sábado, 11 de abril de 2009

La Espera

Ayer, Jueves Santo fue un día especial, porque acompañar a Jesús por las calles como penitentes es una experiencia que hay que vivirla, porque la penitencia, como pecadores que somos, debemos hacerla. Aunque les ponga fotografías de la procesión no se puede comparar con la vivencia de quien se siente acompañante del Crucificado.


O ¿como podrían explicar estos costaleros jóvenes lo que sienten cuando cargan sobre sus hombros la Cruz Guía de la Cofradía? No sé, pero vibramos en nuestro interior de personas cuando nos damos cuenta que acompañar al Salvador equivale a ir hoy con El acompañándolo en su Vía Dolorosa.


Cuando finalizó la procesión, alrededor de medianoche, todavía nos fuimos unos cuantos cofrades a la Sede de la Cofradía y allí, ante Cristo en la Cruz, rezamos y meditamos durante una hora con el Vía Crucis.


El Viernes Santo hemos hecho casi lo mismo, pero acompañando a Cristo yacente. Y yo me pregunto: ¿Por qué sentimos esa necesidad de acompañar a Jesús? Yo pienso que es esa semilla de Fe que se planta en el Bautismo que va creciendo. Y según los carismas que recibimos la vamos desarrollando y viviendo según nuestra forma de ser.

Lo cierto es que, dentro del Triduo Pascual, estamos en ese compás de espera del Sábado Santo hasta que vivamos la Vigilia Pascual. Es un tiempo de espera preñado de Esperanza en la promesa de Jesucristo: al tercer dia celebraremos su Resurrección.

Les dejo ahora con el PowerPoint de hoy, dentro de mi promesa de poner uno diario en esta Semana Grande y Santa que estamos viviendo.


Verdadero Sentido de La Pascua

viernes, 10 de abril de 2009

La Historia se viste de luto

Viernes Santo. Aparentemente Jesús fracasa. El tiempo dirá lo contrario. Pero hasta que llegue la Resurrección estaremos en espera.

Hoy hemos acompañado en procesión a Jesús crucificado por las calles y al finalizar, nos hemos reunido en la Sede de nuestra Cofradía para rezar un Vía Crucis meditado. ¿Ni una hora habéis podido velar conmigo? Pues si. Un grupo de Cofrades nos hemos reunido alrededor de la imagen de Cristo en la Cruz para acompañarlo, a pesar del cansancio. Dios ya valorara. Ahora les dejo con el Power Point de hoy. Que la Virgen, Madre de Cristo, les bendiga y acompañe.

MariacaminodelCalvario

jueves, 9 de abril de 2009

Jueves Santo. Juicio inicuo

Y no obstante cada personaje estaba cumpliendo su papel en la Historia: Anas, Caifas, los componentes del Sanedrín, Poncio Pilato, Barrabás, Judas Iscariote,…Un juicio torpe e injusto, una sentencia ignominiosa,…Pero no lo sabían, aunque eso no los justifica. Incluso con el paso de varios siglos desde entonces, es posible que no se caiga en la cuenta de esto, pero estoy convencido de que fue así.

En la Historia de Israel, algunos profetas y otros escritores ya vaticinaron lo que le iba a ocurrir al Justo. Vamos a fijarnos con estas citas.
‘Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero’ (Isaías.53, 5-8);
‘Voy encorvado y decaído, lleno de tristeza todo el día. Siento fuego en los riñones, no hay nada sano en mi cuerpo’ (Sal. 38 (37) 7-9; y 11-13);
‘Estaba a punto de morir y mi vida tocaba ya el abismo. Por todas partes me cercaban y nadie me socorría’ (Eclesiástico.51, 6-7);
Muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenia aspecto humano’ (Isaías, 52, 14);
No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga las miradas, no hay en él belleza que agrade. Despreciado, desecho de los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada’. (Isaías. 53, 2-3).
El oprobio me destroza el corazón y desfallezco: esperé que alguien se compadeciese de mí y no hubo nadie; dieron a comer hiel y en mi sed me dieron a beber vinagre’ (Salmo 69 (68), 21-22).
Acechemos al justo, que nos resulta incómodo. Veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, lo condenaremos a muerte ignominiosa. (Sabiduría, 2, 12, 19-20).

Cuando yo estudiaba, en la asignatura de Religión eso se llamaban ‘Profecías Mesiánicas’. Supongo que hoy se seguirán llamando igual, pero lo importante es que esas citas nos demuestran lo que yo he dicho más arriba, ¿no les parece? Se podrían decir muchas cosas mas, pero por ahora les dejo. El PowerPoint de hoy también tiene materia para hacernos meditar.

No Pronuncio Palabra

miércoles, 8 de abril de 2009

Miércoles Santo. Getsemaní

Acaso este Power iría mejor para mañana, pero es que para el Jueves tengo otro preparado. Pero es una buena pieza para ayudarnos a muchas cosas. A entender esos momentos difíciles, pero decisivos, de Jesús… A intentar meternos dentro de la piel de Jesucristo e intentar averiguar qué hubiésemos hecho nosotros en su lugar… A pensar si nosotros nos hubiésemos dormido o no mientras Él oraba…

Hay muchos interrogantes para hacernos en Semana Santa y todos alrededor de la figura del Redentor en relación a nosotros. Cuando el verano pasado estuve haciendo Ejercicios Espirituales ignacianos junto con mi esposa en Zaragoza, nos insistieron mucho en la importancia de la contemplación de una determinada escena de la Pasión.

Y es cierto. Nosotros solos no podremos, pero con la ayuda del Espíritu, seguro que sí. Ustedes y yo nos encontraremos en el punto concreto de la meditación o la oración. Es la Comunión de los Santos.

Ahora les dejo en el Huerto de los Olivos, con Jesús.


HuertodelosOlivos

martes, 7 de abril de 2009

Martes Santo

Es una pena. El Powerpoint de hoy tiene un sonido precioso. Es una canción titulada ‘La Saeta’ y me parece que no se va a poder oír. La saeta es un canto que hace una persona cuando en una procesión de Semana Santa pasa el trono con la imagen de la escena de la Pasión que corresponda, frente a él. De cualquier modo el texto que acompaña las imágenes del Powerpoint, un soneto de autor anónimo, es bueno y apropiado para ser meditado en el tiempo que estamos viviendo, según me parece. Pero ya que no la pueden escuchar les pongo su letra, obtenida de una poesía de Antonio Machado, literato español del siglo XX, que lleva ese título.

La saeta

Dijo una voz popular:
¿Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?

Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar.
Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz.

Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía
y es la fe de mis mayores
!Oh, no eres tú mi cantar
no puedo cantar, ni quiero
a este Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar!.

(Antonio Machado)

No Me Mu Eve

lunes, 6 de abril de 2009

Testamento de Cristo

Hoy es Lunes Santo. Empezamos esta Santa Semana y en ella encontramos un tiempo especial para la meditación. Yo les voy a proponer cada día un Powerpoint para que si así lo desean, les pueda ayudar. En algunos pone que se envíe a otras personas. Evidentemente eso no se puede hacer desde aquí, así que no hagan caso. Lo verdaderamente importante es el mensaje que aporta. Ahí tenemos que hincar los dientes, poner toda la carne en el asador y adentrarnos en la contemplación de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Que el Espíritu de Dios nos ilumine a todos en esta profundización del sacrificio del LOGOS.

Testamento_de_Cristo

domingo, 5 de abril de 2009

La Cuaresma finaliza

Es cierto, amigos. La Cuaresma ha finalizado y nos vamos a meter de lleno en la Festividad de hoy, preludio de la Semana Santa. Por eso, antes de meternos de lleno en ella quiero contestar a Euterpe la entrada del día 19 de marzo pasado, en la cual toca muy acertadamente el tema del ayuno, porque lo que prometo, lo cumplo.

