sábado, 30 de julio de 2011

Contra soberbia, humildad (I)

VIRGEN DE LA HUMILDAD.-FRA ANGÉLICO.-RENACIMIENTO

Les aseguro que me siento incómodo escribiendo sobre los vicios o pecados capitales, como hice en la entrada anterior, porque cuando un cristiano descubre las maravillas de Dios y todo cuanto Él hace con todos y cada uno de nosotros, cosa que el soberbio no puede admitir porque no le da la real gana, me sublevo contra estas actitudes que impiden el normal desenvolvimiento de la acción divina el este mundo.

Pero las cosas son así y, además, me parece que todos conocemos que a cada pecado capital se opone una Virtud (y lo pongo con mayúscula), que en contra de lo que pueda parecer, no es ninguna utopía tenerla ya que el origen de todas las virtudes está en el mismo Dios, que es la Perfección Suprema. Siguiendo los consejos que nos marca el Evangelio y siguiendo la normativa de la Iglesia, Madre y Maestra nuestra, podremos desterrar de nosotros cualquier pecado.

LA MODESTIA.- WILLIAM ADOLPHE BOUGUEREAU.- ACADEMICISMO

Eso es lo que ocurre con la soberbia. La virtud opuesta es la humildad, presente en numerosas ocasiones en la Sagradas Escrituras, por ejemplo:
‘Hijo, pórtate con modestia y serás amado más que el dadivoso. Cuanto más grande seas, humíllate más, y hallarás gracia ante el Señor; porque grande es el poder del Señor, y es glorificado en los humildes’. (Eclo. 3, 19-21).

Los Salmos nos ponen esta virtud a nuestra consideración en distintas ocasiones.
‘Bueno y recto es Yavéh, por eso señala a los errados el camino. Y guía a los humildes por la justicia y adoctrina a los mansos en sus sendas’. (Sal. 25(24), 8-9). Esta es una de esas ocasiones. Pero es que si echamos un vistazo a lo que Dios dice a Isaías, también lo tenemos claro: ‘Mis miradas se posan sobre los humildes y sobre los de contrito corazón, que temen mis palabras’. (Is. 66, 2b). Realmente, leyendo estas citas y meditándolas posteriormente, no se puede comprender que haya personas, cristianos que dicen ser de primera fila, que desean estar en todas partes para que todos los vean cual figurines de escaparate y ocupar lugares preferentes en Parroquias o lugares cristianos, con lo cual hacen un flaco favor a la Iglesia. Absurdo, ¿no creen?

Para ellos podría aplicarse lo que aconseja Jesús:
‘Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el lugar de preferencia, no sea que haya otro invitado más importante que tú, y venga el que te invitó a ti y al otro y te diga: Cédele a éste tu sitio, y entonces tengas que ir todo avergonzado a ocupar el último lugar. Más bien, cuando te inviten, ponte en el lugar menos importante; así, cuando venga el que te invitó, te dirá: Amigo, sube más arriba, lo cual será un honor para ti ante todos los demás invitados. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado’. (Lc. 14, 8-11).

Son dos posturas diferentes, pero acaso complementarias, ya que retratan perfectamente esas dos posturas antagónicas de la persona soberbia y de la humilde. No obstante, sin menospreciar lo dicho anteriormente, es en el Nuevo Testamento, según estamos viendo y como culminación del Antiguo, donde debemos fijarnos más, porque hay unas referencias a esta virtud que son definitivas para la solidez de nuestro convencimiento de luchar por conseguir tener la humildad. De ser humildes. Y es el mismo Maestro.

Él mismo se nos presenta como culminación de esta virtud:
‘Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis el descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando y mi carga ligera’. (Mt. 11, 29-30). Verdaderamente definitivo. No hay que darle más vueltas. Su mansedumbre quedó patente en su Pasión aguantando todo cuanto le hacían.
Unos pocos años después, será San pablo quien nos exalta esta virtud en la persona del Maestro: 'Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, quien, existiendo en la forma de Dios, no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres; y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre’. (Fil. 2, 5-11).

Pablo lo captó y así lo trasmitió, no solamente a los fieles de Filipos, sino también a los fieles del año 2011, o sea a nosotros, y así podemos ver que se abajó hasta nosotros para rescatarnos del pecado. Su Amor no podía hacer otra cosa con la humanidad a pesar de lo que supuso para Él la Pasión y Muerte en la cruz. Y en cuanto a nosotros, la hermosura de la sencillez de los actos, de las palabras, de los gestos,…pienso que nos ayudan a estar más cerca de Jesús de Nazaret, a quien de una forma u otra, intentamos imitar, seguir y servir.

CRUCIFIXIÓN.-GIOVANNI BELLINI.-RENACIMIENTO

Precisamente ahí tenemos nuestro punto de referencia: el reconocimiento personal del lugar que nos corresponde realmente ante la grandeza e infinitud de Dios, desde el prisma de esta virtud, porque
‘la humildad dispone para acercarse libremente a los bienes espirituales y divinos’. (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica).

Es cierto que nos reconocemos pecadores al ponernos ante la Santísima Trinidad, pero no es menos cierto que a pesar de todo y por el infinito amor que nos tiene, siempre está inclinado ante cada uno de nosotros en permanente escucha de nuestras peticiones o llamadas que le hacemos desde nuestros sufrimientos y angustias:
‘Desde lo hondo a Ti grito, Señor. Señor, ¡escucha mi voz! Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica’. (Sal. 130(129), 1-2).

SAN FRANCISCO.-CARAVAGGIO.-BARROCO

Y desde nuestro agradecimiento a la Providencia divina, solamente reconocida desde la óptica de la humildad, acudimos a la presencia del Santo de los Santos también para anonadarnos ante el sentimiento de saber que estamos en su presencia. Entonces colocamos nuestra nada ante la grandeza de su misericordia.

Teniendo en cuenta esta actitud con Dios, será más sencillo vernos ante el prójimo en nuestro trato con él, superando esa facilona tentación de creernos superiores o por encima de los demás, porque en él también esta Dios, también está el cariño de Dios, también tiene unos talentos regalados por el Hacedor y por el que también ha muerto en la Cruz. Incluso podremos ser capaces de conocer sus cualidades y valores, aceptarlos e incluso ayudarle a potenciarlos, ya que
‘sólo a pasos de humildad se sube a lo alto de los cielos’. (San Agustín. Sermón sobre la humildad y el temor de Dios).

Solamente el amor nos puede dar la luz necesaria para ver las ventajas y los valores del prójimo abandonando en la cuneta las envidias y resquemores que pudiéramos sentir. Cada uno es quien es y es como es y a partir de eso hemos de aceptarnos como somos y buscar sin descanso el perfeccionamiento que el Padre desea que tengamos, según nos explicó Jesús:
‘Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto’. (Mt. 5, 48).

Pero ¡ojo! No podemos perder de vista la continua presencia del orgullo, la arrogancia o la altanería que siempre se encuentran al acecho para hacerse dueños de nosotros. Existen personas que acaso llevadas de los progresos de la técnica, de los medios que manejan, de la preparación y competencia personal que puedan tener en el desarrollo de su profesión, tomen una actitud independiente centrada en ellos mismos que les aparte de todos y de todo, incluso de Dios, al que su propia miopía moral les impide ver y mucho menos reconocerlo como el Autor de esos valores.

Esa actitud les puede llevar a errores como interpretar que no está por debajo de nadie y que, por tanto, no hay necesidad alguna de tener algo ‘tan desfasado’ como la humildad. Les costaría mucho ver que ser humildes supone para cada uno la permanente y continua forja de la armadura que nos defienda de caer en las redes del Maligno. Y en esa forja de la humildad tenemos, básicamente, la Oración, los Sacramentos y estar constantemente en la presencia de nuestro Padre que siempre está al quite en cuantas cosas le pidamos para ser agradecidos por los dones y gracias que a diario nos dispensa.

