoso, porque con ese tipo de sacrificios se consolida la personalidad, podemos ser más objetivos para saber ver cómo somos realmente, podemos conocer mejor los inconvenientes, peligros y problemas que podemos tener en nuestro quehacer diario y desde ese prisma podemos ver con mayor imparcialidad y objetividad cómo es realmente nuestra actuación con respecto a la Palabra, con respecto a nuestro trato con Dios y con respecto al Mensaje del Maestro.

Sí, amigos. Jesús nos lo pone ahí y nos lo propone para enriquecer su seguimiento. Con el ayuno acaso podamos purificar más y mejor nuestras actitudes cristianas. El mismo Dios lo pide así a Israel como mandato: ‘Esta será para vosotros una ley perpetua. El día diez del séptimo mes ayunaréis y no haréis trabajo alguno, ni el nativo ni el emigrante que reside entre vosotros. Porque ese día se hará rito de expiación sobre vosotros para purificaros y seréis purificados de todos vuestros pecados delante del Señor’. (Lev. 16, 29-30).

‘Mas ahora –oráculo de Yavéh- volved a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con lamentos’. (Joel, 2, 12). Isaías expone más claro lo que Dios le comunica, y que a nosotros nos marca una pauta en nuestros ayunos, que además de lo referido al sacrificio en comidas o bebidas, manifiesta sus preferencias. Así habla Dios: ‘El ayuno que yo quiero es éste: que abras las prisiones injustas, que desates las correas del yugo, que dejes libres a los oprimidos, que acabes con todas las tiranías, que compartas tu pan con el hambriento, que albergues a los pobres sin techo, que proporciones vestido al desnudo y que no te desentiendas de tus semejantes. Entonces brillará tu luz como la aurora y tus heridas sanarán en seguida, tu recto proceder caminará ante ti y te seguirá la gloria del Señor’. (Is. 58, 6-8). ¡Buff! ¡Casi nada! Menudo programa nos propone nuestro Padre Celestial, pero ¿es que no vale lo que dice al final? Cumpliendo todo esto, ‘TE SEGUIRÁ LA GLORIA DEL SEÑOR’. Es para meditarlo y revisar continuamente nuestra relación con Él, ¿no les parece?

La Iglesia Católica solamente pone dos días de ayuno en todo el año: El Miércoles de Ceniza, con el da comienzo la Cuaresma, y el Viernes Santo, en el que se conmemora el Sacrificio Redentor de Cristo en la Cruz por todo el género humano, sin distinción de razas o nacionalidades. Aparte, figura el Día del Ayuno Voluntario y los días que, voluntariamente y por la razón que fuere, cada cristiano ayuna por sí mismo sin que nadie se lo mande. El Beato Juan Pablo II, de feliz memoria, dice: ‘El ayuno significa un dominio sobre nosotros mismos; significa ser exigentes en las relaciones con nosotros mismos; estar prontos a renunciar a las cosas, y no solo a los manjares, sino también a goces y placeres diversos’. (Juan Pablo II. Homilía del 28 de noviembre de 1979).

CRISTO DE LA CLEMENCIA.-JUAN MARTINEZ MONTAÑÉS.-RENACIMIENTO

No obstante, la Iglesia Católica propone, como hace con todos los pecados capitales, una virtud opuesta a la gula y marca unas sugerencias para poder seguirla en orden a nuestro bien, a nuestro perfeccionamiento en el servicio del Salvador. Se trata de una de las cuatro Virtudes Cardinales: la Templanza. Mientras preparaba este tema me planteaba: Como otras tantas cosas de nuestra Religión, ¿tendremos claro los cristianos en qué consiste esta Virtud? Me parece que no, al menos en la mayoría del pueblo llano que llena nuestras iglesia los domingos pero que no profundizan en su formación cristiana.