Mire usted, Euterpe. Me lo pone difícil contestarle porque ¿qué más se puede añadir a lo que dice? Además, la cita que pone de San Basilio, uno de los Obispos que más tuvo que ver con la desaparición definitiva de la herejía del arrianismo, es muy clara por sí misma.

No obstante, tanto él como Anselm Grün, el monje benedictino que usted cita, están siguiendo la tradición de la Iglesia que ya venía practicándose en el Antiguo Testamento por mandato expreso del mismo Dios.

El libro del Levítico recoge las normas que da Yahveh a Moisés y en una de ellas dice muy claro: ‘El día diez del séptimo mes ayunaréis y no haréis trabajo alguno’ (Lev. 16, 29-31) . Además, el profeta Joel exhorta al pueblo a hacer penitencia ante la invasión de una plaga de langosta (Jl. 1, 14) y ante la venida de Dios también invita al pueblo a la penitencia (Jl. 2, 12) insistiendo en las actitudes interiores como dice en el versículo 13 ‘rasgad vuestro corazón, no vuestras vestiduras’.

Y llega Isaías. Este profeta es muy duro y no se va por las ramas. Les invito a leer del capítulo 58, los versículos 1 al 12. ¡Qué fuerte! No se muerde la lengua, pero es que el profeta habla en nombre de Dios, es su mensajero para transmitir la voluntad divina, por lo que debe ser muy claro. Es Dios el que habla realmente. ‘En realidad utilizáis el día de ayuno para hacer lo que os viene en gana y explotar a vuestros obreros’ (versículo 3) ; ‘El ayuno que yo quiero es que compartas tu pan con el hambriento, que albergues a los pobres sin techo,…’ (versículos 6 y 7). Es una delicia la lectura de toda la perícopa para comprender la voluntad de Dios sobre este tema.

Podríamos seguir hablando de este tema con el ayuno de cuarenta días con sus noches de Moisés en el Sinaí (Ex. 34, 28) y que luego, siglos más tarde, repetiría Jesús en el desierto después de su Bautismo (Lc. 4, 1-2).

Y el pueblo respondía. En la Biblia podemos encontrar casos que pueden considerarse como ejemplos de cumplimiento del ayuno en algunas personas: El pueblo subió hasta Betel, lloraron y ayunaron todo el día (Jueces 20, 26) ; Ajab (I Re. 21-27) ;Esther, 4, 16 ; Esdras, 8, 21 o Judith, 8, 5.

Jonás, después de haber intentado huir de Yahveh, que lo envió a Nínive y darse cuenta que de Dios no se escapa nadie, fue a esa ciudad y proclamó que sería destruida. ‘Pero los ninivitas creyeron en Dios proclamaron un ayuno y todos se vistieron de sayal’ Esto se recoge en el capítulo 3, pero vale la pena leerse todo este libro (realmente son tres páginas) y sacar consecuencias propias. Una de las veces que acudí al Sacramento de la Reconciliación, me impusieron de penitencia la lectura y meditación de este Libro. Pues francamente, me resultó una auténtica delicia más que una penitencia. Mi oración se enriqueció y las conclusiones que saqué me sirvieron para mi vida personal.

Además, en los Hechos de los Apóstoles también nos narran los ayunos de éstos en determinados momentos. (Act. 13, 3 y 14, 23, por ejemplo) aunque la lección magistral la da Jesucristo en Mateo 6, 16.

Todos estos fragmentos bíblicos son motivo de profundización en la Palabra para estar atentos a lo que Dios nos quiere decir a cada uno, no solamente en el tema del ayuno, sino en cualquiera. Dios siempre nos habla a través de su Palabra, del LOGOS. Estemos atentos a cumplir su voluntad desde nuestro desierto interior.


¡Ah! Se me olvidaba. Esta Semana Santa pondré entradas especiales con algunos Powerpoints a diario a partir del Lunes Santo, si Dios quiere. Me los han enviado y no tienen desperdicio.


Y ya concluyo. Gracias Euterpe, por darme la oportunidad de leer su acertado escrito. ¡Ojalá hubiese muchas entradas que, como usted, Colectiu, Luisa Veyan, Magdalena y otros varios anónimos que han intervenido en este blog católico, contribuyesen en la extensión del Evangelio. A todos ellos y a cuantos lean el blog, les deseo una vivencia plena de la Semana Santa y, sobre todo, de la Resurrección de Jesucristo.

lunes, 30 de marzo de 2009

LAS SIETE PALABRAS DE CRISTO EN LA CRUZ (II)

Tenemos la Semana Santa muy cerca. El próximo domingo ya es Domingo de Ramos y no debo esperar más tiempor para continuar con esta entrada. Comencemos.

Cuarta Palabra. Es el momento de la soledad de Cristo. Se ve solo a pesar de la gente que le rodea contemplando su sufrimiento y que no entiende nada de lo que realmente está ocurriendo allí. ¿Cómo lo va a entender si desde el odio solamente alcanzaban a ver que se lo quitaban de en medio? A la hora nona Jesús siente que la muerte se acerca. Y de nuevo alza su voz desde lo hondo de su Humanidad, con la oscuridad cubriendo la tierra: ‘¡Elí! ¡Elí! ¿Lama sabaktani?’ Que quiere decir: ‘¡Dios mío! ‘¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?’ (Mc. 15, 34)

Le han puesto a la altura de los delincuentes comunes. Un discípulo le ha traicionado y otro, su amigo, le ha negado. A excepción de los que le permanecen fieles al pie de la Cruz, todos le han abandonado. Tal vez por miedo. Acaso por vergüenza. Tal vez por esos sentimientos que nosotros mismos sentimos cuando no le confesamos ante los que nos rodean.

Y esa soledad duele. Y Jesús, como Hombre, siente el sabor amargo de la soledad. Por eso clama a Dios como cualquiera de nosotros hacemos cuando ante uno de los problemas que la vida nos trae nos sentimos solos y abandonados. Impotentes en todo. Es el pequeño sabor de nuestra propia cruz. Es nuestra identificación y solidaridad con el Dios que sufre y redime en su Cruz para nuestra salvación. Es la adhesión del Universo que se une a su Creador como en una nueva cosmogonía.

El grito de Jesús es acaso el recuerdo del versículo 2 del Salmo 22 (21) con el que tal vez hubiese orado en alguna de sus muchas noches de oración comunicativa con el Padre, que ahora se vuelve más oración que nunca y más desgarradora que nunca. El grito de Jesús, como el del profeta Jeremías (Jer. 14, 10-18), manifiesta sentir que ha llegado al límite de su resistencia humana.

El grito de Jesús es… una invitación a la contemplación de esa escena haciendo causa común con ese Varón de Dolores, conocedor de todos los quebrantos, como dice el Profeta Isaías en el Poema al Siervo de Yavé. (Is. 53, 1-12). Y es una invitación a la oración.

Quinta Palabra.- Nos muestra el desbordamiento del dolor y el sufrimiento de Cristo. La sed física lo está torturando. Sabiendo que todo llegaba a su fin y con lo cual se cumplían las escrituras, clamó: ‘Tengo sed’. Y le dieron a beber vinagre en una esponja sujeta a una caña. (Jn. 19, 28-29)

Nuevamente otro Salmo: ‘En mi sed me dieron a beber vinagre’. (Sal. 69 (68), 22). La Escritura continúa cumpliéndose a través de ese soldado romano. Meditando este momento, me vino a la cabeza una de las Obras de Misericordia: ‘Dar de beber al sediento’, no porque el soldado le diera de beber a Cristo, sino por la importancia que tiene para cada uno de nosotros ofrecer agua en un momento oportuno o aceptarla cuando nos la ofrecen. El mismo Jesús en su predicación lo dejó muy claro: ‘Quien de un vaso de agua a uno de estos pequeños por ser discípulo mío, os aseguro que no se quedará sin recompensa’ (Mt. 10, 42).

