martes, 14 de mayo de 2013

Pero…¡faltaba uno!

FRANÇOIS JOSEPH NAVEZ.-S. XIX

Efectivamente, faltaba uno. ¿Por qué no estaba allí con todos? No se sabe. Se pueden hacer conjeturas de todo tipo y personalmente no voy a ser menos, pero la realidad no la sabremos. Sí sabemos que el apóstol Tomás es considerado generalmente como el prototipo de la duda, pero ¿realmente es así?



Confieso que no tengo preparación bíblica para adentrarme en sesudos estudios más o menos científicos o documentados, pero basándome en el Evangelio y en algunas personas muchísimo más preparadas que yo, voy a tratar el tema de la Resurrección del Maestro desde lo que se refiere a Santo Tomás.



Pienso que después de haber tratado el pasaje de la aparición al resto de Apóstoles sin estar él presente, es conveniente, si no necesario, conocer previamente algunas intervenciones suyas que aparecen en los Evangelios.

 CARL BLOCH.-REALISMO DANÉS



Una de ellas, señalando a Tomás como protagonista, la vemos cuando Jesucristo presiente la cercanía de su Pasión. Así dice Marcos en su Evangelio: ‘Subían camino de Jerusalén y Jesús iba por delante de sus discípulos que lo seguían sobrecogidos y asustados. Entonces tomando consigo a los doce comenzó a decirles lo que le iba a pasar: -Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos; se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero a los tres días resucitará’. (Mc. 10, 32-34).



Habiendo sido avisado de la gravedad de la enfermedad de su amigo Lázaro, hermano de Marta y de María, se dirigían hacia Betania, muy cercana de Jerusalén. Los apóstoles estaban esperanzados en la curación de este amigo del Maestro, si bien iban preocupados, si no temerosos, por lo que les había dicho sobre su Pasión. Pero Jesús les aclaró las ideas: ‘Entonces Jesús se expresó claramente. –Lázaro ha muerto. Y me alegro de no haber estado allí por vuestro bien: porque así tendréis un motivo más para creer. Vamos, pues, allá. Tomás, por sobrenombre ‘el Mellizo’, dijo a los otros discípulos: -Vamos también nosotros a morir con él’. (Jn. 11, 14-16).




Existen dos preocupaciones, Lázaro muerto, según les dice Jesús y lo que con anterioridad también les ha contado sobre sus padecimientos. Y es Tomás quien se dirige a sus compañeros con una exhortación muy comprometida: morir con el Maestro.
MONASTERIO DE SILOS.-ROMÁNICO.-SIGLO XI
 Un pensamiento o resolución propia de la amistad que les une con Él. Nos muestra su fidelidad e identificación de unir su propio destino con quien continuamente les enseñaba en sus constantes desplazamientos por Galilea. ¿Podríamos tomarlo como una declaración de intenciones? En cualquier caso lo que pienso que está claro en este episodio es que no desea abandonarlo.



Existe otro momento muy especial y significativo. Estaban reunidos los doce con Él para celebrar la Pascua, aunque realmente era una cena de despedida. ¿Era, pues, un ‘adiós’? Realmente, según me parece, era un ‘hasta luego’. Lo que ocurre es que ninguno de ellos podía imaginarse el auténtico alcance de aquellos momentos.



Habían presenciado el gesto por parte de Jesús de lavarles los pies. Habían oído cómo, después de darles el precepto de amarse unos a otros como Él lo había hacho con ellos, Pedro manifiesta su intención de seguirlo donde sea y la respuesta que recibió indicándolo que esa noche lo negaría tres veces antes de que el gallo cantase. 
REMBRANT VAN RIJN .-BARROCO
Pero tampoco entendían el alcance de aquello que estaba pasando. Pero en esta ocasión se dirige a todos y les dice: ‘En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si no fuera así os lo diría, porque voy a prepararos el lugar. Cuando yo me haya ido y os haya preparado el lugar, de nuevo volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros. Pues para donde yo voy, vosotros conocéis el camino’. (Jn. 14, 2-4).