Conociendo los talentos con los que adorna nuestra existencia conoceremos mejor los valores que poseemos y desde una consciente responsabilidad vislumbraremos que ellos son precisamente la forma de trabajar por el Reino de Dios, sin un inútil engreimiento de creer que somos algo o de ser mejores que otros.

Deberemos poner todo nuestro empeño en basar nuestra humildad sobre dos valores siempre permanentes, aunque hoy haya personas que prescindan de ellos para construir un mundo sin valores, e incluso, intentando eliminar a Dios de sus vidas y, lo que es peor, de la sociedad. Esos valores son la justicia y la verdad.

Ser justos y veraces supone que se nos pueda ver como ‘bichos raros en extinción’, lo cual no es de extrañar, pues a Jesús ya intentaron combatirlo cuando exaltaba alguno de estos valores.
‘Si os mantenéis fieles a mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; así conoceréis la verdad y la verdad os hará libres’ (Jn. 8, 31-32). Y también nos dice San Mateo: ‘Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará como añadidura’ (Mat. 6:33).

Así, desde la humildad, siempre miraremos hacia Jesucristo que es el referente válido que tenemos para buscar el perfeccionamiento en la virtud y, poco a poco, ir puliendo esas aristas de la imperfección que impiden nuestro acercamiento a Él, nuestro modelo. Lo contrario, sería caer en la tentación de mirarnos en el espejo de una caricatura de la humildad.

‘El que entre vosotros quiera ser grande, sea vuestro servidor, y el que entre vosotros quiera ser el primero, sea vuestro siervo, así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención de muchos’. (Mt. 20, 26b-28). Así nos transmite San Mateo el pensamiento y consejo de Jesús a sus amigos.
LAVATORIO DE LOS PIES A PEDRO.-TINTORETTO.-RENACIMIENTO

Pero con los pies en el suelo. No vayamos a pensar que ser humildes supone una negación de nosotros mismos. Dios nos ha hecho únicos e irrepetibles y desde esa unicidad, con los talentos que nos ha dado, hemos de darle la respuesta que Él espera, desde nuestra autoestima como criaturas suyas y sin renunciar a nada de nuestra intimidad que contribuya a perfeccionar nuestra filiación divina. Y la humildad es un valor que requiere una gran dosis de esa energía humana que todos poseemos.

Defender nuestros posicionamientos cristianos desde nuestra energía vital, sin caer en la incomprensión de los demás, pero siendo inflexibles en nuestros planteamientos cristianos, en nuestros motivos de credibilidad, en el respeto hacia quien nos dirigimos, es un objetivo que continuamente debemos perseguir. Y en este caso entra en juego otra virtud complementaria de la humildad: la caridad hacia los demás, que en muchas ocasiones cuesta mantener, pero que hay que hacerlo como cristianos responsables.

Manteniendo nuestro equilibrio interior conoceremos el valor real de las cosas y sabremos cuál es el lugar que realmente tiene Dios en nuestra vida, el que tienen los demás respecto a nosotros mismos. Acaso entonces la humildad nos conduzca a sentirnos poco menos que nada ante la inmensidad del Dios Padre y Creador nuestro y del universo, ante el cual nos humillamos, no en el sentido peyorativo de la expresión, sino en el sentido que Jesús quiere y anotado más arriba en la cita de San Lucas:
‘El que se humilla será ensalzado’

Acaso el salmo 130 nos manifieste con claridad la postura del humilde:
‘Señor, mi corazón no es altanero, ni son altivos mis ojos. Nunca perseguí grandezas ni cosas que me superan. Aplaco y modero mis deseos; estoy como un niño en el regazo de su madre’. (Sal. 131(130), 1-2). Ya ven. Un texto totalmente apto para una meditación que nos ayude a profundizar en nuestra humildad sin caer en la arrogancia.

Desde ella seremos dignos de confianza a los ojos de cuantos nos rodean que sabrán captar la grandeza de nuestro ser, de nuestra personalidad. Cuanto más humildes seamos, mayores logros obtendremos en todas nuestras empresas, tanto a nivel profesional como en el familiar y apostólico.

SAN MARTÍN DE PORRES

Si en todas ellas hemos de ponernos a disposición de Dios, en este último tipo de empresas, las apostólicas, más fervor emplearemos en pedir al señor de la mies la humildad necesaria para llevarlas a efecto sabiéndonos instrumentos y colaboradores en sus manos, a pesar de la distancia existente entre Él y su criatura. Pero así lo quiere. Así lo desea. Y como a los discípulos de antaño, también a nosotros nos envía a predicar la Buena Nueva en los ambientes en los que nos desenvolvemos.

Fijémonos en este texto que me parece que complementa lo anterior:
‘Hijo mío, atiende a la humildad, que es la virtud más sublime y la escalera para subir a la cima de la santidad; porque los propósitos solo se cumplen por humildad, y las fatigas de muchos años por la soberbia quedan reducidas a la nada. El hombre humilde es semejante a Dios, y lo lleva consigo en el templo de su pecho; el soberbio es odioso a Dios, y se asemeja al demonio’. (San Basilio.- Admoniciones a sus hijos espirituales). Bueno, pues…ahí está. Quien lo dice merece un crédito, ¿no?

Con todo lo expuesto pienso que podría ser suficiente para exaltar la virtud de la humildad, ya que este blog no es, ni muchísimo menos, un tratado sobre ella, pero está cojo. Le falta algo. O mejor dicho, Alguien. Sí, amigos. Falta hablar del paradigma de la humildad en una persona concreta: LA VIRGEN. La Madre de Dios. La Llena de Gracia. Pero eso queda para la próxima entrada.
Que Nuestro Maestro, Jesús de Nazaret y su Madre Nuestra Señora de los Milagros, nos bendigan y ayuden en todo.

miércoles, 13 de julio de 2011

La soberbia (II)

CAÍDA DE LOS ÁNGELES REBELDES.-FRANÇOIS VERDIER.-BARROCO


Ya vimos la opinión que sobre este tema existía en la Biblia y en algunos de los Padres de la Iglesia. Pero no pedemos perder de vista que la soberbia siempre está latente en cualquier lugar. Donde menos se la espera. Y además, disfrazada de la mejor de las apariencias.

Cuando digo esto me estoy acordando de la parábola del fariseo y el publicano, como les decía en la entrada anterior. ¿La recuerdan? Leída superficialmente, el fariseo es un tipo perfecto:
‘El fariseo, en pie, oraba para sí de este manera: ¡Oh, Dios! Yo te doy gracias de que no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno dos veces en la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo’. (Lc.18, 11-12).

Una respuesta frívola podría ser responderle en estos términos: ‘Pues no, muchacho. No eres como los demás porque, para empezar, no eres más estúpido porque no te entrenas. Si no, para la estupidez que arrastras, el grado superlativo absoluto sería insignificante para ti’. Pero eso, pienso francamente, no sería lo adecuado.

Podemos empezar por ver lo que dice uno de los Padres de la Iglesia:
‘De cuatro maneras suele presentarse la arrogancia: primero, cuando cada uno cree que lo bueno nace exclusivamente de sí mismo; cuando cree que la gracia ha sido alcanzada por los propios méritos; cuando se jacta uno de tener lo que no tiene; y cuando se desprecia a los demás queriendo aparecer como que se tiene lo que aquellos desean; así, el fariseo de la parábola se atribuye a sí mismo los méritos de sus buenas obras’. (S. Gregorio Magno. Catena Aurea, vol VI)

San Francisco de Sales también opina sobre este personaje de la parábola:
‘Juzgan algunos temerariamente, no con amargura, sino por orgullo, pareciéndoles que a medida que rebajan la estimación de otro realzan la suya propia; espíritus arrogantes y presuntuosos, que se glorían en sí mismos y se elevan tanto en su propia estimación, que miran todo lo demás como humilde y bajo. Tal era el necio fariseo cuando decía: No soy como los demás hombres’. (San Francisco de Sales. Introducción a la vida devota).