Personalmente no puedo dejar de pensar en los sentimientos de María que, como Madre, sentiría ante los sufrimientos del Hijo. Y el tormento de la sed no podía dejarla indiferente. ¿Recordaría las veces que había traído agua en sus cántaros para que su Hijo bebiera en sus años de niñez? No me cabe ninguna duda que el mismo Espíritu que la fecundó, le dio la Fortaleza necesaria para superar este amargo trago.

En el cuadro que ilustra esta Palabra aparece le Virgen de pie, lo mismo que en muchísimas otras obras de Arte que representan esta escena (aunque no en todas, ya que en algunas aparece desvanecida). A mí me transmite un ejemplo a seguir ante los problemas que nos rodean. Sin desfallecer, como Ella. Sin abandonar, como Ella. Sin negar al que traspasaron. Como Ella.


Sexta Palabra.- Después de haber probado el vinagre que le dieron con ánimo de calmar su sed, aun dentro de su tormento fue consciente de que su misión había llegado a su fin. Familia, apóstoles, amigos, … todo quedaba atrás. Como en un lamento hacia su propio interior, sabiendo que la voluntad de su Padre la había cumplido, exclamó: ‘Todo está cumplido’ (Jn. 19, 30).

Es el momento de la plenitud del cumplimiento de las Escrituras. Años atrás, al principio de su vida pública como nos cuenta San Lucas 4, 16-30, en la sinagoga de Nazaret leyó y explicó el sentido de las escrituras, concretamente de Isaías 61, versículo 1. Primero se maravillaron de su sabiduría, pero cuando empezó a hablar claro ya les sentó muy mal. Pero entonces, como en este terrible momento en la Cruz, ‘El Espíritu de Yavé descansaba en Él’.

Fue consecuente hasta el último hálito de vida que pudo tener. Y fiel a la gran Misión que el Padre le encomendó. Por eso ‘Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todos nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos’, como dice San Pablo. (Fil. 2, 8-11).

Y para nosotros, es el espejo que nos guía en este desierto de la vida que vivimos. ¡Ojalá nos ayude a que el Espíritu también esté sobre nosotros!

Séptima Palabra.- Es el fin, pero es el principio de todo. Es el momento en que la Historia de la Salvación alcanza su punto álgido. Ya no hay palabras para este momento. Sabe que aun dentro de las apariencias, el Padre está con Él. Y dando una gran voz, dijo: ‘¡Padre!. En tus manos encomiendo mi espíritu’. (Lc. 23, 46).

Estas palabras parece que tienen un antecedente y una situación distinta. Aún en el cenáculo, recién instituida la Eucaristía, Jesús ora al Padre diciéndole: ‘Ahora, Padre, glorifícame con aquella gloria que ya compartía contigo antes de que el mundo existiera’. (Jn. 17, 5). ¿No les parece?

Aquí Jesús ya no dice ‘Dios mío’, sino ‘Padre’. Es la intimidad divina del Hijo con Quien le ha enviado a plenificar la espera de tantos siglos y de tanta Historia. La Humanidad está redimida y la Iglesia fundada sobre la roca de Pedro. El Espíritu que se cernía sobre las aguas en la Creación, comienza a darse a conocer y a actuar más visiblemente. La frase va seguida del versículo 6 del Salmo 31 (30).

Entiendo que para nosotros es una invitación a no temer nuestra propia muerte.

Si Jesucristo se encomienda al Padre y a nosotros nos ha enseñado a llamarlo así, algo impensable para los israelitas contemporáneos suyos, ¿qué miedo podemos tener? La muerte es para mirarla de frente. No en vano San Francisco de Asís la llama ‘hermana muerte’. Se trata de vivir una vida coherente con nuestro bautismo y según el Evangelio, a pesar de los fallos o pecados que podamos tener. El perdón del Padre siempre estará junto a nosotros como hijos pródigos del siglo XXI. (Jesucristo ya instituyó el Sacramento de la Reconciliación para que obtuviésemos el perdón de Dios confiadamente por medio de un sacerdote)

Tanto Santa Teresa de Jesús como San Juan de la Cruz, nos dicen en un poema : escrito por ellos con leves diferencias: ‘Vivo sin vivir en mí. Y tan alta dicha espero, que muero porque no muero’. Tal vez vieron claro que el auténtico futuro está en el Reino que Dimas pidió a Jesús.

Amigos. Estas Siete Palabras son Evangelio puro y duro. Son Buena Nueva encaminada al triunfo del Crucificado: la Resurrección. Esa es nuestra propia razón de ser como cristianos, porque si no, como dice San Pablo,: '…y si Cristo no ha resucitado, tanto mi anuncio como vuestra fe carecen de sentido’. (I Cor. 15, 14).

Ahora…se pueden decir muchas cosas más.
Ahora…se pueden interiorizar o exteriorizar muchas cosas más.
Ahora…se pueden llevar a la vida muchas cosas más.
Ahora…la iniciativa es de todos y cada uno de ustedes y mía propia.

Cada cristiano siempre debe tener una capacidad de riesgo y de liderazgo.

Pero el sacrificio de Jesucristo no nos puede dejar indiferentes. Arriesguémonos por Él, con Él y en Él. Que Él nos bendiga a todos.

miércoles, 25 de marzo de 2009

LAS SIETE PALABRAS DE CRISTO EN LA CRUZ (I)


Ha sido una semana muy especial, no por lo que esperaba ni por lo que tenía previsto, sino por las vivencias.

Es cierto que tengo una entrada de Euterpe, a quien agradezco su acertada intervención, y a quien contestaré próximamente porque el tema que aborda es muy interesante. Pero ahora deseo, por lo reciente e impactante para mí, tocar el tema del título de esta entrada.

Me pongo delante del ordenador para comenzar a escribir y les aseguro que no sé cómo hacerlo. Pero lo voy a intentar. Otra cosa es que consiga transmitirles lo que he vivido. De lo que sí estoy seguro es que ustedes me entenderán.

Veamos. Que a estas alturas yo tenga que estudiarme unas partituras porque la coral en la que canto va a ofrecer un concierto sacro, es absolutamente normal. Personalmente ya lo conocía porque ese concierto iba incardinado en la proclamación del Pregón de la Semana Santa de mi ciudad. Lo que no conocía, entre otras cosas, es que el Director, cuando empezamos el primer ensayo me iba a decir: ‘Tú te vas a encargar de cantar el papel de Jesucristo’. Es decir, que las Siete Palabras las tenía que cantar.

Para mi era un reto difícil, porque yo entiendo que de la misma manera que cuando hago una lectura en la Eucaristía dominical procuro NO LEERLA, sino meterme dentro de ella y PROCLAMAR LA PALABRA DE DIOS, aquí no se resumía el tema en cantar mejor o peor: debía intentar hacer llegar al auditorio el sufrimiento de Jesucristo. Hacerlo creíble. Que participasen de ese momento del Calvario.

Y ahí veía una muralla prácticamente infranqueable. Pero tomé una decisión que me parece que es la única viable: me puse a orar y a pedir al Espíritu que me ayudase. Incluso en mi apuro llegué a pedir a Jesucristo (¡qué inconsciencia la mía dentro del mar de nervios que tenía!): “Jesús. Canta Tú por mí. Ayúdame”.