Pero allí había alguien presente que, aunque creía conocer el significado de esas palabras, quería tener una mayor seguridad. O quizá una seguridad total. Absoluta. Y tomando la palabra se dirige a su Maestro asumiendo la portavocía de todos y le pregunta con una claridad meridiana: ‘No sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?’ (Jn. 14, 5).




No era el momento de saber y asumir que el lugar era la cruz. Y menos aún lo doloroso y cruel de ese camino. Eso vendría más adelante. 
BENJAMIN WEST.-S. XVIII - XIX
Pero a través de esa intervención de Tomás, nos ha llegado una de las mejores definiciones que Jesucristo da de sí mismo: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me habéis conocido, conoceréis también a mi Padre. Desde hora le conocéis y le habéis visto’. (Jn, 14, 6-7).



Independientemente de este episodio, pero íntimamente ligado a él, hemos de agradecer de alguna manera a Tomás su intervención, pues a través de ella podemos descubrir algunas posturas nuestras con respecto a Dios que están en un mismo plano con este apóstol. Por ejemplo. Él tenía una duda sobre el significado de las palabras de su Maestro. Nosotros, cuando meditamos el Evangelio, que es la Palabra, ¿no nos han surgido dudas sobre cómo llevarlas a cabo o simplemente, qué significado tienen para nuestra vida?



No obstante, de la misma manera que Tomás le pregunta directamente y con absoluta confianza lo que no entiende, es muy probable que también  nosotros, desde la intimidad de la oración, de la meditación o de la adoración, siendo conscientes de nuestras propias limitaciones e ignorancia, le hayamos interrogado para conocer su respuesta o le hayamos pedido luz al Espíritu para conocer aquello que desconocíamos. Y Jesús, de la misma manera que le dio su respuesta, también nos la dará. Vendrá directamente a nuestro corazón, a través de la homilía de la Misa dominical, de la palabra del Papa Francisco o del Magisterio de la Iglesia. Pero llegará. De forma inmediata o al tiempo que Dios considere oportuno. Pero quedaremos satisfechos.




Después de habernos metido en estas dos intervenciones de Tomás, es posible que  ahora entendamos mejor el episodio central de esta entrada. 
LÉONARD LIMOSIN .- RENACIMIENTO
Es cierto que todos o al menos la mayoría de cuantos lo lean ahora ya lo conozcan, pero siempre se descubren nuevos aspectos. ¿Cómo ocurrió? En la entrada anterior ya tratamos la aparición al resto de los Apóstoles, pero, como dice el título de la entrada, faltaba uno: Tomás. No solamente no tuvo el gozo de ver al Resucitado, sino que cuando se lo contaron no lo creyó. Sigamos a San Juan en su relato.



‘Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron: -Hemos visto al Señor. Él les dijo: -Si no veo en sus manos las huellas de los clavos y meto mis dedos en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creeré’. (Jn. 20, 24-25). Ante semejante respuesta y actitud podríamos plantearnos si obedece a un sentimiento de escepticismo o a cualquier otra causa. Probablemente conocía la forma horrorosa de su muerte. Conocería, como cualquier persona de la época lo que significaba la muerte en una cruz, además del sufrimiento anterior por la flagelación y la coronación de espinas. Ahora, humanamente, no podía admitir que estuviera vivo. O quizá tenía miedo a admitir la realidad de lo que le estaban transmitiendo por si luego venía un desengaño.

 
PEDRO PABLO RUBENS.-BARROCO

A buen seguro, él como los otros apóstoles, habrían sufrido por el martirio infringido a su Maestro y por el tormento que le ocasionó la muerte. Pienso que se negaba a sufrir más con el desengaño que le podría ocasionar que fuera un error de los otros diez. Quizá hubiese oído que también se había aparecido a las mujeres que habitualmente le acompañaban y, de forma directa, a María Magdalena, pero no. Era demasiado hermoso y no quería soñar para luego despertar a la cruda realidad.




Era, pues, necesario que tuviese su propia experiencia. Y la tuvo.
ALONSO BERRUGUETE .- RENACIMIENTO
 ¡Vaya si la tuvo! Y además a cargo del mismísimo Jesús que a través de sus dudas legó un mensaje, no solamente  a Tomás y a los otros apóstoles, sino a los hombres y mujeres de todos los tiempos: ‘Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: -La paz con vosotros. Luego dice a Tomás: -Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente. Tomás le contestó: -Señor mío y Dios mío. Jesús le dijo: -Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’. (Jn. 20, 26-29.