‘Como el publicano estaba cerca de él, se le presentaba ocasión para aumentar su orgullo. Prosigue: no como este publicano. Como diciendo: yo soy único, éste es como los demás’. (San Agustín. Catena Aurea, vol. VI)

Estas citas nos introducen en este tipo de persona. Hay que ver el fondo. El personaje bien lo merece y nosotros merecemos emplear un estudio más serio. En principio parece acudir a Dios en su oración espontáneamente, pero ¿realmente lo hace o está diciéndole la ‘perfección’ de sus actitudes y forma de vida? ¿No parece que le está pidiendo (o exigiendo) a Dios un premio a sus ‘muchos’ méritos?

Lo que realmente estamos presenciando ¿no es una vanidad presuntuosa, un orgulloso engreimiento nacido de su egoísmo, una soberbia de creerse superior a otros, como del publicano que estaba detrás de él sin osar levantar la mirada del suelo?

Clama a Dios para que le oiga, para que conozca su ‘perfección’, como si Él no conociese todo eso e infinitamente más de lo que cuenta. En el fondo pienso que no está poniendo a Yavéh como autor real de los bienes de los que hace alarde y de los que parece ser su propio alfa y omega. Está apareciendo claramente una ausencia de Dios en el origen de sus dones. El propio fariseo es el eje de su acción de gracias a través de su egocentrismo que, según dice, le hace diferente de los demás. Tanto su ayuno como sus limosnas van de cara a la galería.

PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO.-JAMES TISSOT.-S. XIX

De haber existido en aquella época la prensa escrita, es probable que se le hubiese visto en las primeras páginas de los principales diarios pregonando las cosas que hacía y enriquecido el texto con alguna fotografía.

Con su actitud, parece que está haciendo realidad lo que dice el Eclesiástico:
‘El principio de la soberbia es apartarse de Dios y alejar de su Hacedor su corazón’. (Eclo. 10, 14). En su juicio de situarse por encima de los demás y, además, dar gracias por eso, ¿no es faltar a la caridad?

El Libro de los Proverbios recoge algo indicativo del pensamiento del Creador sobre este tipo de personas:
‘Temer a Dios es aborrecer el mal; la soberbia, la arrogancia, el mal camino, la boca perversa, las detesto’. (Prov. 8, 13). No alberga duda alguna. Se entiende a las mil maravillas, al menos, para los que tenemos la cabeza bien enroscada sobre los hombros, intentando cumplir los planes y la voluntad de Dios.

Cuando Jesús expone esta parábola, pienso que lo deja en el sitio que le corresponde:
‘El que se ensalza, será humillado’. (Lc. 18, 14). Y San Pablo remata lo que dice Jesús: ‘De gracia habéis sido salvados por la fe y esto no os viene vosotros, es un don de Dios; no viene de las obras, para que nadie se gloríe; que hechura suya somos, creados en Cristo Jesús, para hacer buenas obras, que Dios de antemano preparó, para que en ellas anduviésemos’. (Ef. 2, 8-10). Que es lo que está situado en las antípodas de los soberbios, puesto que piensan que ellos son el origen de la autonomía que creen tener sobre el bien y el mal, sobre la propia vida y las vidas ajenas. Si no, que se lo pregunten a cuantos pretenden legislar sobre la ‘muerte digna’ con el vano pretexto de hacer un bien a la humanidad.

Sí, amigos. Ignoro sus pensamientos pero pienso que es necesario un conocimiento real y objetivo de nosotros mismos, saber reconocer fallos y defectos propios y buscar los medios para no caer en la superficialidad, en la banalidad, en la…soberbia.
San Bernardo de Claraval, monje cartujo, personaje básico en la historia de la Iglesia y de notoria influencia en su siglo, dijo en este sentido: ‘El desconocimiento propio genera soberbia; pero el desconocimiento de Dios, genera desesperación’. Inteligente el buen fraile, ¿verdad?

S. BERNARDO DE CLARAVAL

Me parece que todos hemos tenido alguna experiencia por haber conocido alguna persona así. Habremos observado, quizá, su ambición de ‘brillo’ personal para que todos estén pendientes de ella así como su exclusividad para absorber la atención de todos en el aspecto que sea: todas las medallas que haya que poner tienen exclusivamente como destinataria a esa persona.

En su profesión no duda en atender servilmente a sus superiores para escalar puestos aun a costa del descrédito o la calumnia de sus compañeros. Consiguen hacerse odiosos, insoportables, lo que hace que se queden aislados. Si hay alguien que realmente destaca, lo aborrece o lo odia, pero si alguna persona o compañero le dirige alguna loa o alabanza la acepta convencido de merecerla. Hasta es capaz de pensar que se han quedado cortos.

Desean que todos los busquen, ser los preferidos porque se creen imprescindibles. Están convencidos de que no hay nadie mejor que ellos, porque sus ‘virtudes’ son las más perfectas. Todo lo que pueda hacer cualquier persona, ellos lo hacen mejor que nadie. Y cuando acaba su trabajo, su obra, su…lo que sea, queda esperando el aplauso y los parabienes de todos, si bien se apresura, sumido en una falsa modestia, en decir frases como ‘¡Oh, no tiene importancia! Cualquiera lo puede hacer’.

Nueva cita:
‘Pero lo más triste y lamentable es que este pecado sume al alma en tan espesas tinieblas, que nadie se cree culpable del mismo. Nos damos perfecta cuenta de las vanas alabanzas de los demás, conocemos muy bien cuándo se atribuyen elogios que jamás merecieron; mas nosotros creemos ser siempre merecedores de los que se nos tributan’. (Santo Cura de Ars. Sermón sobre el orgullo)

En su fuero interno están engordando su ego, su vanidad, su altanería,…San Pablo les diría:
‘No seamos codiciosos de la gloria vana provocándonos y envidiándonos unos de otros’. (Gal. 5, 26).

En el fondo, sus actitudes los hacen desgraciados, porque esas ansias de felicidad que todos anhelamos no las pueden alcanzar, ya que sus actitudes actúan como una venda en los ojos de su inteligencia que les impide el conocimiento del auténtico camino a la felicidad. A los ojos de Dios, el soberbio está carente de méritos. ¿Recuerdan esta expresión?
‘Dios resiste a los soberbios y a los humildes da su Gracia’. Es del apóstol amigo de Jesús, Pedro, en 1Pe. 5, 5. ¿Por qué? La razón nos la da Santo Tomás de Aquino en su Summa Teológica: ‘Si bien todos los vicios nos alejan de Dios, solo la soberbia se opone a Él; a ello se debe la resistencia que Dios ofrece a los soberbios’.

El soberbio es caprichoso, su voluntad es la que prevalece, hasta el extremo que la antepone a la voluntad de Dios. Piensa que es Dios quien tiene que amoldarse a sus caprichos e incongruencias. En lugar de cumplir la voluntad del Altísimo, es Éste quien debe amoldar sus planes, proyectos y pensamientos a los de estas personas. No quieren servir a Dios, sino que Él les sirva y obedezca, lo cual es, sencillamente, estúpido.

‘El horizonte del orgulloso es terriblemente limitado: se agota en él mismo. El orgulloso no logra mirar más allá de su persona, de sus cualidades, de sus virtudes, de su talento. El suyo es un horizonte sin Dios. Y en este panorama tan mezquino ni siquiera aparecen los demás: no hay sitio para ellos’. (S. Canals. Ascética meditada).

¿Saben a quién se les podría comparar? ¿Recuerdan a Lucifer?
Es el paradigma del pecado de soberbia. Lo tenemos en él y en los otros ángeles que se rebelaron contra su Creador. Nada más y nada menos que pretendieron ser iguales a Él.

CAÍDA DE LOS ÁNGELES REBELDES.-FRANS FLORIS, EL VIEJO.-RENACIMIENTO

Luzbel, con su orgullo a cuestas, hizo suyos los dones con los que su Creador le adornó y se rebeló en su contra. No asumió la supremacía de Dios sobre él y sobre todos los ángeles que creó. Al grito de
‘¡No serviré!’ (como dice el profeta Jeremías en 2, 20: ‘…rompiste tus coyundas y dijiste: No te serviré.) comenzó lo que hoy llamaríamos una contienda entre este ángel rebelde y los que le siguieron que, lógicamente, solamente podía tener un final : perder.