Y poco a poco fui desgranando todas las palabras. Más o menos, esto que les pongo a continuación es lo que fui descubriendo en la oración y me ayudó muchísimo. Por eso deseo compartirlo con todos ustedes. A fin de cuentas, nuestra Semana Grande se acerca y hemos de prepararnos para la celebración del Triduo Pascual como merece el LOGOS, nuestro Salvador, nuestro Kyrios.

La Primera Palabra nos presenta a Cristo, crucificado en el Calvario, que clama a Dios diciéndole: ‘¡Padre! Perdónalos porque no saben lo que hacen’. (Lc. 23, 34)

Antes he dicho que es nuestro Kyrios, nuestro Señor. Y así lo entiendo, porque en ese momento de la Cruz lanzando esa súplica al Padre, pienso que es porque dentro de la vivencia de ese momento Dios es perdón y Cristo ha venido para salvar a los pecadores, a todo el género humano. Esa es su preocupación y en ella encierra su ruego.

No es solamente el perdón para los que le crucifican. También para los que viven desde el odio, desde las locuras de los asesinatos de niños inocentes en el vientre materno y de los que proclaman insensatamente la eutanasia, por que el Señor de la vida es solamente Dios que ha creado todo. Y para ellos también pide el perdón del Padre que, en virtud del sacrificio del Hijo, repara lo que por nosotros mismos sería irreparable.

La Segunda Palabra nos introduce en el momento en que de los dos ladrones que estaban crucificados, uno, reconoce que Jesús es inocente y cree en Él. Se inicia lo que podríamos llamar un diálogo de misericordia entre Jesucristo y Dimas, el cual le pide que se acuerde de él cuando esté en su Reino: ‘Señor. Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino’ Y la respuesta de Jesús no admite dudas: ‘Te aseguro que HOY estarás conmigo en el Paraíso’. (Lc. 23, 39-43). ¿Se imaginan el momento? Debió muy duro. Atroz. Mientras uno de los ladrones le increpaba, el otro, Dimas, daba la cara por Jesús. ¿Sería la dignidad de Cristo ante la injusticia que cometían con Él lo que motivó su actitud? Un moribundo pide a otro moribundo la vida. Y Cristo le anuncia que ESE DÍA tendrá la VIDA.

Acaso fue un momento de total lucidez en el Buen Ladrón. La que no había tenido, quizá, en el transcurso de su vida, la tuvo en ese preciso momento, colgado en una cruz. Pienso en la paradoja de ver cruces de insultos e improperios y cruces de Paraíso. No pude evitar pensar en la disyuntiva que se nos presenta cada día en el transcurso de nuestra existencia: ¿A dónde nos conduce nuestra cruz? ¿Es de ignorancia de Dios al que arrinconamos o es una cruz que nos lleva al Paraíso con Él, a través de todas nuestras propias vicisitudes y problemas?

La misma misericordia vertida sobre Dimas en ese momento es la que se puede derramar sobre cada unos de nosotros cuando nos damos cuenta de nuestros fallos con respecto al Sumo Hacedor y volvemos a Él nuestro rostro reconociendo las culpas.

Tercera Palabra. La ternura se hace presente en este drama. Un muchacho y un grupo de mujeres están junto a la cruz. Entre ellas, Jesús ve a su Madre y distingue al muchacho, de nombre Juan, que están junto a él en estos momentos.

Su ternura y preocupación se hacen presentes y, haciendo un esfuerzo se dirige a Ella diciéndole: ‘Mujer. Ahí tienes a tu hijo’.
Luego, dirigiéndose a Juan, le encomienda lo que más quería e n este mundo: ‘Ahí tienes a tu madre’. (Jn. 19, 25-27)

¿Qué quieren que les diga? En el mes de julio pasado ya hice una entrada con este mismo texto del Evangelio, pero desde otro enfoque. Ahora era el momento de pensar en ese instante crucial y tierno para Jesús. Ella quedaba sola. Nazaret, José, los días felices tal vez se agolparan en el pensamiento de Jesús. Y el amor a la madre tuvo que aflorar y surgió como potente manantial: era su Testamento. Al entregar su Madre al discípulo predilecto y éste acogerla, suponía que nosotros y las personas de todos los tiempos éramos Juan en ese momento. Y María, la Madre perfecta que nos legó. La llena de Gracia.

Personalmente, ese momento es especialmente duro para mí. Al morir mi madre cuando tenía ocho años no llegué a disfrutar de sus caricias o de sus reproches en la vida. Pero quedaba Ella. Estaba ahí, en mi dolor inconsciente de niño. Es como si en ese momento el mismo Jesús me hubiese dicho. ‘Ahí tienes a tu Madre. Ella te ayudará y te dará su amparo’. Y en el transcurso de los años he visto que, sin saber cómo, siempre la he tenido junto a mí. Y eso transforma mi vida en un perenne agradecimiento a Jesucristo y a Ella misma. Por eso la elegí ‘como Madre mía y defensora’ y a ella ofrecí a mi hijo y a mi hija cuando les bautizamos.

Y la Pasión en el Calvario continúa.

domingo, 15 de marzo de 2009

Un poco más de Cuaresma. Sólo un poquito más.

No se crean que es algo patológico poner otra entrada sobre Cuaresma. Se lo digo sinceramente: Estamos viviendo la Cuaresma y aunque cada uno estemos ayunando en lo que creamos que más podemos agradar al LOGOS, eso no quita que tengamos nuestro sentido del humor, que tengamos una sana diversión o que cantemos una ranchera, un tango, una isa (no me he equivocado; se llama así un canto de las islas Canarias) o una romanza de zarzuela, porque lo cortés, no quita lo valiente.

¿A dónde voy a parar? Así de sencillo, ya verán. Una amiga me ha enviado un correo electrónico adjuntándome el PowerPoint que les pongo, porque es una delicia auténtica ir leyéndolo. Cada diapositiva, independientemente de la belleza que tiene cada fotografía, hay unos pensamientos, unas frases, para hacernos pensar o incluso orar con ellas. ¿Por qué no? Incluso algunas son muy semejantes a lo que yo he ido escribiendo en las dos entradas anteriores, pero me ha parecido muy interesante y deseo compartirlo con todos ustedes.

Y ya les dejo con sus cantos populares nacionales (Perdónenme. Me hubiese gustado poner el nombre de algunos de ellos, pero salvo el corrido mexicano o el tango argentino que canté en mi época de estudiante, no conozco otros. Lo siento de verdad. Me hubiese gustado nombrar de otros países porque estoy seguro de su riqueza folklórica, pero ¡que le vamos a hacer...!) o los cantos modernos, pero que estén llenos de sana diversión y… también les dejo con el PowerPoint. Saboréenlo. Disfrútenlo. Descubran la voz del Padre que desde esas líneas les habla. Llénense de la Vida de Dios.

Personalmente ya lo hice. ¡Ah! Se me olvidaba. No me ha importado que sea del año 2008. Lo fundamental es el mensaje que nos llega. A fin de cuentas, la respuesta es nuestra. Y esta puede ser positiva desde nuestra receptividad al LOGOS. Ahí lo tienen.

El Ayuno Que Dios Quiere.cuarESMA

sábado, 7 de marzo de 2009

¿Cuaresma? ¡Sí, gracias! (II)

He recibido su entrada con mucha alegría, Magdalena, y observo, por lo que cuenta en su escrito, que también se priva de algo en esta cuaresma (no comer caramelitos ni chucherías).

Eso me da pie para que en el tema del ayuno nos planteemos brevemente otro tipo de ayunos. Digamos que los del siglo XXI.