Sí. Tomás se rinde a la gozosa evidencia, sublimada ahora por el hondo convencimiento, tantas veces demostrado, de la divinidad de Jesús. Hace marcha atrás y de la misma manera que a todos sus compañeros manifestó su incredulidad, ante todos manifiesta este cambio de actitud y de convencimiento. Y lo manifiesta con esa frase tan hermosa que ha llegado hoy hasta nosotros como el paradigma más completo de la fe: ‘Señor mío y Dios mío’. Después de Tomás, cuántas veces habremos tomado su confesión los hombres y mujeres de todos los tiempos dirigiéndonos a Dios en nuestra adoración o en cualquier momento del día, con las mismas intenciones de este apóstol. 
 Esta allí hablándole y animándole al camino de la Fe. Pero a la vez le da y nos transmite a nosotros esa nueva Bienaventuranza: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’. 
 LUCA SIGNORELLI.-RENACIMIENTO
Parece que quiere decirnos que es fácil creer cuando se ven las cosas, pero cuando no se ven…Humanamente hemos de admitir que hay ocasiones que nos cuesta, especialmente cuando nos enfrentamos a una situación o problema muy difícil con los que la vida de cada día nos ofrece en ocasiones. Y nos aferramos a Él, incluso con desesperación. Y si tarda en venir la luz que necesitamos somos capaces de desesperarnos e incluso de preguntarle ‘dónde está’.

Sin embargo, cuando en cierta ocasión leí el fragmento de San Gregorio Magno que pongo a continuación, lo asumí en mi interior. Era una posibilidad que no se me había ocurrido. Veamos lo que dice este Padre de la Iglesia: ‘¿Qué es, hermanos muy amados, lo que descubrís en estos hechos? ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, que al palpar creyese? Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina.




La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su Maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad. 
 VERROCHIO.- SIGLO XIV.-RENACIMIENTO
Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la Resurrección’. (San Gregorio Magno.- Homilía 26, 7-9).



Cuando nuestra fe es capaz de dar una respuesta de fe creyendo a ciegas en ese Jesús, Dios y Hombre verdadero, sin condiciones ni límites, estamos haciendo realidad esa bienaventuranza y manifestando la madurez de nuestra fe, porque ‘creemos sin ver’ y pasamos a ser dichosos. Y no me resisto a traer el testimonio de Isabel cuando unos treinta y cuatro años antes dijo lo mismo, quizá con otras palabras, a la Madre de Jesús cuando fue a visitarla a su casa de Ain Karin: ‘Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor’. (Lc. 1, 45).

VISITACIÓN A STA. ISABEL.-PAUL TROGER.-ROCOCÓ
Que Jesús Resucitado y la Virgen Nuestra Madre nos bendigan.

miércoles, 24 de abril de 2013

Y también a los Once.

APARICIÓN DE JESÚS A LOS APÓSTOLES A PUERTA CERRADA.-
DUCCIO DI BUONINSEGNA.-GÓTICO
Pues claro. ¡Faltaría más! ¿Cómo no iba a visitar, a ver nuevamente, a sus amigos incondicionales de andaduras y vivencias durante unos tres años? Estaba claro que lo abandonaron, a excepción de Juan que aguantó en el Gólgota con la Virgen asistiéndola en todo momento, e incluso lo negaron, pero el tiempo que los estuvo preparando no quedaba en el olvido. Él los había elegido y era por algo y para algo.

El objetivo de la Redención era un tema exclusivo de Jesús. Y eso es fácil de ver, al cabo de los XXI siglos transcurridos, para nosotros. Podemos, si nos lo proponemos desde el prisma de la objetividad y de la rectitud de conciencia, ver y analizar que la decisión de Dios de asumir la naturaleza humana para salvarnos de las garras del Mal, fue un acto de amor consecuente de su obra creadora formando al ser humano al final de la misma. 