Su pensamiento de igualarse a Dios es una muestra de soberbia suprema.
‘Ha bajado al seol tu gloria al son de tus arpas; los gusanos serán tu lecho y gusanos serán tu cobertura. ¿Cómo caíste del cielo, lucero brillante, hijo de la aurora? ¿Echado por tierra el dominador de las naciones? Tú, que decías en tu corazón. Subiré a los cielos; en lo alto, sobre las estrellas de Dios, elevaré mi trono; me instalaré en el monte santo, en las profundidades del aquilón. Subiré sobre la cumbre de las nubes y seré igual al Altísimo’ (Is. 14,14). Isaías se está refiriendo al rey de Babilonia, pero estas palabras se las podrían aplicar a los ángeles rebeldes, ¿no creen?

COMBATES ENTRE ÁNGELES Y DEMONIOS.-TAPIZ DEL S.XVI

Pero las Escrituras continúan en otro lugar, concretamente en el Apocalipsis:
‘Hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron contra el dragón. El dragón y sus ángeles pelearon pero no pudieron triunfar ni fue hallado lugar para ellos en el Cielo. Echaron, pues, al enorme dragón, a la Serpiente antigua, al Diablo o Satanás, como era llamado, y fue precipitado a la tierra y sus ángeles fueron precipitados con él’. (Ap. 12, 7-9)

San Pedro hace mención a este tema:
‘Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, precipitados en el tártaro, los encerró en prisiones tenebrosas reservándolos para el juicio’ (2 Pe. 2, 4).

EXPULSIÓN DE LOS ÁNGELES REBELDES.-PEDRO PABLO RUBENS.-BARROCO

A esto conduce la soberbia o cualquier otro pecado capital que, al cometerlo a sabiendas, nos podemos igualar a esta rebelión al optar por estar en contra de nuestro Padre. Y, como decía anteriormente, con ellos no tuvo consideración alguna. Con el género humano quiso venir Él mismo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, asumiendo la naturaleza humana para redimirnos. Y no solamente esto, sino que nos dejó el medio (el Sacramento de la Reconciliación) para volver a estar en sintonía con Él e incluso recibirlo en nuestro interior con el Sacramento de la Eucaristía.



PRIMADO DE PEDRO.-PERUGINO.-RENACIMIENTO

Pienso que no vale la pena estar de parte de los perdedores. Sabemos que, como en el caso de los ángeles rebeldes, llevaríamos las de perder si nos situásemos en su bando. Jesús, cuando se dirige a Pedro y le promete el Primado de la Iglesia, le dice entre otras cosas:
‘Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré yo mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella’. (Mt. 16, 18). Pues…ya lo sabemos. Ahora, a obrar en consecuencia con el Bautismo que un día recibimos a pesar de las dificultades. Siempre habrá un Ser Supremo que nos ayudará.

Que el Cristo de la Salud y Nuestra. Señora de Bureta, nos bendigan y asistan siempre.

domingo, 26 de junio de 2011

La soberbia (I)

MESA DE LOS PECADOS CAPITALES.-Hieronymus Bosch.-GÓTICO


‘La soberbia no es grandeza, sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano’.

¡Buf! Casi nada. Cuando San Agustín de Hipona lanzó esa especie de definición de la soberbia, no se anduvo con tonterías. Aunque parezca ser algo intrascendente, a poco que profundicemos en ella podremos apreciar la realidad contenida en ella.

Para que se pronunciase de esa manera debió presenciar algún o algunos casos concretos que de alguna manera impactaron en su sensibilidad. Y eso, en sus circunstancias, es fácilmente comprensible.

Iniciamos, como han podido ver, un repaso por los pecados capitales y también, ¡pues claro que sí!, por las virtudes que se les oponen. Es más agradable tratar de las virtudes, pero ¡qué le vamos a hacer! El pecado está ahí y no es ajeno a ninguno de nosotros, por mucho que nos empeñemos en combatirlo. Solamente con la ayuda de la Gracia lo podremos hacer, así como con una vida de oración, de acción, de servicio a los demás, de entrega al Altísimo,…

Me da la impresión que alguno de estos temas (o tal vez todos) tendré que partirlos en dos entradas como he hecho en anteriores ocasiones con otros temas, pero pienso que será más fácil de leer y de concentrarnos en ellos. Empecemos pues.

Si alguno ha tenido (o soportado) la experiencia de convivir con alguna persona soberbia, sabrá que es muy desagradable y, en ocasiones, desesperante.

Si hace dos entradas tocábamos el tema del pecado en general, pienso que ir tratando cada uno de los pecados capitales (también llamados mortales, tal como me enseñaron en mi niñez), puede ser muy conveniente, entre otras razones porque, por desgracia, TODOS ELLOS están de rabiosa actualidad en esta sociedad hedonista y consumista en la que nos hallamos inmersos.

La soberbia se caracteriza precisamente por no soportar ni tolerar que dependemos del sumo Hacedor. Lo peor que tiene el soberbio es que niega a Dios y proclama a los cuatro vientos la autonomía del hombre y su soberanía sobre todo y sobre todos. El soberbio es capaz, con sus actitudes, de distorsionar la realidad de las cosas y crear una imagen deformada y desproporcionada de sí mismo.

Su orgullo es un choque frontal con la humildad del Redentor como conocemos por el Evangelio:
‘Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón’. (Mt. 11, 29). Cierra estúpidamente sus ojos y oídos ante cualquiera de las virtudes y cualidades que tenemos las personas, aun sabiendo que lo está haciendo mal, con tal de no reconocer sus fallos y defectos de los que algún día, más o menos lejano, Dios le pedirá cuentas por no haberlos puesto a rendir ‘intereses’, como dice la parábola de los talentos. Al final, caen en la hipocresía, la jactancia o la vanidad.

Como punto de partida tomo este hecho incuestionable: cada persona, cuando es concebida en el vientre materno, es portadora de genes del padre y de la madre. Desde este ejemplo, que solamente es eso, podríamos decir que el ser humano, al ser criatura de Dios, hecho por Él a imagen y semejanza Suya, podremos suponer que algo llevaremos de nuestro Creador, ¿no?
‘Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; y los creó varón y hembra’. (Gen. 1, 26-27).

CREACIÓN DE ADÁN Y EVA.-EL BOSCO.-GÓTICO

A imagen suya nos creó. Casi nada. Es nuestro Padre. Y eso pienso que significa que cuantas cualidades tengamos, cuantos carismas podamos poseer, nos vienen de Él. Se los debemos a Él, como los hijos llevamos algo de los padres. Pues si Dios nos crea, si Dios es nuestro Padre, ¿dejaremos de tener algo suyo en nosotros? ¡Claro que sí!

Bueno, pues pienso que en el momento que descubramos aquellas facultades, dones, carismas o lo que sea y lo potenciemos y encaminemos al bien común, estaremos proyectándonos al exterior de nosotros mismos. Como hizo esa persona genial, trascendente y profunda llamada Jesús de Nazaret .

Si eso lo hacemos con naturalidad, con actitud de servicio, sabiéndonos instrumentos y colaboradores de nuestro Padre común, estaremos practicando una virtud, sea la humildad, la caridad o la que fuere.

Pero como nos creamos que los bienes que hemos recibido vienen exclusivamente de nosotros mismos, llegando a pensar incluso que somos portadores de unas cualidades de las que realmente carecemos y hacemos alarde de todo eso buscando la alabanza personal, la apariencia y el halago, buscando escalar puestos que tal vez merezcan otros mejor dotados o preparados que nosotros mismos…estamos listos.