Por ejemplo. Nos podríamos plantear el ayuno de juzgar a nuestros semejantes y descubrir al LOGOS que habita en ellos. O podríamos ayunar de los desalientos que a veces nos inundan y llenar nuestra vida de un sano optimismo fundamentado en Dios. ¿Qué tal si ayunamos de todo cuanto nos separe del Espíritu divino para ponernos en situación de que Él nos inunde con su Ser?

Y si hacemos referencia a una abstinencia actual, nos podríamos abstener del inútil y feroz consumismo que existe hoy que nos convierte en esclavos de nuestras propias carencias para transformarnos en señores de nosotros mismos, ejercitando la fuerza de voluntad. Nos podemos abstener también de fijarnos en las diferencias con los demás y hacer de nuestra vida una fiesta que nos una a la Vida que se nos ofrece. ¿Y si nos abstenemos de las tinieblas de la tristeza, del desánimo estéril y celebramos la Luz de quien es la Luz verdadera? Y así, podríamos seguir…

Oiga. Quedamos que tenía otras cosas que decir y está volviendo a lo mismo de la vez pasada. ¿Se le ha olvidado? Pues no. No se me olvidó, pero la entrada de Magdalena me ha dado pie para que complete alguna cosa más. ¿Qué le vamos a hacer? El tema de la Cuaresma da para mucho más, pero no vamos a ser exhaustivos y dejaremos algo para el año que viene, ¿no?. Sigamos pues.


Centrándonos en el tema que nos ocupa, el siguiente punto hace relación a la limosna. ¡Ya lo decía yo! ¡Qué raro que no tocase el tema de rascarnos el bolsillo! Pues le voy a dar un disgustillo, porque ahora no le voy a dar la razón. No me voy a referir a eso, que lo dejo para otros. Existen otros tipos de limosnas que pueden llenar nuestras vidas y ser tan necesarias, tal vez más en algunos casos, como la limosna económica.

Miren. El domingo pasado mi esposa, como Ministro Extraordinario de la Comunión y enviada por el sacerdote, tuvo que llevarla a una señora que conocemos, que cuando salió a la calle para comprar unas medicinas un día que hacía un viento huracanado realmente horrible, un tornado la arrebató por los aires y la estampó contra la pared. Independientemente de las fracturas que tuvo en los huesos de la cara y las magulladuras, perdió el ojo derecho. Es viuda y vive sola. Acompañé a mi esposa en esa hermosa misión de llevar la Eucaristía a los enfermos y pude comprobar cuánto agradecen estas visitas, independientemente de que en ellas reciben el Cuerpo de Jesús.

Hablamos un buen rato con ella y ya en la calle, me contó mi esposa que muchas veces se desahogan con las personas que cubren este servicio eclesial. Es enorme la alegría que tienen cuando llega ese momento porque hay una comunicación diferente de la que tienen con sus familias respectivas. Y hay que escucharles y saber estar con ellos. Sin prisas. Cuando llega el momento de irse ya están deseando que vuelva a se domingo de nuevo.


Y es que independientemente de que existe una Obra de Misericordia (que yo sepa no se han derogado) que dice ‘visitar y cuidar a los enfermos’, aquí se está practicando la limosna del servicio a los demás. ¿Le suena a alguien eso de ‘estuve enfermo y me visitasteis?’ (Mt. 25, 39) .





¿Y si hablamos de esta otra Obra de Misericordia que dice ‘Dar de comer al hambriento’? Sirve la misma cita de antes, pero con el versículo 35. En la TV. Se dio la noticia de un grupo de mujeres que se habían juntado para cocinar por turnos todos los días para ayudar a las personas que están siendo azotadas por el hambre al no tener trabajo y haber agotado todos sus recursos, mientras los hombres repartían la comida a quienes se presentaban.

Sí. Es otra forma de dar limosna. Igual que los muchachos y muchachas que se van los sábados y domingos por la tarde a pasarlos con los ancianos jugando con ellos a las cartas, al ajedrez o simplemente a oírles contar, acaso por enésima vez, las batallitas de cuando eran jóvenes.

Y ya termino con este último punto. Todo esto no tendría sentido alguno si no lo hiciésemos con nuestros ojos puestos en Aquel que nos da una razón de ser a nuestra vida. En Aquel que nos hace sentir su proximidad a través de la oración, que en este tiempo cuaresmal adquiere un significado especial.


En una entrada anterior hablé de Radio María. Pues bien. Oyéndola un día en el coche me pareció entender algo así como que si del tiempo que se dedica a la TV , tomáramos un poquito para dedicarlo a la oración, las cosas podrían ir mejor. Sentí no haberlo escuchado bien y en su contexto, porque al estar conduciendo iba pendiente de la carretera, pero cuando empecé a meditar esto en mi casa mientras oraba, sentí que era cierto.

Tomamos cosas del mundo que en sí mismas pueden ser buenas, pero que nos pueden apartar de los primeros puestos de nuestra escala de valores y conducirnos a nosotros a actividades que nos aparten de nuestro verdadero enriquecimiento personal.

En el tiempo cuaresmal nuestra oración pienso que debe tener unos rasgos que la diferencien de la del resto del año. Acaso uno de ellos sea el del recogimiento de nuestro corazón para que se centre de forma especial en Quien vino a darlo TODO por todos nosotros. Sin excepción alguna.

Se trata de hacer el desierto en nuestro interior para encontrar el Oasis que contenga el manantial que nos haga saltar a la Vida Eterna. (Jn. 4, 14). ¡Pero si yo no tengo tiempo para eso! Además, ¿dónde voy a hacer la oración con todo lo que hay a mi alrededor? Le contesto. Hace más el que quiere que el que puede y querer, es poder. Acaso por las noches, en nuestra habitación…. Cada uno sabe dónde está ‘su’ desierto.

Lo cierto es que la oración en Cuaresma es imprescindible para unirnos más a ese Jesús que queremos seguir a pesar de nuestras limitaciones y nuestros pecados. Es el tiempo en el que podemos pedirle a Dios de forma especial su perdón, a través del Sacramento de la Reconciliación para encontrarnos con su Gracia. (Algún día hablaré de ella).

Y ya acabé. (Por ahora). En España ya está algo avanzada la madrugada ¿Les parece que es hora de que me vaya a dormir un poco? (Bueno. Antes haré un poquito de oración. Pero no se lo digan a nadie, ¿eh?)

domingo, 1 de marzo de 2009

¿Cuaresma? ¡Sí, gracias! (I)


Soy de los que piensan (y procuran) que todo el año sea una constante presencia de Dios, del LOGOS, en la vida cotidiana. Para mí, esto significa que la Cuaresma, como la Navidad y la Pascua, tienen su sentido propio dentro de un sistema de vida divinizado porque Jesucristo sea el centro y eje de nuestro quehacer diario.

Esta semana hemos empezado la Cuaresma. ‘¡Ah, sí! Es cuando nos toca eso del ayuno y no comer carne los viernes.’ Hombre. Dicho así… Eso es cierto, pero se debe matizar.
‘Eso’ no es porque sí.

Es un camino a recorrer. En el Antiguo Testamento ya nos encontramos con los cuarenta días con sus correspondientes noches que Moisés estuvo en el Sinaí (Ex. 24, 15-18). También está el profeta Elías que se dirige durante cuarenta días al monte Horeb donde Yavéh le habla (I Re. 19, 8-9). Ya en el Nuevo Testamento es el mismísimo Jesucristo quien, después de ser bautizado por Juan, se retira al desierto impulsado por el Espíritu, (esto es muy importante en mi opinión) para ser tentado por el diablo, ayunando durante cuarenta días y noches. (Mt. 4, 1-2).

Los cuarenta días que dura la Cuaresma, nosotros también nos preparamos para el acontecimiento cumbre de la vida cristiana, el Triduo Pascual, al final del cual viene la razón última de nuestra razón de ser como cristianos: LA RESURRECCIÓN DE CRISTO. Como dice San Pablo: ‘Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación’ (I Cor. 15, 14).