 TENTACIÓN DE EVA.-John Roddam Spencer Stanhope.-PRERRAFAELITA

Y destinarlo a la felicidad, lastimosamente perdida por el mismo afán de Luzbel de querer igualarse a Dios. Y por ahí entró a Eva, según el Génesis, cuando ella explicó a la serpiente que ‘nos ha prohibido comer del fruto del árbol que está en el centro del huerto, porque moriremos’. En la respuesta de la serpiente encontramos la similitud: ‘No moriréis. Lo que Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal’. (Gén. 3, 2-5).

Belén fue el comienzo de la magna epopeya divina. La Resurrección de Cristo fue su culminación. Y eso lo tenía que hacer sólo. ¿Para qué, entonces, eligió a los Doce y le siguió tanta gente? Pues ya que a todos nos creó con el don de la libertad, quiso que cada uno de los humanos hiciésemos nuestra propia elección, de la misma manera que en el Edén la hicieron nuestros primeros padres. Y que cuando Él volviese al Padre, los Apóstoles y discípulos continuasen su obra transmitiéndola a todo el mundo mientras hubiese personas en él. 

Y para eso fundó la Iglesia y puso a Pedro al frente de ella, a pesar de sus negaciones. Y ahí tenemos hoy al Papa Francisco como antes a Benedicto XVI, y antes a Juan Pablo II, y antes…Así hasta llegar al mismísimo Pedro.

Así pues, volviendo a los momentos inmediatamente posteriores a la Resurrección de Jesucristo, nos encontramos con un panorama de pena: apóstoles y discípulos decepcionados marchándose a sus casas. Se dispersaron y cada uno volvió a sus quehaceres anteriores. Nadie estaba en condiciones de pensar en la promesa de la Resurrección de Jesús: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, le darán muerte y, después de morir, al tercer día, resucitará’ (Mc. 9, 31).

Incluso cuando María Magdalena les comunicó que la piedra del sepulcro estaba corrida y éste vacío, no lo quisieron admitir, a pesar de que Pedro y Juan corriesen a comprobarlo y así lo vieran. No podían asumir este hecho. No lo entendían. Era demasiado para sus pobres inteligencias un hecho de semejante magnitud. Sin embargo…
APARICIÓN A SUS DISCÍPULOS EN EL CENÁCULO.-James_Tissot.-S. XIX-XX
  
‘Aquel mismo domingo, por la tarde, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: -La paz esté con vosotros. Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría’. ¿Cómo sería ese instante para ellos? Lo estaban viendo y sus sentidos es posible que se negaran a admitir la evidencia. Quizás por eso les mostró las huellas de los clavos y la herida de la lanzada del costado. La voz dándoles la paz estaban seguros que era la misma que tantas veces habían oído en la predicación a las gentes y en los momentos de intimidad con ellos, en las largas conversaciones con Él explicándoles las parábolas y tantas y tantas dudas planteadas. Pero no acababan de creerlo.

Es cierto que mostraron alegría al verle, pero es posible que fuese una alegría..., ¿cómo la podría describir? ¿Cortésmente humana? No lo sé, pero pienso que estaría lejos del auténtico sentido de la Resurrección que estaban presenciando. Y eso la exquisita finura de Jesús lo captó desde el primer momento. 

 CARL BLOCH.-REALISMO DANÉS

Es posible que por eso les repitiera: ‘Nuevamente les dijo Jesús: -La paz esté con vosotros. Y añadió: -Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros’. Eso era otra cosa. Ese ‘envío’ ya entraba dentro de los parámetros que estaban acostumbrados a oír en los periplos a los que le acompañaban.

Pero esto no terminó ahí, porque ‘Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengáis, Dios se los retendrá’. (Jn. 20, 19-23). En este preciso momento queda instituido el Sacramento del Perdón, de la Reconciliación, al darles poder para perdonar o retener los pecados. Es el mismo Dios quien nos perdona a través de su ministro, el sacerdote, legítimamente ordenado al haber recibido el Sacramento del Orden Sacerdotal..

Observando el pasaje atentamente podemos observar que Jesús se les dirige con una absoluta normalidad. Como dándoles ánimo en su desánimo. 