Hay muchos autores cristianos que han expresado su opinión sobre los pecados capitales. En concreto sobre la soberbia vamos a ver aquí unos cuántos. Arrancamos con este:
‘Todo soberbio se mira a sí mismo, y se cree grande, pues se paga de sí. Pero quien se complace en sí mismo se complace en un hombre necio, porque él mismo es necio al poner su agrado en sí mismo’. (San Agustín. Comentario sobre el Salmo 122).

Ya ven. Habríamos empezado a caer en la soberbia y como no pusiéramos coto a todo eso y lo permitiéramos llegando incluso a creérnoslo nosotros mismos, al final estaríamos inmersos en un pozo excesivamente hondo. Nos resultaría muy difícil poder salir de ahí exclusivamente con nuestros propios medios.
CORONACIÓN DE LA VIRGEN.-ANTONIO VIVARINI.-RENACIMIENTO

Pero la salida es posible. Jamás se debe olvidar que tenemos un Padre y una Madre que siempre están dispuestos a caminar junto a nosotros y cuando clamamos a ellos le falta tiempo a la Madre para interceder por nosotros a esa Santísima Trinidad que nos ama con locura. Y el amor todo lo puede cuando nos volcamos y confiamos en Él.

Fíjense lo que dice Casiano:
‘No existe ninguna otra pasión como la soberbia, capaz de aniquilar las virtudes y despojar al hombre de toda justicia y santidad. Al modo de una enfermedad contagiosa que afecta a todo el organismo, y no se contenta con debilitar un solo miembro sino que corrompe el cuerpo entero, así esta pasión derriba a aquellos que están ya firmes en la cima de la virtud para deshacerse de ellos’ (Casiano.- Instituciones).

Es triste pero es así. Tanto, que las Sagradas Escrituras, en el Libro de los Proverbios concretamente, hablando de las excelencias de la Sabiduría, dice:
‘Temer a Dios es aborrecer el mal. La soberbia, la arrogancia, el mal camino, la boca perversa, las detesto’. (Prov. 8, 13). Y en toda ella, más o menos veladamente, va hablando Dios a su pueblo marcándole unas pautas que no siempre eran seguidas por ese pueblo 'de dura cerviz' (Ex. 32, 9) ya que era olvidadizo con la voluntad de Yavéh.
NUESTRO SEÑOR DE LOS MILAGROS

San Pablo también nos manifiesta en sus Cartas algo sobre la soberbia. Fijémonos:
‘El que quiera presumir, que lo haga en el Señor. Porque no es quien el que es aceptado como justo sino aquel a quien alaba el Señor’. (II Cor. 10, 17-18). Y en otra de sus cartas dice también: ‘Si alguno piensa que es algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo’. (Gal. 6, 3).

Estoy recordando una parábola que Jesús enseñó, la del fariseo y el publicano, que manifiesta con mucha claridad (y también intensidad, creo yo) su opinión sobre la soberbia. Es magnífica y sencilla a la vez. De fácil comprensión como todo cuanto Jesús exponía para su asimilación por sus amigos de todos los tiempos. Pero como hay que detenerse en ella y analizarla un poquito lo dejo para la siguiente entrada.


Que Nuestro Señor de los Milagros y Nuestra Señora de La Salette nos ayuden, protejan y bendigan.

miércoles, 15 de junio de 2011

¡¡Sorpresa…!!


Sí, amigos. No me resisto a la tentación de poner esta agradabilísima sorpresa ante sus ojos, porque al cabo de tres años de presencia del blog en los que he compartido muchas cosas con ustedes, deseo compartir una cosa más, pero tienen mi compromiso de continuar con los temas que voy anotando periódicamente. Hemos visto 'El pecado'. Luego vendrán, si Dios quiere, los siete pecados capitales y sus virtudes correspondientes. Veamos.

Es posible que consideren que es poca cosa. Acaso así sea. Pero para mi pequeño corazoncito ha sido algo muy entrañable, especialmente como cristiano, porque en esos vídeos que les he puesto a través de unos enlaces en la parte izquierda, he reconocido la ciudad donde permanecí treinta y cuatro años ejerciendo la docencia y donde tanto mi esposa como yo alcanzamos una madurez cristiana que solidificó nuestro compromiso con la Iglesia.

Han sido muchos años destinados a trabajar con los jóvenes y algunos de nuestros alumnos son hoy sacerdotes diocesanos o fueron a Órdenes religiosas. Ya sé que eso no se debe a nosotros. También sé que es Dios quien hace la llamada. Pero también sé que acaso Dios se haya valido tanto de sus padres como de nosotros, como instrumentos para que ellos profundizasen en la llamada.

Hoy, al reconocer aquellas calles, aquella oficina de correos donde se detienen para enviar el mensaje simbolizado por la enorme carta, me hace pensar que la juventud de hoy también tiene unos valores enraizados en el cristianismo y que no está todo perdido.

‘Yo estaré con vosotros hasta la consumación del mundo’, dijo nuestro Maestro. (Mt. 28, 20). Y esto es un dato a tener en cuenta para todos. Sinceramente pienso que su mensaje, si bien breve, mantiene todo un contenido de riqueza evangélica universal que bien merecía un alto en el camino del blog, por ellos y por el sacerdote que les pueda estar animando a descubrir esa persona llamada Jesucristo, que a todos llama sin distinción de raza, nacionalidad o color, como ellos transmiten muy bien.

Mi felicitación a ellos. Mis disculpas a ustedes si les defrauda. En cualquier caso es la Iglesia la que está con ellos y todos nosotros somos Iglesia.


Que Jesús de Nazaret, latente en el mensaje de estos muchachos y muchachas y Nuestra Señora de la Nube, nos bendigan.

sábado, 28 de mayo de 2011

El pecado


No lo podemos evitar. Nuestra naturaleza humana está inclinada hacia él, a pesar de que cuando caemos en la cuenta hacemos lo posible, y en ocasiones lo imposible, para evitarlo.

San Pablo tiene una frase en la que condensa esta inclinación y al exponerla nos retrata a todos nosotros, buenos y malos, guapos y feos, igual da. ‘…y no acabo de comprender mi conducta, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco’. (Rom. 7, 15)

Y tiene razón, porque ¿cuántas personas hay, en su sano juicio, que deseen hacer el mal? ¿Cuántos cristianos responsables hay que queriendo vivir a tope el Evangelio, les dé igual cometer pecados que no cometerlos?

Personalmente pienso que las personas razonables deseamos vivir en paz, viviendo y dejando vivir, desde un punto de vista exclusivamente humano, pero si las personas somos y nos sentimos cristianas, no podemos contentarnos con eso, porque hay Alguien que está esperando mucho de nosotros y ha puesto su fe, su esperanza y su amor en cada uno de nosotros, puesto que por cada uno de nosotros, con nuestros propios nombres y apellidos, padeció una terrible Pasión y Muerte.

También San pablo, consciente de esto, consciente de la respuesta que debe dar a ese Cristo al que en otro tiempo persiguió y al que luego conoció en profundidad, consciente de las limitaciones que tiene, de las tentaciones que siente y que lucha por vencer aunque en ocasiones no lo consiga, lo manifiesta a través de esa frase tan expresiva, arriba anotada.

Y cuando se encuentra desesperado en algunas ocasiones y clama a su Dios, acaso desgarradamente, pidiéndole que le ayude, Éste le responde: ‘Te basta mi Gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad’. (2Cor. 12, 9)

Pues ya ven, amigos. Toda esa cantidad de obstáculos que impiden nuestro progreso espiritual, nuestro perfeccionamiento cristiano, es lo que llamamos pecado, que es la antítesis de Dios. Que es el mal. Que es el Maligno, siempre en constante lucha contra la Divinidad, procurando apartarnos de nuestro Redentor y Amigo y atraernos hacia él con esas tentaciones que pueden hacernos pecar si las consentimos.

TENTACIONES DE SAN ANTONIO.-David Teniers.-BARROCO

La ley de mínimos no debe ser usada en ningún caso por cristiano alguno, porque el Espejo en el cual nos debemos mirar no se reservó nada para sí mismo. Lo dio TODO. Vida incluida. Muerte incluida. Resurrección incluida.