Pues de eso se trata. De prepararnos a conciencia para ese magno acontecimiento. ‘Oiga, sí, pero eso del ayuno y la abstinencia ¿qué sentido tienen en el siglo XXI? ¿No estarán ya desfasados?’ Pues… me parece que no. Por una parte el ayuno supone algo de sacrificio y nos une un poco más a la Pasión de Jesús, que en la Semana Santa conmemoraremos. Y en esta sociedad laicista, hedonista y carente de valores en su gran mayoría, se presenta este sacrificio como una tremenda actualización de los valores humanos y cristianos.

Además, solamente hay dos días de ayuno, el Miércoles de Ceniza (nos la imponen para recordarnos que aquí solo estamos de paso y en el constante camino de conversión al Evangelio) y el Viernes Santo. No se nos caerán los anillos por ayunar esos días, ¿verdad? Por otra parte conozco personalmente a alguien que va a ayunar los cuarenta días de la Cuaresma. Lo que ocurre es que el ayuno debe ir en silencio, en lo escondido, con la alegría retratada en nuestros rostros (¡ y con colonia que nos perfume, caramba, que ser cristiano no significa que no nos debamos perfumar, aunque sea alguna vez!) y con el sentido del humor puesto en nuestro talante. Un cristiano triste es un triste cristiano. (Esto no es mío. Lo oí a un sacerdote en un retiro y me gustó. Lo pongo para compartirlo con ustedes.)

¡Bien, pero ¿eso de no comer carne los viernes? ¡Pero si el marisco está más caro!’. Bueno. Es cierto. Pero aquí nos tenemos que plantear otra cosa. Si somos conscientes de ello lo podemos solucionar no comiendo tampoco marisco. Se pueden comer otras cosas y no pasaríamos hambre. Pero el planteamiento es otro. Si nosotros somos conscientes de que formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo y que eso es la mismísima Iglesia quien nos lo pone para ser cumplido, nuestro deber es tener espíritu de obediencia. La Iglesia, como Madre y Maestra, es la que marca la norma de que sea la carne lo que no se pueda comer. Lo nuestro, es el espíritu de obediencia a la Iglesia a la que pertenecemos.


Por mi parte les puedo decir que hay señoras que hacen ¡unas croquetas de bacalao…! Geniales. Y si repasamos las características culinarias de todas las señoras de cada parte del mundo, veremos que hay una riqueza alimentaria en cada país de cada continente, que puede cubrir nuestras necesidades en las comidas sin necesidad de tomar carne. ¿Verdad, señoras que me puedan leer? ¿Verdad, señores que hayan comprobado cuanto digo? Y no digamos los caballeros o las damas cocineros que saben de esto muchísimo más que yo.

Y lo que aun me queda por tratar lo dejo para otro momento. Así no les canso.

sábado, 21 de febrero de 2009

RADIO MARÍA

Hay muchas, muchísimas veces, que entro en Internet para consultar determinados temas unas veces y otras, por simple curiosidad. Y en ocasiones la curiosidad me pierde, porque entro en páginas con enlaces a otras páginas y de éstas a otras. Cuando me doy cuenta me he apartado de mi objetivo primero para llegar a otros sitios que, por lo interesantes que resultan me obligan a profundizar en ellos.

Algo así me ha pasado esta semana. Cuando llevo a las niñas al colegio pongo una emisora de radio, mariana por excelencia, y suelo oír la charla que monseñor Munilla imparte sobre puntos concretos del Catecismo de la Iglesia. Me sirven a mí en particular y también me sirven como puntos de conversación con las minúsculas ocupantes de mi coche.

Lo mismo me pasa por las tardes. Cuando a las cuatro de la tarde me dirijo a mis clases en la Universidad, también oigo la charla del P. Marqués sobre el mismo tema. Incluso hay veces que he oído charlas sobre Arte a cargo de una señora (o señorita) muy completas con las que he disfrutado y con las que he enriquecido mis conocimientos de Arte.

Esto me llevó a buscar la página de Internet de esta emisora, RADIO MARÍA, (http://www.radiomaria.org/) con el fin de satisfacer mi curiosidad. Cuando me di cuenta habían pasado cuarenta y cinco minutos abriendo enlaces, leyendo páginas y programaciones. ¡Ya la tenía al alcance de la mano!

Pero luego vino la segunda parte. Mi análisis y espíritu crítico me llevó a sacar conclusiones. Verán ustedes. Una emisora con ese nombre, dedicada a la Virgen y con un lema precioso (‘La Gracia de una Presencia’), no es cualquier cosa. La presencia de la Madre del LOGOS implícita en las ondas de la radio, no puede explicarse sin la presencia del Hijo apoyando a su Madre, del Padre apoyando a su Hija y del Espíritu volcándose sobre Ella. Y eso es muy serio, porque significa que Ellos son los que están impulsando y dando fuerza a cuantos voluntarios, sacerdotes, locutores, técnicos, personal administrativo y colaboradores de todo tipo llevan esta obra adelante. ES LA MODERNA EVANGELIZACIÓN. ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! (I Cor.9, 16)

Desde mi modesta colaboración y, como siempre, compartiendo con todos ustedes mis experiencias, me permito poner un enlace que les facilite la conexión con su página web desde cualquier país del mundo, si se sienten interesados en ello. Se puede elegir el idioma que se prefiera: español, francés, inglés, italiano o alemán (está completito y a la carta, ¿verdad?). Hacen clic en esos signos ortográficos azules y entran. Ahí pueden elegir el país respectivo y si todavía no está Radio María en él, pues…ya saben lo que tienen que hacer ¿no?.

Por lo demás, ¡qué les voy a decir! Es nuestra Madre. Con eso está dicho todo. Yo finalizo con mi lema sobre Ella, adoptado desde la infancia: MIRA QUE TE HE ELEGIDO COMO MADRE MÍA Y DEFENSORA’. ">

domingo, 15 de febrero de 2009

San Pablo (2ª parte)

Aquí está la continuación de la anterior entrada sobre San Pablo. Con ella voy a finalizar este tema, pero tengo la impresión de que algo queda cojo. Me falta poner algo y no sé qué puede ser. Lo pensaré, lo meditaré, lo pondré en mi oración y… supongo que sacará algo en claro. Espero que el Espíritu Santo, nuestro común amigo, me eche una mano como siempre hace. Continuemos.

La conversión

Saulo lo tuvo muy claro: su deber era ayudar a velar por la pureza de la Ley y, como buen israelita y fariseo, debía participar en esa persecución, para lo cual visitó al Sumo Sacerdote y se procuró cartas para las sinagogas de Damasco con el fin de buscar allí hombres o mujeres pertenecientes a esta secta y llevárselos presos a Jerusalén.

Junto con otros que pensaban de la misma forma, se puso en camino respirando amenazas y muerte contra los seguidores de Jesús. Cuando ya estaban cerca de Damasco ocurrió un suceso que cambió radicalmente el sentido de su vida como nunca hubiera podido imaginar.

Súbitamente se vio rodeado de un resplandor de luz intensísimo procedente del cielo que no hubiese podido explicar con palabras humanas.