 WILLIAM BLAKE .- NEOCLASICISMO

No les echa en cara absolutamente nada de su abandono ni de sus actitudes después del prendimiento en Getsemaní. Desde el principio ha hecho sus apariciones a quienes han estado con Él, fueran hombres o mujeres.

San Lucas nos enriquece aún más el momento de esta aparición a los discípulos. Después del darles la paz, nos presenta su reacción: ‘Aterrados y llenos de miedo, creían ver un fantasma. Pero Él les dijo: -¿De qué os asustáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Ved mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tocadme y convenceos de que un fantasma no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo’.
DUCCIO DI BUONINSEGNA.-GÓTICO
Pero no termina ahí, sino que para mayor convencimiento de ellos continuó: ‘Y dicho esto les mostró las manos y los pies. Pero como aún se resistían a creer por la alegría y el asombro, les dijo: -¿Tenéis algo que comer?  Ellos le dieron un trozo de pescado asado. Lo tomó y lo comió delante de ellos’. (Lc. 24, 37-42). Es perfectamente humana la reacción de sus amigos.

Permítanme hacer una extrapolación de aquel momento a nuestros tiempos. Hoy. Aquí y ahora. ¿Cómo hubiéramos reaccionado nosotros ante un hecho semejante o igual? Estoy seguro que exactamente igual que ellos. A pesar de los siglos transcurridos. A pesar de los estudios que hayamos hecho. A pesar de nuestras convicciones cristianas y de nuestra fe en Él, precisamente porque nosotros sí que somos conscientes de la importancia y trascendencia de la Resurrección que nos impulsa a trabajar por Él, con Él y en Él expandiendo el Evangelio en el mundo entero según los carismas de cada cual, si por un momento de su Gracia lo tuviésemos delante, pienso que no lo reconoceríamos, aunque puedo estar equivocado.

Tal vez podríamos suponerlo, pero siendo plenamente conscientes de nuestra pequeñez, no nos lo creeríamos porque sabemos que no somos merecedores por nosotros mismos de semejante regalo y privilegio. Y sin embargo, sabemos que ha habido ocasiones en las que se ha aparecido a determinadas personas, como a Santa María Faustina Kowalska, a quien Jesús le encomendó dar a conocer la devoción a su Divina Misericordia, hoy extendida en el mundo entero.

Sin embargo existe un episodio muy interesante y otros más sobre las apariciones a los apóstoles después de resucitado, pero los dejo para la entrada siguiente para no alargarme mucho.



Que Jesús resucitado y nuestra Madre la Virgen,  Ntra. Sra .de Einsiedeln nos asistan y bendigan.

lunes, 8 de abril de 2013

Caminaban desanimados, pero luego…(y II)

DISCÍPULOS DE EMAÚS.-CENA.-Giacomo Bassano.- MANIERISMO.
Llevaban largo tiempo caminando y escuchando al solitario compañero de viaje que se les había unido y había entablado conversación con ellos, a raíz de la explicación que le habían hecho sobre lo ocurrido en Jerusalén, y que al parecer el ‘forastero ignoraba’.

 CARAVAGGIO.-BARROCO
El tiempo parecía detenido y el camino por recorrer parece ser que lo ignoraban, porque el desconocido, una vez que tomó la palabra para explicarles el sentido de las Escrituras con los sucesos que le relataron, les tenía absorbida la atención. Iban descubriendo cosas y situaciones contenidos en los distintos Profetas que encajaban perfectamente con Jesús de Nazaret. Y ellos eran, en ese momento, como el joven alumno de un colegio pendiente de la explicación que su maestro hacía de algún tema concreto que conocían superficialmente y del que estaban aprendiendo nuevos aspectos.