Pero las cosas son como son y la realidad es la que es, mal que nos pese. Lo cual significa que el pecado está a la vuelta de cada esquina esperando la ocasión de ‘engancharnos’. Y lo más triste de esto es que ‘más que el pecado mismo, irrita y ofende a Dios que lo pecadores no sientan dolor alguno de sus pecados’. (San Juan Crisóstomo)

¿Por qué el pecado? ¿Qué es el pecado? Esta palabra así como el concepto y contenido que encierra, es uno de los más antiguos en la historia humana.

La desobediencia de algunos ángeles a Dios y la de Adán y Eva en el Paraíso, nos ponen ante nuestros ojos la evidencia de esta realidad que tenemos y la antigüedad que comentaba.

Pensamos que tenemos capacidad para obrar siempre el bien (lo cual es cierto si nos ajustamos a unos condicionantes, a unos límites, a un respeto y obediencia al Ser Supremo) pero caemos en una subjetividad, egoísmo o egocentrismo que nos aparta o, al menos, nos alejan del Ser que nos ha creado para Él.

‘Nos hiciste, Señor, para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti’. (San Agustín). Este santo, que tanto hizo sufrir a su madre y que a fuerza de lágrimas y oración consiguió la conversión de su hijo, se da cuenta de lo que ha supuesto su vida antes de conocer a Jesucristo y la llamada que le hace. En su obra ‘Confesiones’, en el capítulo 10 nos expone de forma magistralmente sencilla, pero honda, tierna, entregada, su magno descubrimiento: ‘¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y abraséme en tu paz’. ¿Cuántos de nosotros podríamos hacer nuestro este comentario?

Así pues, el pecado ha estado presente desde el principio de la Creación como una desobediencia al Creador, tanto por parte de los ángeles rebeldes como por el ser humano. La falta de reflexión de Eva y de Adán, dejándose llevar de la estupidez de la oferta de la serpiente que les invitaba a ser iguales al Creador, llevó a entronizar el pecado en el mundo.

ÁNGELES CAÍDOS.-PIETER BRUEGHEL.-RENACIMIENTO.

Pero hay un matiz. Los ángeles no quisieron servir a su creador. Y se perdieron para siempre. Pero el ser humano…era la obra mimada de Dios. Casi estoy por decir que más mimada que los propios ángeles, ya que en el mismo instante de su pecado, Dios, a pesar de la ofensa, les promete un rescate, un Redentor, cuando llegue el momento indicado.

A partir de ese instante comienza la cuenta atrás para la construcción de la Historia de Amor más grande, jamás vivida que la Humanidad haya protagonizado y que la Liturgia de la noche santa de la Vigilia Pascual recoge a través de esta expresión: ‘Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado con la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!’


LAMENTACIÓN DE CRISTO.-RUBENS.-BARROCO



El pecado. Palabra casi pueril para los sesudos y racionalistas seres humanos del S. XXI que la consideran carente de sentido hoy, lo cual pone ante nosotros su tremenda actualidad.

Se prescinde de Dios. Se le combate. Se niega su existencia y su trascendencia. Y sin embargo, está aquí, junto a cada ser humano, con ese infinito potencial de Amor que encierra su Ser eterno.

No se cansa, de momento, de enviar sus mensajes, sus avisos, sus advertencias, a través de su propia Madre, a la que envía ocasionalmente para despertarnos del letargo en el que nos sumerge el pecado, como hemos visto con el paso de los años en diferentes lugares de nuestro planeta.

También a través de personas como la Beata Ana Catalina Emmerich, Santa Faustina Kowalska, a quien reveló lo que estaba deseando hacer a través de su Divina Misericordia, lo que dio origen a esta devoción materializada en el rezo de la llamada ‘coronilla de la Misericordia’ (de la cual somos devotos mi familia), o por medio de San Pío de Pietrelcina,…por el Papa o a un nivel más cotidiano, a través de las homilías y catequesis de los sacerdotes de cualquier parte del mundo. Todo son medios absolutamente válidos para avisarnos del equivocado camino por el que se pueden desenvolver los seres humanos que optan por vivir de espaldas a la Divinidad.

‘Hay tres cosas que apartan al hombre del pecado: el temor del infierno o la sanción de las leyes eternas, la esperanza y deseo del reino de los cielos y el afecto al bien por sí mismo y el amor de las virtudes’. Esto corresponde a San Casiano, mártir del siglo III. Entre otras cosas se negó a adorar los ídolos romanos. Algún mensaje parece que lleva también para nosotros, ¿no?

No, amigos. El pecado, desgraciadamente, sí que tiene una rabiosa actualidad y hay personas que se aprovechan de los lugares privilegiados que ocupan en la sociedad para potenciarlo a través de sus más o menos ataques, velados o no, a la Iglesia, al Santo Padre, a la Eucaristía, a los cristianos a pie de vida y de calle, con las más disparatadas persecuciones, algunas de las cuales acaban con el martirio. Mártires en el siglo XXI. Absurdo y triste, ¿verdad? Pero brutalmente cierto. Lo podemos comprobar con las noticias que algún tipo de prensa publica, porque otras silencian indignamente estos hechos porque no son noticias ‘rentables’. Miren lo que dice el Eclesiástico: ‘El error y las tinieblas son obras de los pecadores; los que en el mal se complacen, en el mal envejecen’ (Eclo. 11, 16)

Pecado son todas aquellas palabras, obras (por acción u omisión) o deseos contrarios a la voluntad de Dios, y como esto supone renuncias, sacrificios, vida ordenada y responsable, lo cual hoy día ‘no viste’, ‘no se lleva’, se le quita importancia y se vive y se educa a nuestros niños y jóvenes de espaldas al Creador.

Es el salmista quien proclama: ‘Yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti y sólo contra ti he pecado; hice lo que Tú detestas’. (Sal. 51(50), 5-6). Cuando descubre con horror su fallo, se vuelve ardientemente a Dios reconociendo su culpa y solicitando ese perdón que anhela recibir. Y alcanzar esa vida que quiere vivir según los planes de Dios.

El pecado, lo podemos ver en el Génesis 3, 4-5, (‘Replicó la serpiente a la mujer: ¡No moriréis! Lo que pasa es que Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal’), no es sino creernos tan capaces, tan inteligentes, tan sublimes, que pretendemos ocupar el lugar que corresponde a Dios.

PECADO DE ADÁN Y EVA.-Cornelis van Haarlem.-MANIERISMO


Exactamente igual que los ángeles rebeldes, a los que su propia soberbia les impidió contemplar el auténtico rostro de su Creador y Señor. Y pretendieron ser como Él. Y le despreciaron. Y se tragaron su propia condenación.

El ser humano en cambio, si bien cedió a la tentación, inmediatamente obtuvo una respuesta: ‘Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón’. (Gen. 3, 15).

PIEDAD.-Sebastiano del Piombo.-RENACIMIENTO


Esa promesa toma cuerpo y se concreta en la figura de Jesús de Nazaret. Nació pobre. Vivió humilde. Murió misérrimo y solo ante Dios, ante la Historia y ante esa Humanidad a la que quiso rescatar del pecado precisamente. La Palabra que creó la Humanidad, ahora moría por ella. Pero resucitó. Glorioso, además.

Venció al pecado, al diablo, padre de la mentira y origen del pecado en el mundo que habitamos. Y nos trajo un mensaje de luz, vida y esperanza. A todos y cada uno de nosotros. De todos espera una respuesta personalizada. Visceral y comprometida, en justa compensación a su sacrificio redentor.