Cayó al suelo temblando y con un miedo infinito ante lo que le estaba sucediendo, ya que habría podido pensar que hubiese llegado su última hora. Y oyó una voz muy clara que le decía:

- Saulo, Saulo. ¿Por qué me persigues?
No sabiendo de dónde salió la voz, se atrevió a preguntar:
- ¿Quién eres, Señor?
Y ese Ser que le hablaba le respondió:
- Yo soy Jesús, al que tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
Temblando aún más, sudoroso del miedo cerval que lo invadía, solamente acertó a decir:
- Señor, ¿qué quieres que haga?
La respuesta estaba muy clara y no admitía dudas ni discusión alguna:
- Levántate y entra en la ciudad. Allí se te dirá lo que has de hacer. (Hch. 9, 1-30)

(Un pequeño paréntesis. ¿Qué habríamos hecho nosotros, ustedes y yo, si vamos por la calle y nos sucede lo mismo que a Saulo? Sinceramente. Pienso que es para meditarlo y obrar en consecuencia, ¿no? Porque nosotros tenemos la Gracia de que se nos ha transmitido el conocimiento de Jesús, el LOGOS, y se nos ha dado la libertad de darle una respuesta. ¿Necesitaremos acaso tener nuestro ‘camino de Damasco’? Prosigo.)

Sus compañeros de viaje permanecían atónitos, porque oían las voces pero no veían nada ni a nadie. Saulo se levantó como pudo, ayudado por ellos, pero sus ojos no veían absolutamente nada. Quedó ciego.

(Otro inciso y perdónenme estos pequeños cortes que creo convenientes para aclarar conceptos. Se ha transmitido muchas veces, y la iconografía es testigo de ello, que Saulo ’cayó de su caballo’ cuando vio la luz cegadora. (Yo mismo, para ilustrar la escena, así lo pongo, pero no he encontrado nada que no sea en este sentido). Pero lo cierto es que consultando en varias ediciones de la Biblia, leyendo y releyendo el capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles donde se narra este suceso, no he visto en ninguna que ponga explícitamente que cayó de su caballo. Solamente dice que ‘cayó a tierra’. Es de suponer, sin embargo, que fuese en una cabalgadura porque era el medio habitual de viajar en esa época, pero históricamente no hay nada, que yo sepa, en este sentido. Y esto son detalles que no tienen importancia alguna. Lo fundamental es que Saulo se convirtió a Jesús y le fue fiel hasta la muerte. Prosigo)

Por el camino, como podía, pensaba en ese suceso y cuanto más lo hacía, más cuenta se daba, por mucho que le costara creerlo y admitirlo, que había tenido una TEOFANÍA : El mismo ADONAY, el Dios de sus padres, era el que le había hablado y Él mismo le había dicho que era Jesús, el ajusticiado.

Eso suponía que lo dicho por Esteban en su juicio era cierto y el crucificado era el mismo Dios. Como en una penumbra le venía el recuerdo de su maestro Gamaliel diciendo al Sanedrín que dejaran en paz a los seguidores de Jesús por si le estaban haciendo la guerra al mismo Dios. (Hch. 5, 34-39)

Y ahora veía dentro de su ceguera, pero con una luz interior como nunca había tenido, que era cierto. Ese era el sentido de la voz de Jesús cuando le dijo que ‘era duro dar coces contra el aguijón’, porque contra Dios, ¿quién iba a poder?


NACE PABLO

No tenía más remedio que seguir hasta Damasco y esperar. ¿Qué pasaría luego? No lo sabía. Se le abrían muchos interrogantes y sus creencias más profundas vacilaban. El camino se le hacía especialmente duro, pues no dejaba de pensar que a ese Señor al que siempre había querido servir, lo que realmente había hecho era hacerle la guerra, perseguirlo en las personas de sus seguidores y discípulos.

Al llegar a Damasco fue llevado a casa de un tal Judas donde permaneció tres días sin comer ni beber nada. Pensaba sin cesar en ese detalle de Dios de hablarle directamente y en la respuesta que él, probablemente sin saber exactamente el alcance que tenía la respuesta que dio, le contestó: ‘¿Qué quieres que haga?’. Y eso le martilleaba el cerebro.

A los tres días fue a visitarle Ananías de parte del mismísimo Jesús para bautizarlo en la nueva fe. Cuando le impuso las manos se le cayeron de los ojos como unas escamas y recobró la vista, no solamente la del cuerpo sino también la del alma. Veía ahora con una claridad meridiana la misión que tenía encomendada.(Hch. 9, 17-20)

Pero no fue fácil. Los mismos israelitas, que habían presenciado su ardor en la persecución de los cristianos no creían en su conversión, hasta el punto de que cuando intentó predicar en Damasco se desencadenó una persecución sobre él que le obligó a huir hacia Jerusalén.

Una vez allí intentó unirse a los discípulos, pero todos tenían miedo porque tampoco se fiaban. La ayuda de Dios le llegó a través de un personaje querido y respetado en la comunidad de Jerusalén y con el que llegó a tener una profunda amistad: Bernabé. (Hch. 9, 27-30)

Cuando este cristiano oyó el relato de lo sucedido camino de Damasco, no dudó en presentarlo a los apóstoles. Desde entonces iba y venía con ellos predicando con valentía a Jesús resucitado, incluso a los judíos de procedencia helenista a los que probablemente predicaría en griego.

Pero estos judíos pretendían matarlo, lo cual llegó a oídos de los apóstoles y lo enviaron a Tarso, que al ser su ciudad natal pensaron que estaría mejor protegido y desde allí se dirigió a Antioquía. Precisamente en esta ciudad llamaron cristianos por primera vez a los seguidores de Jesucristo.

Allí se produjo un hecho singular. Mientras celebraban la Liturgia del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo:


- Separadme a Bernabé y a Saulo para la misión que les he encomendado. (Hch. 13, 2)

Ahí, podríamos decir nosotros, comenzó la aventura paulina en la que a través de sus periplos, el Evangelio y la predicación del Apóstol fueron los protagonistas.

Lo demás, tal vez sea más conocido. Sus viajes, su predicación, sus Cartas, sus dificultades,… Pero no tenía pelos en la lengua para anunciar la Buena Nueva. Se trataba de hablar de Jesucristo y de darlo a conocer a todos, si no, que se lo digan al rey Agripa y a la reina Berenice, a quienes el procurador romano Porcio Festo se lo presentó para que lo oyeran. El capítulo 26 de los Hechos de los Apóstoles recoge este momento.

Curiosamente, Pablo fue el que más odio tenía a los cristianos, pero su encuentro personal con el LOGOS y el descubrimiento que hizo del mismo a lo largo de su existencia y de su predicación, transformaron su vida convirtiéndolo en un infatigable apasionado de Cristo. Y esto le llevó también a vivir al Redentor apasionadamente y amarlo en profundidad.

Es un modelo a seguir, porque cuando a Jesucristo se le conoce y se le sigue, ya no se le puede abandonar. No tendría sentido hacerlo, ¿verdad?

sábado, 7 de febrero de 2009

San Pablo (1ª parte)

Lo prometí. Y lo que prometo, lo cumplo mejor o peor, pero lo hago. Y es lo que me pasa con San Pablo. Prometí que hablaría algo de él y lo voy a hacer. Creo que se lo merece.

Uniéndome a la conmemoración del Año Paulino, me ha parecido conveniente hacer una semblanza de este apóstol de una manera globalizada y breve. Es como una especie de homenaje a este gran santo que, sin conocer a Jesús en su vida mortal, tuvo la Gracia de verlo (al menos supongo que lo vería) en un determinado momento de su vida, cambiándosela en su totalidad, hasta el extremo de soportar y padecer diversos episodios violentos a lo largo de su vida y acabar dando su vida por Él.

¿Quién era San Pablo? Mi propósito no es sentar ninguna cátedra de nada porque hay personas que saben muchísimo más que yo de éste y de otros temas. Yo solamente soy un laico que deseo dar a conocer a este personaje desde mis limitaciones, pero con el que me siento totalmente identificado y a quien admiro.