BERTEL THORVALDSEN.-NEOCLASICISMO
Apenas sin darse cuenta llegaron a su destino, Emaús, de donde parece ser que era oriundo Cleofás. Los sesenta estadios de camino se les habían hecho cortísimos y ya había oscurecido. ‘Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: -Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado. Y entró a quedarse con ellos’.
DIEGO VELÁZQUEZ.-MANIERISMO

¿Nos imaginamos la escena? Posiblemente Jesús empezaría a despedirse de ellos e ‘hizo ademán de seguir adelante’. Pero la hospitalidad, especialmente para un hebreo, es sagrada, por lo que sinceramente le pidieron que se quedase con ellos, pensando quizá que haría noche allí y al día siguiente continuaría su camino. Pero los planes de Jesús eran otros. Continuaba su labor pedagógica.
P.P.RUBENS.-BARROCO

Sabía que aquellos discípulos suyos estaban desmoralizados porque acaso pensaban que su Maestro había tenido un estrepitoso fracaso. Y no solamente había que levantarles la moral, sino convertirlos en mensajeros de la gozosa realidad a la que tendrían que acostumbrarse a partir de ahora: la estrepitosa victoria sobre la muerte y el pecado. Así que ‘entró a quedarse con ellos’ y todo se preparó para la cena.

VERONÉS.-RENACIMIENTO
Los comensales tomaron posesión de sus asientos respectivos, los alimentos fueron depositándose en la mesa, quizá comenzasen con algún breve comentario, pero lo que realmente nos deja San Lucas en el Evangelio es el núcleo fundamental de esta perícopa, uno de los episodios más hermosos realizado por Jesucristo. ‘Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando’.

TIZIANO.-RENACIMIENTO
Hasta ahí todo aparentemente normal, pero súbitamente cambió todo el panorama, ya que ‘entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron’. ¿Qué vieron que les hizo ‘abrirse los ojos’? No fueron, lógicamente los ojos físicos de la cara, sino los de la inteligencia. Le reconocieron. ¿Fue un gesto? ¿Las palabras de la bendición? ¿O acaso es que se fijaron en los agujeros de sus muñecas, ocasionados por los clavos de la Cruz? No lo sabremos nunca. Lo cierto es que ‘Él desapareció de su lado’.

TIZIANO.-RENACIMIENTO
Tampoco sabremos nunca lo que ocurrió en su interior. La sorpresa de su desaparición, precisamente en este momento, les dejaría casi con seguridad, sin reacción inmediata. Pero es muy posible que su alma se estremeciese hasta lo más profundo de la intimidad de su ser. Se mirarían unos a otros diciéndose con sus miradas: ¿Lo has visto? ¡ES ÉL! ¡¡¡ES ÉL!!! Pues sí. ¿Pueden ponerse muros a una alegría desbordante como la que sentían? Imposible.
TINTORETTO.-RENACIMIENTO
Inaudita la maravilla vivida. ¿Se abrazaron? Tampoco lo sabemos, pero en un caso como el que estaban viviendo no sería descabellado pensarlo. A fin de cuentas es un gesto humano que manifiesta una enorme alegría. Y eso no podía quedarse solamente para ellos dos. Ahora cobraba un realismo sin límites lo que habían oído con anterioridad a las mujeres que habían visitado su tumba y habían asegurado su resurrección: ‘Nos dejaron estupefactos ciertas mujeres de las nuestras que yendo de madrugada al monumento no encontraron su cuerpo, y vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles que les dijeron que vivía. Fueron también algunos de los nuestros al monumento y hallaron las cosas tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron’. Y ellos sí que lo habían visto, tocado y hablado con Él.