San Pablo nos lo dice a nosotros explícitamente a través de los escritos que les dirigió a la comunidad cristiana de Tesalónica: ‘No durmamos como los demás, antes bien, estemos en vela y vivamos con templanza’ (I Tes. 5, 6). Su discípulo Timoteo, al que se supone encargado de la Comunidad cristiana de Éfeso, también le dice: ‘No nos ha dado Dios espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza’ (2 Tim. 1, 7). Estos consejos siguen siendo vigentes hoy para nosotros.

Nuevamente el Beato Juan Pablo II dice haciendo alusión a la Templanza: ‘No se puede ser hombre verdaderamente prudente, ni auténticamente justo, ni realmente fuerte si no posee también la virtud de la Templanza. Se puede decir que esta virtud condiciona indirectamente todas las demás virtudes, pero se debe decir también que todas las demás son indispensables a fin de que el hombre pueda ser “moderado” o “sobrio”.’ (Juan Pablo II. Sobre la Templanza. Audiencia general del 22 de noviembre de 1978).

LA TEMPLANZA.-PIETER BRUEGHEL, EL VIEJO.-RENACIMIENTO

Hoy, en esta sociedad en la que se minusvalora el esfuerzo, el sacrificio personal y cualquier tipo de valores humanos, esta virtud, como cualquiera de las otras, está infravalorada, minusvalorada, cuando no ridiculizada. Pero lo cierto es que cuando surge en el ambiente social una persona que desarrolla una personalidad fuerte, que sabe controlar los hechos que le van surgiendo día a día siendo dueño de sí mismo y de sus actos, congruente con lo que piensa y con lo que dice y reconoce sus limitaciones y debilidades y a pesar de todo ello intenta ser cada vez mejor e incluso ser el mejor, levanta la admiración y la confianza de cuantos le rodean.

Cabe pensar que una persona así es una utopía, pero no es así. Conozco algunas de ellas y las tomo como referencia para escribir esto, aunque tengan también sus debilidades, contra las cuales me consta que luchan sin descanso.

PASTORES DE LA ARCADIA.-NICOLÁS POUSSIN.-BARROCO

Al decir esto estoy refiriéndome a la Templanza en cuanto se refiere a la gula, pero se puede aplicar lo mismo a cualquier otro vicio que nos pueda apartar de Dios y de nosotros mismos. Con la Templanza podemos moderar esa fuerte atracción que podemos sentir como seres humanos que somos, hacia esos caprichos que van apareciendo cada día al alcance de cualquiera. Y con la Templanza aseguramos el dominio de la voluntad sobre cualquiera de los instintos que podemos sentir.

En la Sagrada Escritura hay muchas referencias a esta Virtud. Así, podemos leer ‘Hijo, fíjate en lo que es bueno para tu salud, mira lo que te perjudica y prívate de ello. Porque no todo les conviene a todos, ni todo satisface a todos. No comas sin medida cualquier manjar, ni te abalances sobre la comida; porque la glotonería produce enfermedad, y la intemperancia provoca cólicos. Muchos han muerto por comer demasiado, pero el que se controla, prolonga su vida’. (Eclo. 37, 27-31). Sabios consejos, ¿no?

Lo curioso y real es que realmente somos y nos sentimos más libres y satisfechos de nosotros mismos cuando sabemos que podemos dominar esas pequeñas (o grandes) cosas que de alguna manera nos han tentado. Con el ejercicio de la templanza viene también el ejercicio de la sobriedad, de la humildad, de la moderación en cuanto tiene algo que ver con nosotros, a pesar de ese aluvión mediático de la sociedad, de la propaganda de cosas a través de anuncios, y un largo etcétera que para cada persona puede ser diferente en cuanto que no hay dos personas iguales.

Y eso requiere un entrenamiento, un ejercicio diario en aquello que cada uno sabe que debe resistir o apartar. Se debe buscar una reflexión serena y objetiva para conocer lo que nos conviene en cada situación y ‘saber estar’ y ‘saber ser’ como personas y como cristianos.