Y voy a hacerlo en dos exposiciones con el fin no hacerlo largo y facilitar su lectura. Comencemos.

La persona

Localicemos a nuestro personaje. En un lejano país existió una región que bordeaba el Mediterráneo llamada Cilicia. Tuvo muchísima importancia porque la atravesaba la ruta comercial que unía Siria con Asia Menor.

En esa región estaba situada la ciudad más importante de la zona que en distintas ocasiones fue considerada la capital de esa zona: TARSO.

Allí nació en la primera década de la Era cristiana dentro de una familia acomodada que, aunque era judía, de la tribu de Benjamín, estaba en posesión de la ciudadanía romana, hecho que para la época que le tocó vivir era de un enorme prestigio social y político, y que Pablo heredó por derecho familiar.

Su padre le puso Saulo de nombre en recuerdo de un Rey que tuvo Israel llamado Saúl. Como buen judío su lengua vehicular con la familia y los paisanos era el arameo, aunque según iba creciendo y su educación se afianzaba de cara a los negocios de la familia, también aprendió el latín, lengua de Roma que era la dueña del mundo, y no es descabellado pensar que también el griego, porque tenía que entenderse con muchos comerciantes, no solamente griegos sino también con judíos de la diáspora que se habían helenizado y hablaban esa lengua. ¡Quién le iba a decir lo útil que sería para él en los viajes apostólicos que, con el tiempo realizaría!

Como buenos israelitas, sus padres decidieron que para su educación debía asistir al lugar más famoso de la época, la escuela de Gamaliel, Maestro principal de los fariseos, secta a la cual pertenecía su familia y él también por propia convicción.

A la vez que se iba instruyendo en la Ley de Moisés aprendía la profesión de SKENOPOIOS, es decir, fabricante de tiendas, con la que tenía previsto ganarse la vida. ¡Qué distinto sería su futuro del que se imaginaba!

Siendo joven oyó que en Jerusalén habían ajusticiado a un nazareno de nombre Jesús en una cruz, la muerte reservada a los peores criminales, pero que sus seguidores se empeñaban en decir que después de muerto había resucitado. Le parecía una necedad tan grande que apenas prestaba atención a lo que le parecían bulos, aunque como fariseo e hijo de fariseos creía en la resurrección.

Sin embargo cuando su maestro Gamaliel tuvo que intervenir en el Sanedrín (Hch.5, 34-39) aconsejando que dejaran en paz a los seguidores del Crucificado por si acaso estaban en lo cierto, permaneció en silencio pero ya prestaba mayor atención a todo cuanto se refería a este tema, si bien intuía que esos grupos seguidores del Nazareno iban a ser un serio peligro para los seguidores de la Ley de Moisés.

Tanto era así, que un día ocurrió un suceso que le marcó.

Contaban que un joven llamado Esteban, seguidor del Jesús ajusticiado, hacía prodigios y grandes señales entre el pueblo. Algunos paisanos de la sinagoga de los libertos y otros se levantaron para rebatir sus enseñanzas, pero no podían. Ellos mismos reconocían que les faltaban argumentos ante los que presentaba Esteban.

Y empezaron el juego sucio. Los oficialmente buenos, que estaban metidos en las sinagogas y colaborando directamente con los rabinos, emplearon la mentira y la vileza de la calumnia para difamarlo y levantar falso testimonio contra él, (lo contrario al Mandato que Yavéh dio a Moisés, según Ex. 20, 16), lo cual motivó que fuera llevado ante el Sanedrín.

El Sumo Sacerdote le interrogó sobre las acusaciones que le hacían los falsos testigos y Esteban elaboró una brillante y hábil defensa suya y de esa doctrina que estaba empezando a nacer. Pero cuando dijo que estaba viendo abiertos los cielos y a Jesús a la diestra de Dios, lo consideraron blasfemo y fue condenado a la lapidación, según la norma de la Torah para estos casos. Y a Saulo le pareció justa la sentencia.

Y los siguió. Sentía curiosidad, dentro de su estupor, por lo que le había oído decir y llegó hasta el lugar donde iba a efectuarse la lapidación. Algunos dejaron sus ropas a los pies del joven Saulo.

Pero esa ejecución le marcó. No podía concebir que los verdaderos israelitas se convirtiesen a una religión naciente cuando ellos, pueblo elegido de Yavéh, estaban en posesión de la auténtica religión, según demostraba la Historia de Israel.

Eso hacía crecer en él una animadversión y odio cada vez más feroz contra estas personas que seguían al nazareno, porque veía en este nuevo movimiento un ataque frontal al judaísmo tradicional.

A partir de la muerte de Esteban se desencadenó una persecución contra todos los que profesaban su misma fe y él no podía permanecer ajena a ella.

(Unos días más y termino. Gracias por su comprensión)

domingo, 1 de febrero de 2009

LA ESTRELLA DE BELÉN

¿Pero se habrá equivocado de fecha? Acaso a alguno de ustedes se les haya ocurrido hacerse esta pregunta, pero no. No me equivoqué. Soy de los que piensan que el acontecimiento de la Navidad, por su grandeza, no merece estar relegado a unas fechas concretas del almanaque.

Además, ésta es la segunda cuestión que tenía pendiente cuando comencé a escribir mi entrada ‘Santas y Venerables manos’, ya que por su extensión no parecía aconsejable escribir sobre este tema que, como se ve, es diferente del expuesto en aquel momento.

¿Por qué este título? El mismo día que oí en la Consagración de la Eucaristía a la que asistí aquellas palabras, finalizado el rito Eucarístico oí que varias catequistas estaban preparando la Navidad 2009. Esto me llamó la atención. Por una parte analizaban el desarrollo de la representación teatral hecha por los niños y los pequeños problemas surgidos.


Y he aquí el tema: No habían podido colocar bien la estrella de Belén que guiaba a los Magos. Solución para el 2009: Uno de los niños sería la personificación de la Estrella y guiaría a los Magos al Nacimiento. A partir de esta conversación, totalmente normal para ellas, capté un significado más profundo en su comentario: Un niño personificaría la Estrella, sí. Pero es que como el niño, cualquier persona, cualquier cristiano, ¿no personificamos la Estrella de Belén en el sentido de que, como la auténtica Estrella, debemos ser luz para conducir a nuestros semejantes donde está Dios?

Y para eso no es necesario estar en los días señalados de diciembre. Los 365 días de año (366 en los bisiestos) debemos ser Luz de Dios. Que nuestras lámparas estén siempre encendidas y dispuestas para alumbrar. Nuestra vida debe proclamar esta realidad dondequiera que estemos.

Loa Magos hicieron una larga peregrinación guiados por la luz de la Estrella, acompañados por su fe y con la esperanza puesta en Alguien a quien no conocían pero que intuían desde sus conocimientos como fuera de todo lo cotidiano.

Intentando meterme en la escena del Encuentro, ¿qué pensarían al ver al Niño? ¿Y al hacer sus ofrendas de oro, incienso y mirra? Conocemos su llegada, sabemos de su partida, pero ¿qué llevarían en su interior después en el camino de retorno? Habían conocido al Redentor, sí, pero no creo que fuesen conscientes del significado profundo de lo que habían vivido. Pero es posible que sus vidas y su ciencia no fuesen las mismas que antes.

Dios se acerca a cada uno de nosotros de puntillas, imperceptiblemente, como en un susurro. Nuestro corazón debe descubrirlo, desde nuestra interioridad, en los pequeños detalles que tiene con cada uno de nosotros. Son besos que recibimos de Él.

María, la Madre de Dios, desde su gratitud a Dios, proclamó su Magnificat. Nosotros debemos escribir nuestro propio Magnificat en esas páginas, aún en blanco, del día a día de nuestra vida.