Jacopo Bassano.-MANIERISMO
Naturalmente. La Resurrección de Jesús lo renueva todo. El cuerpo del Señor era ya un cuerpo glorioso. ¿Cómo iban a reconocerlo? Lo hicieron cuando Él quiso darse a conocer, pero a través de algún signo que desconocemos. Sin saberlo, ciertamente, aquellos dos discípulos habían compartido con el desconocido una Eucaristía. Y además, presidida por el mismo Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Y su desaparición repentina. No hacía falta continuar allí. Su objetivo estaba cubierto y ahora es a esos dos hombres a quienes correspondía continuar su misión.
Pascal Dagnan Bouveret.-S. XIX - XX
Parece dirigido a ellos lo que el beato Juan Pablo II dijo: ‘Aquí es Cristo en persona quien acoge al hombre, maltratado por las asperezas del camino, y lo conforta con el calor de comprensión y de su amor. En la Eucaristía hallan su plena actuación las dulcísimos palabras: Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados que yo os aliviaré (Mt. 11, 28). Este alivio personal y profundo que constituye la razón última de toda nuestra fatiga por los caminos del mundo, lo podemos encontrar –al menos como participación y pregustación- en ese Pan divino que Cristo nos ofrece en la mesa eucarística’. (Juan Pablo II. Homilía del 9 de julio de 1980). 
REMBRANDT Harmenszoon van Rijn.-BARROCO
Fueron reaccionando y las palabras volvieron a sus labios como si quisieran autoconvencerse de que aquello no había sido un sueño. ‘Entonces se dijeron el uno al otro: ¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’ No lo pensaron dos veces. Conociendo el lugar donde se reunían los discípulos en Jerusalén no dudaron en deshacer el camino andado y se volvieron. Allí ‘encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo’. 
Philippe de Champaigne.-BARROCO
Se quedaron sorprendidos al verlos llegar, pues sabían que habían regresado a sus hogares. Pero también ellos algo que comunicarles: ‘Es verdad: el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón’. Fueron comprendiendo la actuación del Maestro y ‘ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan’. (Lc. 24, 13-35).
MARCO MARZIALE.-RENACIMIENTO
Sí. El momento del rezo del Credo en la Misa es necesariamente breve. La Liturgia tiene sus momentos y este compendio de las razones de nuestra fe debe limitarse a su exposición, a nuestra manifestación, a nuestra adhesión al contenido que tiene. Pero eso no es óbice para que a la vez que lo vamos rezando en voz alta en nuestro interior vayamos recordando, al menos, alguna de las facetas que contiene. Y después, ya en nuestro hogar o al finalizar la Eucaristía ante el Sagrario, que meditemos con mayor detenimiento, alguno o algunos de los episodios que encierra, después de nuestra personal acción de gracias. Sería un acto más dentro de las actividades del ‘Año de la Fe’.
LEON AUGUSTIN LHERMITTE.-REALISMO
Que Cristo Resucitado y su Madre, Nuestra Señora de las Lajas nos bendigan.                                                                                   
 

martes, 19 de marzo de 2013

Caminaban desanimados, pero luego…

DISCÍPULOS DE EMAÚS.-Pieter Coecke Van Aelst.-RENACIMIENTO


En los momentos inmediatamente posteriores a su Resurrección, Jesucristo quiso hacerse presente ante quienes habían creído en Él, lo habían seguido, le habían ayudado,… Pero hay cosas que a poco que nos detengamos a pensar en ellas nos harían pensar. ¿Por qué no se apareció primero a los Once que permanentemente le habían acompañado y a quienes había llamado ‘amigos’? (‘Nadie tiene mayor amor que este de dar uno la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os llamo amigos porque todo lo que oí de mi  Padre os lo he dado a conocer’. Jn.15, 13-15).



No tengo, ni creo que nadie tenga con certeza, las razones por las que se apareció en primer lugar, según los Evangelios, a las santas mujeres, personajes sin aparente importancia en su vida, en el mismo sepulcro. 

Altobello Melone .-  RENACIMIENTO

No lo creyó suficiente y, siguiendo a San Marcos, se aparece a María Magdalena. Solamente a ella, como hemos visto en las dos entradas inmediatamente anteriores.



Pero es que la siguiente aparición rompe con los esquemas de la lógica, porque a quienes seguidamente se aparece, siguiendo al mismo evangelista, es a dos discípulos desconocidos que hasta este preciso momento no aparecen ni se les nombra en ningún momento en los Evangelios. ¿Por qué? Si no recuerdo mal, San Juan, refiriéndose a las Mujeres que estaban con la Virgen al pie de la Cruz en el Calvario, cita a ‘María, la de Cleofás’, (Jn. 19, 25). Pero esto no significa, me parece, que sea la misma persona el marido de la mencionada María y el discípulo que caminaba hacia Emaús. Cabe suponer que ese nombre podría ser muy común entre los judíos.



Verdaderamente tenemos materia más que suficiente para pensar en el contenido y las circunstancias que rodean esta perícopa.

 Jan Wildens.-BARROCO

 Pero solamente será a nivel de suposiciones, deducciones o razonamientos como el que cabo de hacer con Cleofás. La realidad podría ser otra.