Sus brazos, abiertos de par en par en la Cruz del Gólgota, siguen abiertos en franca acogida a quien vuelve su rostro y su ser hacia Él para abrazarlo y hacerlo partícipe de su Gracia, de su amistad, de su vida,…

Sí. El pecado tiene una triste actualidad, pero Cristo y su Gracia también la tienen y, además, mucho mayor, como merece la Redención protagonizada por el Logos, porque ‘cuanto más se multiplicó el pecado, más abundó la Gracia; de modo que si el pecado trajo el reinado de la muerte, también la Gracia reinará y nos alcanzará, por medio de Nuestro Señor Jesucristo, la salvación que lleva a la vida eterna.’ (Rom. 5, 20-21)


Que Cristo resucitado y Nuestra Señora de la Soledad, de Oaxaca, nos bendigan.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Ayudar a la Iglesia en sus necesidades (y 3)

RESURRECCIÓN DE CRISTO.-RUBENS.-BARROCO.-

Y dentro de la temática que nos ocupa, hay un tema candente que siempre ha existido, existe y existirá siempre, si bien, cuando se tiene un mínimo de sentido común (que en ocasiones es el menos común de los sentidos), se puede entender fácilmente.
MUSEOS VATICANOS

Me estoy refiriendo a lo que suele nombrarse con la expresión ‘los tesoros de la Iglesia’, que para algunos, que lo miran desde un prisma exclusivamente material, acaso aderezado con una pizca de hostilidad, con ignorancia y falta de respeto a la Iglesia, dicen que les causa ‘escándalo’ porque, dicen, se podría solucionar el hambre del mundo, lo cual es absolutamente irreal según veremos.

Sin entrar en un tratamiento exhaustivo del tema o solucionar esas necesidades materiales de la Iglesia, pienso que existen diversos aspectos.

Es cierto que la Iglesia Católica debe ser fiel al mensaje de Cristo y éste dedicó una atención especial a los pobres, enfermos y menesterosos. Los Apóstoles eran gente del pueblo sin acaudalamiento alguno. ‘No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy. En nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda. Y tomándole de la diestra , le levantó, y al punto, sus pies y sus talones se consolidaron, de un brinco se puso en pie y comenzando a andar, entró con ellos al templo saltando y alabando a Dios’ (Act. 3, 2-8). Ya ven. Los Hechos de los Apóstoles recogen la carencia de dinero que tenían.

Pero también es cierto que Jesús no desdeñó a ricos o adinerados. Cuando el joven rico se le acercó entabló un diálogo con él y viendo su forma de ser, ‘lo miró con amor y le dijo: Una sola cosa te falta. Vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo’ (Mc. 10, 17-27). Al muchacho le faltó generosidad y le sobró miedo a la incertidumbre de su vida sin sus caudales. Le faltó el salto al vacío de la fe en el Maestro.

EL JOVEN RICO.-HAROLD COPPING.-S.XIX

Jesús también atendió a Nicodemo y a Zaqueo. También a José de Arimatea. Luego fueron sus discípulos. Este último ofreció su propio sepulcro para colocar allí el cuerpo de Jesús cuando lo bajaron de la cruz. ‘Llegada la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, de nombre José, discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato entonces ordenó que le fuese entregado. Él, tomando el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en su propio sepulcro, del todo nuevo, que había sudo excavado en la peña, y corriendo una piedra grande a la puerta del sepulcro, se fue.’ (Mt. 27, 57-60).

En definitiva, TODOS somos sus hijos, sus hermanos, sus amigos. Y a todos nos quiere. Y a todos le gustaría tenerlos con Él. Pero como todos tenemos nuestra propia libertad personal, hacemos nuestras propias opciones. Y, desgraciadamente, algunos ponen a Cristo y a su Iglesia en el último peldaño de su escala de valores. Y cuando sale algún tema sobre ellos, lo atacan sin pararse a pensar en la razón de ser del tema que se trate y del por qué. Si se presenta desacreditar o ridiculizar a la Iglesia, lo hacen sin escrúpulo alguno. Posiblemente se les llenará la boca con palabras altisonantes sobre la igualdad y el respeto mutuo, pero no en lo referente a cuanto pueda tener un sabor cristiano.

No obstante, lo cierto es que la Iglesia vive, materialmente hablando, de las aportaciones, estipendios, limosnas o donativos de sus propios hijos.

Dando un paso más, entramos en el epicentro del tema. Yo no sé si ustedes lo habrán oído alguna vez, pero personalmente yo sí lo oí en numerosas ocasiones y he rebatido el siguiente planteamiento: ‘Si la Iglesia, que debe ser pobre, vendiera sus tesoros, se acabaría el hambre en el mundo’. ¿Les suena?

Vamos a ver. Partiendo de la base de que hay muchísimo que tratar y opinar sobre el tema, sí que voy a dar unas razones que me parecen lógicas y así las he expuesto cuando he tenido que hablar de este tema con alguien.

TEMPLO DE TIKAL.-GUATEMALA




Quien tenga un mínimo de sensibilidad por el Arte esto lo considerará una aberración. ‘La Piedad’, o ‘la Capilla Sixtina’, de Miguel Ángel Buonarotti; la Gioconda’, de Leonardo da Vinci; los templos egipcios de los Faraones o las tumbas del Valle de los Reyes; las pirámides mayas, aztecas o cualquier obra o monumento que son iconos de sus pueblos respectivos, orgullo de sus naciones al ser muestra viva de su Historia,…¿Cómo les sentaría a los descendientes de quienes hicieron semejantes monumentos o de obras de arte de sus respectivos países, que se vendieran (suponiendo que hubiese dinero para comprarlo) a otros países, con lo cual perderían parte de sus raíces históricas?

¿Por qué no se venden los Museos del Louvre, en París; el del Prado, en Madrid; el Hermitage, en San Petersburgo; el Museo Británico, en Londres, con todo su contenido? Sería también una gran solución, ¿no? Y he mencionado solamente cuatro, aunque hay otros muchos con magníficas obras que podrían entrar en este rol de museos mundiales. ‘Eso es distinto, porque eso es patrimonio de una nación’, dirían esas personas. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿La Iglesia, sí y las naciones, no? Algunas naciones emplean su dinero en otras cosas (armamento, gastos vacíos de contenido, subvenciones absurdas para contentar unos pocos, cuando la mayoría pasa necesidad, etc.)

CAPILLA SIXTINA.-M.A.BUONAROTTI.-
RENACIMIENTO

Entonces, seamos coherentes. La Iglesia, es cierto que es depositaria de muchísimas obras de arte, algunas donadas por diferentes países. Otras son encargos que en su día hicieron algunos Papas a determinados pintores, escultores o arquitectos, por ejemplo el Papa Julio II, que ocupó el Primado de la Iglesia desde 1503 a 1513, encargó Miguel Ángel Buonarotti pintar el techo de la Capilla Sextina, obra maestra del Arte admirada durante los siglos transcurridos desde su finalización hasta nuestros días, Incluso algunos cardenales ejercieron un mecenazgo sobre algunos artistas concretos, algo común, especialmente en el Renacimiento, que luego quedaron propiedad de la Iglesia en algunos casos. Incluso había frailes que pintaban según su propia visión del Arte en algunos temas religiosos, como el caso de fra Angélico, fray Juan Bautista Maino, Fra Filippo Lippi y otros.


Y eso, si lo queremos analizar, hemos de zambullirnos en la época a la que pertenecen las obras a las que nos queramos referir.

CATEDRAL DE AQUISGRÁN
En la Edad Media comenzaron a construirse las catedrales góticas. Nombremos algunas: Saint Denis o Nôtre Dame, en Francia; León o Toledo, en España; Aquisgran, Colonia o Munich, en Alemania; Canterbury, Gloucester o Durham, en Gran Bretaña; Bolonia, Florencia o Milán, en Italia. ¿Es necesario nombrar más? ¿Les preguntamos a los habitantes de esos países qué pasaría si se vendiesen? Ahí están, sucediendo al Románico, que también tiene ‘algo’ que decir, en lo que al Arte se refiere, ya que sus iglesias, pinturas o esculturas hablan por sí mismas.



Y díganme. ¿Quién conservó la cultura clásica en la Edad Media, continuamente en guerra? Nadie puede negar que los monjes de las distintas Órdenes, con su concienzudo trabajo de copistas y manejo del dibujo y el color en Misales, Biblias, Libros de las Horas,…que hacían para determinados Reyes o damas de la nobleza, algunos de los cuales aún se conservan hoy, son testigos magníficos de su labor lenta y callada.