Dios nos ha adornado con uno de sus mejores regalos: la libertad. Pero lo que ocurre es que hay quien la puede confundir con el libertinaje que, obviamente no es lo mismo. El recto ejercicio de la libertad es uno de los medios que tenemos para la forja de nuestra personalidad, de sanos criterios de discernimiento, de humanizarnos más.

Pienso que es en este sentido como se pronuncia este Padre de la Iglesia: ‘Sé sobrio como un atleta de Dios: el premio ofrecido es la inmortalidad y la vida eterna, en la que tú crees también firmemente’. (SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Epístola a San Policarpo).

Parece ser que viene como anillo al dedo sobre esto último escrito lo que también dice el Eclesiástico: ‘No te dejes arrastrar por tus pasiones y refrena tus deseos. Si te concedes todos tus caprichos, serás el hazmerreír de tus enemigos. No te aficiones a una vida de placer, ni te dejes dominar por él. No te arruines banqueteando con dinero prestado, cuando no tienes nada en el bolsillo’. (Eclo. 18, 30-33). Esto no se consigue de hoy para mañana. Es necesario, con la ayuda de Dios, tener una constancia que nos vaya acercando progresivamente a la posesión, cada vez más perfecta, de esta Virtud.

Claro que… quizá alguien pudiera argumentar que ‘eso’ que dice el Eclesiástico pertenece al Antiguo Testamento, pero ese argumento caería por su propio peso, aunque solamente mirásemos los aspectos humano y educativo, ya que ese Libro, por muy A.T. que sea, continúa siendo actualmente válido para nosotros porque continúa siendo Palabra de Dios. ¿Qué padre no daría hoy esos consejos a sus hijos?

LA BURLA DEL BORRACHO.-FRANCISCO DE GOYA.-ROMANTICISMO

Pero de todos modos, San Pablo lo manifiesta muy claro cuando se dirige a Tito, a quien llama ‘mi verdadero hijo en nuestra fe común’ (Tito, 1, 4), dándole este consejo: ‘Se ha manifestado la Gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres. Ella nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad, aguardando la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y salvador, Jesucristo’. (Tito. 2, 11-13).

Posteriormente, a los cristianos de Tesalónica, también les dice: ‘No durmamos como los demás, antes bien estemos en vela y vivamos con templanza’. (1 Tes. 5, 6).

No alberga, pues, duda alguna el sentido de este mensaje, consejo, recomendación o como lo queramos llamar. En definitiva, todo va dirigido a la Parusía. ‘Velad sobre vosotros mismos, no suceda que se ofusquen vuestros corazones con la glotonería y embriaguez y os sobrecoja de repente aquel día’. (Lc. 21, 34)

JUICIO FINAL.-MARTEN DE VOS.-MANIERISMO

Y me reservaba el argumento definitivo para el final. Jesús está en la fase final de su ayuno voluntario en el desierto. Sintió hambre y Satanás no dudó en hacerle una ‘visita’. ‘Si eres Hijo de Dios, di a esa piedra que se convierta en pan. Jesús le respondió: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre’. (Lc. 4, 3-4). Nadie puede rebatir este argumento del Maestro, porque es la mismísima Palabra quien lo dijo. Fue el Logos quien habló a ese enemigo visceral de todos que es el diablo.

Después, con el paso de los años y de los siglos, la Iglesia continuó y continúa señalando orientaciones y caminos a seguir en la búsqueda de esa perfección que nos aconsejó Jesucristo: ‘Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto’. (Mt. 5, 48). Así se nos dice: ‘La templanza en el comer, la abstinencia en el beber preservan del vicio, porque así como se libra de él quien de sus causas huye, así no es raro que caiga en sus redes, quien temerariamente con ellas juega’. (SAN AMBROSIO. Tratado sobre las vírgenes, 1).

Comer y alimentarnos es bueno, saludable y necesario, pero siempre con moderación y templanza. Ahora ya es cuestión de que sigamos las enseñanzas de nuestro Salvador y las llevemos a nuestra vida.

Que Él y su Madre, Nuestra Señora de Ostra Brama nos bendigan y acompañen siempre.