Este pasaje presenta dos escenas claramente delimitadas. La primera está circunscrita a un espacio exterior, un camino. En él, dos personas caminan hacia un lugar llamado Emaús y en un determinado momento se les une otro personaje, desconocido para ellos. En la segunda escena cambia completamente el escenario. Los dos caminantes, transcurrido el tiempo necesario para llegar a su destino, invitan al desconocido a compartir su cena con ellos porque ya era tarde.



Vamos a centrarnos ahora en la primera escena ya que nos presenta el relato con mayor número de detalles. Siguiendo a San Lucas, nos dice: ‘Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que dista sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado’. Era normal que así fuera. A Jesús lo conocieron, acaso lo trataron y los sucesos relatados por las mujeres los mantenían confusos. No podían entender nada más allá que lo referido al aspecto humano. Pero esto pronto iba a cambiar, porque



 ‘Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó a ellos y caminó a su lado; pero sus ojos estaban como incapacitados para reconocerle'. Otro caminante. Solitario. Y se les unió.

 Duccio di Buoninsegna (1308) .- GÓTICO

 Probablemente estaría oyéndolos algún instante, pero rápidamente pasó a la acción preguntando: ‘-¿De qué discutís por el camino? Ellos se pararon con aire entristecido’.  ¿Cómo era posible que no supiese nada del tema que les ocupaba? Para nosotros, hoy, conociendo las cosas que sabemos, resulta muy fácil. Pero en las mismas condiciones de aquellos dos personajes es probable que hubiésemos respondido y sentido exactamente lo mismo que ellos. Pero Cleofás tomó la palabra y le respondió a través de un interrogante, poniendo de manifiesto su extrañeza: ‘Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: -¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que han pasado allí estos días?‘.



Hasta aquí todo aparecía como normal, pero Jesús continuó con su ‘ignorancia’. ‘Él les dijo: -¿Qué cosas?’ ¿Quería ver cómo se desenvolvían ante su Resurrección? ¿O quizá su enfoque del tema? 

 DELLO DELLI.-GÓTICO

No sé, pero el caso es que le respondieron: ‘Lo de Jesús el Nazareno, varón profeta, poderoso en obras y palabras ante de Dios y ante todo el pueblo; cómo  le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados para que fuese condenado a muerte y crucificado. Nosotros esperábamos que sería él quien iba a rescatar a Israel; pero, con todo, llevamos ya tres días desde que esto ha sucedido. Nos dejaron estupefactos ciertas mujeres de las nuestras que yendo de madrugada al monumento no encontraron su cuerpo, y vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles que les dijeron que vivía. Fueron también algunos de los nuestros al monumento y hallaron las cosas tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron’.



Bueno. La información no estaba mal. Era muy completa para ellos y ajustada a la realidad que habían vivido quienes allí fueron, pero a todo ese relato había que darle la auténtica complementariedad. 

 GUSTAVO DORÉ.-S. XIX

Jesús, como si fuese el maestro que se dirige a sus alumnos que no han hecho bien sus deberes o no han aprendido del todo la lección, comenzó su didáctica pedagógica: ‘Él les dijo: -¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazón para creer todo lo que vaticinaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrar así en su gloria? Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les fue explicando cuanto a Él se refería en todas las Escrituras.’ ¿No les hubiese gustado ver sus caras escuchando al Maestro? ¿Cómo responderían a Jesús si éste les hacía preguntas?



Les aseguro que a mí sí que me hubiese gustado, pero estar oyéndolo a Él sería, con toda seguridad, más fuerte que mi curiosidad, ¿no creen? Realmente el recorrido de los ‘sesenta estadios’ daba para mucho diálogo, pero aunque el Evangelio no nos dice en qué momento del camino se les unió, es de suponer que tendrían tiempo suficiente para escuchar la exposición que Jesús les hizo.

JAMES TISSOT.-S. XIX-XX

Hasta aquí, lo que pienso que es la primera parte del episodio de los discípulos de Emaús. En la próxima entrada comentaremos la segunda. Merece ser tratada por su singularidad.



Que Jesucristo y su Madre, Nuestra Señora da Conceiçao nos bendigan y acompañen.