MONJE COPISTA

En muchos casos la Iglesia fue fundadora de diversas Universidades. El Cardenal D. Francisco Jiménez de Cisneros fundó una de las más prestigiosas de España: la de Alcalá de Henares, por ejemplo.

¿Por qué digo todo esto? Pues porque en cada etapa de la Historia se ha tenido una concepción distinta de las cosas y el Arte no ha sido ninguna excepción.

Lógicamente, a medida que avanzaba el tiempo y con él la cultura en sus distintas manifestaciones, se iba tomando más conciencia de la necesidad de una educación que comenzara con la formación de los niños, con su aprendizaje, hasta llegar al siglo XXI, en el que, es evidente, no se piensa igual ni se tiene el mismo concepto de las cosas, por ejemplo, que en siglo XII.


En épocas y siglos anteriores, ¿existía el hambre en los pueblos? ¡Claro que sí! Y las epidemias, y las pestes, y tantas otras cosas que causaban, en algunos casos, innumerables muertes. Y no se le ocurrió a nadie vender una escultura propia que representara a Jesucristo, a la Virgen o a algún santo. Al contrario. Defendían ese patrimonio porque pertenecía al pueblo. Y los clérigos y el mismo pueblo lo cuidaban y protegían.

Y cuando en alguna época ha surgido algún descerebrado gobernante que ha expulsado a los monjes de algún monasterio con las más burdas excusas o estúpidas razones, no ha sido para cuidar e Patrimonio artístico como lo hacían los monjes. Al contrario. Del abandono y desidia de estos personajes son mudos testigos las ruinas que hoy se pueden ver de algunos monasterios, que con el paso del tiempo han ido derrumbándose quedando hoy en el lamentable estado en que se encuentran.
PARÁMIDE DE LA LUNA.-TEOTIHUACAN.-MÉXICO

Volviendo al día de hoy. ¿Hay alguien que con el pretexto de paliar el hambre, incluso erradicarla, comprase, por ejemplo la Sainte Chapelle francesa? ¿O la catedral de Burgos, en España? ¿O los restos arqueológicos de Teotihuacan o alguno de los templos hindúes asiáticos? Son el símbolo de culturas milenarias. A poco que lo pensemos veremos que sería absurdo. Y cuando a causa de las guerras se han dañado alguno de esos u otros monumentos, tan significativos para los naturales de esos países, se han estudiado y habilitado procedimientos distintos para reconstruirlos o restaurarlos.

Y me planteo. Que la Iglesia tenga esas obras de Arte, ¿supone que posea una gran riqueza, como algunas personas creen? Personalmente pienso que no, porque aquí se debe distinguir entre tener una riqueza suntuosa, lujosa y que haga una ostentación pública de ello, mermando las ayudas y la atención a los realmente necesitados por una parte, y por otra, esa riqueza artística que he comentado con anterioridad, herencia de muchos siglos, con un cariz eminentemente cultural, artístico o histórico, que en ningún caso debe convertirse en dinero.



PIETÁ.-MIGUEL ÁNGEL BUONAROTTI.-RENACIMIENTO

El espíritu del Evangelio es el espíritu de la doctrina de Cristo. Ayer, hoy y siempre. Y la Iglesia es fiel a ese espíritu, en concordancia con los planes de Dios en el mundo.


En ese sentido no tienen razón de ser los bienes superfluos, no necesarios, que no tienen justificación alguna, si no es para ponerlos al servicio de los más necesitados.

Dicho de forma breve, sabemos que siglos atrás se tenía la concepción de que a Dios había que ofrecerle lo mejor y se pensó que si para las personas lo mejor era el oro y las joyas, por ejemplo, había que adornar imágenes u objetos litúrgicos con ese metal y con piedras preciosas. Y además lo hacían con rectitud de intención y con la mejor de las intenciones.

Hoy vemos y sabemos que no tienen razón de ser esos ofrecimientos a la Santísima Trinidad. La conversión a Dios, la penitencia, la oración, darnos al prójimo y cosas por el estilo, son bastante más agradables a Dios, y los Profetas, en el Antiguo Testamento, ya nos dicen bastante en este sentido cuando hablan, por ejmplo, de los acrificios agradables a Dios.


Una ayuda desinteresada y altruista a la Iglesia en alguna de sus necesidades, puede tener más valor a los ojos de Dios que unas riquezas materiales para su culto. Él no necesita lujo alguno. Y sería suficiente argumento ver dónde fue y en qué condiciones, su nacimiento en la persona de Jesús de Nazaret. Y su modo de vida. Y su predicación. Y por extensión, tampoco la Iglesia necesita nada de eso.


ADORACIÓN DE LOS PASTORES .-PINTURICCHIO.-RENACIMIENTO.-

Sin embargo la Iglesia sí que posee dos tesoros de incalculable valor, totalmente agradables a Dios y digno de ofrecérselos.

Uno de ellos es el ser humano en sí mismo. Tan gratos somos a Dios que no dudó en hacerse hombre, morir y resucitar para la salvación de la Humanidad entera, tras sufrir una dolorosísima y cruel Pasión. Fue el precio de su Amor. Y nosotros debemos ser objeto de ofrecimiento propio a ese Jesús Redentor, al Padre y al Espíritu Divino dándonos a la Iglesia fundada por Cristo, colaborando en la consecución de sus objetivos que son los mismos que los de su Fundador y ayudando a esas necesidades eclesiales con medios materiales y también personales, según los carismas que cada uno tengamos. En la entrada anterior ya vimos lo que, solamente en España durante un año, hacen personas y Entidades entregándose a Dios a través de la ayuda a los seres humanos que pasan necesidades del tipo que fuere. En el resto del mundo, igual.

El otro gran tesoro que tiene la Iglesia y que, pienso, que nunca alcanzaremos a conocer y valorar, es LA EUCARISTÍA.




El mismo Cristo que nos redimió quiso quedarse con nosotros ‘hasta el fin de los tiempos’ (Mt. 28, 20) e hizo el mayor de sus milagros: quedarse realmente bajo la apariencia de pan y de vino después de las palabras de la Consagración del sacerdote en cada una de las Eucaristías que se celebran en el mundo. Y eso lo quiso hacer por todas las personas de todos los tiempos, los que han vivido, los que estamos viviendo ahora y los que vivirán mientras exista la Humanidad.

Y lo hizo sabiendo que los que teníamos auténticas necesidades éramos nosotros. Y no dudó en darse a sí mismo para ayudarnos en todas las facetas de la vida de cada persona.

Y nosotros, sus discípulos, sus hijos, hemos de corresponderle de una u otra manera. Una de esas formas de ayudarle es ayudar a la Iglesia que fundó y a la cual pertenecemos, en cuantas necesidades podamos.

A partir de ahí, cada uno podremos tener nuestros propios criterios y sacar nuestras propias conclusiones, pero una cosa queda clara y es innegable. Estamos de paso. Nadie nos vamos a quedar aquí para ser indiferentes ante las necesidades ajenas. Y de ese tipo de talentos también seremos examinados, porque en definitiva, es el amor quien nos debe mover a actuar.

Quien quiera combatir, rebatir a la Iglesia, es su problema, porque se le podría decir también lo que Jesucristo dijo a Saulo: ‘Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Es inútil que des coces contra el aguijón’. (Act. 26, 14). Sí. Es inútil. Es tiempo perdido. Aunque no se quiera reconocer, ¿quién como Dios? Suya es la victoria final. Esta Semana Santa, como todas las que celebremos, hemos visto y seguiremos viendo que aunque aparentemente triunfe el mal, triunfe el pecado, triunfen las tinieblas del Maligno, la Resurrección de Cristo es un canto de Esperanza para todos, por encima de absurdas disquisiciones.





Que nuestro Maestro, desde la advocación de Cristo del Mar, y su Madre, Nuestra Señora de la Salud de Vailankanni, nos bendigan.